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CAPÍTULO III EL MÉTODO EXPERIMENTAL Y EL MÉTODO ANALÓGICO

Poincaré y las deficiencias del método experimental respecto a los problemas del espacio. - Hasta para la labor científica hay que aunar el sentimiento con el pensamiento. - Pitágoras, Platón y los filaleteos. - La ley de Analogía y sus tres bases. - Ejemplos del poder del método analógico en las ciencias. - El simbolismo y sus claves. - Injusta conducta de los científicos modernos para con la antigua Sabiduría. - Un caso típico del método analógico en Astronomía. - La astrobiologia y los cometas. - Los cometas como semillas de mundos. - Los cometas como símbolo universal de muerte y de vida. - La Humanidad y el hombre como eternos cometas o "peregrinos".

El lector conspicuo habrá visto diseñarse en los capítulos anteriores una porción de posibilidades geométricas, religiosas, artísticas e históricas, para cuyo estudio es perfectamente pobre e inadmisible el llamado método positivista, tan en boga en el pasado siglo. En efecto; como dice el matemático Poincaré en la página 109 de su obra La science et l' hypothése, "ninguna de nuestras más altas experiencias hacen relación al espacio ni a sus innúmeros problemas, sino meramente a nuestro cuerpo y a las relaciones de éste con los objetos que nos rodean, siendo ellas, por tanto, excesivamente groseras."

Por eso ningún verdadero filósofo puede contentarse, ni se ha contentado nunca, con el llamado método experimental, lecho de Procusto, en el que se han visto crucificados siempre las más gallardas inventivas y los más intuitivos hombres de ciencia. Así, el matemático inglés Hinton, en su clásica obra The fourth dimension, después de señalar las diferencias que existen entre el hombre inculto y el verdaderamente civilizado en punto a los problemas de la experimentación y la superexperimentación o intuición, reconoce que "puede ser alcanzada aquella vida superior, de la que casi carecemos de experiencias, aplicando hábilmente nuestras facultades religiosas o trascendentes en un esfuerzo heroico hacia el Ideal, es decir, empleando, no sólo el mero pensamiento, como hasta aquí, sino el sentimiento aunado con el pensamiento. Ello supone, desde luego, el hacer cuanto nos sea dable por apoderamos de ese algo superior y desconocido que nos cerca, mediante un constante esfuerzo encaminado hacia la realización de concepciones adecuadas a un ideal de vida por encima de cuanto hoy nos es dable realizar mediante nuestros sentidos y aparatos, es decir, el familiarizamos con los movimientos propios y peculiares de semejante mundo, si no visto, al menos eternamente presentido".

Los filósofos griegos, por eso, siguiendo la tradicional enseñanza de Pitágoras y Platón, en lugar de enamorarse infantilmente de una experimentación más o menos pobre y peligrosa siempre, estudiaron esa Ciencia de ciencias que se llama El Simbolismo, considerando que todo símbolo es una idea corpórea en la que yace, inefablemente combinado, lo visible y terreno con lo Divino Invisible, razón por la cual "el mundo de las verdades eternas, antes de responder a la interrogación práctica de la Naturaleza, debe ser descubierto por la propia Geometría". Semejantes sabios eran los llamados filaleteos, guardadores secretos de las enseñanzas orales de aquellos dos maestros, enseñanzas que jamás se confiaron a la escritura, para que no las profanasen con su maldad los poloi, o sea el ignaro vulgo.

No sólo resulta inaplicable a estas cosas el llamado método positivista, sino que hasta nuestra Lógica tradicional se declara respecto de él en la más franca de las quiebras, pues que ella nos resulta casi un engaño al haber tantas lógicas como escuelas filosóficas, políticas, etc., máxime cuando no hay lógica capaz de explicar todo lo ilógico de nuestras continuas locuras, moviéndonos forzosamente a recurrir a la Analógica, o Ley de Analogía, que es la que realmente explica al mundo, sin recurrir a postulado alguno como los de Euclides, Eulero o Kepler, en que se apoya toda nuestra ciencia de la Geometría y de la Mecánica, o como los modernos, y no menos convencionales de la flamante "teoría de la relatividad", o de Einstein, que tanto ruido está haciendo en nuestros días.

La base de la Analógica es, en efecto, triple. Por un lado se cifra en la célebre Clave de Hermes Trimegisto, que dice: "Lo que está arriba es como lo que está abajo, para obrar los misterios de la cósmica Armonía, o sea de la manifestación de lo Uno en lo múltiple" (Theos-Kaos-Kosmos). Apóyase por otro lado en el axioma enedimensional cabalista, que reza: "Si quieres ver en lo invisible, abre bien tus ojos a su proyectiva en lo visible", y por otro, en fin, en la ley fundamental de la Numeración, o del Árbol simbólico de todas las teogonías (Árbol de Igdrasil, Norso, de la Vida, de Bodhi, Ruminal, de las Hespérides, etc., que recibe un nombre en cada Teogonía). Dicha ley se formula así: "La realidad manifestada, de cualquier orden que fuere. no es sino una mera unidad integradora de un orden superior, y así, hasta lo infinito, ni más ni menos que acontece con la Numeración, la cual no reconoce en sí ningún límite efectivo".

