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CAPÍTULO XXVI. LOS CELTAS Y SUS DRUIDAS

Las dos civilizaciones complementarias, atlante y celta. - Oscilación pendular de la Historia. - Los llamados "tiempos adelónicos" por los griegos. - "Bosphoros y Kalkas". - La ciencia de unos y otros. - Postulado necesario para comprender bien la Doctrina Arcaica. - Los cinco "Continentes". - Los bardos de Irlanda, según Rolt Brash. - El Apolo ógmico. - La Minerva druida. - Hércules galo. -El alfabeto. calcídico llevado por toda Europa desde Oriente. - Enseñanzas de Luciano, César y Séneca. - Contenido matemático y fonético de los jeroglíficos de los Tuatha de Danand gaedhélicos, y su relación con Oriente y con México. - La quinquena, la decena y la veintena en ellos. - Restos de estas numeraciones conservados aún en nuestro folklore o demopedia. - Retornan aquí los famosos welsungos, lobos o rebeldes del mito nórdico- y del romano. - Las gentes del Gaedhil tuvieron símbolos por lo menos para los cien primeros números. - Tránsito fonético-escriturario de los números a las letras. - Piazzi Smith y "las medidas de la Gran Pirámide egipcia". - "Muisca o Mox", el dios de la Música. - Otras conexiones mitopeicas trascendentales. - Enseñanzas de la Maestra H. P. B. acerca de estos asuntos.

En el capítulo anterior hemos diseñado el vastísimo panorama de dos civilizaciones complementarias, continuación una de otra, a saber: la atlante, conocida apenas por nuestra ciencia bajo la designación de Edad de Piedra, y la celta, o de la Edad del Bronce. Entrambas responden a una verdadera oscilación pendular de la Historia, o sea:

a) De Oriente a Occidente, o de la Lemuria del Océano indico, del sur de Asia, a la Atlántida, contando, por supuesto, con que el originario país de Kalkas constituyó la parte más septentrional de dicho continente terciario que la ciencia europea ha descubierto por los estudios de Darwin, Lamarck y Rusell Wallace. (Tiempos adelónicos, que dijeron los griegos.)

b) De Occidente a Oriente, o de la Atlántida a la Ariana. (Tiempos míticos de los griegos, o sea de la llamada Edad de Piedra por la ciencia occidental o de la Prehistoria.) Estos tiempos abarcan desde la decadencia del esplendor de la Atlántida, hace unos 800 y 200 mil años, hasta el paso de la gran Logia Atlante (Bos-phoro, el paso del Culto Sagrado de Io o Minerva Calcídica a través de toda Europa, hasta Persia, la Ariana o Ariadna y Egipto) .

c) De Oriente a Occidente, tiempos históricos, o sea desde la Ario-India o Turkestán a Europa, por los pueblos llamados kalkas o celtas, unos dos o tres mil años antes de J. C.

Estudiar, pues, el pueblo celta y sus iniciaciones sagradas o druídicas equivale a investigar acerca de esta última corriente, ya histórica, de las emigraciones arias, que no han cesado desde entonces casi hasta nuestros días.

Pero como la ciencia oriental de los celtas o de la Edad del Bronce está inextricablemente ligada con la occidental de la Edad de Piedra, la separación es difícil. Por eso ha dado lugar a la eterna controversia de si es más antigua la una o la otra, controversia que queda zanjada si se consideran atentamente los tres extremos que acabamos de fijar, y que resumimos en este postulado importantísimo: La ciencia atlante es más antigua que la de los celtas venidos de la Ario-India; pero la ciencia atlante u occidental, a su vez derivó de la de los reyes divinos de la primitiva Lemuria, de hace unos cinco millones de años, y el país jina de Kalkas (de donde muchos cientos de años después la volvieron a tomar los celtas), perteneció y aun presidió a toda la evolución histórica de la Lemuria, porque fué el último resto del llamado Continente hiperbóreo o Segundo de las enseñanzas de la Primitiva Sabiduría, cuando la Humanidad carecía todavía de cuerpo físico y de sexo, como carecen los verdaderos kalkas, shamanos o jinas  .

En cuanto a la escritura de los ogams, Rolt Brash, en su célebre obra The ogams inscribeb monumentsin the British Island, nos dice:

