EL LIBRO QUE MATA A LA MUERTE O LIBRO DE LOS JINAS Don Mario Roso de Luna --------------------------------------------------------------------------------------------------------------- Instituto Cultural Quetzalcoatl de Antropología Psicoanalítica, A.C. Portal http://samaelgnosis.net http://samaelgnosis.org INDICE INTRODUCCIÓN CAPÍTULO PRIMERO EL OTRO MUNDO Y LA HIPERGEOMETRÍA CAPÍTULO II LA HIPERGEOMETRÍA Y LA SABIDURÍA ANTIGUA CAPÍTULO III EL MÉTODO EXPERIMENTAL Y EL MÉTODO ANALÓGICO CAPÍTULO IV EL ETERNO PROBLEMA DE LA MUERTE Y DE LA VIDA CAPÍTULO V LA MUERTE Y LOS ANTIGUOS MISTERIOS INICIÁTICOS CAPÍTULO VI. EL DIVINO PLATÓN Y SU "MAYÉUTICA" CAPÍTULO VII. PABLO, EL INICIADO CRISTIANO CAPÍTULO VIII. LA HISTORIA Y LOS "JINAS" CAPÍTULO IX. PROSIGUEN LAS HISTORIAS DE LOS "JINAS" CAPÍTULO X. ORIENTE Y EL MUNDO DE LOS "JINAS" CAPÍTULO XI. LOS "JINAS" INCAS CAPÍTULO XII. MAS SOBRE LOS "JINAS" INCAS CAPÍTULO XIII. EL PUEBLO HEBREO Y LOS "JINAS" CAPÍTULO XIV. ELÍAS EL "JINA" CAPÍTULO XV. EL CRISTIANISMO Y LOS "JINAS" CAPÍTULO XVI. LOS "JINAS" Y SUS LAGOS SAGRADOS O INICIÁTICOS CAPÍTULO XVII. LOS "JINAS" EN EL "CORÁN" CAPÍTULO XVIII. MUNDO, SUB MUNDO y SUPRAMUNDO CAPITULO XIX. LOS "JINAS" EN "LAS MIL Y UNA NOCHES" CAPÍTULO XX. LA LITERATURA CABALLERESCA ES LITERATURA "JINA" CAPÍTULO XXI. EL "DON QUIJOTE DE LA MANCHA" Y LOS "JINAS" CAPÍTULO XXII. "JINAS" Y TROGLODITAS CAPÍTULO XXIII. LOS "JINAS" Y ROMA CAPÍTULO XXIV. EL MITO OCCIDENTAL DE LOS "JINAS" CAPÍTULO XXV. LOS ALFABETOS "JINAS" y LA HISTORIA CAPÍTULO XXVI. LOS CELTAS Y SUS DRUIDAS CAPÍTULO XXVII. ARIOS Y "JINAS" CAPÍTULO XXVIII. LOS "JINAS" Y LA FILOLOGÍA CAPÍTULO XXIX. LA CUARTA DE LAS INTERROGACIONES DE LA ESFINGE CAPÍTULO XXX. "LA MUERTE DE LA MUERTE" OPERADA POR LA FILOSOFÍA INTRODUCCIÓN "Et l'insensé déja croyait, comme aujourd'hui que I'âme commençit et finissait en lui" LAMARTINE. La Chûte d'un Âge. Homo divina est stirpis origo. PITÁGORAS. Versos áureos. Non est umbra tenebrae, sed vet tenebrarum vestigium in lumine, vel luminie vestigium in tenebris. GIORDANO BRUNO. La génesis de esta obra, cuya segunda edición damos hoy al público, es por demás curiosa. Al leer por primera vez el célebre libro Old diary leaves ("Hojas de un viejo diario"), del presidente-fundador de la Sociedad Teosófica, Henry Steel Olcott, nos hubieron de causar la más viva impresión determinados pasajes relativos a la residencia de éste y de H. P. Blavatsky en la India. Eran estos pasajes, en efecto, algo de tal naturaleza, que ningún lector sensato puede dejarlos pasar sin serio estudio o sin solemne protesta. Uno de los indicados pasajes se refería a cierta quinta en la costa de las inmediaciones de Bombay, adonde la recién llegada H. P. B.1 hubo de llevar en carruaje a uno de sus nuevos amigos. En la quinta, que era muy hermosa y llena de rosales floridos, salió a recibir a H. P. B. un venerable hindú del tipo de los que los teósofos llamamos Mahatmas o Maestros, mientras que ésta ordenaba a su acompañante que "por nada ni por nadie se moviese del carruaje si estimaba en algo su vida". H. P. B. penetró en la quinta con el hindú, y a la salida recogió de manos de él un espléndido ramillete de rosas con encargo de que le fuesen regaladas al coronel Olcott. De regreso ya en casa de los viajeros, hubo de entablarse entre los de la tertulia de H. P. B. viva discusión, pues todos afirmaban, como buenos conocedores de Bombay, que por semejantes sitios no existía quinta alguna y sí un espeso bosque, mientras que el acompañante juraba con plena seguridad y aplomo que él había visto la quinta con sus propios ojos y hasta podría conducir otra vez a sus puertas a quien apostase en contra de él. H. P. B. sonreía, asegurando que él no sería capaz de semejante hazaña, por lo que perdería la apuesta, como efectivamente sucedió, por cuanto, después de vagar aquél largas horas por el bosque con los de la apuesta, y creyendo siempre llegar a la orilla del mar, se veían él y los que con él iban, fatalmente llevados al lado contrario... H. P. B. aseguró después que la tal quinta era un punto de cita o lugar de reunión de algunos Maestros, y que su acceso a ella, más aún, su misma visión, estaba protegida contra los profanos por una "maya" o ilusión de los sentidos, que no les permitía el llegarse hasta allí, a no ser en compañía de alguien como H. P. B.... Otro de los casos de Olcott se refería a cierto pobre maestro de escuela de Benarés, que recibía con frecuencia de la madre de uno de sus educandos pequeños obsequios. El profesor, agradecido, quiso un día visitar a los padres de su alumno, a lo que éste replicó "que no sabía si ello sería posible". Por fin, de allí a pocos días, el muchacho vino una vez con la noticia de que sus padres acogerían con gusto al maestro, "siempre que éste jurase previamente que no revelaría a nadie el camino que conducía hasta su mansión, y que si luego el visitante faltaba algún día a su juramento, al punto quedaría ciego". Hizo su promesa el maestro y salió con su discípulo hacia las afueras de la población. Ya en pleno campo, y cuando aquél temía ser víctima de una emboscada o de una burla. he aquí que el chiquillo se detiene; exige de nuevo la ratificación del juramento, y realizada ésta, un simple empujón dado por el chico a una piedra que por allí había dejó expedita la bajada al mundo subterráneo o mundo de los jinas, literalmente "el otro mundo", donde el atónito visitante fue cariñosamente recibido y obsequiado por los padres de su alumno, quienes vivían, repetimos en un mundo por completo "semejante al nuestro en casas, calles, templos, etc." Desde entonces, añade Olcott con toda su clásica serie dad, la fortuna del profesor cambió radicalmente; de pobre que siempre fuera, resultó rico "por los tesoros de los jinas"; pero infatuado un día quiso revelar a otros el camino de aquel mundo faltando a sus juramentos, y al llegar con ellos hasta la piedra de marras, ¡quedó instantáneamente ciego! El tercero de los hechos en cuestión es el de aquel Hassán Khan, de Benarés, quien, dice Olcott, "poseía el arte de su padre, que era un gran ocultista y que le había iniciado seriamente con ceremonias mágicas en la sublime Ciencia, dándole poder sobre siete daimones familiares cual los de Numa y Sócrates, bajo la condición estricta de llevar una vida moral y temperante. Sus pasiones, sin embargo, arrastraron a Hassán, y sus siete "astrales criados" se le habían ido escapando uno tras otro a su dominio..." El cuarto de los casos de Olcott es el de la visita que él hiciera con H. P. B. a las célebres grutas de Karli, donde entre mil rarezas relativas a retiros solitarios de Maestros en el interior de las criptas del arcaico y venerando hipogeo, a resortes secretos que hacen girar a ciertas piedras como las del subterráneo anterior, o el famoso de Aladino el jina, y a otras cosas a este tenor, ve el bravo coronel, mientras descansa en la explanada de fuera, cómo se le acerca inopinadamente un raro "shadú" o discípulo de Vishnú conduciendo a una vaca de cinco "patas" (la quinta pata colgando del morrillo como una fantástica excrescencia), hombre que, después de hablarle un momento, se esfuma en su presencia misma como neblina de lago. Otros muchos casos semejantes narrados ingenuamente por el coronel aquí y allá de su Diario o "Historia auténtica de la Sociedad Teosófica" no hicieron sino exacerbar nuestra ya excitada curiosidad hasta un grado increíble. Ora se trataba de un inopinado visitante hindú que, en plena redacción de un periódico en Nueva York les enseña a los redactores un extraño libro, da sus señas, ¡las de una librería de estampas religiosas!, y luego desaparece, dejándoles a todos asombrados; ora de otro tal que en el propio salón de la casa de Olcott le hace ver a éste "en un cubo o recinto del mismo" la más horrenda y variada de las faunas astrales; o, en fin, se ve el historiador de los primeros tiempos de la Sociedad visitado dos o tres veces por alguno de aquellos Maestros, quienes hasta le dejan cortar, para prueba de que no se trataba de ninguna alucinación, un pedazo de su turbante de muselina, que el coronel conservó en su poder luego muchos años y enseñó a quien le quiso ver. Deseando aquilatar hasta qué punto fuesen tales cosas factibles, hojeamos detenidamente las magistrales obras de H. P. B., en especial la novelita ocultista titulada Por las grutas y selvas del Indostán, y allí no sólo vimos ratificados por la maestra aquellos hechos, sino que el número y calidad de ellos aumentó considerablemente. No es cosa de referir uno por uno semejantes hechos, bastando a nuestro propósito el recordar los siguientes: a) El fuego inextinguible de ciertos iniciados guebros y de otros, mantenido perpetuamente por sacerdotes extraños que no salen nunca de tales templos y que mantienen y custodian enormes bibliotecas subterráneas, donde es fama se conserva íntegro el tesoro bibliográfico de la Humanidad, sin faltar allí ninguno de los libros en todas las lenguas, libros que, a través de los siglos, se hayan ocupado de problemas filosófic05 y religiosos. Gentes que hasta conocen la radiotelefonía. b) Las montañas purificadoras de Bhadrinath, en cuyos hipogeos ciertos invisibles antecesores de los terapeutas del Líbano crean y mantienen un aura salutífera tal, que a sus termas acuden anualmente millares de peregrinos en demanda de su curación. c) Los takures del Ragistán (India), entre los que no es raro encontrar señores de juventud eterna, que se dicen descendientes directos del sol ("surya-vansas"), que jamás se mezclan en asuntos mundanos y que custodian por siglos, en espera de días mejores para los hombres, los inauditos tesoros de Hind o "de los jinas", capaces de eclipsar a los mayores de la historia. Dichos takures surya-vansas parecen poseer tales mantrams o "palabras mágicas" que con ellas pueden matar instantáneamente a cuantos tigres y demás alimañas tengan la osadía de acometerlos. ch) La fraternidad secreta de los alrededores de las cavernas de Bagh en la India, "gupta" o región muy interior poco conocida por los europeos, y cuyos individuos operaron con la narradora y con Olcott prodigios bien extraños que aquélla refiere en su obra. d) Los llamados sanyasis de Siberia y los todas indostánicos de los montes Vindya, gentes de las que, según la autora, no hay noticias que se casen, ni se mueran, ni se dediquen a las habituales profesiones de los hombres; gentes que mantienen secretos vínculos con otras muchas semejantes de diversos puntos de Asia y aun del mundo, en el que viven, pues, una vida completamente separada de la de los mortales, como si ellos fuesen ciertamente ya de una raza superior y libertada de las infinitas miserias físicas, intelectuales y morales que a nosotros nos aquejan. e) Las mil gentes raras, en fin, citadas doquiera por los clásicos griegos y latinos, tales como las que tanto asombraran a Plinio, Etico, Filostrato, Apolonio de Tiana, etc., y de las cuales siempre queda a guisa de eco la eterna creencia de la Humanidad en seres subhumanos, humanos o superhumanos que están a nuestro lado mismo, pero que sólo en contadas y solemnes ocasiones nos es dable el tener un fugaz momento de trato con ellos, y eso a costa de grandes riesgos no pocas veces. En resumen: todos estos relatos de los dos fundadores de la Sociedad Teosófica y otros muchos más que por la brevedad omitimos, volvían a traer ante la crítica serena el eterno problema humano que nosotros, a la entrada de nuestro libro De gentes delotro mundo} de aquéllos nacido, condensamos en estas interrogaciones inquietantes: ¿Qué clase de seres son estas entidades llamadas djins o jinas, afrites, gulas empusas, proteos, etc., que parecen habitar o frecuentar con preferencia los lugares más apartados del comercio humano y hasta "vivir sin aire" en las mismas entrañas de la Tierra, seres poseedores de esa "cuarta dimensión etérea o astral" que a nosotros nos falta, seres cuyas relaciones con ellos pueden causar nuestra felicidad o nuestra desdicha? ¿Qué tesoros son éstos de los que tan repetidamente se nos habla y que tan seductores naturalmente se nos presentan, y qué losas o piedras misteriosas son las que solapan, se nos dice, a los ojos de los profanos "las entradas del otro mundo de los jinas", piedras célebres ya en la historia del mito, pues que si un pobre maestro de escuela en la Benarés de nuestros días pudo encontradas antes de hacerse rico, también en el mito universal la encuentran de igual modo el Aladino de Las mil y una noches; el Juanillo el Oso de la leyenda española; el Don Lanzarote del Lago (incidente del sepulcro de Galaz) en la leyenda caballeresca; piedras, en fin, relacionadas con la "Petra" o .Pétera" de los hierofantes iniciadores, con la "Piedra bruta" y la "Piedra tallada y labrada" de la Masonería, con la "Pétera" del Evangelio, con la "Piedra cúbica" de ciertos tratados de construcción tales como el español del arquitecto Herrera, con la "Piedra de Jacob", y la "Piedra del Destino" o Lía-Fail de Westminster y con las numerosas "Piedras oscilantes" de nuestra prehistoria; piedras que, en unión de los dólmenes, menhires y demás restos druídicos españoles, empiezan hoya bendecir -y ellas sabrán por qué- las autoridades eclesiásticas de nuestra patria. Lo sugestivo de estos míticos asuntos nos llevó a estudiarlos más y más hasta escribir sobre ellos la obra ya citada, y en la que fuimos acumulando numerosísimos hechos, algunos verdaderamente hermosos, tales como el de "los jinas andinos", "los tesoros de las huacas de los incas y del templo del Cuzco", "la raza heroica y vagabunda de los Tuatha de Danand", judíos errantes de las leyendas de los bardos, merecedores por sí solos de un extenso tratado, y mil otros, en fin, acerca de "los jinas de España", que además de formar un capítulo de la obra desbordaron de ella para servir de base a otro simultáneo: El tesoro de los lagos de Somiedo y en el que los Aladinos, los tesoros y las "vacas astrales" asturianas abundan que es un primor. El libro De gentes del otro mundo tuvo así un prólogo en El tesoro de los lagos de Somiedo y un epílogo en el de Wágner, mitólogo y ocultista, por cuanto a la sombra de ese "Arbol gigante" constituído por las obras del coloso de Bayreuth, pudimos desarrollar un extenso trabajo de mitología comparada y en el que salta desde luego a la vista que en los nibelungos, gibichungos, walkyrias, gigantes, dioses, héroes, etc., de la trama de los Dramas musicales wagnerianos están siempre "los jinas, sus tesoros y sus secretos". Este "hilo de oro" literario, que viene a enlazar así cuatro de nuestras obras principales (la cuarta son los comentarios a Por las grutas y selvas, de H. P. B.), ha continuado de entonces acá tejiendo su "tela", porque el capítulo final de De gentes del otro mundo dejaba pendiente un cabo donde empalmar la trama de otro, a saber, el de las enseñanzas de Pablo, el Apóstol de las gentes y verdadero fundador del Cristianismo, al hablarnos como ocultista de "las enemigas potestades del aire", de "la muerte y su mentira", de "el Dios Desconocido y sin Nombre" (el Hyerostheos) y de otras cosas análogas que en el fondo no son sino "misterios de los jinas, superhombres y Maestros". El libro de los jinas, que, con los nuevos e inagotables datos se imponía, pues, tenía que llevar otro título además, si había de responder plenamente a su carácter y al fin para el que se iba a escribir, porque al tomar por base las frases de San Pablo (Corintios, 1, XIV) de "hay un cuerpo material y un cuerpo espiritual; cuando esto se sepa, ¿qué será, ¡oh Muerte!, de tu mentira?", había de llamarse asimismo El libro que mata a la muerte, no en el sentido físico, ya que todo lo que nace muere y todo lo que muere renace, sino en el trascendente de matar en nosotros a esa farsa macabra de la Muerte, que no es sino el Velo de Isis que nos separa de las delicias de la inmortalidad. Paso a paso, cual las hojas de un modestísimo Corán, se fué escribiendo, pues, el presente libro al tenor de las necesidades mensuales de la revista El Telégrafo Español, a la que se consagrase, e inútil es decir que se guardó ni podía guardarse en sus tan raros como complicados asuntos orden alguno cronológico. Si