Al tenor de esta Ley de Analogía es, como hemos inventado, por ejemplo, los logaritmos vulgares, base de toda nuestra Matemática, cifrados ellos, a su vez, en el analogismo de dos series, geométrica una y de razón 10, o una decena, y aritmética la otra, con su razón uno, partiendo, por supuesto, cual en el caso de las figuras del capítulo anterior, relativas al cambio de dimensiones, del sacrosanto jeroglífico de 10 o Isis, que, como tal simbolismo, es una clave aritmética (la del 10); una clave geométrica (la del número π o razón de la circunferencia al diámetro Ф; una clave filosófica o moral (la de la suprema rectitud y la suprema torcedura); una clave metafísica (la de la Nada-Todo, o Cero, de donde todo emana y adonde todo vuelve en eterno ciclo, y la del Uno-único o Logos Manifestado); una clave histórica (la del propio número pi, que es eterna radical del nombre de la paternidad, o pitris, en las lenguas sabias) ; una clave astronómica (con las órbitas y sus líneas solsticiales, de áspides, etc.) , y una clave, en fin, sexual (o del lingham y el yoni; lo masculino y lo femenino en todo el Cosmos)  .

La misma ciencia positiva, sin darse cuenta de ello y superándose a sí propia, viene hace tiempo aplicando dicha Ley de Analogía arrancando con ella portentosos secretos al Misterio. Sirvan de ejemplo, entre mil más que pudieran enumerarse, el descubrimiento de Neptuno y el de la estrella compañera de Sirio, realizados entrambos por el nuevo cálculo analógico y sin previa observación directa del respectivo astro; el descubrimiento químico del eka-aluminio y el eka-boro (luego galio y escandio) por meras consideraciones de analogías mendeleevianas que permitieron predecir sus pesos atómicos, densidades y demás propiedades químicas y físicas, antes de tener positivamente en las manos los correspondientes cuerpos; o, en fin, las portentosas series de alcoholes,. deducidas por Dumas V Berthellot, de meras consideraciones teóricoanalógicas, alcoholes que Juego le fueron encontrando -y no todos- en la Naturaleza, con 'la observación y la experiencia.

Porque el secreto fundamental de la Ciencia entera no es sino el del Método simbólico, analógico, oriental, teosófico, o como desde hoy debemos llamarle, y que tiene dos momentos: uno, el previo del buen conocimiento. de un ciclo o fenómeno cualquiera por métodos anteriores; otro, el de la inmediata aplicación a él de la ley de analogía. ¿Quién, que medite con detenimiento acerca del juego, por ejemplo, de los máximos y mínimos en la Naturaleza, y le aplique metódicamente a las diversas horas del día, días del año, etc., no acaba de adquirir ipso facto una terrible arma analógica aplicable a todo cuanto nos rodea? ¿Acaso el 2, el 22, el 222, el 2.222, etc., no tienen una misma y analógica ley de formación? ¿Acaso el amanecer del día, el de la lunación, el del año, o primavera y el de la vida, o infancia, no son, analógicamente, dentro de su ciclo respectiva, una misma cosa, como lo son, respectivamente, el mediodía, el plenilunio, el verano y la edad viril; el crepúsculo vespertino, el menguante, el otoño, la vejez y, en fin, la medianoche, el novilunio, el invierno y la muerte precedentes todos de sus nuevos y respectivos ciclos de resurrección o continuidad evolutiva?... El genio del gran don Eduardo Benot, y otros, no tuvieron otra base para sus respectivos diccionarios de ideas afines, porque, en verdad, son muy pocas y muy trascendentes las verdades o conceptas fundamentales, e infinitas las tonalidades, modalidades, derivaciones de ellas, o sea los adjetivos...

Es más, en cada momento de la historia de una ciencia el método simbólico o analógico, en el que tan maestros han sido siempre los pueblos antiguos, puede mejorar notablemente a lo que solemos denominar "la última palabra de la ciencia", "su última moda", como si dijéramos, preparando ulteriores descubrimientos, y de ello, aunque parezca digresión, queremos dejar consignado aquí un extenso ejemplo antes de abordar el problema de la muerte. Los científicos al uso suelen, en efecto, seguir una marcha pérfida con cuanto les enseña la tradición de Oriente, marcha caracterizada por estos dos momentos: uno -como pasó con la transmutación alquímica de los cuerpos simples-, cuando aún no la han comprobado ¡ellos! con sus métodos cretinos; otro después que, guiados por las enseñanzas orientales entrando en sus mentes a guisa de intuiciones, logran ¡ellos! comprobarlas. Durante la primera época de ignorancia del conocimiento intuído, en el pasado, los llaman despreciativamente "supersticiones", "restos de un pasado inculto", "maneras infantiles o falsas de conocer las casas", etc.; pero, llegada la segunda época, contestar suelen a los que mencionen el viejo hecho antes sabido, con un olímpico “¡eso ya no es nuevo; eso ya está comprobado por la ciencia!", con el mismo candor con que el niño muestra al papá el mecanismo del juguete, y cuya manejo le ha mostrado éste antes, cuando no con la clásica perfidia del comerciante que, al comprar la mercadería que no tiene, y necesita, la rebaja con sus desprecios, sin perjuicio de, al venderla luego, ensalzarla ya hasta los cuernos de la luna...