"Los bardos de Irlanda atribuyen la invención de los ogams a Ogma, cuya genealogía se halla consignada en el Códice de Lecann (fol. 280, p. b., capítulo 3) con estas frases: "Dagda el Grande, Dealbaoth, Breas, Dana y Ogma. El Adorador del Sol era el quinto hijo de Elatán, hijo de Dealbaoth, hijo de Neid, hijo de Judai, hijo de Allai, hijo de Thait, hijo de Tabairn... He aquí a Breas, el poderoso; Dan, el poeta; Dagda, el fuego de! Gran Dios; Ogma Grianeus y Ogma Grian-Aineach, al cual el doctor O'Curry considera como of the sun like face, o de cara rutilante como un sol." (M. S. Mat. Iriser History, pág. 243) . Este dios, pues, ocupa en la mitología del Gaedhil un lugar parecido al de Apolo en el panteón griego. Él fué el último dios de la poesía, la elocuencia y la música, todas las cuales se atribuyen a Ogma. Apolo ha sido identificado con el Sol asimismo. Vossius diserta acerca de la personalidad de Apolo y encuentra que es la personificación del Gran Luminar. Los epítetos aplicados a Ogma de el Amado del Sol, el Adorador del Sol, etc., se derivan de Grian, y Grian es el Grial famoso de otras leyendas nórdicas, o sea el Sol, e! Sacro Vril o Viril, cuya conquista ha sido tema de tantos poemas, hasta llegar al Parsifal de Wágner, Grial que no sólo es el Sol, sino que en lengua gaedhélica se aplica como radical de muchas palabras, tales como griannar, sunny, warm, grianan, griandoc, sun dial, etc., todas referentes al Sol, como el monumento de Inveresk, en la Escocia del Sur, con la inscripción de Camdem (vol. In, pág. 31) , que reza: "Appollini Granno, Q. Lusius Sabinianus, proc. Ang. V. S. S. L. V. M."

"Nosotros mismos, añade en otro pasaje, hemos visto inscripciones de los bretones romanizados con nombres de deidades del país de BUS conquistadores, tales como Minerva, Belasama, Mercurio, Teutates, Júpiter, Dolichenus y Marte Braciaco. En Castle-Hill, en el Valle de Antonino, se ha hallado una inscripción consagrada a los dioses de los campos y a las deidades bretonas por los galos romanizados. La inscripción de Inveresk se ha encontrado en conexión con el país de los brigantis, raza celta que actualmente no existe en él. Tenemos, en fin, otra pieza de convicción en la que el nombre de Ogma se ha identificado desde muy remotos tiempos con el Instructor de la elocuencia entre muchas tribus del Oeste de Europa; nos ha sido dada por Luciano, en su descripción del dios galo Ogmius. Dicho pasaje fué dado a luz primero por John Toland, quien, al par, identifica a Ogmius con el Ogma de Irlanda." (Historia de los Druidas, páginas 72 y 154.) Los trabajos de Toland aparecieron en 1726, y han sido publicados y comentados con igual criterio por el Dr. O'Donovan, en el Journal d'Archéologie, VII, página 81, y por Bethan en su Gael and Cimbri. Lo que sigue está tomado de Franklin Lucian, II, pág. 340:

"Los galos, en su lenguaje, llaman a Hércules Ogma, y hacen un extraño simbolismo del mismo, pues le representan como un hombre de ancianidad extrema, casi calvo, con un mechón de cabellos de plata sobre la rugosa frente y el rostro de macilento color tostado como el de un viejo lobo de mar. Podría tomársele por un Caronte o un jafet de las riberas infernales, si no se viese en él también a Hércules con todos sus conocidos atributos: la piel de león colgando de sus hombros, la clava o maza en la diestra mano y en la siniestra el arco temible; es decir, el prototipo del perfecto Hércules. No llego por eso a suponer que los galos llegasen a damos con ello una copia de la deidad griega, sino más bien su reflejo, en recuerdo de alguna irrupción en su reino, operada como la legendaria de los bueyes de Gerión, en Iberia. Recuerda, sin embargo, un pormenor notabilísimo. Dicho viejo Hércules aparece representado como seguido por una gran multitud, a él ligada por diminutas y frágiles cadenas de oro y de ámbar, de hermosas apariencias, de tal modo que más parecían así encadenados por voluntad que por fuerza; una esclavitud dulce y dichosa en honor de su caudillo amado, y lo más raro del caso es que el pintor en cuestión no parece alcanzó a representar por dónde se fijaban semejantes cadenas en el caudillo, ya que sus manos estaban ambas ocupadas por la maza y el arco, como va dicho, como no fuesen adheridas a la lengua de Hércules el semidiós. Admiraba largo rato la figura, no sin experimentar cierta repugnancia y sin acertar a comprender el obscuro significado de tamaño simbolismo, cuando un galo sentado a mi lado, un hombre versadísimo en la literatura griega, que hablaba un lenguaje perfectamente correcto y que, como tantos de su nación era todo un filósofo, dirigiéndose a mí me dijo: "Te veo, oh extranjero, preocupado por esclarecer la significación de esta pintura. Yo te la esclareceré. Nosotros no solemos simbolizar la elocuencia con la figura de Mercurio, sino con la de Hércules, tan fuerte como él y aun más poderoso, y no te debe extrañar que le representemos a éste como un anciano, porque en dicha edad es cuando la elocuencia llega a todo el vigor de la madurez, de acuerdo con el dicho de uno de nuestros poetas: -"La juventud es un estado vacilante y frívolo". A medida que la edad avanza, alborea la venerabilidad. Los ojos del discernimiento sereno empiezan a abarcarlo todo. Ve ya cuanto sucede al presente y cuanto puede llegar a suceder. De todo se informa y a todo provee del modo mejor. Por eso preferimos la edad madura, y nuestro Néstor destila mieles por su boca cuando habla. Los viejos oradores troyanos fueron celebrados por su dulce voz, y semejante poder sobrehumano de la elocuencia fué el que hizo colocar a Hércules en el número de los dioses. Dada la relación que guardan los oídos con la boca, no tiene nada de extraño que la dulce cadena se represente así, desde la lengua del instructor hasta los oídos de sus discípulos"... Así habló aquel galo sabio, sigue diciendo Rolt Brash, y sin este testimonio precioso, unido al de César, cometeríamos aún el error de considerar como bárbara e iletrada aquella raza tan culta, que contaba entre sus hijos al personaje mencionado. César, por su parte, consigna claramente que entre los galos eran usados los caracteres griegos. El anterior pasaje de Luciano es una corroboración absoluta de que el Ogma de los del Gaedhil no era una fantasía de los bardos medioevales, sino antiquísima y pasmosa tradición piadosamente legada por sus antepasados los galos, y merced a esto no cabe duda de que la raza de los conquistadores de Erín fué una rama de aquel viejo cuanto noble pueblo, cuyos anales y demás manuscritos consignan, por supuesto, las continuas relaciones entre Irlanda y Galia en edades remotas. Los galos no eran tampoco los únicos en representar a Hércules como el protector de las letras y de la elocuencia, ya que los griegos también le representan como el protector de la ciencia y el conductor de las musas. En resumen, Ogma y Ogmius son dos vástagos de la familia céltica, y el inventor o introductor del alfabeto entre los hombres ha sido siempre una divinidad mítica, con todos los atributos del conocimiento, la elocuencia, la actividad intelectual, en una palabra, punto de apoyo suficiente para poder afirmar la inmensa antigüedad de la palabra Ogma en conexión con la introducción del alfabeto entre los hombres."

Por lo transcrito se ve claramente que lo mismo Luciano y César, en la antigüedad, que Rolt Brash, en los tiempos presentes, no ignoraron el paso del alfabeto calcidio, y con él toda la cultura griega, desde la Eubea a la Galia e Islas Británicas, cosa, por otra parte, consignada por la tradición, que hizo pasar a las vecindades de Thebas a los Tuatha de Danand, cuando fueron expulsados de su territorio occidental por los atlantes necromantes o Firbolgs (rifeños occidentales, de las dos palabras abeto y noche, es decir, los de los perversos conocimientos), y en su nueva residencia helénica aprendieron la magia, como indica también Rolt Brash, antes de emigrar a lo largo de la Escitia, para establecerse en Escandinavia, con éxodo no poco semejante al de los godos, y retornar, al fin, a Irlanda, aniquilando a los Firbolgs, para ser, siglos más tarde, anulados a su vez por los milesios protohistóricos y pasar del estado propiamente humano al de jinas, ocultos en las colinas, dólmenes y raths, como efectiva o poéticamente, según sea el gusto o el escepticismo del lector, decimos en nuestro libro De gentes del otro mundo, en su capítulo VII.             .

Todo esto nos ha obligado a estudiar: a), el alcance filosófico histórico de la leyenda de los Tuatha de Danand y sus pueblos similares de tantas partes: los djins, jinas o jaínos, cosa que ya hicimos en el dicho libro; b), el contenido matemático de sus símbolos, independientemente de la aplicación literal o fonética que les fuera dada en tiempos ulteriores; c), las relaciones que tales simbolismos puedan tener con los demás orientales, mediterráneos o atlánticos; d), el abolengo que en las claves numéricas del Gaedhil puedan acaso hallar los rasgos escriturarios de los más primitivos alfabetos, y la base que sus combinaciones numéricas hayan podido dar a las combinaciones monosilábicas de las lenguas aglutinantes. No hay que añadir que tamaños problemas sólo podrán ser esbozados en estos modestos apuntes, en los que, como decimos algo que es nuevo, no podemos hacer nada que sea perfecto.

Los numerosos renglones de las planchas I y II del Códice de Ballymote, que pueden verse en el citado capítulo, presentan en sus trazos jeroglíficos, alternados algunos con letras de viejo gótico o lituano, una variedad infinita. A la manera de las sublimes concepciones musicales de Beethoven o de Wágner, un verdadero leit motiv, o tema característico, sencillo, monótono, brevísimo, consistente en representar de uno a cinco tracitos sobre una misma línea vertical u horizontal, da lugar a combinaciones verdaderamente pasmosas, a un mismo tema numérico con variaciones, que parece haber escapado a la penetración de -cuantos hasta aquí han estudiado los ogams.