estábamos en "cuarta dimensión hiperfísica", ¿a qué guardar semejante orden ya que en la hiperfísica, según el aserto de un Maestro, no existen, a bien decir, pasado, presente ni futuro? Además, una ordenación semejante acaso habría destruido la espontánea homogeneidad con que aquél se iba desarrollando. A partir, en efecto, del capítulo VIII, que es el primero que al detalle se ocupa ya de los invisibles jinas, la historia, en sus penumbras más deliciosas, parece seguir de cerca siempre a tan sugestivos personajes. De pronto tropezamos con un pasaje del historiador Anquetil Duperron, en el que los reyes persas, en la cumbre de su poderío, se creen dueños y señores de todo lo descubierto de la Tierra; pero los magos del reino, para abatir su soberbia haciéndole comprender al rey Darío que el hombre más encumbrado es nada para aquellos Seres superiores, le dan noticia cierta de ellos. El rey les intimida con la sumisión o la guerra; pero la embajada es contestada por los jinas del modo más burlón y soberbio, como se verá a su tiempo, y cuando los ejércitos del déspota persa van a conquistarlos... ¡no encuentran ni el sitio siquiera donde los emisarios anteriores los viesen; no los encuentran, repetimos, ni más ni menos que el acompañante de H. P. B. por los alrededores de Bombay tampoco pudo hallar la quinta de los rosales floridos, donde otro "jina" recibiera a la rusa iniciada, y donde los "profanos" no podían llegar por sí solos! Y es lo bueno que la historia o leyenda anterior se reproduce en otro pueblo harto distante del primitivo de Persia en el tiempo y en el espacio, entre los fieles aztecas de México, cuyo rey Moctezuma -otro Darío soberbio- también, en su orgullo, quiere visitar a la "Tierra de sus Antepasados" (de sus "jinas" o muertos queridos). Los magos del reino, tras grandes averiguaciones, comunican al emperador que a semejante tierra no se puede llegar por ninguno de los trillados caminos del mundo pecador, sino por los inaccesibles del sacrificio. El viaje se realiza, al fin, como habremos de ver siguiendo al primitivo historiador Padre Durán, y los embajadores arriban a aquella elísea tierra donde la juventud era eterna y donde los reciben en plenos vigores los antepasados del viejo soberano, preguntándoles como si tal cosa por varias generaciones de sus antecesores en el trono y que, naturalmente, habían desaparecido de este mundo, mientras ellos gozaban de una juventud y una felicidad perfectas. . . El caso mexicano encuentra en nuestras páginas otro caso histórico-legendario no menos asombroso: el de los Thuatha irlandeses y sus cuatro cosas mágicas que los hicieran inmortales, viviendo aun hoy como verdaderos jinas en las verdes colinas de Erin, en espera de un mundo menos corrompido que el actual a quien ayudar e iniciar en los misterios eternos. Las consiguientes cuevas de iniciación tampoco faltan aquí, como no faltan entre los mexicanos, entre los hindúes ni en ningún otro de los pueblos del planeta. Vienen luego, lógicamente, los misteriosos "todas" de las Montañas Azules de la India, relacionados con swamis, gymnósofos y demás Maestros de los que nos habla la Teosofía; sus análogos los shamanos de Siberia y del país de Kalkas, cuna del alfabeto calcídico-matemático, zendzárico o jaíno, y, en fin, los sublimes Tirtankaras o Primitivos Buddhas de la Compasión, jaínos de que nos hablan con excepcional reverencia los libros sagrados mogoles. Un estudio detenido sobre nuestras fuentes primeras acerca del noble pueblo inca nos hace ver claramente los orígenes solares o jinas de esta maravillosa civilización precolombina en América del Sur, con una riqueza tal de detalles ocultistas que el hablar ahora de ellos sería profanar lo que es objeto de los correspondientes capítulos. Los amautas incásicos son verdaderos bardos de aquel suelo, transmisores de la eterna Religión-Sabiduría primitiva, que está por encima de todas las religiones vulgares o exotéricas, tanto como lo está el sol sobre la luna, y las iniciaciones del Templo del Sol, desconocidas para sus conquistadores y profanadores, nada tuvieron que envidiar, acaso, a las de Eleusis o a las del remoto Oriente. El pueblo hebreo y su iniciático libro o Biblia nos da asimismo, a través de los acostumbrados velos sacerdotales, la sublime silueta de tres jinas históricos: Henoch (Jano o jaíno), Elías y Elíseo, patriarcas y profetas de la Primitiva Verdad, envueltos en maravillosos simbolismos, eso sin contar a los más excelsos jinas, los Elohim o Heliojins creadores, verdaderos Pitris solares y lunares, como los “agnisvatta" y los "barishad" de las teogonías védicas. Estos "Helios" griegos y "Helios" o "Caballeros del Cisne" de la leyenda caballeresca dicen harto clara su procedencia para que vayamos más que a mencionarlos ahora en esta ojeada general de nuestra presente obra. Del judaísmo pasamos al cristianismo y a su célebre jina Juan o Io-agnes, "el Bautista", a las fraternidades más o menos jinas, a las que él, como su pariente Jesús, perteneciera; vemos el abolengo claramente buddhista de todos cuantos eran iniciados en las montañas del Líbano, y vemos también con delicioso arrobamiento las escenas jinas de la Transfiguración, la Resurrección, la Ascensión y la Pentecostés con todo ese tesoro ario de los lagos iniciáticos y de los Misterios que en ellos se celebraran durante edades sin cuento hasta los días de la decadencia de estos últimos. En el Corán, como rama en cierto modo del gran tronco hebreo, los jinas no podían faltar tampoco y, en efecto, no sólo no faltan, sino que la obra del Profeta-maestro Mahoma es acaso una de las fuentes más puras entre las de Occidente, donde pueden aquilatarse detalles jinas o jainos nada fáciles de encontrar en otros Panteones. Las huríes, el lago Kanthea, los Harut y Marut, Dhul-Karnein, los durmientes de la Caverna, las gentes de Iadjudj, etc., no son, no, de este mundo, sino "del otro de los jinas". De "los jinas" en Las mil y una noches no tenemos por qué hablar, dado que ellos saltan doquiera en el comentario ocultista que acabamos de dar a luz2 extractado de esa primitiva novela atlante-parsi, que es uno de los tesoros más preciados de la humana literatura, tesoro al nivel de cualquiera otro de los libros religiosos conocidos. Por su parte, la literatura caballeresca, como literatura jina, también enlaza la tradición iniciática de aquel libro con las enseñanzas incomprendidas del Paganismo, fuente de arte oculta de la que jamás se sacará todo el partido que es posible, y el que lea con esta clave los viejos romances de los ciclos artúrico y carlovingio sabrá al punto acerca del fondo de los mitos atlantes que ellos solapan muchísimo más que el más documentado de los folkloristas, a quienes les ha faltado siempre esta clave ocultista de interpretación que en vano han buscado en otras fuentes de la Historia y que guarda la clave además de toda la proto-historia occidental, especialmente de la española, donde los parsis y güebros de Hispaham, y después los egipcios u ofitas han ejercido básica influencia que aún perdura, viniendo a nuestro cielo muchos siglos antes que fenicios, griegos y cartagineses. ¿A qué seguir reseñando ya lo que el lector ha de ir encontrando detallado a lo largo de las páginas del libro? Lo apuntado basta para su justificación y la de su doble titulo. El jina existe. Le hemos encontrado todos por lo menos una vez en el áspero e iniciático camino de nuestra vida en forma de "hombres y cosas raras". que ni hemos vuelto a ver ni hemos acertado luego a explicarnos; en forma de "solución imprevista", venida de ellos, como "ángeles custodios" de la Humanidad en general y en particular de cada uno de nosotros, aunque nosotros, ciegas bestezuelas desconfiadas y escépticas, lo hayamos echado luego, temiéndonos a nosotros mismos, al revuelto saco de lo que llamamos "coincidencias", "casualidades", "alucinaciones" y demás palabrejas de cobardía para no afrontar cara a cara, como lo hacemos nosotros, desafiando a la crítica, en el presente libro, donde la poesía tradicional y la verdad histórica van todo lo inextricablemente enlazadas que ir deben en nuestra vida si hemos de dar a la razón el vivificante calor de la emoción y el sentimiento, y a estos últimos la guía de una crítica histórica de mitología comparada como no se ha empleado hasta aquí por los sabios modernos, temerosos sin duda ellos en sus vanidades de que un glorioso pasado que se cree perdido y, sin embargo, resucita y vive, muestre ante sus espantados ojos una ciencia integral que penetra en lo maravilloso y puede responder gallarda a las tres preguntas del enigma de la Esfinge: "¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos? y ¿adónde vamos?", como jamás llegará a hacerlo su ciencia pobre y positivista, porque puede enseñamos, documentada con el testimonio de la sabiduría de todos los pueblos y edades, que hemos descendido de lo Alto, del Seno del Logos inefable, a través de las infinitas "Casas de devoción" de rutilantes astros y de "Moradas", como aquella que en sus éxtasis de iluminada consciente e inconsciente columbrase Teresa de Cepeda... Mientras ignoremos tamañas verdades, no seremos sino "animales de dos pies"; cuando lo sepamos y alcancemos a obrar al tenor de tal "Sabiduría", empezaremos a ser Hombres y luego Héroes, Se midioses y Dioses a través de ese obscuro y extraño "Mundo de los Jinas", de los que pobre y malamente se ocupa este libro. CAPÍTULO PRIMERO EL OTRO MUNDO Y LA HIPERGEOMETRÍA El eterno misterio.- ¿Es nuestro mundo el único mundo?- El tema de la Justificación de nuestra alma atormentada.- Existen en el espacio infinito otros hombres, otras mentes y otros mundos.- El devenir evolutivo.- Las existencias inmateriales y la doctrina de Kant.- Comunicaciones con Marte, ¿para qué?- La Sodoma bíblica y .nuestros tristes días.- Los justos modernos.- La onda de Hertz, las religiones, el espiritismo y el arte, como posibles medios de comunicación con otros mundos.- Una página del catecismo ocultista.- La "cárcel" de Platón y la "Maya" o Gran Ilusión hindú.- El "Velo de Isis".- Cosmos o Armonía.- La serie de los universos, como la de los números, es indefinida. Con esa ansia insaciable, cantada por Goethe en su titánica epopeya del Fausto, nos hemos preguntado cien veces, frente al problema pavoroso de la muerte: -¿Es nuestro mundo EL ÚNICO MUNDO? Interrogación gallarda que no es, en suma, sino el Tema wagneriano de la justificación con que la Elsa simbólica de nuestra alma atormentada llama con fuerza a las puertas de lo Desconocido, en demanda del Lohengrin de sublime Patria y de secreto Nombre que ha de llegar para hacer justicia a nuestras torturas de rebeldes caídos. Interrogación a la que nuestra conciencia psicológica, Voz de la Divinidad en nosotros que diría San Pablo, responde siempre, con Lucrecio (De Rerum Naturae): -¡NO PUEDE DUDARSE DE QUE EN EL ESPACIO INFINITO EXISTEN OTROS HOMBRES, OTRAS MENTES Y OTROS MUNDOS!3 O con esta otra frase, compendio de toda nuestra ciencia positiva: -A la unidad de la Materia en todo el Cosmos- evidenciada par el análisis espectral - y a la unidad de la Energía Inteligente que al Cosmos preside - al tenor de la evidenciada par nuestras cálculos y observaciones-, corresponde necesariamente una Suprema Vida, un universal y eterno Devenir evolutivo, que jamás agote su armónica policromía vital, ni en los millones de millones de astros que pululan como meros átomos en el Abismo cerúleo, ni en el seno fecundo de cada uno de estos astros mismos. Tan arraigada se halla, en efecto, esta "idea innata" que diría Leibnitz, en las mentes de todos los hombres, que hoy mismo ha sentido el mundo, el escalofrío de la sublime ante el mero anuncio de haberse creído recibir extrañas señales radiotelegráficas procedentes de Marte, nuestro planeta vecino. -¿Comunicación con Marte? - ¿Para qué? - hemos exclamado, escépticos, en el primer momento.- ¿Para reclamar de nuestros hermanos ultraselenitas algún perfeccionamiento guerrero que "aún no hemos tenida la dicha de ensayar", destruyendo a nuestros hermanos de la tierra con esa operatoria mágica de que ya nos habla el viejo Mahabharata, y can la que se dice que una especie de raya de varias kilómetros ponía fuera de combate instantáneamente a ejércitos enteros?4 ¿Para envenenar, acaso, a las mil veces infelices mardanos con la virulencia de nuestra lucha de clases llamadas a la cooperación armónica, lucha en la que nos disputamos como fieras un pedazo de mísero "pan material", de ese pan que no es, según el Maestro Jesús, el solo y efectivo alimenta del hambre, ya que el Hombre verdadero que cobija a nuestra bestia física, y que perdura cuando esta última muere, vive más bien de "la Palabra de Verdad y de Amar", que únicamente podemos volver a encontrar por un Arte y una Ciencia altruístas? (O bien queremos comunicarnos con dichos moradores del rojizo planeta para ver de imponerles un día, por perfidia de violencias o violencia de perfidias, primero nuestros dogmas religiosomaterialistas encerrados en los lechos de Procusto de otras tantas creencias que dan endiosamiento y buen vivir a sus doctores, luego nuestros absurdos cronicones históricos falsificados desde Herodoto hasta Eusebio, Scio y Petavio y desde la Prehistoria hasta nuestros días? ¿O queremos, en fin, plantar también allí, en lo físico, lo intelectual y lo espiritual, nuestro eterno "¡se prohibe el paso!", continuación del clásica "¡non plus ultra!" con el que la inercia de la ignorancia, la ambición y la hipocresía, trata de encadenarnos a la roca, como antaño. al viejo Prometeo del mito? . . . Pero no. Si la Sodoma bíblica hubiera sido perdonada, si en ella se hubiesen hallado tan sólo Cinco justos, el mundo actual cuenta con más de cinco y de cinco mil justos, que hagan perdonables, en todos los órdenes, extravíos hijos de la ignorancia egoísta, pues que en este mundo lo que realmente ocurre es que una minaría perversa tiraniza, con las peores artes, a una considerable mayoría de afligidos, de perseguidos, que tienen hambre de Ideal y sed de Justicia distributiva: seres que siguen lo más fielmente posible los tres definitivas preceptos del Derecho romano, cimentadores de todo orden moral no mojigata, a saber: el honeste vivere (vivir honradamente), el alterum non leadere (no dañar a otro) y el suum cuique tribuere (dar a cada uno lo suyo). Semejantes justos, por su parte, tienen, más que el derecho, el deber de comunicarse algún día con los demás Hijos Resplandecientes de un Cosmos que, etimológicamente, no es sino Armonía; es decir, forma universal de la Justicia de las Esferas, que Pitágoras, como justa que era también, ¡oía!... Los medios para semejante comunicación no aparecen, sin embargo, por parte alguna hoy. Es cierto que los múltiples tratadistas, antiguos y modernos, citados por Flammarión en su ya clásica Pluralidad de los mundos habitados, han intuído y fantaseado prodigiosamente acerca de seres de otros astros, y aun del espacio mismo interplanetario, y que como pertenecientes a nuestro "archipiélago solar", tarde o temprano, y en vida o en muerte, habrán de comunicarse con nosotros. Cierto es también que hoy poseemos un instrumento genuinamente físico, la onda de Hertz, para la que no existe ya imposibilidad teórica de alcanzar gallarda, mejor aun que su hermana la lumínica, al menos hasta planetas vecinos, como la Luna, Marte, Venus o Júpiter. Cierto es, por otro lado, que toda una escuela filosófica moderna, de vieja raigambre en la entraña de la historia -el Espiritismo-, ha pretendido más de una vez el darnos, como auténticas, comunicaciones con nuestros muertos queridos, moradores, bien de otros astros del espacio, a bien de mundos ene-dimensionales, que no son sino otras tantas posibilidades del Espacio Abstracto Incognoscible que, a guisa de única y efectiva Divinidad, se halla doquiera, por esencia, presencia y potencia, después de abstraídas filosóficamente todas las apariencias sensibles. Cierto, asimismo, que todas las grandes religiones troncales: jainismo, brahmanismo, parsismo, paganismo, judaísmo, buddhismo, sintoísmo, cristianismo, mahometismo., han glorificado a sus excelsos fundadores, cama otros tantos