Para que no se nos moteje, pues, de fantaseadores confundiendo con los espejismos de la ignorancia las creaciones científicas de la imaginación  , vayan por delante unas ideas acerca del significado de los cometas, ideas derivadas por una parte del estado de la Astronomía actual, y por otra, de lo que sobre ellos podemos añadir gracias al empleo del método analógico, que habremos de seguir más o menos, en el curso de este libro. Perdónenos de antemano el lector esta digresión aparente, que se refiere nada menos que a unos posibles orígenes de la vida y a la probable muerte de los astros mismos como seres vivos  .

¿Qué nos enseña, en síntesis, la Astronomía actual, acerca de los cometas, de estos astros errantes que siempre han espantado al vulgo?

Los 80 ó 100 millones de soles que tachonan el firmamento, nos dice, están unos de otros a distancias casi infinitas, pues que, empleando la luz tan sólo un segundo en recorrer 300.000 kilómetros, los rayos luminosos de las estrellas más cercanas tardan en llegamos de dos a seis años y los de las más lejanas hasta varios siglos. Estos inmensos espacios intersiderales no están, sin embargo. vacíos. Aparte del éter cósmico, en el que aquellos soles bogan, ellos están cruzados continuamente por millones de cometas, llegando algún astrónomo a decir que deben ser ellos tan numerosos y más que las arenas de nuestros mares, las hojas de nuestros árboles o los malos pensamientos de nuestros hombres...

Pero de estos errantes peregrinos del abismo cerúleo, la ciencia ha ensayado una clasificación, tan deficiente y meramente práctica como suelen serlo todas ellas. Hay, efectivamente, dos clases, por lo menos, de cometas: la de los cometas periódicos y la de aquellos otros que no lo son, o, al menos, no se sabe todavía que lo sean. Los primeros se llaman así, porque están esclavizados ya definitivamente al sistema solar, en términos de que, como no sea por su masa, siempre ínfima, y por sus órbitas, algo más alargadas o excéntricas, en nada se diferencian de los mismos planetas, entre los que constantemente circulan. El catálogo de estos cometas periódicos empezó siendo muy reducido. Hoy alcanza a unos 22, perfectamente definidos en sus órbitas y en sus periódicos retornos a sus perihelios, en los que muestran las magnificencias de sus colas y cabelleras. Semejante catálogo de cometas periódicos crece de día en día, y ya se han incorporado a él gran número de cometas de enorme órbita y, por tanto, de largo recorrido, siendo notables respecto de este particular los cometas de Olbers y de Halley, que tardan en él setenta y dos y setenta y seis años.

Queda, pues, fuera de la agrupación de cometas periódicos una multitud de ellos, cuya periodicidad no se ha comprobado aún, o bien que realmente no la tienen, por no ser las respectivas órbitas de ellos elipses más o menos excéntricas, sino parábolas o hipérbolas, haciendo que el astro no retorne así jamás al mismo sitio. Cuán grande sea hoy el número de estos últimos cometas no periódicos se colige con sólo considerar que raro es el año que no se catalogan tres o cuatro cometas nuevos, y eso sin contar con que no todos los que realmente surjan en el cielo llegan a ser cazados, o sea vistos por los observadores, ora por su tenue magnitud, ora por deficiencias de éstos o por malas condiciones atmosféricas, como no toda la caza que existe en un coto llega a ser batida por las escopetas de los cazadores.

Desde luego, antes de Halley, que fué el primero en predecir el retorno del cometa que lleva su nombre, todos los cometas estaban naturalmente incluídos en esta clase; pero el progreso de la investigación astronómica va separando de ella, como hemos visto, más y más cometas efectivamente periódicos sin que pueda hoy asegurarse que muchos de los tenidos por no periódicos, pasen a ser considerados como tales por un estudio más completo de sus órbitas. Es más: astrónomos como Tourner han llegado a dudar de si las órbitas cometarias, que hoy juzgamos parabólicas e hiperbólicas, no son en realidad sino arcos pequeños de curvas de tercero y de ulteriores grados, cual la cisoide, la sinusoide, etc., que obliguen realmente a volver al cabo de más o menos tiempo al cometa tenido por no periódico.