Tales signos, en efecto, por sus rigurosas seriaciones, no pueden expresar verdaderas inscripciones literales, sino jeroglíficos numéricos auténticos, imposibles como tales de una sensata traducción literal, y guardando por ello una conexión notoria con otros sistemas numerales arcaicos, tales como los de los códices mexicanos del Anahuac.

En todos ellos vemos que, a la manera de la línea, patrón escriturario o falsilla que corre de izquierda a derecha en los textos sánscritos, cual si de ellos se hubiesen colgado las letras, y también a la manera de la línea vertical de mogoles y chinos, corren una o más líneas horizontales de izquierda a derecha en los respectivos renglones. Son éstos algo que recuerda asimismo el pentagrama y a sus diversas claves y aun notas, aun las del moderno sistema en monograma, llamado de Menchaca. Para poder entendernos, hemos llamado a dichos renglones: bases o monogramas, cuando sean de una sola línea horizontal, que es lo que acontece con la mayoría de ellos; día, tría y tetragramas, cuando consten, respectivamente, de dos, tres o cuatro líneas horizontales. También denominaremos cifra o tallo a todo tracito o grupo de tracitos que, al tenor de nuestra interpretación, simbolicen los respectivos números, y, en fin, llamaremos tronco a todo trazo distinto de la línea base y en el que se apoyen los respectivos tallos o tracitos numéricos. No hay para qué añadir que, por las palabras monograma, diagrama, etc., no queremos dar a entender que se trate de letra alguna, sino simplemente de una o más líneas horizontales que, cuando llegan a cinco, forman un perfecto pentagrama como el de la música.

Al primer golpe de vista se aprecia que en dichos jeroglíficos el tema fundamental es la representación de la veintena en cuatro grupos numéricos de a cinco cifras cada uno, ni más ni menos que en el ampohualli de mayas y nahoas de México, cual si el Atlántico no hubiera sido nunca sino un inmenso río, como lo denominaron los griegos, y cual si la cultura de entrambas orillas europea y americana hubiese sido substancialmente una misma durante la Edad de Piedra. Meditando, en efecto, acerca del sistema de numeración nahoa, que tanto ha preocupado a Gama, Orozco, Chavero y más recientemente a Cirus Thomas, en el Bureau of American Ethnologyl se advierte que es tan perfecto como el nuestro de hoy y como su antecesor el de los arios. Abierta la mano del hombre, como se ve en todas las representaciones jeroglificas del cinco, nos encontramos. por un lado, con las cuatro puntas de los dedos, del meñique al índice. mientras que el dedo pulgar les es oponible y aparece profundamente separado de ellos. Las cuatro puntas o yemas aquellas se representan por los respectivos cuatro puntos ógmicos, mientras que el pulgar o cinco se simboliza por la raya sola o sin puntos. Esta misma raya, con la que nosotros representamos los quebrados separando al numerador del denominador, y leyéndola "partido por" tiene en vasco, como en nahoa, la significación de mitad, es decir. "la mitad del diez" o "la mitad de la mitad del veinte". Sobre tales numerales ógmicos ya hemos dicho bastante en nuestra Ciencia hierática de los Mayas, y sus representaciones pueden verse en gran número en los Códices Troano y Cortesiano de nuestro Museo Nacional  .

Ahora bien: el sistema de numeración gaedhélico u ogámico   que se desprende del mencionado folio de Ballymote, tiene un punto de partida idéntico al de aquellos aborígenes mexicanos. Los cuatro puntos ógmicos de éstos y su raya han sido sustituídos en el sistema del Gaedhil por uno a cinco tracitos o tallos transversos e iguales, ya apoyados directamente sobre una línea horizontal (monograma), ya sobre otras rayas individuales de apoyo para cada tallito o grupo de tallitos, y al que hemos por eso denominado tronco. Así, las cuatro partes del cempohualli o veintena, es decir, las cuatro quinquenas integradoras, se diferencian entre sí únicamente por la posición de sus tallitos o cifras respecto, bien del tronco, bien del monograma, y, en consecuencia, vemos escritos los respectivos veinte primeros numeras de este modo: la primera quinquena (1 al 5) con los tallitos a la derecha del tronco; la segunda (6 al 10), con los tallitos a la izquierda; la tercera (11 al 15), con tallitos transversales o a derecha e izquierda, pero oblicuos, y la cuarta (16 al 20), con los mismos tallos transversos, pero normales, sobre el tronco. Ofrece, además, la primera línea del folio una particularidad notable, y es la de que, mientras todos los restantes monogramas o poligramas empiezan por extraños signos que recuerdan a los nuestros musicales de las claves de fa y de do, este diagrama primero comienza por arborizar en tres ramas hacia la izquierda, o sea hacia el comienzo, cada una de las dos líneas que lo forman, en total, seis ramas o tallitos, constituyendo con el tronco en que se apoya por el lado contrario la cifra del uno una nueva y muy curiosa manera de ser representado en simbología arcaica el famoso "Sello de Salomón", o sea la representación cabalística y mágica del numero siete, tenido por sagrado en todas las teogonías y cosmogonías, incluso el Cristianismo  .