Tirtankaras, Rishis, Zoroastros, Avataras, Manús, Enviados, Hijos de Dios, Sephirothes, etc., etc., admitiendo, con fe admirable, la posibilidad que el Justo de todo tiempo, creencia o país tiene que ponerse al habla con ellos, ora mediante la mística yoga, el éxtasis, la fe íntima y la autoconciencia trascendente de Schopenhauer, ora remontando uno a uno, con su Amor místico, los infinitos peldaños de una Escala de Jacob, o Cadena de millones de devas, ángeles, jerarquías celestes, dioses, semidioses, jinas, héroes, etc., en número tan incalculable como el de las unidades matemáticas de los diferentes órdenes; ora, en fin, por la mediación, ya más próxima a nosotros, de los respectivos Lamas, Shamanos, Maestros, Sumos Sacerdotes o Pontífices; es decir, de efectivos "constructores de místicos puentes", entre este nuestro valle o mar de lágrimas y el ultra mare vitae de la clásica leyenda de Psiquis. Certísimo es, por último, que todos los inspirados, los vates, los artistas, han presentido que sus propias creaciones, reflejos del Cosmos en sí mismos como en verdaderos microcosmos, provienen dentro de la ley de que de la nada nada puede hacerse- de una cadena de mundos más altos, mundos de cuyas luces ellos no pueden proyectar en sus mentes sino sombras, para llenar luego, como cantara Gabriel y Galán respecto de el Cristo de Velázquez, "de sombras de sombras sus lienzos". Y estos seres inspiradores, moradores probables de otros mundos; invisibles seres quizá más bien, que moran a su lado mismo, son presentidos por la intuición artística, dentro de la unidad trascendente que a todas las Esencias liga... -Levanta tu cabeza, ¡oh Lanú! -dice el Maestro al discípulo en el Catecismo Ocultista oriental, comentado por la incomprendida H. P. Blavatsky-. ¿Qué ves sobre ti, ardiendo en el obscuro cielo de la medianoche? -Yo percibo una Llama, ¡oh Gurudeva!, con innumerables y no separadas centellas, que en su seno brillan. -Dices bien -responde el Guía-; pero mira ahora en torno de ti y dentro de ti mismo. ¿Sientes de algún modo a aquella Luz que en ti arde como cosa distinta de la que brilla en tus hermanos, los demás seres? -No; no veo que ella sea diferente en modo alguno... -Ni ella es diferente en verdad -concluye el Maestro-. Prisioneros los hombres en la kármica esclavitud de la cárcel que se han labrado ellos mismos en vidas anteriores de caída, dicen: "tu alma", "mi alma"; pero se engañan, porque su vista espiritual, atrofiada, les mantiene hoy en la ignorancia o avydhia". Esta cárcel es también la de Platón, en su República, cárcel en la que yacemos "como los eternos prisioneros que, de espaldas a la Luz, toman por realidades las sombras que se proyectan. en las paredes de su calabozo". Esta cárcel platónica es el genuino concepto de la maya oriental o "mundo de las ilusiones proyectivas", que diría un geómetra, refiriéndose a los ulteriores problemas de las ene dimensiones del espacio de que vamos a ocupamos pronto. La maestra H. P. B. -de este modo denominaremos, siguiendo la tradición, a H. P. Blavatsky- nos ha hablado así de dicha maya o "proyectiva", ya intuída por Campoamor en su célebre dolora, que empieza: "En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira"... "Maya o Ilusión (de Ilus, nada, cieno, caída) es, en efecto, un elemento que entra en todos los seres finitos, dado que todas las cosas que existen poseen tan sólo una realidad relativa y no absoluta, puesto que la apariencia que el oculto noumeno toma en el respectivo plano de cada observador depende del correspondiente poder de cognición que posea este último. Para la vista no educada del salvaje cualquier pintura resulta una confusión incomprensible de líneas y manchas de color, mientras que allí mismo descubre la vista ya educada el objeto que el artista trató de representar. La Existencia Única, absoluta y oculta, o sea la Divinidad, contiene en sí misma los noumenos de las más altas realidades, o mejor dicho de todas las realidades. Por eso nada es permanente sino Ella, y cada existencia no es sino una etapa del ser. De aquí que hasta los más elevados Dhyanis Chohanes siderales o "Angeles", de otras teogonías, no sean en cierto grado sino meras sombras de realidades aun más superiores. Sin embargo, todas las cosas son relativamente reales, puesto que el conocedor es también una sombra, una reflexión de algo más alto -que él, y, por tanto, las cosas conocidas son tan reales para él como lo es él para sí propio. Por efectivas que las cosas nos parezcan antes de pasar y después de haber pasado por el plano de nuestra objetividad, al manifestarse en este plano, ya no son sino un relámpago fugaz. En cualquier estado que actúe nuestra conciencia, tanto nosotros mismos como las cosas pertenecientes a aquel estado, son a la sazón nuestras únicas realidades; pero a medida que nos vamos elevando en la escala evolutiva nos damos cuenta de que durante nuestra permanencia en los planos ya trascendidos, a través de los cuales acabamos de pasar, no hicimos sino tomar equivocadamente la realidad por su sombra o proyección, y que el progreso del Yo hacia lo alto no consiste, por tanto, sino en una serie de despertadores progresivos, con la consiguiente idea en cada uno de ellos de que en ellos tocamos ya la definitiva realidad. Sin embargo, a bien decir, sólo cuando nos hayamos sumergido en el Piélago de la Conciencia Absoluta podremos decir que toda maya cesó". Por supuesto que semejante inmersión no equivale, como en Occidente se cree, a la pérdida de la Conciencia individual o su aniquilamiento, sino al logro de la Plena Conciencia universal en la conciencia progresiva nuestra. La madre, al idolatrar a su hijo, no pierde su conciencia, sino que la amplifica, fundiéndose, por decirlo así, con el hijo mismo. Pero se nos dirá: ¿Pueden otros seres del espacio actuar sobre nosotros sin ser vistos? Esta pregunta nos la hicimos antaño al escribir nuestro libro De gentes del otro mundo. libro que no es sino el prólogo del que ahora sometemos al público, y que se encaminó a sugerir, con demostraciones en cierto modo históricas, la existencia de una superhumanidad, una humanidad planetaria o solar, no meramente terrestre como la nuestra, y que independientemente de que sea ella análoga o distinta de la de los demás astros, vive a nuestro lado mismo, sin que de ordinario podamos percibirla merced al simbólico pero efectivo Velo de Isis que nos la oculta, aunque dicho velo se rasgue con bastante más frecuencia de lo que se cree, ora fisiológicamente por el esfuerzo combinado de una ciencia altruísta y una virtud sincera, ora patológicamente por otros tristes procedimientos de mala magia, algunos de ellos tenidos por modernos. Hoy, ampliando las ideas esbozadas en dicho libro, queremos dar un paso más, inquiriendo cuanto sobre semejante particular puede inferirse del estudio sereno y teosófico de nuestro mundo mismo, en el que entramos por la puerta del nacimiento, del que por la puerta de la muerte salimos. Para ello la misma ciencia de la Matemática nos brinda hermosos precedentes. Por un lado, en el concepto abstracto de unidad y de número; por otro en el del espacio geométrico. Vemos, en efecto, que de todo cuanto nos rodea, testimoniado por los sentidos, puede hacerse filosóficamente una unidad abstracta; pero ¿es que la serie de unidades abstractas no resulta siempre indefinida? Hasta las lenguas clásicas nos permiten apreciar esta verdad notoria. Todo lo que vemos forma nuestra Unidad, nuestro Universo; pero este Universo, este "Uno Invertido", que no es sino la proyectiva de lo Incognoscible, al tenor de la estricta etimología latina, no es en sí mismo absolutamente armónico, puesto que es progresivo y de lucha evolutiva. Para ser él un verdadero Cosmos, una verdadera Armonía, precisa integrarse adecuadamente con otros Universos, al tenor de la constante enseñanza oriental de que todo universo actual supone otro anterior del que ha derivado por evolución, y es, a su vez, el precedente necesario, dentro de la eterna e inefable armonía del Cosmos, de otro Universo futuro. Acaso ganaríamos mucho, pues, en filosofía conservando la palabra latina de Universo para designar esa unidad absoluta de lo que vemos o podemos ver con nuestros sentidos (astros, hombres y cosas), reservando tanto para lo que no vemos cuanto para la serie indefinida de los sucesivos universos pasado, presente y futuro la palabra griega y abstracta de Cosmos, equivalente a la de Suprema Armonía Evolutiva. Al así hacerlo nos conformaríamos más y más con la enseñanza matemática de que la serie de los universos y la de los seres, como la de los números, es indefinida. Indefinida en el tiempo e indefinida también en el Espacio absoluto. La concepción archicientífica de días y noches, edades y vidas de Brahmâ que al Oriente debemos, no significaría en el fondo otra cosa. El concepto geométrico de Espacio, por su parte, nos enseña que nuestro mismo Universo puede concebirse, bien desde el punto de vista euclidiano de las tres conocidas dimensiones y de los seres que con ellas cuentan, bien bajo el aspecto de sucesivos hiperespacios, cada uno con sus adecuados seres, hiperespacios de los cuales sean meras concepciones proyectivas el volumen, la superficie, la línea y el punto. Pero no vamos a estudiar aquí el dificilísimo problema de las llamadas ene dimensiones del espacio, ni menos el de saber si existen realmente dichas dimensiones, o son más bien, como dice la maestra H. P. B., meras maneras de apreciar la Realidad sin dimensiones que nos cerca y que se nos va revelando más y más, como otras tantas dimensiones nuevas, a medida que por evolución vamos adquiriendo más y má_ facultades y sentidos. Aunque ello sea parte integrante por esto mismo de aquel nuestro posible otro mundo, nuestro ánimo al recordar estos problemas no es el de analizarlos ahora, sino el de citarlos como un valioso precedente analógico5. En efecto, como dice P. Barbarín en su Geografía No-Euclideana, toda la vieja Geometría está apoyada en la hipótesis indemostrable de que por un punto en un plano se puede trazar una paralela a una recta, y solamente una; pero aun desde los mismos tiempos del gran geómetra griego, no sólo se tuvo como indemostrable el célebre postulado, sino que los matemáticos alejandrinos se preocuparon, siglos antes que nuestros Bolai, Riemann y Lobatschewsky, de la falsedad de dicho postulado, desde que estudiaron lo que luego se llamó "la imposible cuadratura del círculo". De la misma manera, pues, que estos y otros matemáticos se rebe laron contra el postulado de Euclides, no obstante su realidad práctica incontrovertible, vamos ahora a rebelarnos nosotros contra ese otro postulado del eterno positivismo, que jamás podrá demostramos, y permítasenos el tropo, que "por un punto cualquiera de nuestra mente se puede trazar una paralela real, a la realidad visible y solamente una". En otros términos, que sólo es verdad lo que se ve, oye, huele, gusta o toca, o lo que la mente deducir puede del testimonio de los sentidos con arreglo al falsísimo criterio escolástico aquel de nihil est in intelectum quod prius non fuerit in sensu. Más claro aún: que no hay más mundo que este nuestro "miserable mundo", Para ponemos a la debida altura en esta hiperfilosofía necesitaríamos realizar una revisión total de todo cuanto conocemos, preguntándonos, cual los geómetras que fundaron la hipergeometría, qué sucedería si supusiésemos falso el aforismo positivista que parecía reinar soberano y sin rivales a mediados del pasado siglo, de que no hay más mundo que este mundo perceptible para nuestros sentidos y aparatos científicos. Por de contado, vaya nuestra honrada protesta de que jamás la Humanidad, olvidando su divino origen, como emanación del que ella es Anima-Mundi, ha creído tamaño absurdo positivista, por lo cual ninguna patente de invención podemos pretender con semejante pregunta. Lo que hay es que las religiones esotéricas todas han hablado de otro u otros mundos post-mortem y de otros seres infra y suprahumanos e invisibles, envolviéndolos en la capa del Misterio; pero nosotros no debemos olvidar que la etimología de "la palabra misterio es la de secreto, y también la de germen; es decir, de algo que no debe ser revelado a los profanos, o vulgares, como no debe ni puede abrir la yema del árbol en la que yacen atesoradas las hojas, flores y frutos del nuevo año, durante los letales fríos invernales, hasta tanto que el tibio hálito de la primavera nueva los vitalice. ¿Ha sonado ya la hora de esta anhelada primavera humana, la hora de que las secretas posibilidades guardadas en cerrada semilla por las religiones bajo la férula de una ciega fe, que no permite el análisis de la razón pura, salgan al exterior robustamente, sin que llegue a helarlas en capullo el aliento de la impía crítica de esos nuevos "cerdos de Epicuro" o sea de los pensadores que, negando ulteriores posibilidades, se aferran a la creencia euclideana de que su mundo de experimentación es el único mundo? Indudablemente que ha sonado ya tal hora, y de ello será prueba el presente libro. Hoy, en efecto, pocos profesan con plena sinceridad las religiones positivas, reducidas a una serie de ceremonias rutinarias, cuyo hondo significado regenerador se ha perdido. Como si nuestra conciencia no hubiese salido todavía del fondo del medioevo, sigue aferrada a dogmas que, por el mero hecho de ser dogmas, el creyente no puede pretender respecto de ellos el menor asomo de explicación; quedando, por tanto, en un estado de cruel dualismo psicológico al no poder conciliar tales dogmas con las ciencias positivas, que parecen enseñarle lo contrario precisamente. Si los sentidos, la observación y la experiencia son las únicas fuentes serias de todo conocimiento científico, es decir, de todo conocimiento, mal pueden admitirse unos dogmas basados en el misterio, siempre inexplicado e inexplicable, y de admitirse tales dogmas, la mente queda en un estado de indecisión, de duda, que ni el mismo Draper, con sus "Conflictos entre la Religión y la Ciencia", podrá resolver. ¿Dónde colocar a un Dios que no se ve con el microscopio ni con el telescopio, y que, según Laplace, constituye una hipótesis innecesaria para explicar la formación de los mundos? ¿Dónde colocar asimismo el alma humana, que jamás se reveló bajo el escalpelo del anatómico, ni en la platina del histólogo? ¿Con qué derecho, en fin, se puede seguir hablando de todas esas cosas relativas a otra vida, a otros seres angélicos o demoníacos, a premios y castigos de ultratumba, cuando después de la tumba no hay más ultra que los gusanos y los ptomainas? Imaginad por un momento, lectores, ¿qué digo imaginad?, ved el caso bien ostensible de tantos hombres de ciencia, astrónomos, médicos, etc" que aún dicen conservar la fe de sus mayores. ¿La conservan, en efecto?,. La conservan, quizá, por el solo hecho de que se hacen la ilusión de que la conservan, cuando, en realidad, como en la consabida escena de Rigoleto, tienen la mente partida por gala en dos, albergando en una mitad de ella los conceptos positivistas de su ciencia, todo positivas demostraciones, y reservando la otra, cual vacío santuario, para unas realidades de su creencia religiosa, que, si se paran a analizar, no son sino reconocidas ilusiones a los ojos de su propia creencia científica... Con ello no hay que decir que, incapaces por sí de resolver la terrible antinomía, ni creen realmente en su fe, ni creen tampoco plenamente en su conciencia, y al querer vivir dos vidas de tal modo contradictorias, no viven en realidad ninguna y caen en grosero positivismo. Y ¿qué sucede con aquellas otras mentalidades, más lógicas y valientes, sin duda, que, percatadas de tamaña contradicción, tiran por la línea de menor resistencia y suprimen de un golpe el casillero de toda fe trascendente, quedándose -este es ya el caso de los más- con la ciencia pura, demostrable y positiva de toda positividad? Pues que quedan peor aún, dado que abren a sus pies un verdadero abismo ideológico entre lo poco que la ciencia sabe y lo infinito que la ciencia anhela, y hasta necesita, pero que ignora todavía. Además de que, al obrar así, se ponen, sin darse cuenta, en terrible contradicción con la Historia, quien, como Maestra de la vida, que diría Cicerón, nos enseña que jamás pueblo alguno ha podido vivir sin ideas trascendentes o religiosas, porque aun en el caso de corromperse éstas, las más absurdas supersticiones las han sucedido, cual la moneda falsa sigue de cerca a la legítima. Lógico, dentro de su absurdo, pues, el positivismo del pasado siglo al renegar juntamente de la Historia, de la Imaginación y de todos los pueblos antecesores, pueblos en cierto modo salvajes, si se les compara con nuestra asombrosa cultura de los ferrocarriles, vapores, telégrafos, teléfonos, aeroplanos y radiotelégrafos... ¡Pueblos incultos que echaron los cimientos de esta nuestra ingrata civilización y que, con ciencias ignoradas aun hoy día, crearon monumentos de piedra, de legislación y de belleza, muy por encima de los nuestros! ¡Pueblos salvajes, que jamás llegaron al abismo de injusticia social de nuestro tiempo, y que tampoco tuvieron una vanidad tan absurda como la nuestra!... 