La historia de la Astronomía, además, registra alguno que otro hecho raro de cometas que han pasado de una clase a otra. Tal aconteció con el cometa de Messier (1770), que al atravesar un día por junto a Júpiter y sus satélites, sufrió por la atracción de ellos un cambio tal en los elementos de su órbita, que quedó aprisionado, por decido así, en el sistema solar, y como tal cometa periódico ya, consumó su revolución en torno del Sol, hasta que otro día (1779) hubo de hallar al sistema de Júpiter y sus satélites en condiciones exactamente contrarias a la primera vez, con lo cual el nudo aprisionador, o sea la perturbación atractiva de antaño, deshizo su obra, y con ella el cometa volvió a recobrar su órbita primitiva, tornando a sumergirse para siempre, lejos del Sol, en el piélago celeste, como todos los cometas no periódicos.

Otro caso, altamente extraño e instructivo, acaecía también con el cometa de Biela. Este astro errante consumaba su revolución anual en torno del Sol en un período próximamente de seis años, hasta que cierto día de 1866 apareció su núcleo "partido por gala en dos"; al retornar más tarde en 1872 ya no eran dos sino seis los fragmentos nucleares y, por último, al corresponderle el nuevo retorno o perihelio en 1878 ya no apareció rastro alguno del primer núcleo, pero sí se observó una lluvia de estrellas, irradiando del sitio correspondiente de la bóveda celeste en que aquél debería haber hecho su aparición, cosa que parece indicar que todas las lluvias de estrellas. tales como las que anualmente se observan hacia el 11 de agosto y 11 de noviembre, irradiando de Perseo y del León, etc., pudieran deberse a sendos cometas que antaño desaparecieron, dejándonos todavía ese resto o huella de su pasada existencia . Los meteoritos, aerolitos o piedras caídas del cielo, bien pueden ser también los últimos despojos de aquellos astros muertos, que con su continua caída en nuestro planeta incrementan su masa cual si la alimentasen .

Sentados estos hechos y otros mil, nada difíciles de comprobar, aunque sólo sea a guisa de meras coincidencias como nuestra ciencia europea dice, el investigador sereno que no se conforma fácilmente con ningún género de dogmatismos, por muy científicos que ellos nos resulten a primera vista, no puede menos de preguntarse si la eterna superstición relativa a estar los cometas todos ligados con nuestra propia existencia obedece a una verdad trascendente que la ciencia positivista no ha logrado esclarecer por su apocamiento en todo cuanto se relaciona con las realidades no tangibles y con las excelsas leyes del Ocultismo. y hay que confesar que, a poco que se aplique nuestro método analógico, la raíz misma y el alcance de semejantes "supersticiones" de todos los tiempos, quedan hermosamente evidenciados. Veámoslo. Sí. "Los cometas son astros misteriosísimos porque ellos son gérmenes de mundos, y "germen" equivale etimológicamente a "misterio". Además, son ellos astros fatídicos, no ya respecto de esa ínfima raza sublunar humana que los cree venidos para ella tan sólo, sino; respecto de sí mismos, porque al ser, como decimos, "semillas de mundos futuros", sembradas en las zonas planetarias, en las que; tienen sus respectivos perihelios , su destino, como el de toda semilla, es, al tenor de la enseñanza analógica, el de disolverse y morir, ora por ser destruidos como tantos otros gérmenes de vida al ser incorporados a otras formas sus destructoras, ora por la ley misma de la germinación que presupone la correspondiente muerte de la semilla que germina".

Por ello ha podido decir sabia y analógicamente A. Snider, en su obra La création et ses mysteres dévoilés (París, Franck et Dentu, 1859), que los cometas están, sin duda, destinados a purificar "el cielo de átomos vagabundos, cuya sustancia no es apta para recibir mejor empleo. El cometa, como germen formado ad hoc por ciertas moléculas, debe tener por misión recorrer las constelaciones del universo, y en sus regulares recorridos absorber y apropiarse aquellas moléculas. Sin disputa su destino final es el de desaparecer al pasar de uno a otro de los infinitos sistemas solares del espacio, y alguno puede servir momentáneamente hasta para la alimentación de un sol al caer sobre la masa de éste" (Págs. 189 a 191). No hay para qué decir que es uno de los significados del mito de Saturno devorando a sus hijos.