No es de extrañar ciertamente el que el sistema de numeración gaedhélico sea claramente vigesimal o a base de veinte, como el de aquellos aborígenes y probablemente el de toda la edad atlante o preariana. Semejante sistema es el más humano que existe, porque tiene en cuenta las cuatro extremidades del hombre y sus dedos agrupados en cuatro quinquenas. Del hombre se han tomado, en efecto, las primeras medidas, tales como el pie, codo, pulgada, brazo, dedo, la sánscrita nimesha o "parpadeo del ojo", etc. El quatre-vingt de los franceses es otra supervivencia gála de tal sistema atlante. Además, el estudio de las numeraciones arcaicas nos revela que, cuando el salvaje o el niño distingue el uno (su propia personalidad) , el dos (aquel con quien habla) y el tres (o sea todo lo demás) , conoce ya el singular, el dual y el plural, y cogiéndose con una mano los dedos de la otra está ya en posesión plena del sistema ogámico u ógmico, que para nosotros es el más antiguo de los sistemas de numeración escrita; y tan cierto es esto, que en la propia Irlanda nos encontramos, conservada por el folklore (demopedia o demosofía), esta dulce canción, especie de Au claire de lune druida, con la que se enseña a contar a los niños:

“Dance, thumbikine, dance.

Dance yes, merry men every one.

Thumbikine you must dance alone,

Yes, thumbikine you must dance alone",

repitiéndose el cantar, después del pulgar o thumbikine, con los demás dedos por su orden, fore-man) longe-man) Ting-man y littleman) en confirmación lingüística de lo antedicho, porque siendo la veintena primitiva, un cempohualli) una cuenta y, además, un man u hombre, tanto en lenguas orientales como anglosajonas, se dan a los dedos, por analogía, terminaciones de man u hombres, esto es, unidades inferiores o de grado primero, como también se da aún el nombre de manigero al capataz que en Extremadura lleva una gavilla de hombres. Nuestra demosofía, tan rica como la que más, tiene su cantar equivalente, marcando aún mejor el concepto sintético de la quinquena ógmica o primera atadura numeral, con este cantar infantil, primera lección de aritmética, de

Cinco lobitos,

cinco lobitos,

cinco lobitos,

cinco lobitos parió una loba,

                chicos y grandes detrás de una escoba

cinco paría,

cinco criaba,

y a todos cinco tetita les daba.

Cinco parió,

cinco crió,

y a todos cinco tetita les dió;

y el concepto de la unidad superior, o quinquena de los cinco dedos, se completa con el resto del cantar, que dice:

No se le cae,

no se le cae,

no se le cae la manecita al nene;

                no se le cae porque presa la tiene;

la manecita

desconcertada,

chiquirritita) bonita y atada...

Ciertamente que el fondo científico de los mitos, como símbolos abstractos de ideas muy superiores, es inagotable. ¿A qué conclusiones de prehistoria no podría llevamos, en efecto, esa loba del cantar ibérico y también de la leyenda de Juanillo el Oso) en parangón con la famosa, que según la tradición etrusco-romana, amamantase a los divinos gemelos Remo y Rómulo (loba que, transformada en cabra Amaltea, amamantó a Júpiter)" o a aquellos lobeznos, cinco según unos, siete según otros, que diera a luz la infanta Isomberta (o Isis-Bertha) de la leyenda del Caballero del Cisne) base de tantos poemas y del propio drama lírico del Lohengrin wagneriano, según la hermosísima obra de Bonilla San Martín, El mito de Psiquis, cuanto de los welsungos rebeldes de El anillo del Nibelungo?