6 Y ¡cuán caro no hemos pagado semejantes errores Y vanidades de fe religiosa sin ciencia y de ciencia sin psicología! El mundo entero, en nombre, por cierto, de una kultur absurda, la cultura teratológica de una sola de nuestras múltiples facultades. Acaba de desangrarse en una guerra mayor y peor que todas las anteriores, dejando luego el sedimento asqueroso de un millar de problemas sociales, que pueden resumirse en uno que es, no ya el de filosofar cual antaño, como hombres, sino meramente el de comer, como comen los irracionales; es decir, peor aún, por cuanto las mismas aves evangélicas y los lirios del campo jamás tuvieron necesidad de preocuparse de la comida y del vestido... ¡Castigo kármico bien lógico este castigo nuestro, porque es ley del Destino la de que jamás el hombre racional puede estar a nivel de los irracionales, sino que ha de subir por cima, con el noble uso de sus facultades, o ha de caer por bajo, cuando de ellas abusa! y que estamos ya en muchos puntos tocando al mundo animal es harto evidente para cuantos tiendan una mirada filosófica por el presente panorama de la post-guerra. Todos los ideales han ido cayendo. No se cree ya en nada, en religión como en política. N o se espera ya nada, ni nada ya se ama, y un falso misticismo de igorrotes que todo lo aguardan del azar, de lo sobrenatural, del fenomenismo más dislocado y degradante, se extiende por doquiera. Nunca han tenido menos solidez que hoy los vínculos de la familia, de la amistad, de la común ideología. jamás ha sido tan materialista el mundo como hoy, y, sin embargo, tan gazmoña, frívola y cobardemente psiquista. Las brujas, echadoras de cartas, hipnotizadores, sugestionadores, ilusionistas, charlatanes de todo jaez, pululan doquiera, en público como en secreto, en los tugurios como en los palacios. Se cree en lo absurdo sólo; en lo increíble, y una racha de locura colectiva, hija de los apocalípticos terrores de la guerra y de las subsiguientes miserias, recorre de parte a parte el planeta. Aquí se ensayan revoluciones, allá militarismos Y navalismos, acullá dictaduras, no habiendo casi dos países que coincidan en la más mínima orientación supernacional, con vistas, no al vivir egoísta nacional, sino al vivir humano propiamente dicho. Ya hubo de pronosticar todo esto la Maestra H. P. B. al hablar en su Doctrina Secreta de las consecuencias que fatalmente había de acarrear al mundo occidental la ciencia materialista del pasado siglo. La más terrible de las guerras, dijo, será necesaria para que la Humanidad abra los ojos y comprenda que por el positivismo escéptico y sensualista se camina en derechura al mundo animal, porquela falta de ideales trascendentes, el endiosamiento de la materia y de la fuerza bruta tiene que hacer al hombre el enemigo, el lobo del hombre en lugar de su hermano y cooperador. La muerte sucesiva de todos los ideales filosóficos relacionados con la nativa divinidad del hombre, con su naturaleza superior y angélica, que se rige sólo por la ley moral y por ese Dios Interior de nuestra conciencia psicológica, acarrea de un modo inevitable el desprecio íntimo a la Ley natural y después a la Ley escrita, que, mejor o peor, trata siempre de ser un reflejo de aquélla. Semejante desprecio a la Ley entroniza el imperio de la fuerza en toda clase de relaciones sociales, y así hemos visto calificar de "papeles mojados" los más augustos tratadas entre las naciones, subordinándolo toda al resultado. ciego del choque brutal de las armas, para, después de él, tener que ir forzosamente a otros tratados no más respetados en el fuero interno nacional que todas las anteriores. Y a la lucha integral de pueblo a pueblo ha sucedido otra más artera lucha de clases, en la que la llamada "clase media", que es según H. P. B. la depositaria de las mayores virtudes por no tener ni los agobias de la clase popular u obrera ni las sugestiones viciosas de las clases llamadas "altas" que abundan en riqueza, está a punta de desaparecer, vilipendiada, agobiada y escarnecida. Finalmente, a la fe sin ciencia de los tiempos medioevales ha sucedido, una ciencia sin fe, una ciencia impía, no en el sentida que a la piedad se le suele asignar por los mojigatas, sino la ciencia del "¡sed crueles; así hablaba Zaratustra!" del impío Nietzsche, la ciencia que no se preocupa orgullosa de la finalidad misma de toda ciencia que es la virtud y el bien de las seres humanas, dándose esa misma ciencia de un moda impersonal y alocada, es decir, sin previas condiciones de virtud en las que han de recibida y aplicada. De harto diferente manera se procedió en la antigüedad en la administración del tesoro científico, cuya concesión u otorgamiento se hizo siempre de un modo "iniciático", esto es, previos largos y penosos aprendizajes de virtud, o sea tras una serie de duras pruebas iniciadoras llamadas a revelar ante todo el valor moral de los candidatos para asegurarse desde el primer momento acerca del buen uso que habrían de hacer más tarde de los secretos científicos que se les confiasen para que dejaran de ser en sus manos armas de dos filos. El abuso técnico o profesional era así punto menos que imposible, y los conocimientos que hoy constituyen las múltiples ramas de las llamadas "carreras" no podrían llegar a ser para sus recipendarios verdaderas patentes de comercio o de "corso social" como son hoy en manos de tantos "comerciantes" del ideal del que debieran ser abnegados sacerdotes. El propósito de lucro desaparecería así de todo conocimiento científico-profesional, sustituído por el cultivo ideal de la ciencia por la ciencia misma. Las cabezas de los hombres no podían ser, pues, como hoy son las de muchos, un campo de tinieblas y de dudas, por cuanto diríase que en uno de sus hemisferios cerebrales se asienta una fe ciega, supersticiosa y dogmática que lo cree todo sin pararse a reflexionar acerca de la razón de ello, mientras que en el otro hemisferio campea una ciencia de "sólo hechos", es decir, cretina y positivista. No recarguemos más la pintura, y formulemos concretamente el dilema terrible en el que se apoya toda la enseñanza teosófica; es a saber: que la Religión o no es nada o es una Ciencia, y que la Ciencia por sí sola es estéril si no la alimenta y protege un alto sentimiento trascendente, nacido de la consideración de que hay algo por encima de nuestros pobres conocimientos y de nuestro mísero mundo. Pero ¿qué es este algo? Algo que, al no ser de este mundo. sensible, de las tres dimensiones, es de otro mundo superior, que no podemos, en nuestra estado actual de evolución, ni ver, ni oír, ni tocar; mundo de causas que sólo podemos apreciar merced a esa proyectiva de efectos que constituyen precisamente nuestro mundo. ¿Hay nada más lógico, por otro lado, que la existencia de hecho de una proyectiva real, en estricta correspondencia con la antedicha proyectiva matemática de punto, línea, superficie, volumen e hipervolumen? No en vana se ha dicho por la escuela pitagórica que el Verbo geometriza, y que para entrar en el Misterio del Templo es preciso conocer la Geometría, no la Geometría actual, sino la Geometría del Símbolo, Metageometría o Metafísica. Qué de realidades de vida y movimiento no pueden aperarse, en efecto, a lo largo de una línea, sin que cambie lo más mínima su proyección, que es el punto. Qué de figuras sin cuento no pueden trazarse en el campo de una superficie sin que ellas afecten a la proyección de la superficie entera en la línea, y qué de creaciones no pueden realizarse en el ámbito de un volumen sin que ellas alteren a la superficie en que el tal volumen se proyecta por entero... Un ser sordo que de la labor del concertista de piano no pudiese apreciar sino el bajar y subir veloz de las teclas, definiría el concierto musical algo así como el paso de un viento impetuoso por ellas, haciéndolas hundirse y alzarse por turno, como se inclinan y yerguen las copas de los árboles bajo el huracán... Y, sin embargo., al así definir el tal concierto, no diría más que la pura verdad, por cuanto a su manera, habría visto, en efecto, al espíritu impulsador de las manos del pianista pasando por sobre las teclas, cual el Creador por sobre las Aguas Genesíacas, que no en vano todas las lenguas clásicas hablan del espíritu, como equivalente a soplo a viento, nous, anemon, ruach, spiritus, hálito, céfiro...7 Necio en alto grado sería este ser al pretender por ello apreciar la sublime sonata por el pianista ejecutada, y de la que sólo habría podido apreciar, en su triste sordera, el serial o simultáneo, es decir, el geométrico subir y bajar de las teclas, cosa que, por otro lado, si tenía facultades adecuadas, pudo apreciar geométricamente también en la cinta perforada de esotros pianos mecánicos que la inteligencia de otro hombre arrancó de la partitura que el genio trasladó simbólicamente al pentagrama. Todos cuantos hoy suplimos nuestras deficiencias como pianistas con las llamadas Pianolas, hemos podido observar, en efecto, y por una verdadera transposición de sentidos, que las armonías musicales de la partitura ejecutada encierran también unas "armonías visuales" desconocidas, una verdadera y ostensible geometría hasta aquí inadvertida por todos, aunque intuida por el genio mismo que las creó. Así, en la cinta pianolística que nos permite escuchar un cuarteto de Beethoven, por ejemplo, podemos apreciar con la vista series, guirnaldas de puntuadas notas descendentes del violoncelo, correspondiéndose con otras ascendentes del primer violín, mientras que las del violín segundo y de la viola permanecen centradas y como estacionarias haciendo de balanza entre aquellas otras; podemos ver los motivos que se inician en uno de estos cuatro instrumentos ir ascendiendo o descendiendo sucesivamente por los otros tres, a manera de serpientes que a lo largo de dicha cinta van desenvolviendo sus anillos; podemos comprobar gráficamente también el choque y entrecruce de unos motivos con otros en demanda de una síntesis superior que lograrse suele, cinta adelante, en ulteriores compases de formidables unísonos en ,los que las notas,' largas o cortas, de los cuatro instrumentos, guardan entre sí el más perfecto paralelismo geométrico que las dota de un vigor desconocido y como de triunfo; podemos, en fin, damos perfecta cuenta de que, a la armonía sonora de las notas que con el respectivo timbre instrumental constituyen el encanto inefable del cuarteto, la sigue de cerca una "armonía visual" que sólo ha podido ser evidenciada cuando los perfeccionamientos mecánicos han logrado hacer factible semejante transposición del sentido musical, transposición que, dicho sea de paso, es en si una preciosa ventaja de dichos instrumentos, un título de honor en pro de su adopción moderna en todos los hogares, centros y salones, como medio insustituíble para la lectura por profanos de aquellas partituras: algo así como la lectura de la obra teatral lejos del teatro mismo en que fuera representada8. Todo esto es en la "cinta pianolística" una geometría efectivamente realizada, pero antes de ella y fuera de ella es una geometría invisible o por realizar y evidenciar: ¡una verdadera hipergeometria! Pero, ¿qué es la hipergeometria en si misma y qué relación esencial puede tener con el supuesto de si existe o no otro mundo? Semejante problema, capítulo aparte merece. CAPÍTULO II LA HIPERGEOMETRÍA Y LA SABIDURÍA ANTIGUA Un poco de historia respecto de la hipergeometría y otro poco acerca de sus relaciones con ]a mecánica celeste y con las cronologías brahmánicas.- Nuestra injusticia para con el pasado sabio.- La opinión de un ingeniero español y su obra acerca de estos problemas.- Lo "Desconocido" y lo "Maravilloso positivo".- La ley de Causalidad en la Historia.- Dioses, demonios y hombres.- "Las Aves" de Aristófanes.- La electricidad y la vida.- Curiosos manuscritos chinos.- Las "Potestades del Aire" y San Pablo. "Corresponde al inmortal Euclides, dice la obra antes citada, del P. Barbarín, la gloria de haber fijado los principios de la geometría usual. De Egipto, según Herodoto, pasó esta ciencia a Thales, Pitágoras, Platón y sus discípulos. En Alejandría luego, hacia el año 320 de nuestra era, enseñó Euclides la geometría que él mismo fundó bajo la protección de Ptolomeo, escuela que más tarde había de damos a Arquímedes y a Apolonio. El sabio redujo su ciencia a un mínimo estricto de postulados, nociones primitivas indemostrables, o axiomas... Aunque tales postulados resultan ciertos en la práctica, tenía que llegar un. día en que el espíritu de originalidad y de crítica se preguntase qué ocurriría si tales postulados no fuesen ciertos, o fuesen reemplazados por otro postulado de mayor amplitud generalizadora. "Semejante idea revolucionadora condujo a varios geómetras a concebir, hacia 1813, otra geometría, por ellos llamada ora astral, ora no euclideana, y en la cual se prescindiese del famoso "postulado de Euclides" que dice: "Si dos rectas situadas en un plano forman con una tercera recta que les corte dos ángulos inferiores del mismo lado cuya suma sea menor que dos ángulos rectos, aquellas rectas se encontrarán por este lado si se las prolonga suficientemente.. ." El propio Proclo, el primer comentador de Euclides (412-485), nos dice que aun en las mismas Escuelas de Alejandría y de Atenas el postulado era objeto de discusiones, añadiendo que no fueron nada felices los esfuerzos de Posidonius, Geminus y Tolomeus para su demostración. Iguales preocupaciones asaltaron a los árabes AI-Nazizi y Nasir-Eddin, y a los renacentistas Commandin, Clavius, Giordano, Vitale, Wallis, etc., quienes, influidos por el comentario de Prodo, se ocuparon del problema... Saccheri, Lambert y Taurinus tuvieron la curiosidad de averiguar lo que ocurriría si se dejase a un lado dicho axioma, y obtuvieron así ciertas proposiciones características de una geometría más general... Este último, por ejemplo; construyó su geometría logaritmo-esférica... "Desde 1792, Gauss abrigaba la esperanza de vencer la quimera. Después de rechazar la tentativa de Bolyai (1804) para demostrar la existencia de rectas equidistantes, o sea hacia 1813, cortó de plano la dificultad, concibiendo un proyecto de geometría no euclídea, aunque exigiendo en 1824 a sus amigos, tales como Taurinus, la más absoluta reserva acerca de sus comunicaciones, ante el temor de que no fuesen ellas debidamente comprendidas. " . . . Desde 1815, por su parte, Lobatschewsky se ocupaba también de las paralelas, y a partir de 1825 sus ideas se orientaron claramente hacia una geometría basada en la negación de la paralela única, y así escribió en 1830 sus Fundamentos de la Geometría; en 1837 su Geometría imaginaria..., y en 1855 su Pangeometría, con. junto de conocimientos a los que se ha denominado Geometría lobatschewsquiana, en honor a la infatigable perseverancia del sabio ruso. "Pero vino por aquella época de Lobatschewsky, Juan Bolyai, quien, animado por los trabajos de su padre Wolfgang, en un apéndice al Tentamen de éste, puso de relieve las proposiciones del mismo respecto a la ciencia absoluta del espacio. Bolyai terminó su Appendix scientiam spatii absolute veram exhibens, construyendo un círculo equivalente a un cuadrado, y enunciando este inmortal dilema: "0 el axioma de Euclides es verdadero, o la cuadratura del círculo es posible." "De TilIy, en fin, apoyándose en una idea de Cauchy, admite la acción de distancia como irreductible, y probó que las tres geometrías de Riemann, Eudides y Lobatschewsky son las tres únicas posibles, y cada una de ellas lógicamente admisible, independientemente de las otras dos," Y, ahora, va de cuento. Con ocasión del descubrimiento que hice de la última estrella temporaria aparecida entre la constelación del Águila y la de la Serpiente9, tuve el honor de conocer al célebre aviador, matemático e ingeniero militar don Emilio Herrera, quien me dejó pasmado con los dos folletos suyos que relacionan la hipergeometría con la mecánica celeste. Vi, al punto, toda la genialidad del hombre que tal escribía y calculaba, y mi sorpresa fué mayor al notar que, con aquéllos, llegaba a conclusiones idénticas a las que, por ellado oriental, había yo llegado al estudiar (pág. 185, tomo 11 de mis Conferencias en América del Sur) las cronologías brahmánicas, cronologías en las que el ciclo de precesión equinoccial (25.'920 años) y el del perihelio (108.000) son meros módulos de las cifras siguientes, tomadas del Calendario Tamil: AÑOS Kali-yuga (edad del hierro actual). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 432.000 Duiapara yuga (edad del bronce) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 864.000 Treta-yuga (edad de la plata, o lunar) . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.296.000 Krita-yuga (edad del oro, o solar). . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 1.728.000 Estos cuatro yugas forman el Maha-yuga, con. . . . . . . . . . . . . 4.320.000 71 maha-yugas forman el reinado de un Manú oNoé,de. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 306.720.000 14 Manús son 934 maha-yugas o. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 4.224.080.000 Añadiendo 6 Sandhis, o reinado de entre-Manús, dan cada uno mil veces la precesión equinoccial, o sean. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25.920.000 El total de reinos e interregnos es de. . . . . . . . . . . . . . .. . . 4.320.000.000 O sea un día de Brahmâ, que con la Noche de Brahmâ dan. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 8.640.000.000 360 de estos días dan un año de Brahmâ, o . . . . . . . . . . 3.110.400.000.000 100 añós semejantes constituyen una edad de Brahmâ; esto es, el Mahakalpa de. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .311.040.000.000 Cuál no habrá sido, pues, mi sorpresa al recibir de dicho sabio la carta, que, literalmente, dice así: "Mi admirado y querido amigo: No esperaba que mi pobre y enrevesado trabajo tuviese la suerte de ser leído por usted con el interés que me demuestra su genial carta, carta cuyos conceptos entusiastas, hijos de su amabilidad y no de mis merecimientos, le agradezco profundamente. Desconociendo la literatura oriental, únicamente me propuse demostrar con este trabajo cómo en los problemas más fundamentales del Universo, como son los cosmográficos y cosmogónicos, las deducciones lógicas obtenidas por el cálculo puro concuerdan con las creaciones de la fantasía, las tradiciones, las religiones y los resultados de la observación. La lectura de su maravilloso libro me enseña, además, que las cosmogonías orientales también concuerdan con estas deducciones, pues que la revolución de cada sol con su sistema planetario alrededor de un punto de ecuador del espacio y la de este punto alrededor de otro situado en la línea polar; el período de revolución de nuestro sistema alrededor del punto ecuatorial, que, según las fórmulas de la hipergeometría y las constantes conocidas, resulta de unos trescientos millones de años, y la serie infinita de espacios giratorios de todas dimensiones deslizándose sin rozamiento cada uno de los demás órdenes superiores, y todos ellos de forma hiperelipsoidal, coinciden perfectamente con los conceptos orientales de sol. físico, sol ecuatorial, sol polar y Sol Central, con la duración del reinado de un Manú o tipo de Humanidad, con la teoria de las esferas cristalinas y demás que trata usted en sus "Conferencias teosóficas en América del S_r." Todo ello constituye una nueva prueba de la existencia de una Humanidad prehistórica, de cultura inmensamente superior a la nuestra, de que hablo en una de las páginas) de mi articulo. En el párrafo final me he referido a las innumerables personas relativamente ilustradas que ignoran la existencia de la hipergeometria, ciencia exacta, parte de la matemática, de la que son casos particulares las geometrías del espacio y plana, y cuyos rigurosos cálculos analíticos permiten deducir, por ejemplo, que el hipervolumen de la hiperesfera de 20 dimensiones, de un metro de radio, es igual a ?¹º/10! o sea (0,026 m.) . Muchos de estos señores han oído hablar del hiperespacio y de la cuarta dimensión como de una cosa que permite realizar actos sobrenaturales (según ellos), como son: la desaparición o aparición de un cuerpo en nuestro espacio o la salida de un objeto del interior de una caja herméticamente cerrada; por lo que suponen que la hipergeometría es cosa de brujeria y debe ser incluida en las ciencias ocultas10. Aparte de ello, estoy conforme con usted: primero, en la existencia del Ocultismo, puesto que negarlo equivaldría a afirmar el absurdo de la omnisciencia del hombre; y segundo, que la hipergeometría debe tener gran aplicación al Ocultismo, como la tiene a la mecánica celeste, a la química, a la física y, seguramente, a las ciencias biológicas y psíquicas, lo que, según supe, demostró usted brillantemente en su conferencia del Ateneo, a la que no pude asistir. por encontrarme ausente de Madrid. Yo conozco muy poco o nada de la literatura filosófica oriental, porque mi profesión me ha obligado a dedicar mi tiempo preferentemente a determinadas ciencias de aplicación; pero infiera que hay mucho que investigar en ella en armonía con la ciencia de Occidente. Se reitera de usted, entusiasta admirador y afectísimo amigo, q. b. s. m., Emilio. Herrera." Los admirables folletos en cuestión, debidos al Sr. Herrera, nos enseñan, por su parte, cosas hondísimas, respecto a lo que llamar podríamos, al tenor de la carta dicha, "la moderna espiritualización de las cielos". Dicen ellas así, y perdónenos el lector la extensa de la cita: "Por lo poco que hasta ahora se ha podido observar acerca de las movimientos de las estrellas, sus direcciones y velocidades, la única consecuencia que parece deducirse acerca de la naturaleza de las fuerzas que las impulsan es que éstas no son de las llamadas newtonianas y, por tanto, no obedecen a la ley, hasta hoy sostenida por universal, de la gravitación. Aparte de esta, aun dentro de nuestro Sistema solar, se han notado en el movimiento de los planetas anomalías incompatibles con la exactitud de la ley newtoniana de la gravitación, fuerza cuya naturaleza permanece en el misterio, a pesar de las muchas teorías con que se ha intentado explicarla, de las cuales ninguna ha podida ser admitida como satisfactoria. La mecánica estelar, probablemente, está también llamada a resolver en definitiva el pleito entre las geometrías euclidiana y no euclidiana, y a decidir sobre la tan discutida realidad del espacio de más de tres dimensiones, puesto que en esta ciencia, donde se estudian los movimientos de los cuerpos en las mayores extensiones posibles del espacio, es donde principalmente las propiedades de éste han de ser reveladas, pudiendo entonces decidirse si el espacio ocupado por nuestro Universo. es recto o euclidiana o curvo, en cuyo caso estará seguramente comprendido dentro de una extensión de orden superior. La excesiva rapidez del movimiento de traslación de algunas estrellas, que ha llegado a apreciarse hasta de 325 kilómetros por segundo, según observaciones hechas en el Observatorio de Mouni Wilson (E. U.), la que excede con mucho a la velocidad de 40 kilómetros por segundo, calculada por Newton como límite de lo que puede alcanzar un cuerpo sometido a la gravitación; el hecho de que la velocidad de las estrellas esté en relación can su edad; la distribución de sus movimientos en dos corrientes opuestas; la ausencia de centros atractivos capaces de causar estos movimientos, y otros fenómenos observados, difícilmente explicables par la ley newtoniana, demuestran que las estrellas están en cierto modo fuera de la ley de gravitación. La posibilidad de que exista una extensión exterior al espacio que nos rodea no puede ser negada por otras razones de más fundamento que las que podría presentar la Humanidad, si careciera del sentido de la vista, para negar la existencia de la luz. El hombre sólo. puede percibir sensaciones que provengan del espacio de tres dimensiones que ocupa el éter y, por tanto, le es imposible imaginar que la extensión puede desarrollarse en otras direcciones distintas de las que sus sentidas le revelan, pero su inteligencia le demuestra que, existiendo las extensiones de una, dos y tres dimensiones, y no habiendo razones que nieguen la existencia de otras de órdenes superiores, es perfectamente lógico que esas extensiones, naturalmente incomprensibles para nosotros, existan también, habiéndose llegado a calcular la geometría de ene dimensiones, aunque únicamente como un alarde de la inteligencia humana que se siente capaz de determinar las propiedades geométricas de un mundo inaccesible a la imaginación y reconociéndose que este estudia no puede tener ninguna aplicación práctica, puesto que el mundo físico a que pertenecemos se desarrolla totalmente en un espacia de tres dimensiones independientemente de que haya o no una extensión exterior o hiperespacio, con el que, si existe, carecemos de todo medio de relación. Esta es la opinión generalmente admitida por las personas que se han dedicado al estudio de la hipergeometría. El objeto de este estudio es presentar las razones con que creemos se puede demostrar que el contrario, el mundo físico conocido, está directamente relacionado con el hiperespacio, hasta el punto de que su existencia sería imposible si se redujeran a tres las dimensiones de la extensión. Para ello deduciremos las consecuencias que lógicamente se desprenden de la existencia del hiperespacio, haciendo notar la conformidad de ellas con los fenómenos observados en el mundo físico, la mayor parte de los cuales carecen de explicación satisfactoria si no se supone más de tres dimensiones a la extensión." Después de una hermosa discusión analítica en la hipótesis de tres y de más dimensiones, el Sr. Herrera termina diciendo: "1° La forma del espacio será la de una superficie de doble revolución. 2° Las acumulaciones y elementos materiales se atraerán aparentemente hasta una cierta distancia en razón directa de sus masas e inverso del cuadrado de la distancia. 3° Se formará una serie de sistemas compuestos de un núcleo central, alrededor del cual girarán otras masas que a su vez pueden ser núcleos de otros sistemas secundarios. 4° Además de los anteriores movimientos, cada masa tendrá otra de traslación, describiendo con velocidad uniforme una línea geodésica de la hipersuperficie en movimiento absoluta, cuyo movimiento, con relación a la rotación del espacio en las proximidades de cada uno de los dos ecuadores, es aproximadamente elíptica, teniendo. por centro el punto en que su plano corte al ecuador. Aparentemente, cada ecuador ejercería una acción atractiva que en sus inmediaciones sería directamente proporcional a la distancia y a la masa. 5° Se formará una acumulación de masas en las inmediaciones de los dos ecuadores, que irán aumentando a medida que los choques sean más frecuentes. Las masas muy distantes o la materia muy enrarecida no obedecen exactamente a la ley atractiva del número 2, pudiendo en algunos casos no atraerse cuando la distancia o la fuerza centrífuga de sus movimientos de giro sea suficientemente grande. La distancia a que se anula la fuerza atractiva es variable, según la dirección en que se considere. Veamos ahora cómo estas consecuencias se relacionan con los fenómenos observados en el Universo: 1° La observación de algunos astrónomos que han encontrado semejanza de forma entre las constelaciones más remotas y las más cercanas pudiera constituir una prueba de la curvatura del espacio, siendo en este caso unas y otras constelaciones imágenes de la misma, cuyos rayos luminosos llegarían a nuestros ojos siguiendo en ambos sentidos una línea geodésica del espacio después de haberlo rodeado por completo; sin embargo, la inmensidad de las dimensiones del espacio hace poco probable que esta semejanza, si se comprobase, sea debida a la curvatura del espacio. De todos modos, aunque no exista prueba de la curvatura del espacio, tampoco la hay en contra, con tal de que el radio sea suficientemente grande. 2° Las leyes de la gravitación universal quedan explicadas en la segunda consecuencia con sus propiedades peculiares de propagarse instantáneamente y sin sufrir modificaciones a través de cualquier materia que se interponga. 3° La tercera consecuencia está de completo acuerdo con la hipótesis cosmogónica de Laplace, las leyes de Kepler y las teorías modernas sobre la constitución de la materia por electrones, girando alrededor de iones. Las vibraciones transversales y normales del espacio etéreo explican la propagación de la energía luminosa y electromagnética, pudiendo las ondas normales, o en el sentido de la cuarta dimensión del éter, originar modificaciones locales en la curvatura del espacio, que darían lugar a los fenómenos de las atracciones o repulsiones electromagnéticas, 4° Las velocidades de algunas estrellas, mucho mayores de lo que correspondería si obedeciesen a la gravitación, sus movimientos en dos corrientes opuestas situadas en el plano de la Vía Láctea, según las observaciones de Kapteyn, o según elipses muy alargadas cuyo eje mayor está en este plano, según observaciones posteriores, sin que haya podido notarse la presencia de ningún centro atractivo que produzca estos movimientos, quedarían explicados por la consecuencia cuarta. 5° La siguiente consecuencia concuerda perfectamente con las dos acumulaciones de materia que se observan en el Universo: una, de estrellas, en la Vía Láctea, y otra, de materia disgregada que forma el sistema de nebulosas, que parece independiente del anterior. Teniendo el espacio dos ecuadores que corresponden a dos movimientos de rotación distintos, de radio y velocidad angular diferentes, el ecuador que corresponda a la mayor fuerza centrífuga quedará rodeado de masas en que la atracción aparente y la cohesión de la materia será mayor, formándose así el conjunto de estrellas que constituyen la Vía Láctea. En cambio, la materia acumulada en el ecuador de menor fuerza centrífuga llegará a un grado menor de condensación y permanecerá en estado de nebulosa, del mismo modo que las masas situadas en regiones lejanas del primer ecuador. La región de la Vía Láctea más próxima a nuestro sistema solar aparecerá con el mayor brillo, y lo mismo debe ocurrir con la diametralmente opuesta, cuyos rayos luminosos deben llegar a nuestra vista formando un ángulo igual que los de la más próxima, por hacer la curvatura del espacio el efecto de lente convergente. En cambio, en las regiones perpendiculares a esta dirección, debe presentar la Vía Láctea un mínimo de intensidad. Todo esto se observa y se confirma, porque la dirección de las corrientes estelares mostradas por Kapteyn coincide, próximamente, con la dirección de las dos regiones más intensas del ecuador galáctico. 