La siempre admirable e intuitiva maestra H. P. B., por su parte, completa esta evidencia, añadiendo en los comienzos de su magna obra La Doctrina Secreta: "La Ciencia Oculta enseña que en el espacio existe un cambio perpetuo de moléculas, o más bien de átomos. Algunos sabios comienzan ya a sospecharlo. El espectroscopio hace ver la semejanza de las sustancias terrestres y las sidéreas, pero aún no ha podido revelamos si los átomos gravitan unos hacia otros, del mismo modo que lo verifican aquí en la tierra. Así, en cada astro entran los átomos en nuevas formas de existencia, incognoscibles para la ciencia física. La esencia de la materia cometaria, por ejemplo, es completamente diferente de lo que aquí conocemos, y, sin embargo, experimenta ciertos cambios al atravesar el sistema. Clerk Maxwell dice en su discurso presidencial ante la Sociedad Real de Química, de Londres (1888), que los elementos no son absolutamente homogéneos. "Para discernir con precisión los espectros de un mismo cuerpo en astros diferentes sería preciso examinados en idénticas condiciones de presión, temperatura, etc. En el propio espectro del sol hay rayas que aún no se han podido identificar". Cada mundo posee su propio Fohat. "Para el profano, los mundos -dice un Comentario- están constituídos por los Elementos conocidos; pero, según el concepto que de ellos puede formarse un Iniciado o Arhat, estos Elementos son, colectivamente, una Vida Divina, constituyendo, al manifestarse ésta, innumerables cielos de vida. El Fuego, en efecto, sólo es Uno en el plano de la Realidad única; en el de la Existencia manifestada e ilusoria, sus partículas son Vidas ígneas que viven a expensas de las demás Vidas que destruyen, razón por la cual se les llama "Devoradores". .. Cada cosa visible en este Universo se halla constituida por semejantes Vidas, desde el hombre primordial, divino y consciente, hasta los agentes inconscientes que fabrican la materia. .. El Universo de las Vidas procede de la Vida Una, informe e increada. El Fuego frío y luminoso -¿luz difusa?fué el primero en manifestarse en el Abismo o Caos, y él formó en el Espacio los primeros Coágulos -¿nebulosas irresolubles?-. Los Coágulos, al combatir entre sí, desarrollaron un gran calor, el cual produjo la rotación. Después vino el primer Fuego Material manifestado: las Llamas ardientes, los Vagabundos Celestes o Cometas. El calor genera vapor húmedo; aquél forma agua sólida (?) después niebla seca, luego niebla líquida, acuosa, que apaga el luminoso resplandor de los Peregrinos o Cometas, formando Ruedas sólidas acuosas, o sean Globos de Materia. Bhumi, la Tierra, apareció así con sus seis hermanas. Aquéllas, con su movimiento continuo, producen el fuego inferior, y a más, calor y una niebla acuosa que da origen al tercer Elemento del Mundo, que es el Agua. El Aire nace así del aliento de todo, y estos cuatro Elementos son las cuatro Vidas de los cuatro primeros Periodos o Rondas del Manvantara, al que seguirán otros tres... ¿Qué es, en efecto, lo que sabe la ciencia en cuanto a los cometas, a su génesis, a su desarrollo y a su manera final de conducirse? ¡Nada, absolutamente nada¡ ¿Qué tiene, pues, de imposible el que un centro laya -un fragmento de protoplasma cósmico, latente y homogéneo, súbitamente inflamado o animado- se lance al espacio desde el regazo en que ha nacido, y pase girando raudo a través de los insondables abismos cerúleos, con objeto de robustecer su naciente y homogéneo organismo, gracias a la acumulación y adición de los elementos diferenciados que va encontrando al paso? Y, ¿por qué un cometa, un peregrino semejante, no ha de poder conseguir al fin el establecerse como un ciudadano regular de los cielos, convirtiéndose y viviendo en ellos como un efectivo globo habitado?

"Esparcidos en el espacio, sin orden ni método aparente, dice, los gérmenes de los mundos, chocan muchas veces antes de fundirse; después se transforman en vagabundos, es decir, en cometas. Entonces es cuando las verdaderas luchas y batallas comienzan. Los cuerpos ya formados, atraen unos y repelen otros a los nuevos. Muchos de éstos parecen absorbidos por los compañeros más fuertes. Los que triunfan, logrando escapar, se transforman en mundos. Nacido en las insondables profundidades del espacio; emanando del seno de ese elemento primordial y homogéneo que se llama Alma del Mundo, cada núcleo de materia cósmica repentinamente llamado a la vida comienza la existencia en las condiciones más hostiles. A través de edades sin número les cumple conquistarse un lugar en lo infinito. Circulan entre los cuerpos más densos y consolidados; saltan de un lado para otro; osci1an hacia el centro o punto que le atrae como un navío arrastrado por estrechos sembrados de recodos y arrecifes, procurando salvarse de los demás cuerpos que les atraen o repelen sucesivamente. Muchos de estos núcleos perecen; sus masas se desintegran, yendo a fundirse en masas más fuertes, y cuando nacen dentro de un sistema planetario acaban desapareciendo, por decirlo así, en el insaciable vientre de los soles. Los que caminan lentamente, pues, describiendo una curva elíptica, están destinados, más o menos tarde, al aniquilamiento. Otros siguen arcos parabólicos, y ordinariamente escapan a la destrucción gracias a la rapidez de su carrera."