Tenemos, efectivamente, símbolos gaedhélicos, al menos para los cien primeros números. Además, los respectivos signos de las veintenas, hechos signos de centenas merced a pentagramas, como hemos dicho, pueden ser tomados enteros o meramente en su mitad. Así, la mitad del signo X es el signo V, cual sabemos hicieran también los etrusco-romanos (aunque no para expresar precisamente los mismos valores numéricos). Una cempohualli o veintena que quisiera expresar tal detalle tendría que encerrar las cifras significativas correspondientes, no en series de XXX, como en no pocas figuras, sino en series de VVV, que es, por cierto, lo que se observa en otras. Para, pues, tomar la mitad del signo 40 o del 400, que es el cuadrado o rombo, no hay sino representar medios cuadrados o medios rombos, como se ve en algunas. Podrían detallarse y puntualizarse más, en fin, estas relaciones numéricas; pero abusaríamos de la paciencia del lector que, mediante los simbolismos de unidades, veintenas y pluriveintenas, ya comprenderá cuán fácilmente se puede representar, por lo menos, hasta mil. Los folios de" Ballymote, que nos ocupan, claramente muestran que son copias de copias de otros mucho más antiguos, en los que la seriación numeral fuera rigurosamente perfecta, no caótica), desordenada, más y más a medida que se avanza en los renglones, hasta acabar en el caos numérico del alfabeto respectivo, en el cual, al modo del griego y romano ulteriores, cada letra conservase esa supervivencia numérica de los respectivos valores que miles de años antes tuviera entre sus olvidados ascendientes cada letra. por su forma escrituraria, al modo de lo que también se ve en los códices mayas, donde por las márgenes corren catunes numéricos, mientras que en torno de los jeroglíficos mayores del centro se agrupan racimos de estos numerales, formando ya palabras de la lengua maya-quiché, como se ve en las láminas del Códice Cortesiano, que hemos reproducido, y en todas sus similares mexicanas.

Diríase que, tanto dicho folio de Ballymote como todas las láminas de los códices mayas, establecen la transición entre los viejos simbolismos escriturarios matemáticos o numéricos y los ulteriores simbolismos literarios fonéticos, pues en una misma página se ven series ordenadas de uno a veinte, que en modo alguno pueden ser palabras por su propia ordenación, y conglomerados de signo.r numéricos en desorden, ya como tales series numéricas) es decir, formando palabras. Así, por ejemplo, los números 1, 5, 10, 50, 100, 500 Y 1.000, escritos en serie romana, nos darían la palabra IVXLCDM, que carece de sentido en latín; y viceversa, la palabra LVX, traducida en números, nos daría 50, 5, 10, en la que no se ve seriación ni ordenación alguna matemática. Ejemplos aún más notables se podrían poner con palabras hebreas, tales como Jehovah y Elohim, en las que los valores respectivos hebraicos nos dan la relación de la circunferencia al diámetro, y, en general, con todos los nombres de personajes bíblicos, y sobre ello se han escrito numerosos volúmenes, tales como el de Piazzi Smith, acerca de "Las medidas de la Gran Pirámide". Así, cuando en un conjunto de simbolismos arcaicos vemos seriación perfecta, explicable por las reglas matemáticas de numeración, coordinatoria, matrices de determinantes, etc., la traducción única que podemos darle ha de ser forzosamente numérica, ya que la meramente literal carecería de todo sentido, y este es el caso de los primeros renglones del folio de Ballymote (despojándolos antes de las letras sueltas que rodean a los simbolismos numéricos, cual si de ellos tomasen sus valores en la lámina) . Por el contrario, la traducción literal se nos impone (cual las que hace Rolt Brash sobre las inscripciones gaedhélicas de los condados irlandeses de Waterford, Wexford, Kildare, etc.), en todos aquellos casos, cual en los últimos renglones del mencionado folio, en que tales conjuntos de símbolos presenten un desorden o falta evidente de seriación, lo cual no obsta, por otra parte, para que semejante traducción literal pueda y aun deba ser sustituída por los respectivos equivalentes numéricos de sus letras en el caso de ser ciertas, por ejemplo, hipótesis cual las de Piazzi Smith y los gnósticos alejandrinos. He aquí, pues, planteado el problema para ulterior trabajo acerca de Los numerales gaedhélicos y los orígenes del alfabeto, porque entre letras y números arcaicos existe, a no dudarlo, una correlación misteriosa que habrá de sorprender hondísimamente a la humanidad el día en que sea sacada a luz, y aun revolucionar todos nuestros conocimientos, poniéndonos al habla con los pueblos más remotos, de cuya existencia nos permitimos dudar todavía.

Sí, la authanasia más perfecta es precisa para no enmudecer de asombro al ver emparentados por algo tan esencial como los caracteres escriturarios y las ideas y palabras a pueblos tan apartados entre sí, por ejemplo, como los del Gaedhil irlandés y los del Anahuac mexicano. Estas gentes, en efecto, designaban los cuatro primeros números con los símbolos respectivos de los cuatro reinos de la Naturaleza: el tecpal, pedernal o mineral; el acatl, caña o vegetal; el tocchilli, coyote, cerdo o animal, y el caili, casa u hogar para el hombre. ¿Cómo puede extrañamos, pues, el que en el lenguaje o lenguajes primitivos de Hibernia, Erín o Irlanda, se adjudiquen a las letras nombres de árboles, y en la expresión escrituraria ellas representen ramitas, hojas de cañas, tallos de maíz, y, lo que es más asombroso, con signos y claves que al par son musicales y numéricos?