6° Por último, la sexta consecuencia explica en primer lugar la expansión de los gases y los fenómenos del estado radiante de la materia, que al llegar a un cierto grado de enrarecimiento y de calor (o sea fuerza viva interatómica) las trayectorias de los electrones pueden llegar a ser hiperbólicas en lugar de elípticas por debilitación o anulación de la acción atractiva aparente, debida a la excesiva separación de los elementos de masa. Si una cantidad de materia rarificada está situada en la deformación debida a una masa y, por lo tanto, dentro de su acción atractiva aparente, las partes más próximas a esta masa sufrirán una aceleración mayor que las más separadas dándose lugar a un alargamiento de materia, que se irá pronunciando al irse acercando al foco de atracción. La cohesión de la materia será mayor en la parte más próxima, por ser allí menor el radio de curvatura negativo del espacio, lo que dará lugar a una condensación de la materia o núcleo en esta parte; en cambio, en dirección transversal a la acción atractiva, el radio de curvatura es positivo y decreciente hacia la masa atrayente, originando una rápida disminución de la cohesión en sentido transversal hasta llegar a la disgregación de los elementos de la materia a una distancia del eje longitudinal, tanto menor cuanto más próxima esté del extremo anterior o núcleo; en resumen, la materia enrarecida y atraída por un astro, tomará la forma que se observa en los cometas. La dirección de la cola marcaría la de la línea de máxima pendiente de la deformación del espacio etéreo, desviada por la velocidad de traslación del cometa, cuya dirección nunca coincide con la de dichas líneas, o sea que los cuerpos no pueden caer en línea recta hacia el centro atractivo, debido a la acción de la fuerza centrífuga complementaria engendrada por la rotación del espacio, lo que también se observa en el movimiento de los astros, sin que las leyes de gravitación, por sí solas, puedan dar la explicación, . . . Si nuestra hipótesis llegara a comprobarse se demostraría que la Humanidad había incurrido, con relación al espacio, en el mismo error que sufrió con relación a la Tierra, considerada como plana e inmóvil durante muchos siglos, del mismo modo que el espacio es considerado también como inmóvil y recto, a pesar de que, así como la formación y propagación de los ciclones en la superficie terrestre constituyen una prueba de la rotación de la Tierra, los movimientos giratorios de los sistemas planetarios y de todos los conjuntos materiales del Universo parecen demostrar de igual manera su rotación. Admitida como cierta esta hipótesis, cabe aún preguntar: ¿qué hay en el hipervolumen encerrado por el espacio curvo en que estamos? Y del mismo modo, ¿qué otras cosas constituyen el hiperespacio? La contestación categórica a estas dos preguntas sería muy atrevida, porque no hay datos en que fundarse; quizá el espacio curvo que constituye nuestro Universo no sea más que un elemento material que, con una infinidad de otros análogos, formen un cuerpo de cuatro dimensiones que a su vez esté situado en un hiperespacio curvo clásico, dentro de la extensión de quinto orden, y así hasta llegar a la extensión de infinitas dimensiones que las comprende a todas y en que, según se demuestra por la hipergeometría, se reproducen las propiedades geométricas de la extensión de cero y, por tanto, no será más que un punto matemático de otras extensiones de órdenes superiores, inconcebibles para la inteligencia del hombre," Gustosos seguiríamos transcribiendo, si no lo impidiese su mucha extensión, las notabilísimas deducciones que nuestro insigne aviador y matemático hace de su teoría respecto a las oscilaciones que las manifestaciones físicas y químicas de nuestro sistema deben experimentar al ser nuestro espacio físicoetéreo giratorio y elástico, cayendo así en las célebres adivinaciones orientales reproducidas por Platón, relativas a inviernos y veranos siderales en cada yuga, o sean períodos en los que el fuego solsticial de éste, decimos nosotros, pudo destruir por paroxismos volcánicos al tercer contingente terrestre -la Lemuria- hace unos cinco millones de años, y el mínimo invernal subsiguiente pudo anegar con sus aguas desbordadas a la Atlántida, todo ello veladamente aludido también en el capítulo LXV, v. 17 de Isaías, y aun en el Apocalipsis, respecto a "nuevos cielos y tierras nuevas", como si presintiéramos ya la unidad filosófico-científica de esos remotos tiempos, en los que la mítica Torre de Babel de nuestra soberbia ignorancia no hubiese confundido las lenguas, es decir, los pensamientos y las universales doctrinas primitivas. .. En el problema del hiperespacio está la clave probable de todos los fenómenos llamados espiritistas, telepáticos, hipnóticos, etc., cuantos hechos de la historia tenidos, más o menos, por efectivos milagros, y que autores tan queridos como Flammarión han tratado de catalogar, bajo el rótulo de Lo Desconocido o Lo maravilloso positivo, como diría nuestro Estanislao Sánchez Calvo. No hay que decir también si ello puede ser clave, tanto para las pretendidas comunicaciones interplanetarias, cuanto para explicarnos la dificultad que tenemos hoy de comunicarnos con los muertos o con seres del otro mundo. Observando atentamente la historia de todos los grandes descubrimientos -y cuenta que pocos serían más importantes como el que nos ocupa-, venimos a comprender que ellos han sido realizados por vía distinta de la que podríamos llamar religiosa, artística, espiritista ú estrictamente científica. Siempre la mal llamada casualidad, que no es sino "ley de causalidad" o juego de leyes que nos son desconocidos, es el alma de los más revolucionadores descubrimientos, como si los seres superiores, que invisibles actúan sobre nuestros destinos, "dejándose vencer por el esfuerzo del genio", otorgasen a su debido tiempo a la Humanidad, al tenor del juego de las leyes de la historia, el descubrimiento que precisamente la época necesita, descubrimiento mucho antes intuído, sin embargo, por genios al estilo del de Lope de Vega, adivinando la transmisión eléctrica, o el de Séneca presintiendo el hallazgo de América, etc., etc. Siempre, además, llega el descubrimiento anhelado, después de vencerse por la Humanidad una resistencia por demás extraña y a la que conviene consagrar unas líneas. En efecto, los griegos sabios tuvieron respecto a semejante misterio de la comunicación del hombre con seres superiores todo un poema simbólico, el de Las Aves, de Aristófanes; poema en el que, de mano maestra, se nos traza la historia de la edad de oro -esa edad cuya reminiscencia se halla como idea innata en todos nosotros, y cuyo recuerdo consta históricamente en todos los grandes libros religiosos-, edad del keitayuga, en la que los hombres y los dioses se entendían directamente, sin necesidad de intermediario alguno. Estos dioses recibían de aquéllos el debido homenaje a su paternal excelsitud, y los hombres primitivos, en cambio, obtenían para sus mentes infantiles la necesaria protección, guía y enseñanza, de los dioses jinas o ángeles, ni más ni menos -¡oh divina ley de la analogíal- que acontece en particular a cada niño con sus padre'), hasta que alcanza la edad de valerse por sí mismo. En uno como en otro caso, llega al fin, tanto para el niño-hombre, como para la Humanidad niña, el momento cruel de la separación emancipadora, separación operada por algo o por alguien, que se interpone en el nativo idilio, cual se interpone inopinadamente entre el sol y el alpinista la negra nube de tempestad que amenaza fulminade con su rayo... Diríase, en efecto, que siendo la vida, en todas sus manifestaciones, el eterno juego de esa electricidad trascendente que se denomina Foat -el fogoso corcel- por los libros iniciáticos hindúes, ha menester, como en la clásica pila de Volta, de la interposición de un liquido, de una realidad destructora o corrosiva, entre dos metales de distinta capacidad calorífica, para producir la corriente eléctrica, que es el alma de la vida, y así entre el cobre de los dioses y el cinc de los mortales, que inactivos reposaban en su seno tuitivo, se interpuso, fatídica, la consabida rodaja de paño humedecido con agua acidulada, quiero decir que, según Aristófanes, se interpusieron negras Aves crueles entre dioses o padres y hombres: los pajarracos de la Stinfalia; los terribles cuervos de Remo, de Sigfredo, de Las mil y una noches, las "Aves de mal agüero", "Las potestades intrusas", etcétera, etc., cortándose desde entonces la antigua comunicación entre el cielo y la tierra, porque las perversas aves impidieron a los hombres que dirigiesen oraciones, filiales ruegos, a los dioses, sus padres, exigiendo para ellas, en cambio, la idolatría de sus almas cándidas y el fruto todo de su esfuerzo laborioso, que así venía a quedar estéril en definitiva. Al par también se impidió por las aves a los dioses e] que siguiesen protegiendo a los hombres como antes, dejándolos a éstos entregados a sí propios, para que, con su solo esfuerzo redentor y rebelde a lo Hércules, a lo Sigfredo o a lo Prometeo, reconquistasen algún día ese mismo "Paraíso perdido" de su infancia, sin aquellas protecciones de antaño, y que, de continuar, le habrían dejado eternamente irresponsable e imbécil. Es más, todo poema épico, desde el Mahabharata, el Ramayana o la Ilíada, hasta el Paraíso Perdido o el Fausto, pasando por los divinos poemas nórdicos instrumentados por el coloso de Bayreuth11, no tienen, en puridad, otro argumento que el de tamaña reconquista, tamaño retorno al seno amante de nuestros dioses-padres, los del primitivo y nunca olvidado culto ario -que no murieron, !lino que pasaron a un mundo mejor- "ora con el triunfo del hombre puro sobre la muerte misma", ora con el gallardísimo triunfo de ]a mente humana que, subiendo en el aeroplano de nuestro esfuerzo por encima de los negros nubarrones amontonados por largas generaciones de perversos sobre nuestras cabezas, llega a bañarse de nuevo en los efluvios purísimos de ese Sol de Verdad que luciese antaño en nuestra primera edad de oro infantil, y que volverá a lucir aún más esplendoroso en esotra nueva edad de oro de nuestro triunfo. . . La China, país que tantos valiosos recuerdos conserva de ]a perdida Atlántida, tiene sobre este particular de las aves, elementales, demonios tentadores y demás "enemigos del hombre" que nos ocupan, detalles mucho más gráficos y concretos que los veladamente expuestos en el poema de Aristófanes. Refiriéndose a ellos, nos dice sabiamente la Maestra H. P. B.: "En el interior de la China queda todavía un puñado de gentes de elevada estatura, restos de los aborígenes del país pertenecientes a la rama superior, última de la Cuarta Raza, que alcanzó su más elevada civilización en la Atlántida, cuando la Raza Aria acababa de aparecer en Asia. Si pudiesen ser correctamente traducidos los manuscritos más antiguos de esta raza aborigen, escritos en lengua lolo, se obtendrían testimonios inapreciables; pero éstos son tan raros como ininteligible su lenguaje. Hasta ahora, dos o tres arqueólogos han podido procurarse obras tan preciosas. Por ejemplo, en la traducción francesa del Shu-King se lee: "Cuando la raza antediluviana del Miao-tse se pervirtió por causa de los engaños de Tchy-yen, toda la tierra se llenó de iniquidad; el Miao-tse, según rezan nuestros antiguos documentos, se retiró a las cuevas rocosas. Chang-ty, un Rey de la Dinastía Divina, paseó su mirada por su pueblo, sin hallar ya en él el menor rastro de virtud, por lo cual ordenó a Tchon y a Ly que cortasen toda comunicación entre el Cielo y la Tierra, cesando desde entonces las subidas y bajadas entre ambos mundos. Esto último, en esencia, está representado también en el Libro de Enoch y en la mística Escala de Jacob. Sin dejar su asiento, un vidente puede comunicarse con seres de un plano superior al nuestro. Cuando, en efecto, los "vestidos de piel" de que habla el Génesis al ser Adán y Eva expulsados del Paraíso se hicieron más densos por el pecado físico, la relación entre el hombre físico y el Etéreo se interrumpió. El Velo de la Materia entre los dos planos) se hizo demasiado denso para que ni aun el mismo Hombre Interno pudiera penetrarle, y aquel vívido foco de luz de los Misterios del Cielo y de la Tierra, revelados a la Tercera Raza por sus Maestros Celestes en los días de su infantil pureza, se debilitaron más y más al caer en las impenetrables tinieblas de las mentes de aquellos caídos. degenerando en hechicería y luego en crueles religiones esotérica), llenas de superstición y de idolátrico culto al hombre o al héroe. Solamente un puñado de hombres primitivos, en quienes la chispa de la Divina Sabiduría ardía brillantemente, tanto más cuanto que menos se gastaba en iluminar a los que la prostituían en fines maléficos, permanecieron los custodios electos de los Misterios revelados a la Humanidad por sus Maestros Divinos. Entre ellos había quienes permanecieron en su Kaumdrico estado o estado de pureza desde el principio. La Doctrina Arcaica, igual que la tradición, afirma que semejantes elegidos fueron el germen de una Jerarquía, que vive desde entonces y vivirá hasta el último día del mundo.” Abundando en las mismas ideas de la Maestra y del propio Aristófanes, Pablo, el iniciado apóstol de las gentes, alude muy claramente a las famosas Aves, Sílfides o "Potestades del Aire" en estas frases a los de Epheso (capítulo V, v. 12): "Porque nosotros -los iniciados- no tenemos que luchar ya contra la sangre y la carne -es decir, contra las pasiones vulgares -sino contra los principados y potestades; contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo; contra los espíritus de maldad en los aires." Y esto, más o menos, se repite en diversos otros pasajes, tales como en la Epístola a los Colosenses (11, 15). Estos "espíritus de maldad", interpuestos física, intelectual y moralmente entre nuestra pequeñez heroica de "dioses caídos que retornar pretenden a su prístino origen", son los que hay que vencer, antes de comunicarnos, de un modo u otro, con los seres de los mundos infinitos y el Velo de Isis, el muro que de ellos nos separa no es otro que el del misterio de la vida y de la muerte, misterio de la cuarta y ulteriores "dimensiones de nuestro espado", que hay que esclarecer matando a la muerte misma, a tenor del célebre pasaje, también de San Pablo, que pronto habremos de ver, acerca del misterio de la muerte, una de las más grandes bellaquerías que han podido imaginarse nunca para tormento y explotación de la mísera Humanidad doliente. Dichos "espíritus de maldad" están sometidos, sin embargo, a la mágica potestad de cualquier adepto de la buena o de la mala magia, como lo revela aquella famosa sura XXVII del Corán titulada "Salomón en el valle de las hormigas", y con cuya paráfrasis terminaremos este abigarrado capítulo. La sura en cuestión dice así: "Los ejércitos de Salomón, compuestos de genios y de hombres, se reunieron ante él, y los pájaros del cielo también aline2dos por tropas separadas. Cuando el glorioso cortejo así formado llegó al valle de las hormigas, una de ellas exclamó: -¡Oh, hermanas hormigas: entrad al instante en vuestros hormigueros por temor de que seáis aplastadas sin saberlo bajo los pies del ejército innumerable del gran Salomón! El rey sabio sonrió al oír a la hormiga; pasó revista al ejército de los pájaros y dijo al notar de entre ellos la ausencia de la abubilla: -¿Dónde está esa ave rebelde que así deja de comparecer ante mí, su Rey y Señor? Presurosa, presentóse de allí a poco el ave y prosternándose ante Salomón, le dijo: -Te traigo noticias ciertas acerca de la gran reina de los pueblos sabeos. He hallado ayer a esa mujer que reina sobre aquellos hombres y posee toda clase de cosas preciosas, incluso un prodigioso trono. He visto además que ella y su pueblo adoran al Sol como Dios. Satán, el apedreado, ha engrandecido la obra de sus manos y embellecido la vista de sus ojos, apartándoles de la verdadera ruta del Señor. -Veremos, abubilla, si has mentido o has dicho la verdad -contestó Salomón, y añadió: -Vete de mi parte con esta carta a la reina de Saba, entrégasela y, desde respetuosa distancia, procura ver cuál será su respuesta. La abubilla cumplió con toda fidelidad la orden; la reina cogió la carta y la enseñó triunfalmente a los magnates del reino diciéndoles: -He aquí el contenido de la carta que me escribe el gran Salomón de Israel, sabio y rey de las aves, de los hombres y de los genios: "En el nombre de Dios clemente y misericordioso. No os levantéis contrá mí. Venid más bien a mí, abandonándoos por entero al verdadero y único Dios." Luego la reina les pidió consejo. Los magnates respondieron: -Somos un pueblo fuerte y temido de todos, pero a ti te toca, ¡oh reina!, el disponer lo que por mejor colijas. La reina, entonces, decidió enviar ricos presentes a Salomón, aguardando los acontecimientos y las impresiones que los enviados con ellos le trajesen. Cuando éstos depositaron reverentes los regalos a los pies de Salomón, éste les dijo solemne: -¿Es acaso que queréis deslumbrarme con vuestros tesoros? Pues sabed que los que mi Dios me ha dado superan infinitamente a todos los tesoros juntos de la Tierra. Volved al punto a vuestra reina, y decid la que muy en breve iremos a atacar sus Estados con un ejército cuyo empuje le será imposible resistir y os expulsaremos de vuestro país humillados y envilecidos. -Luego clamó a los suyos el rey sabio, y les dijo: -¡Oh, mis guerreros! ¿Quién de vosotros me va a traer en el acto a la propia reina de Saba sentada en su trono excelso, ante., de que a todos los suyos les mueva a venir y a entregarse a la voluntad omnipotente de Dios? A lo que respondió Ifrit, el horrible, el deforme rey de los genios: .