Se nos dice que existen varias obras modernas, especialmente en lengua alemana, llenas de presunciones especulativas acerca de semejantes luchas por lo vida en los espacios siderales. De ello nos congratulamos, pues le que exponemos es una enseñanza ocultista cuyo origen se pierde en la noche de las edades arcaicas. Las ideas darwinistas aproximadas en cuanto a la lucha por la vida y la supremacía, y la supervivencia del más apto, "tanto entre las huestes de arriba como entre las de abajo", discurren a lo largo de los dos volúmenes de Isis sin Velo, pero la idea no es nuestra, sino de toda la antigüedad. Hasta los escritores puránicos han entrelazado ingeniosamente la alegoría con los hechos cósmicos y los sucesos humanos, y cualquier simbologista puede presentirla, aun cuando sea incapaz de comprender su significado. Las grandes "guerras en los cielos", de los Puranas; las guerras de los Titanes, en Hesiodo y demás clásicos; las luchas entre Osiris egipcio y Tifón, hasta las que figuran en las leyendas escandinavas entre las Llamas y los hijos de Muspel, se refieren todas al mismo asunto. Son ellas el doble y aun triple simbolismo analógico de las luchas teogónicas, astronómicas y humanas; a la adaptación de los orbes y a la supremacía entre hombre.. y pueblos. . La "lucha por la existencia" y la "supervivencia de los más aptos" prevalecieron desde el momento en que el Cosmos se manifestó a la existencia, y difícilmente podía escapar a la perspicacia observadora de los antiguos; Sabios. De aquí los incesantes combates de Indra, el Dios del Firmamento, con los Asuras -degradados de su categoría de Dioses y elevados a la de Demonios cósmicos-, y con Vrita o Alú, las batallas reñidas entre estrellas y constelaciones, entre lunas y planetas encarnados después como reyes y mortales. De aquí también la Guerra en los Cielos entre Miguel y su hueste contra el Dragón- júpiter y Venus-Lucifer cuando un tercio de las estrellas de la hueste rebelde fué lanzado a las profundidades del Espacio y su lugar "no fué encontrado más en los Cielos". Brahmanes y tanaim especulaban acerca de la, creación y desenvolvimiento del mundo, igual que Darwin, a quien se anticiparon respecto de su transformación y selección natural... Tan pronto como un núcleo de sustancia primordial en estado laya o indiferenciado es animado por los principios ya en libertad de un cuerpo sideral que acaba de morir, se convierten, primero en cometas, y luego en soles, que al enfriarse se transforman en mundos habitables. Esta enseñanza es tan antigua como los propios Rishis...

La materia primitiva galáctica, los "coágulos" en las estancias de Dzyan, es, durante el sueño periódico del Universo, de una tenuidad suma, según la revelación recibida de los primitivos Dhyani-Buddhas. Esta materia radiante y fría se difunde al través del Espacio en cuanto se inicia el despertar del movimiento cósmico, constituyendo las semillas de mundos futuros.

El Libro de Dzyan expresa: "El Sol Central hace que Fohat recoja polvo primordial en forma de esferas, y que las impulse a moverse en líneas convergentes, hasta que unas a otras se agregan... Esparcidos por el Espacio, sin orden ni sistema, los Gérmenes de Mundos entran en colisiones frecuentes, hasta su agregación final, después de lo cual se convierten en Vagabundos (Cometas). Entonces comienzan los combates y las luchas. Los más antiguos cuerpos atraen a los más jóvenes, mientras que otros los rechazan. Muchos perecen devorados por sus compañeros más robustos. Los que se salvan, se convierten en mundos."

La esencia de la materia cometaria de que están formados el Sol y los planetas es, según la Enseñanza Oculta, completamente diferente de cuantos caracteres físicos y químicos conoce la ciencia moderna. En su forma primitiva, más allá de los Sistemas Solares, es homogénea, y se diferencia por completo en cuanto cruza el cometa por nuestro sistema. Ella es, en efecto, el material para mundos, la sustancia eterna de la madre Adity; el 59 Y 69 de los principios cósmicos, a la manera de como nuestro Manas es el Upadhi o vehículo de Buddhi, pasando gradualmente a la objetividad a través de estados cósmicos, radiantes, gaseosos, líquidos y sólidos, que los agitan en raudos Torbellinos, bajo el Hálito Inicial que se continúa bajo los soplo que "jamás duermen", es decir, los Dhyam-Choham.

Los planetas eran todos cometas y soles en su origen. Partiendo del Caos primitivo, o sea lo que podríamos llamar hoy el noumeno de las nebulosas planetarias, se desenvuelven y vienen a la vida manvantárica por la agregación y acumulación de las diferenciaciones primarias de la Materia eterna, según aquella hermosa expresión del comentario de que "los Hijos de la Luz se revisten así del ropaje de las Tinieblas". Por eso los planetas son denominados alegóricamente "Caracoles Celestes", en razón de sus (para nosotros) informes "Inteligencias que, invisibles, habitan sus mansiones estelares y planetarias, llevándolas cual caracoles o espirales en sus revoluciones".