Digamos, finalmente, que las gentes libio-iberas o mosaicos del Gaedhil, como los chapanecas y otros mexicanos, con su instructor Muisca o Mox, especie de Apolo, inventor de la música, pudieron muy bien representar a su caudillo mediante el Árbol sagrado de Siva o de la Seiba, o sea lo que nosotros llamaríamos el árbol de la Numeración, cuyo tronco se divide en diez ramas, cada una de éstas en diez sub-ramas, y así sucesivamente. También Quetzalcoatl, el Hércules, Odin o Krishna de los ayas, se representa en los códices con cetro de palmera o plumero, símbolo, más que del aire, de la numeración y del lenguaje. El tocado de la hermosa Chalehihuitl, o diosa de las aguas nahoa, ostenta una palma, caña o maíz (acatl), relacionado de igual modo con dicho simbolismo numérico, por la propia voz chalchi o cálculus latino y Cactili, collar numérico de hojas y flores, que por otra parte ha dado nombre a más de una docena de ciudades Calcis, repartidas por las cinco partes del mundo, y al alfabeto numérico o calcidio, tan lleno de misteriosos problemas etimológicos y lingüísticos. También a Centeotl, la diosa del maíz o Ceres nahoa, conocida por Xoehi-quet-zal, la flor hermosa, se la adorna con el símbolo del acatl o de la numeración ogámica irlandesa. El patoli, o juego de naipes o dados, con cuatro cañitas menores de una pulgada y exornadas con figurillas y trozos numéricos al modo de nuestros naipes, es otra referencia curiosa. Los discos numéricos, dados, naipes, figurillas y tantos otros objetos similares de micenianos y minoanos, tienen filiación cierta en estos simbolismos musicales y literales al par que numéricos, y gracias a esto alguien muy docto, como Rudolf von Falb, en sus estudios incásicos  , ha podido poner a contribución, los idiomas sabios para demostrar que la riquísima simbología docente y decorativa de mayas-quichés, nahoas, méxicas, incas y demás gloriosos aborígenes americanos, se reduce a un solo simbolismo fundamental, a saber: el árbol de la Tau, o de la numeración decimal (Tu.-hata, Ta-hua, y de aquí los Tuatha de Danand, el oasis sahariano del Tuat, no lejos de Sekelmesa, la ciudad prodigiosa que ya era un montón de ruinas en tiempo de Cartago) , propia y característica de todo pueblo de abolengo ario, árbol que lleva diez frutos, y cuyos frutos son cogidos por un Adán y una Eva a entrambos lados del tronco, formándose así el divino diez, o sea, geométricamente, el número n, la razón de la circunferencia al diámetro 10 o Ф, que es también la etimología de Io, Iao Inacho, Iove, Io-pithar, Júpiter, etc. Infinitas tenían, pues, que ser, y son, en efecto, las leyendas respecto a árbol semejante, y de aquí el Árbol de Guerniea, vasco; el Ash o Primera de la Teogonía de Hesiodo, al comienzo de la Edad de Piedra; el Árbol de Tzité del Popol-Vuh; el de Iggdrasil o Norso de las teogonías escandinavas; el Ashvattha indo; la higuera o Árbol Ruminal que cobijara a los recién nacidos Remo y Rómulo; el Árbol Bodhi, o de la sabiduría, bajo el que meditase el Tathagatha búddhico; el Gogard, o Árbol helénico de la vida; el Tampum, o Árbol de la Ciencia tibetana; el Árbol Santo, de la Iniciación y de la Cruz; el bíblico de la Ciencia del Bien y del Mal; el Sepirothal cabalístico; el Bimini de los semínolas de la Florida; el de Chichil-hua-cuauhca, o de la Buena Ley, que figura en los códices de Anadmae, etc., etc.

Por encima de todos estos problemas abrumadores de la prehistoria de Occidente, descuella una cosa fundamental: EL SÍMBOLO, y siempre el Símbolo, como Ciencia de ciencias, o supremo lenguaje del pensamiento abstracto, lenguaje universal que dice relación a todos los otros de nuestras ciencias particulares, como se ve, por ejemplo, con el símbolo O, que es para el filósofo la expresión de la Nada; para el matemático, del Cero y del Círculo; para el astrónomo, de la órbita de los astros; para el biólogo, el símbolo de la célula, la sección del tallo, etc., para el químico, el símbolo del oxígeno, etc., etc.