-Yo seré, pues, quien te traiga, si así lo ordenas, Señor, a la reina de Saba antes de que hayas tenido tiempo de levantarte de tu trono. Soy lo bastante fuerte y leal, como sabes, para hacerlo. Otro genio, Sidjill, el que escribe con su dedo el Libro Eterno de las Vidas, añadió: -y yo puedo traerte a la reina en su trono antes siquiera de que hayas pestañeado12. -como así lo hizo. Salomón, no obstante su poder, quedó asombrado ante tamaño prodigio de ver a la reina de Saba trasladada así ante su presencia y deslumbrante de riquezas cuanto de hermosura. -Haced que la reina no se dé cuenta de lo que le sucede –les ordenó a los genios, y preguntó en seguida a ésta para ver si podía ser ella del número de los elegidos: -Oh, reina de Saba, ¿reconocéis en este trono en que estáis sentada al trono vuestro? Ella respondió: -Yo diría, a fe mía, que es el mismo en efecto. Con esta contestación tan frívola y tan lejos del asombro que podía esperarse de la reina ante tamaña maravilla, comprendieron todos los que con Salomón estaban que la reina seguiría siendo del número de los infieles, ciegos ante la grandeza de Dios. Entonces se la hizo entrar en el palacio de cristal del rey Salomón, y se le dijo: -Entrad en este palacio. Pero la reina, cuando se vió ante el palacio de cristal creyó que era sólo una gran pieza de agua transparente, e hizo ademán de recogerse el vestido para no mojar su orla. -Señor -exclamó entonces la reina maravillada-; yo he obrado inicuamente hasta aquí adorando a los ídolos; pero ahora, como Salomón, a la completa voluntad de Dios, el Señor del Universo. .." CAPÍTULO III EL MÉTODO EXPERIMENTAL Y EL MÉTODO ANALÓGICO Poincaré y las deficiencias del método experimental respecto a los problemas del espacio. - Hasta para la labor científica hay que aunar el sentimiento con el pensamiento. - Pitágoras, Platón y los filaleteos. - La ley de Analogía y sus tres bases. - Ejemplos del poder del método analógico en las ciencias. - El simbolismo y sus claves. - Injusta conducta de los científicos modernos para con la antigua Sabiduría. - Un caso típico del método analógico en Astronomía. - La astrobiologia y los cometas. - Los cometas como semillas de mundos. - Los cometas como símbolo universal de muerte y de vida. - La Humanidad y el hombre como eternos cometas o "peregrinos". El lector conspicuo habrá visto diseñarse en los capítulos anteriores una porción de posibilidades geométricas, religiosas, artísticas e históricas, para cuyo estudio es perfectamente pobre e inadmisible el llamado método positivista, tan en boga en el pasado siglo. En efecto; como dice el matemático Poincaré en la página 109 de su obra La science et l' hypothése, "ninguna de nuestras más altas experiencias hacen relación al espacio ni a sus innúmeros problemas, sino meramente a nuestro cuerpo y a las relaciones de éste con los objetos que nos rodean, siendo ellas, por tanto, excesivamente groseras." Por eso ningún verdadero filósofo puede contentarse, ni se ha contentado nunca, con el llamado método experimental, lecho de Procusto, en el que se han visto crucificados siempre las más gallardas inventivas y los más intuitivos hombres de ciencia. Así, el matemático inglés Hinton, en su clásica obra The fourth dimension, después de señalar las diferencias que existen entre el hombre inculto y el verdaderamente civilizado en punto a los problemas de la experimentación y la superexperimentación o intuición, reconoce que "puede ser alcanzada aquella vida superior, de la que casi carecemos de experiencias, aplicando hábilmente nuestras facultades religiosas o trascendentes en un esfuerzo heroico hacia el Ideal, es decir, empleando, no sólo el mero pensamiento, como hasta aquí, sino el sentimiento aunado con el pensamiento. Ello supone, desde luego, el hacer cuanto nos sea dable por apoderamos de ese algo superior y desconocido que nos cerca, mediante un constante esfuerzo encaminado hacia la realización de concepciones adecuadas a un ideal de vida por encima de cuanto hoy nos es dable realizar mediante nuestros sentidos y aparatos, es decir, el familiarizamos con los movimientos propios y peculiares de semejante mundo, si no visto, al menos eternamente presentido". Los filósofos griegos, por eso, siguiendo la tradicional enseñanza de Pitágoras y Platón, en lugar de enamorarse infantilmente de una experimentación más o menos pobre y peligrosa siempre, estudiaron esa Ciencia de ciencias que se llama El Simbolismo, considerando que todo símbolo es una idea corpórea en la que yace, inefablemente combinado, lo visible y terreno con lo Divino Invisible, razón por la cual "el mundo de las verdades eternas, antes de responder a la interrogación práctica de la Naturaleza, debe ser descubierto por la propia Geometría". Semejantes sabios eran los llamados filaleteos, guardadores secretos de las enseñanzas orales de aquellos dos maestros, enseñanzas que jamás se confiaron a la escritura, para que no las profanasen con su maldad los poloi, o sea el ignaro vulgo. No sólo resulta inaplicable a estas cosas el llamado método positivista, sino que hasta nuestra Lógica tradicional se declara respecto de él en la más franca de las quiebras, pues que ella nos resulta casi un engaño al haber tantas lógicas como escuelas filosóficas, políticas, etc., máxime cuando no hay lógica capaz de explicar todo lo ilógico de nuestras continuas locuras, moviéndonos forzosamente a recurrir a la Analógica, o Ley de Analogía, que es la que realmente explica al mundo, sin recurrir a postulado alguno como los de Euclides, Eulero o Kepler, en que se apoya toda nuestra ciencia de la Geometría y de la Mecánica, o como los modernos, y no menos convencionales de la flamante "teoría de la relatividad", o de Einstein, que tanto ruido está haciendo en nuestros días. La base de la Analógica es, en efecto, triple. Por un lado se cifra en la célebre Clave de Hermes Trimegisto, que dice: "Lo que está arriba es como lo que está abajo, para obrar los misterios de la cósmica Armonía, o sea de la manifestación de lo Uno en lo múltiple" (Theos-Kaos-Kosmos). Apóyase por otro lado en el axioma enedimensional cabalista, que reza: "Si quieres ver en lo invisible, abre bien tus ojos a su proyectiva en lo visible", y por otro, en fin, en la ley fundamental de la Numeración, o del Árbol simbólico de todas las teogonías (Árbol de Igdrasil, Norso, de la Vida, de Bodhi, Ruminal, de las Hespérides, etc., que recibe un nombre en cada Teogonía). Dicha ley se formula así: "La realidad manifestada, de cualquier orden que fuere. no es sino una mera unidad integradora de un orden superior, y así, hasta lo infinito, ni más ni menos que acontece con la Numeración, la cual no reconoce en sí ningún límite efectivo". Al tenor de esta Ley de Analogía es, como hemos inventado, por ejemplo, los logaritmos vulgares, base de toda nuestra Matemática, cifrados ellos, a su vez, en el analogismo de dos series, geométrica una y de razón 10, o una decena, y aritmética la otra, con su razón uno, partiendo, por supuesto, cual en el caso de las figuras del capítulo anterior, relativas al cambio de dimensiones, del sacrosanto jeroglífico de 10 o Isis, que, como tal simbolismo, es una clave aritmética (la del 10); una clave geométrica (la del número ? o razón de la circunferencia al diámetro ?; una clave filosófica o moral (la de la suprema rectitud y la suprema torcedura); una clave metafísica (la de la Nada-Todo, o Cero, de donde todo emana y adonde todo vuelve en eterno ciclo, y la del Uno-único o Logos Manifestado); una clave histórica (la del propio número pi, que es eterna radical del nombre de la paternidad, o pitris, en las lenguas sabias) ; una clave astronómica (con las órbitas y sus líneas solsticiales, de áspides, etc.) , y una clave, en fin, sexual (o del lingham y el yoni; lo masculino y lo femenino en todo el Cosmos) 13. La misma ciencia positiva, sin darse cuenta de ello y superándose a sí propia, viene hace tiempo aplicando dicha Ley de Analogía arrancando con ella portentosos secretos al Misterio. Sirvan de ejemplo, entre mil más que pudieran enumerarse, el descubrimiento de Neptuno y el de la estrella compañera de Sirio, realizados entrambos por el nuevo cálculo analógico y sin previa observación directa del respectivo astro; el descubrimiento químico del eka-aluminio y el eka-boro (luego galio y escandio) por meras consideraciones de analogías mendeleevianas que permitieron predecir sus pesos atómicos, densidades y demás propiedades químicas y físicas, antes de tener positivamente en las manos los correspondientes cuerpos; o, en fin, las portentosas series de alcoholes,. deducidas por Dumas V Berthellot, de meras consideraciones teóricoanalógicas, alcoholes que Juego le fueron encontrando -y no todos- en la Naturaleza, con 'la observación y la experiencia. Porque el secreto fundamental de la Ciencia entera no es sino el del Método simbólico, analógico, oriental, teosófico, o como desde hoy debemos llamarle, y que tiene dos momentos: uno, el previo del buen conocimiento. de un ciclo o fenómeno cualquiera por métodos anteriores; otro, el de la inmediata aplicación a él de la ley de analogía. ¿Quién, que medite con detenimiento acerca del juego, por ejemplo, de los máximos y mínimos en la Naturaleza, y le aplique metódicamente a las diversas horas del día, días del año, etc., no acaba de adquirir ipso facto una terrible arma analógica aplicable a todo cuanto nos rodea? ¿Acaso el 2, el 22, el 222, el 2.222, etc., no tienen una misma y analógica ley de formación? ¿Acaso el amanecer del día, el de la lunación, el del año, o primavera y el de la vida, o infancia, no son, analógicamente, dentro de su ciclo respectiva, una misma cosa, como lo son, respectivamente, el mediodía, el plenilunio, el verano y la edad viril; el crepúsculo vespertino, el menguante, el otoño, la vejez y, en fin, la medianoche, el novilunio, el invierno y la muerte precedentes todos de sus nuevos y respectivos ciclos de resurrección o continuidad evolutiva?... El genio del gran don Eduardo Benot, y otros, no tuvieron otra base para sus respectivos diccionarios de ideas afines, porque, en verdad, son muy pocas y muy trascendentes las verdades o conceptas fundamentales, e infinitas las tonalidades, modalidades, derivaciones de ellas, o sea los adjetivos... Es más, en cada momento de la historia de una ciencia el método simbólico o analógico, en el que tan maestros han sido siempre los pueblos antiguos, puede mejorar notablemente a lo que solemos denominar "la última palabra de la ciencia", "su última moda", como si dijéramos, preparando ulteriores descubrimientos, y de ello, aunque parezca digresión, queremos dejar consignado aquí un extenso ejemplo antes de abordar el problema de la muerte. Los científicos al uso suelen, en efecto, seguir una marcha pérfida con cuanto les enseña la tradición de Oriente, marcha caracterizada por estos dos momentos: uno -como pasó con la transmutación alquímica de los cuerpos simples-, cuando aún no la han comprobado ¡ellos! con sus métodos cretinos; otro después que, guiados por las enseñanzas orientales entrando en sus mentes a guisa de intuiciones, logran ¡ellos! comprobarlas. Durante la primera época de ignorancia del conocimiento intuído, en el pasado, los llaman despreciativamente "supersticiones", "restos de un pasado inculto", "maneras infantiles o falsas de conocer las casas", etc.; pero, llegada la segunda época, contestar suelen a los que mencionen el viejo hecho antes sabido, con un olímpico “¡eso ya no es nuevo; eso ya está comprobado por la ciencia!", con el mismo candor con que el niño muestra al papá el mecanismo del juguete, y cuya manejo le ha mostrado éste antes, cuando no con la clásica perfidia del comerciante que, al comprar la mercadería que no tiene, y necesita, la rebaja con sus desprecios, sin perjuicio de, al venderla luego, ensalzarla ya hasta los cuernos de la luna... Para que no se nos moteje, pues, de fantaseadores confundiendo con los espejismos de la ignorancia las creaciones científicas de la imaginación 14, vayan por delante unas ideas acerca del significado de los cometas, ideas derivadas por una parte del estado de la Astronomía actual, y por otra, de lo que sobre ellos podemos añadir gracias al empleo del método analógico, que habremos de seguir más o menos, en el curso de este libro. Perdónenos de antemano el lector esta digresión aparente, que se refiere nada menos que a unos posibles orígenes de la vida y a la probable muerte de los astros mismos como seres vivos 15. ¿Qué nos enseña, en síntesis, la Astronomía actual, acerca de los cometas, de estos astros errantes que siempre han espantado al vulgo? Los 80 ó 100 millones de soles que tachonan el firmamento, nos dice, están unos de otros a distancias casi infinitas, pues que, empleando la luz tan sólo un segundo en recorrer 300.000 kilómetros, los rayos luminosos de las estrellas más cercanas tardan en llegamos de dos a seis años y los de las más lejanas hasta varios siglos. Estos inmensos espacios intersiderales no están, sin embargo. vacíos. Aparte del éter cósmico, en el que aquellos soles bogan, ellos están cruzados continuamente por millones de cometas, llegando algún astrónomo a decir que deben ser ellos tan numerosos y más que las arenas de nuestros mares, las hojas de nuestros árboles o los malos pensamientos de nuestros hombres... Pero de estos errantes peregrinos del abismo cerúleo, la ciencia ha ensayado una clasificación, tan deficiente y meramente práctica como suelen serlo todas ellas. Hay, efectivamente, dos clases, por lo menos, de cometas: la de los cometas periódicos y la de aquellos otros que no lo son, o, al menos, no se sabe todavía que lo sean. Los primeros se llaman así, porque están esclavizados ya definitivamente al sistema solar, en términos de que, como no sea por su masa, siempre ínfima, y por sus órbitas, algo más alargadas o excéntricas, en nada se diferencian de los mismos planetas, entre los que constantemente circulan. El catálogo de estos cometas periódicos empezó siendo muy reducido. Hoy alcanza a unos 22, perfectamente definidos en sus órbitas y en sus periódicos retornos a sus perihelios, en los que muestran las magnificencias de sus colas y cabelleras. Semejante catálogo de cometas periódicos crece de día en día, y ya se han incorporado a él gran número de cometas de enorme órbita y, por tanto, de largo recorrido, siendo notables respecto de este particular los cometas de Olbers y de Halley, que tardan en él setenta y dos y setenta y seis años. Queda, pues, fuera de la agrupación de cometas periódicos una multitud de ellos, cuya periodicidad no se ha comprobado aún, o bien que realmente no la tienen, por no ser las respectivas órbitas de ellos elipses más o menos excéntricas, sino parábolas o hipérbolas, haciendo que el astro no retorne así jamás al mismo sitio. Cuán grande sea hoy el número de estos últimos cometas no periódicos se colige con sólo considerar que raro es el año que no se catalogan tres o cuatro cometas nuevos, y eso sin contar con que no todos los que realmente surjan en el cielo llegan a ser cazados, o sea vistos por los observadores, ora por su tenue magnitud, ora por deficiencias de éstos o por malas condiciones atmosféricas, como no toda la caza que