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El León y la Ley

Imagen: León. Foto tomada por Francisco Ismael Moreno Luna.

En los actuales tiempos de decadencia de los valores de la humanidad, es frecuente ver en nuestra sociedad situaciones que a todas luces nos resultan injustas, personas crueles, malvadas con buena posición social o económica, haciendo sufrir a los demás; gobernantes que por un lado dicen amar a la gente y al pueblo, y por otro lado les roba sus escasos recursos sumiéndolos en el dolor y desesperación.

Todo lo anterior nos hace cuestionarnos si en realidad existe una ley divina y de existir, ¿por qué permite todo lo anterior y otras tantas cosas? La reacción más común debido a nuestra ignorancia es cometer el error de protestar contra la divinidad por el sufrimiento que entre nosotros nos causamos.

Es definitivo que el tener nuestra conciencia dormida nos impide conocer, por ejemplo, la realidad de nuestras vidas pasadas y la manera como trabaja la Ley, dando o quitando a cada quien lo que le corresponde, cuando le corresponde y siguiendo el precepto: “Haz lo que quieras, esa es la única Ley, más recuerda que de todos tus actos tendrás que dar cuenta”.

¿Y por qué es de esta manera? ¿Por qué es imposible escapar de la Ley Divina, a diferencia de las leyes de nuestro mundo?

Se debe a que algunas de las muchas partes de nuestro Ser íntimo o espíritu divino se encuentran relacionadas con la justicia misma y están en nuestro interior, no podríamos escapar jamás de ella.

En los mundos internos o dimensiones superiores, la ley es representada por el León y el león de la Ley se aproxima para dar a la humanidad actual su justo castigo, pero de igual manera tenemos en nuestro interior a un León de la justicia, la ley Divina aquí y ahora, en cada uno de nosotros, que premia a aquél que en esta o en vidas pasadas realizaron actos de bondad, aunque ahora seamos crueles, ya que la Ley es justa y paga todo lo que debe, no se queda con nada; y también quita a todos aquellos que hemos cometido actos de crueldad en esta o vidas pasadas, aunque ahora podamos ser mansos y bondadosos. Cosechamos aquello que sembramos. La injusticia cae sobre el que la origina, así es la Ley.

Asimismo, en nuestro interior tenemos una parte del ser llamada Metratón, relacionada con nuestro hombro derecho, encargado de anotar en el libro de la Ley, nuestras buenas acciones. Y tenemos un Sondalfón interno, relacionado con nuestro hombro izquierdo, quien se encarga de anotar nuestras malas acciones. Todo se anota, nada se olvida ni se omite.

Tal como existe el maestro Anubis, bien conocido en la antigua cultura egipcia como el Dios regente de la Ley, tenemos también un Anubis interno quien nos aplica también la ley Divina, como consecuencia de nuestras buenas y malas acciones.

Existe el policía del Karma dentro de nosotros mismos, dentro de nuestra Conciencia, él nos conduce ante los tribunales de la Ley cuando violamos la Ley, es por todo ello que se vuelve imposible escapar de la ley y de la consecuencia de nuestros actos de pasadas y presente vida.

Cada una de estas partes es autónoma, individual y autoconsciente.

Pero debemos recordar que al León de la Ley se le puede y hasta debe combatir con la balanza. Esto significa que en un platillo de la balanza cósmica son puestas muestras buenas obras y en el otro, las malas. Y si nos dedicamos a hacer buenas obras, por amor a nuestros semejantes, serán tomadas en cuenta para cancelar con ellas las consecuencias negativas de nuestras malas acciones y por lo tanto, el castigo que estas habían generado podría ser perdonado. De esta manera saldamos mucho del sufrimiento del presente o del futuro. Hacer buenas obras por montón, son la mejor forma de negociar con la Ley divina.

Es interesante saber también, que aun cuando el poder del León de la Ley sobre nuestro destino sea absoluto y respetado aún por los seres superiores, hay una parte dentro de nuestro mismo Ser que es superior al mismo y esta es el amor.

Pero nos referimos aquí al amor tan puro y sincero, como aquel de entregar hasta la última gota de sangre por el ser amado. Sin embargo, para encarnar en nosotros esa fuerza del amor que puede perdonar nuestros errores y liberarnos del León de la Ley, debemos ser honestos y darnos cuenta que actualmente vivimos en el reino del odio, por tener dentro de nosotros los defectos psicológicos del egoísmo, de la envidia, del resentimiento, de los celos, de la ira y de la venganza, entre otros.

Estamos llenos de resentimientos, vamos acumulando las “cuentas” de lo que otros nos deben, de lo que hicimos por otros y de lo mal que nos han pagado, de lo ingratos que otros han sido con nosotros, del insulto que nos lanzaron hace 10, 20, 30 años.

Vamos destilando odio cada día y si bien por fuera aparentamos calma y hasta perdón, por dentro, en nuestra mente, cometemos los peores crímenes contra los perversos que nos han hecho sufrir o que simplemente no nos cedieron el paso en un cruce de camino. Todo esto es una verdadera tragedia pues construimos para nosotros mismos y para nuestros semejantes un infierno en vida.

Es por lo tanto inaplazable e impostergable empezar a estudiar, comprender y eliminar cada uno de esos defectos que nos impiden amar, que nos impiden perdonar sinceramente a nuestros semejantes. Y es que perdonar mecánicamente, “de dientes para afuera”, no tiene ningún sentido ni tiene ningún valor. Mientras sigan existiendo ese sentimiento de revancha, amar sinceramente se vuelve imposible y quedamos llenos de odio. El que odia, está muy cerca de la maldición (de la justicia, de la ley, del Karma).

Cuando estamos bajo el castigo del León de la Ley, nos puede parecer “mala”, sin embargo, debemos recordar que el Karma es una medicina para el alma que se nos plica por amor, para detener el avance de la maldad en nosotros, aun cuando sea con dolor. Tal es la misión de esas partes de nuestro Ser.

Al trabajar sobre todos estos defectos nos empezamos a situar en el reino del Amor, y cuando nos volvemos dueños absolutos de todos nuestros procesos psicológicos nos mantenemos estables en el reino de Eso que se llama Amor. Solo podemos ser perdonados cuando eliminamos de nuestro interior la posibilidad de odiar.

Bibliografía: El Pistis Sophia develado. Conferencia: Iluminación Total e Iluminación Parcial. Conferencia: Los Tres Factores de la Revolución de la Consciencia. Conferencia: El Misterio de la Integración del Ser.

Enviado por instructor: Rubén Soto Orozco.

Imagen: León. Foto tomada por Francisco Ismael Moreno Luna.

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