Terminemos, pues, el capítulo con lo que a propósito de este interesantísimo particular dice la maestra Blavatsky en La Doctrina Secreta, tomo 1, sección 1ª, ocupándose del Simbolismo e ideografía: "La historia religiosa y esotérica de todas las naciones nunca fué literalmente expresada en palabras, sino que se encerró en símbolos. Todos los pensamientos y emociones; toda la instrucción adquirida por las primeras Razas y los conocimientos que les fueron revelados tenían su expresión simbólica en la alegoría y la parábola... Nunca se permitió a ningún estudiante recitar sucesos religiosos ni históricos con palabras que claramente los determinasen, para evitar que los poderes relacionados con tales sucesos pudiesen ser atraídos nuevamente. Estos se narraban sólo durante la Iniciación y todos los estudiantes tenían que registrados en los símbolos correspondientes, sacados de su propia mente y examinados después por su Maestro antes de ser definitivamente aceptados. Así, poco a poco, fué creado el alfabeto chino, del mismo modo que antes de éste habían sido determinados los simbolismos hieráticos en el antiguo Egipto. En la lengua china, cuyo alfabeto puede leerse en cualquier otra lengua, y que es poco menos antiguo que el alfabeto egipcio de Thoth, todas las palabras tienen su símbolo correspondiente que comunica el significado requerido en una forma pictórica. Esta lengua posee muchos miles de tales símbolos, letras o ideogramas, cada uno de los cuales significa toda una palabra, pues que un verdadero alfabeto de letras propias como las nuestras no existe en el idioma chino, como hasta una época mucho más cercana tampoco existía en el egipcio. De este modo, un japonés que no sepa una palabra de chino, al encontrarse con uno de esta nación que nunca haya oído la lengua del primero, se puede comunicar con él por escrito, por ser simbólica la escritura de ambos", como se pueden entender europeos de los más extraños idiomas -añadimos nosotros- en todas las operaciones aritméticas y algebraicas, por ser universal el simbolismo matemático. Todos, en efecto, saben, aritmética y geométricamente, la razón de la circunferencia al diámetro y también el teorema de Pitágoras de que el cuadrado de la hipo ten usa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos, etc., etc., aunque difieran en las palabras empleadas para traducido.

"Para esclarecer una ambigüedad referente al término lenguaje continuo, diré primero que esta palabra significa la expresión hablada de las ideas y, segundo, que puede significar también la expresión de ideas en otra forma. Este antiguo lenguaje está expuesto de tal modo, por ejemplo, en el hebreo, que mediante los propios caracteres escritos -caracteres que al ser pronunciados forman el lenguaje primeramente definido- puede comunicarse intencionadamente una serie de ideas muy distintas de las que se expresan por la lectura de los signos fonéticos, y este segundo idioma viene a manifestar así series de ideas veladas para todo aquel que no está en el secreto, ideas que no son sino copias imaginativas de cosas sencillas que pueden ser dibujadas, y aun de cosas que pueden ser reales sin ser tangibles, como, por ejemplo, el número 9 puede ser tomado como una realidad aun cuando no tiene existencia sensible... Semejante lenguaje ideográfico puede consistir en simbolismos concretados a términos y signos arbitrarios, con un muy limitado campo de conceptos sin importancia, o puede ser una efectiva expresión de hechos y leyes de la Naturaleza de un valor casi inconmensurable para la civilización humana. Un cuadro de algo natural puede dar origen a ideas con él relacionadas irradiando en las más variadísimas direcciones del pensamiento humano, determinando en las mentes de los ya iniciados en la clave simbólica bajo la que se hiciese la pintura, un género de ideas completamente distinto... Semejante lenguaje no se suele emplear ya, pero uno se pregunta naturalmente si en épocas remotísimas no hubo una lengua simbólica así y de uso universal, lengua poseída a medida que se moldeaba más y más en la forma de arcano por sólo las clases o castas más selectas de la humanidad en tales días... Sobre este punto los testimonios son de mucha fuerza, y verdaderamente no parece sino que en la remota historia de la humanidad, y por causas que todavía ignoramos, se ha operado la desaparición o pérdida de un lenguaje primitivo y perfecto, como basado en un sistema absolutamente lógico y científico, aunque perfecto acaso por ser de origen y de revelación divinos". "Origen divino -añade Blavatsky al contestar lo transcrito-, no sea una revelación, entre rayos y truenos, de ningún ser antropomórfico, sino un lenguaje científicamente construido y comunicado a nuestra infantil humanidad por una humanidad más avanzada -una humanidad de otras esferas-, y tan elevada respecto de ella, que resultaría efectivamente divina a sus ojos... Cuando el Ciclo de Vida de este Globo toque a su fin y nuestra madre Tierra se prepare a caer en su sueño postrero, ¿quién osará afirmar que los Egos divinos de nuestra humanidad, es decir, los elegidos por sus propios méritos, que pasan a otras esferas, no se convertirán a su vez en "instructores divinos" de una nueva humanidad, por ellos generada, en un nuevo Globo llamado a la vida y a la actividad por los "principios" desencadenados de nuestra Tierra? Todo esto puede haber sido la experiencia del Pasado, y estos extraños anales yacen cifrados en el "Lenguaje del Misterio" de las edades prehistóricas: el lenguaje que ahora denominamos SIMBOLISMO".

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