La doctrina de un origen común para todos los cuerpos celestes era enseñada por los primitivos astrónomos antes de que, Képler, Newton, Leibnitz, Kant, Herschel y Laplace la intuyesen. El Calor (o Hálito), la Atracción y la Repulsión, los tres grandes factores del Movimiento son las condiciones bajo las cuales nacen, se desarrollan y mueren los miembros de estas familias celestes, para renacer después de una Noche de Brahma, durante la cual la materia eterna vuelve a caer periódicamente en su estado primario indiferenciado, del que no pueden dar ni una remota idea ni aun los mismos gases enrarecidos. Centros de fuerza, en sus comienzos, las invisibles Chispas de los átomos primordiales se diferencian en moléculas y se convierten en Soles.

Los centros de fuerza en torno de los cuales se esparce la materia cósmica primordial, pasando por seis grados sucesivos de consolidación, acaban determinando globos o esferas, a las que suele llamarse también "Rueda". Es uno de los aforismos, dogmas fundamentales de la cosmogonía esotérica que durante los kalpas o períodos de vida, el Movimiento que en los períodos de reposo "pulsa y vibra a través de cada átomo dormido", asume una tendencia creciente hacia el movimiento circular, convirtiéndose así la Deidad en raudo Torbellino.

A los Ángeles o Almas animadoras de estrellas y planetas también se les denomina "Ruedas", como puede verse en la propia Cábala occidental.

Esta ley del movimiento giratorio en la materia primordial, base, del estudio de los cometas, es una de las más antiguas concepciones de la filosofía griega, derivada de la egipcia, y ésta, a su vez, de la caldea, que la aprendiera de los brahmanes de la Escuela esotérica. Leucipo y Demócrito de Abdera, discípulos de los magos, han enseñado que este movimiento giratorio de los átomos y esferas ha existido desde la eternidad. Hicetas, Heráclides, Ecphantus, Pitágoras y todos sus discípulos enseñaron en secreto la rotación de la Tierra, y Aryabhata el hindú, Aristarco, Seleuco y Arquímedes calcularon su revolución tan científicamente como los astrónomos actuales. La teoría de los vórtices elementales, a su vez, era conocida por Anaxágoras quinientos años antes de Jesucristo, o sea dos mil antes de que fuese admitida por Galileo, Copérnico, Descartes, Swedenborg, y hoy por sir W. Thomson, como un lejano eco de la doctrina tradicional que se evidenció a sus mentes intuitivas sin necesidad de estudios al uso. La doctrina de la rotación terrestre era enseñada, repetimos, en el Adyta de los templos por hombres como Hicetas el pitagórico, por su discípulo Ecphantus y por Heráclides, discípulo de Platón. La inmovilidad del Sol y la traslación de la Tierra fueron demostradas por Aristarco de Samos en 281 antes de nuestra Era, y por Seleuco de Seleucida a orillas del Tigris. Aristóteles, en su obra De Coelo (n, XIV), habló de la esférica forma de la Tierra demostrada por su sombra en los eclipses de Luna, idea defendida asimismo por Plinio (Historia Natural, 11, 65). Semejantes opiniones sabias yacieron perdidas, pues, durante más de un millar de años (Vinchell, World Life, Pág. 551).

Estas admirables enseñanzas relativas a la génesis de los mundos merecieron la más despectiva sonrisa por parte de los hombres de ciencia europeos. Hoy, sin embargo, ya aseveran con sir Norman Lockyer, que "el crecimiento de una estrella comienza por una nebulosa (centro laya, que dice La Doctrina Secreta), que actualmente se va condensando hasta tornarse una estrella luminosa por sí misma; pasa después a condiciones en que sólo puede reflejar la luz que le llega de otros astros, hasta que al fin se torna en un cuerpo obscuro, invisible, siendo el estado final de su existencia cósmica la desintegración por la acción lenta de las fuerzas naturales o por el encuentro con otros cuerpos de los cielos. Estos encuentros pueden hacerse esperar a veces hasta miles y millones de años, y la estrella opaca puede ser arrastrada en una órbita cometaria a través de millares de constelaciones antes de que el encuentro o choque se verifique; pero estas enormes cifras no tienen importancia, porque el billón o el trillón son las ínfimas unidades aritméticas de la eternidad (según también enseña La Doctrina Secreta). Pronto o tarde, el encuentro se realiza; el choque transforma en vapor los dos cuerpos, en vapor combinado con fragmentos me teóricos, o en otras palabras, pasa a ser una verdadera nebulosa, matriz de mundos futuros. Así, la estrella opaca, el astro obscuro, última etapa de una serie de transformaciones cósmicas, tórnase en el punto de partida de un nuevo mundo...

Llegados a estos divinos panoramas de la ciencia de los astros, la tentación de seguir hablando de los misterios de los cometas nos resultaría invencible si no fuese porque, como proyectamos, ella merece un libro aparte, efectivo ensayo de una celeste biología. Lo antedicho basta y sobra, por otra parte, para dejar demostrado algo relativo a las inmensas posibilidades del método analógico o teosófico que, bien a su pesar, cada vez es más seguido por la ciencia de nuestros días.