existe en un coto llega a ser batida por las escopetas de los cazadores. Desde luego, antes de Halley, que fué el primero en predecir el retorno del cometa que lleva su nombre, todos los cometas estaban naturalmente incluídos en esta clase; pero el progreso de la investigación astronómica va separando de ella, como hemos visto, más y más cometas efectivamente periódicos sin que pueda hoy asegurarse que muchos de los tenidos por no periódicos, pasen a ser considerados como tales por un estudio más completo de sus órbitas. Es más: astrónomos como Tourner han llegado a dudar de si las órbitas cometarias, que hoy juzgamos parabólicas e hiperbólicas, no son en realidad sino arcos pequeños de curvas de tercero y de ulteriores grados, cual la cisoide, la sinusoide, etc., que obliguen realmente a volver al cabo de más o menos tiempo al cometa tenido por no periódico. La historia de la Astronomía, además, registra alguno que otro hecho raro de cometas que han pasado de una clase a otra. Tal aconteció con el cometa de Messier (1770), que al atravesar un día por junto a Júpiter y sus satélites, sufrió por la atracción de ellos un cambio tal en los elementos de su órbita, que quedó aprisionado, por decido así, en el sistema solar, y como tal cometa periódico ya, consumó su revolución en torno del Sol, hasta que otro día (1779) hubo de hallar al sistema de Júpiter y sus satélites en condiciones exactamente contrarias a la primera vez, con lo cual el nudo aprisionador, o sea la perturbación atractiva de antaño, deshizo su obra, y con ella el cometa volvió a recobrar su órbita primitiva, tornando a sumergirse para siempre, lejos del Sol, en el piélago celeste, como todos los cometas no periódicos. Otro caso, altamente extraño e instructivo, acaecía también con el cometa de Biela. Este astro errante consumaba su revolución anual en torno del Sol en un período próximamente de seis años, hasta que cierto día de 1866 apareció su núcleo "partido por gala en dos"; al retornar más tarde en 1872 ya no eran dos sino seis los fragmentos nucleares y, por último, al corresponderle el nuevo retorno o perihelio en 1878 ya no apareció rastro alguno del primer núcleo, pero sí se observó una lluvia de estrellas, irradiando del sitio correspondiente de la bóveda celeste en que aquél debería haber hecho su aparición, cosa que parece indicar que todas las lluvias de estrellas. tales como las que anualmente se observan hacia el 11 de agosto y 11 de noviembre, irradiando de Perseo y del León, etc., pudieran deberse a sendos cometas que antaño desaparecieron, dejándonos todavía ese resto o huella de su pasada existencia16. Los meteoritos, aerolitos o piedras caídas del cielo, bien pueden ser también los últimos despojos de aquellos astros muertos, que con su continua caída en nuestro planeta incrementan su masa cual si la alimentasen17. Sentados estos hechos y otros mil, nada difíciles de comprobar, aunque sólo sea a guisa de meras coincidencias como nuestra ciencia europea dice, el investigador sereno que no se conforma fácilmente con ningún género de dogmatismos, por muy científicos que ellos nos resulten a primera vista, no puede menos de preguntarse si la eterna superstición relativa a estar los cometas todos ligados con nuestra propia existencia obedece a una verdad trascendente que la ciencia positivista no ha logrado esclarecer por su apocamiento en todo cuanto se relaciona con las realidades no tangibles y con las excelsas leyes del Ocultismo. y hay que confesar que, a poco que se aplique nuestro método analógico, la raíz misma y el alcance de semejantes "supersticiones" de todos los tiempos, quedan hermosamente evidenciados. Veámoslo. Sí. "Los cometas son astros misteriosísimos porque ellos son gérmenes de mundos, y "germen" equivale etimológicamente a "misterio". Además, son ellos astros fatídicos, no ya respecto de esa ínfima raza sublunar humana que los cree venidos para ella tan sólo, sino; respecto de sí mismos, porque al ser, como decimos, "semillas de mundos futuros", sembradas en las zonas planetarias, en las que; tienen sus respectivos perihelios18, su destino, como el de toda semilla, es, al tenor de la enseñanza analógica, el de disolverse y morir, ora por ser destruidos como tantos otros gérmenes de vida al ser incorporados a otras formas sus destructoras, ora por la ley misma de la germinación que presupone la correspondiente muerte de la semilla que germina". Por ello ha podido decir sabia y analógicamente A. Snider, en su obra La création et ses mysteres dévoilés (París, Franck et Dentu, 1859), que los cometas están, sin duda, destinados a purificar "el cielo de átomos vagabundos, cuya sustancia no es apta para recibir mejor empleo. El cometa, como germen formado ad hoc por ciertas moléculas, debe tener por misión recorrer las constelaciones del universo, y en sus regulares recorridos absorber y apropiarse aquellas moléculas. Sin disputa su destino final es el de desaparecer al pasar de uno a otro de los infinitos sistemas solares del espacio, y alguno puede servir momentáneamente hasta para la alimentación de un sol al caer sobre la masa de éste" (Págs. 189 a 191). No hay para qué decir que es uno de los significados del mito de Saturno devorando a sus hijos. La siempre admirable e intuitiva maestra H. P. B., por su parte, completa esta evidencia, añadiendo en los comienzos de su magna obra La Doctrina Secreta: "La Ciencia Oculta enseña que en el espacio existe un cambio perpetuo de moléculas, o más bien de átomos. Algunos sabios comienzan ya a sospecharlo. El espectroscopio hace ver la semejanza de las sustancias terrestres y las sidéreas, pero aún no ha podido revelamos si los átomos gravitan unos hacia otros, del mismo modo que lo verifican aquí en la tierra. Así, en cada astro entran los átomos en nuevas formas de existencia, incognoscibles para la ciencia física. La esencia de la materia cometaria, por ejemplo, es completamente diferente de lo que aquí conocemos, y, sin embargo, experimenta ciertos cambios al atravesar el sistema. Clerk Maxwell dice en su discurso presidencial ante la Sociedad Real de Química, de Londres (1888), que los elementos no son absolutamente homogéneos. "Para discernir con precisión los espectros de un mismo cuerpo en astros diferentes sería preciso examinados en idénticas condiciones de presión, temperatura, etc. En el propio espectro del sol hay rayas que aún no se han podido identificar". Cada mundo posee su propio Fohat. "Para el profano, los mundos -dice un Comentario- están constituídos por los Elementos conocidos; pero, según el concepto que de ellos puede formarse un Iniciado o Arhat, estos Elementos son, colectivamente, una Vida Divina, constituyendo, al manifestarse ésta, innumerables cielos de vida. El Fuego, en efecto, sólo es Uno en el plano de la Realidad única; en el de la Existencia manifestada e ilusoria, sus partículas son Vidas ígneas que viven a expensas de las demás Vidas que destruyen, razón por la cual se les llama "Devoradores". .. Cada cosa visible en este Universo se halla constituida por semejantes Vidas, desde el hombre primordial, divino y consciente, hasta los agentes inconscientes que fabrican la materia. .. El Universo de las Vidas procede de la Vida Una, informe e increada. El Fuego frío y luminoso -¿luz difusa?fué el primero en manifestarse en el Abismo o Caos, y él formó en el Espacio los primeros Coágulos -¿nebulosas irresolubles?-. Los Coágulos, al combatir entre sí, desarrollaron un gran calor, el cual produjo la rotación. Después vino el primer Fuego Material manifestado: las Llamas ardientes, los Vagabundos Celestes o Cometas. El calor genera vapor húmedo; aquél forma agua sólida (?) después niebla seca, luego niebla líquida, acuosa, que apaga el luminoso resplandor de los Peregrinos o Cometas, formando Ruedas sólidas acuosas, o sean Globos de Materia. Bhumi, la Tierra, apareció así con sus seis hermanas. Aquéllas, con su movimiento continuo, producen el fuego inferior, y a más, calor y una niebla acuosa que da origen al tercer Elemento del Mundo, que es el Agua. El Aire nace así del aliento de todo, y estos cuatro Elementos son las cuatro Vidas de los cuatro primeros Periodos o Rondas del Manvantara, al que seguirán otros tres... ¿Qué es, en efecto, lo que sabe la ciencia en cuanto a los cometas, a su génesis, a su desarrollo y a su manera final de conducirse? ¡Nada, absolutamente nada¡ ¿Qué tiene, pues, de imposible el que un centro laya -un fragmento de protoplasma cósmico, latente y homogéneo, súbitamente inflamado o animado- se lance al espacio desde el regazo en que ha nacido, y pase girando raudo a través de los insondables abismos cerúleos, con objeto de robustecer su naciente y homogéneo organismo, gracias a la acumulación y adición de los elementos diferenciados que va encontrando al paso? Y, ¿por qué un cometa, un peregrino semejante, no ha de poder conseguir al fin el establecerse como un ciudadano regular de los cielos, convirtiéndose y viviendo en ellos como un efectivo globo habitado? "Esparcidos en el espacio, sin orden ni método aparente, dice, los gérmenes de los mundos, chocan muchas veces antes de fundirse; después se transforman en vagabundos, es decir, en cometas. Entonces es cuando las verdaderas luchas y batallas comienzan. Los cuerpos ya formados, atraen unos y repelen otros a los nuevos. Muchos de éstos parecen absorbidos por los compañeros más fuertes. Los que triunfan, logrando escapar, se transforman en mundos. Nacido en las insondables profundidades del espacio; emanando del seno de ese elemento primordial y homogéneo que se llama Alma del Mundo, cada núcleo de materia cósmica repentinamente llamado a la vida comienza la existencia en las condiciones más hostiles. A través de edades sin número les cumple conquistarse un lugar en lo infinito. Circulan entre los cuerpos más densos y consolidados; saltan de un lado para otro; osci1an hacia el centro o punto que le atrae como un navío arrastrado por estrechos sembrados de recodos y arrecifes, procurando salvarse de los demás cuerpos que les atraen o repelen sucesivamente. Muchos de estos núcleos perecen; sus masas se desintegran, yendo a fundirse en masas más fuertes, y cuando nacen dentro de un sistema planetario acaban desapareciendo, por decirlo así, en el insaciable vientre de los soles. Los que caminan lentamente, pues, describiendo una curva elíptica, están destinados, más o menos tarde, al aniquilamiento. Otros siguen arcos parabólicos, y ordinariamente escapan a la destrucción gracias a la rapidez de su carrera." Se nos dice que existen varias obras modernas, especialmente en lengua alemana, llenas de presunciones especulativas acerca de semejantes luchas por lo vida en los espacios siderales. De ello nos congratulamos, pues le que exponemos es una enseñanza ocultista cuyo origen se pierde en la noche de las edades arcaicas. Las ideas darwinistas aproximadas en cuanto a la lucha por la vida y la supremacía, y la supervivencia del más apto, "tanto entre las huestes de arriba como entre las de abajo", discurren a lo largo de los dos volúmenes de Isis sin Velo, pero la idea no es nuestra, sino de toda la antigüedad. Hasta los escritores puránicos han entrelazado ingeniosamente la alegoría con los hechos cósmicos y los sucesos humanos, y cualquier simbologista puede presentirla, aun cuando sea incapaz de comprender su significado. Las grandes "guerras en los cielos", de los Puranas; las guerras de los Titanes, en Hesiodo y demás clásicos; las luchas entre Osiris egipcio y Tifón, hasta las que figuran en las leyendas escandinavas entre las Llamas y los hijos de Muspel, se refieren todas al mismo asunto. Son ellas el doble y aun triple simbolismo analógico de las luchas teogónicas, astronómicas y humanas; a la adaptación de los orbes y a la supremacía entre hombre.. y pueblos. . La "lucha por la existencia" y la "supervivencia de los más aptos" prevalecieron desde el momento en que el Cosmos se manifestó a la existencia, y difícilmente podía escapar a la perspicacia observadora de los antiguos; Sabios. De aquí los incesantes combates de Indra, el Dios del Firmamento, con los Asuras -degradados de su categoría de Dioses y elevados a la de Demonios cósmicos-, y con Vrita o Alú, las batallas reñidas entre estrellas y constelaciones, entre lunas y planetas encarnados después como reyes y mortales. De aquí también la Guerra en los Cielos entre Miguel y su hueste contra el Dragón- júpiter y Venus-Lucifer cuando un tercio de las estrellas de la hueste rebelde fué lanzado a las profundidades del Espacio y su lugar "no fué encontrado más en los Cielos". Brahmanes y tanaim especulaban acerca de la, creación y desenvolvimiento del mundo, igual que Darwin, a quien se anticiparon respecto de su transformación y selección natural... Tan pronto como un núcleo de sustancia primordial en estado laya o indiferenciado es animado por los principios ya en libertad de un cuerpo sideral que acaba de morir, se convierten, primero en cometas, y luego en soles, que al enfriarse se transforman en mundos habitables. Esta enseñanza es tan antigua como los propios Rishis... La materia primitiva galáctica, los "coágulos" en las estancias de Dzyan, es, durante el sueño periódico del Universo, de una tenuidad suma, según la revelación recibida de los primitivos Dhyani-Buddhas. Esta materia radiante y fría se difunde al través del Espacio en cuanto se inicia el despertar del movimiento cósmico, constituyendo las semillas de mundos futuros. El Libro de Dzyan expresa: "El Sol Central hace que Fohat recoja polvo primordial en forma de esferas, y que las impulse a moverse en líneas convergentes, hasta que unas a otras se agregan... Esparcidos por el Espacio, sin orden ni sistema, los Gérmenes de Mundos entran en colisiones frecuentes, hasta su agregación final, después de lo cual se convierten en Vagabundos (Cometas). Entonces comienzan los combates y las luchas. Los más antiguos cuerpos atraen a los más jóvenes, mientras que otros los rechazan. Muchos perecen devorados por sus compañeros más robustos. Los que se salvan, se convierten en mundos." La esencia de la materia cometaria de que están formados el Sol y los planetas es, según la Enseñanza Oculta, completamente diferente de cuantos caracteres físicos y químicos conoce la ciencia moderna. En su forma primitiva, más allá de los Sistemas Solares, es homogénea, y se diferencia por completo en cuanto cruza el cometa por nuestro sistema. Ella es, en efecto, el material para mundos, la sustancia eterna de la madre Adity; el 59 Y 69 de los principios cósmicos, a la manera de como nuestro Manas es el Upadhi o vehículo de Buddhi, pasando gradualmente a la objetividad a través de estados cósmicos, radiantes, gaseosos, líquidos y sólidos, que los agitan en raudos Torbellinos, bajo el Hálito Inicial que se continúa bajo los soplo que "jamás duermen", es decir, los Dhyam-Choham. Los planetas eran todos cometas y soles en su origen. Partiendo del Caos primitivo, o sea lo que podríamos llamar hoy el noumeno de las nebulosas planetarias, se desenvuelven y vienen a la vida manvantárica por la agregación y acumulación de las diferenciaciones primarias de la Materia eterna, según aquella hermosa expresión del comentario de que "los Hijos de la Luz se revisten así del ropaje de las Tinieblas". Por eso los planetas son denominados alegóricamente "Caracoles Celestes", en razón de sus (para nosotros) informes "Inteligencias que, invisibles, habitan sus mansiones estelares y planetarias, llevándolas cual caracoles o espirales en sus revoluciones". La doctrina de un origen común para todos los cuerpos celestes era enseñada por los primitivos astrónomos antes de que, Képler, Newton, Leibnitz, Kant, Herschel y Laplace la intuyesen. El Calor (o Hálito), la Atracción y la Repulsión, los tres grandes factores del Movimiento son las condiciones bajo las cuales nacen, se desarrollan y mueren los miembros de estas familias celestes, para renacer después de una Noche de Brahma, durante la cual la materia eterna vuelve a caer periódicamente en su estado primario indiferenciado, del que no pueden dar ni una remota idea ni aun los mismos gases enrarecidos. Centros de fuerza, en sus comienzos, las in