 ¿Lo dudáis, lectores? Pues permitidnos parafrasear el párrafo antes trascrito de la Maestra, cambiando la palabra "astro" por la palabra "hombre", del modo que hace con las palabras "punto", "recta" y "plano" la Geometría archianalógica de Mr. Charles, o sea la denominada Geometría de posición, por Rouché y Comberouse. ¿Cabe hallar entonces página más bella que dicha página poético-analógicacometaria, relativa a ese desdichado cometa o "peregrino" que se llama adolescente? Leed la paráfrasis, y asombraos de lo divino de la clave de Hermes Trimegisto: "Esparcidos o repartidos sin aparente orden ni concierto -decimos-, los adolescentes surgidos a la vida del seno de sus respectivas familias, bogan y vagan como estos gérmenes, "semillas" o "cometas" de familias futuras, en un batallar perpetuo, por los ámbitos de la vida. Los hombres ya formados, en cambio, verdaderos soles del firmamento social que ya han logrado establecer sobre más firmes bases sus vidas, atraen o repelen a los hombres nuevos que vagabundean cometariamente "o de" flor en flor y de espina en espina". Muchos, ¡ay!, de estos pobres y humanos cometas perecen tristemente absorbidos por esos "soles" más fuertes, perdiendo su prístina iniciativa; es decir, girando ya desde entonces en la cerrada órbita decretada por ellos, o también, como dice la conocida fábula, cayendo en unos o en otros vicios, de tal modo que:

"Así, si bien se examina,

los humanos corazones

perecen en las prisiones

del vicio que les domina".

No hay que dudarlo, no. Cada uno de los dichos infantiles cometas humanos comienza su existencia social en las condiciones más hostiles. Día tras día les cumple la hercúlea tarea de conquistarse un puesto propio en el mundo. Para lograrlo, vense obligados a circular entre cuantos, por haberle antecedido en la vida, parecen ya más firmes y consolidados. Cual navío que surca por entre innúmeros abismos y arrecifes, van procurando salvarse de ser absorbido o retenidos en esclavitud por aquellos que, sucesivamente, van atrayéndole o repeliéndole. Así, no es de extrañar el que, antes de trascender a esa edad, no en vano denominada "la Edad de los Cristos", muchos de aquellos humanos cometas perezcan moral y aun físicamente, como término final de la ya cerrada órbita de subordinación "o elipse que han acabado por describir en tomo del sol esclavizador" respectivo, mientras que aquellos "hombres-cometas", más fuertes y templados por la terrible lucha, no obstante estar influenciados también poderosamente en su prístina trayectoria rectilínea, logran escapar a la destrucción o esclavitud que les. amenaza y huyen, al fin, por el arco de salida o de liberación "de sus hipérbolas o parábolas respectivas"...

¿A qué, pues, seguir ponderando los gallardos triunfos logrables por el método analógico-teosófico sobre el cretino y feo método meramente positivista? El cristal que depositamos en el seno de una solución dimorfa y que hace cristalizar a su vez en su forma propia y no en la otra forma de su dimorfismo a la masa entera disuelta, no es sino un vagabundo, "un cometa". El vil ano floral arrebatado por los vientos del seno antes maternal y ya seco o muerto de la flor de la que naciera, no es sino un "cometa", un "peregrino", expuesto a definitiva destrucción si antes no toma carne en la "epidermis" de la Madre-Tierra, muriendo como cometa "para renacer como un vegetal" nuevo y resucitado, idéntico al que le diera "origen y que, "orgulloso", permítasenos la palabra, le viera volar gallardo antes y alejarse en demanda de otras tierras que a él le estuvieron vedadas desde aquel momento mismo, ya lejano, en que él también tomó tierra a su vez como voladora semilla de otro abuelo vegetal inmóvil...

Asimismo el espermatozoide animal no es sino un cometa, obligado fatalmente a morir, ora fecundando, ora sin fecundar previamente, a un óvulo de su propia especie. Por su parte, también los hombres o pueblos que dejaron el hogar patrio, tales como los heteos, los griegos antiguos, los bárbaros del medioevo, o, en fin, como los puritanos y tantos otros pueblos modernos, trasplantando sus lares a otras tierras más próvidas y fecundas, cometas humanos han sido, en fin, cometas sobre los que, al triunfar en sus éxodos, han cifrado siempre sus destinos históricos más augustos... y hay así hombres-cometas e ideas-cometas y sentimientos-cometas..., y la Humanidad entera, a lo largo de sus yugas archimilenarias, no es sino un grandísimo cometa de cometas, a quien por la misma Biblia mosaica se le ha dicho: "¡Peregrino serás en tierra extraña!", y a quien la leyenda universal ha presentado como prototipo del viejo mito del judío Errante; hombre, astro, germen, pueblo, sentimiento o idea, oyendo resonar eternamente en su oído esas divinas palabras cometarias que dicen:

"-¡Anda, anda, anda!..." Es decir: ¡Sigue inflexible y remonta tu cometario camino, de vida en vida y de mundo en mundo, hasta retornar triunfante al mismo Seno Insondable y Abstracto de donde has venido!...

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