CAPITULO XX.-
TIPHARETH, EL SEXTO SEPHIRAH
TÍTULO: Tiphareth, la Belleza.
(Hebreo: Tau, Pe, Aleph, Resh, Tau).
IMAGEN MÁGICA: Un Rey
majestuoso. Un niño. Un dios sacrificado.
POSICIÓN EN EL ÁRBOL: En el
centro del Pilar del Equilibrio.
TEXTO YETSIRÁTICO: El Sexto
Sendero es llamado "La Inteligencia Mediadora" porque en ella están
multiplicadas las influencias de las emanaciones y hace que esas influencias se
expandan en los canales de todas las bendiciones, a los cuales ellas están
unidas por esencia.
TÍTULOS DADOS A TIPHARETH:
Zoar, Anpin, el Rostro Menor. Melekh, el Rey. Adam, el Hijo. El Hombre.
NOMBRE DIVINO: El Tetragramma.
Aloath Va Daath.
ARCÁNGEL: Raphael.
ORDEN ANGÉLICO: Malachim,
Reyes.
CHAKRA MUNDANO: Shemesh, el
Sol.
EXPERIENCIA ESPIRITUAL: Visión
de la armonía de las cosas. Misterios de la Crucifixión
VIRTUD: Consagración a la Gran
Obra.
VICIO: Orgullo.
CORRESPONDENCIA EN EL
MICROCOSMOS: El pecho.
SÍMBOLOS: El Lamen. La Rosa
Cruz. La Cruz del Calvario. La Pirámide truncada. El cubo.
CARTAS DEL TAROT: Los seis.
Seis de Bastos: Victoria.
Seis de Copas: Alegría
Seis de Espadas: Éxito
merecido
Seis de Oros: Éxito material.
COLOR EN ATZILUTH: Rosa claro.
BRIAH: Amarillo
YETZIRAH: Rosa salmón.
ASSIAH: Oro ambarino.
I
Hay tres claves importantes
que corresponden a la naturaleza de Tiphareth. Primero es el Centro del
Equilibrio del Árbol por su posición en el medio del Pilar Central. En segundo
lugar, es Kether sobre un arco inferior, y Yesod sobre un arco superior.
Tercero, es el punto de transmutación entre los planos de la fuerza y los de la
forma. los títulos que se le dan en la nomenclatura cabalística, confirman esto.
Desde el punto de vista de Kether, es un niño; desde el punto de vista de
Malkuth, un Rey, y desde el de la transmutación de las fuerzas, es un dios que
se sacrifica.
Visto en término de
Macrocosmos, es decir, visto desde Kether, Tiphareth es el punto de equilibrio
entre Kjesed y Gueburah; en términos de Macrocosmos, o sea de la psicología
trascendental, es el punto donde se encuentran los tipos de conciencia
característicos de Kether y de Yesod. Hod y Netzach encuentran igualmente su
síntesis en Tiphareth
Los Seis Sephiroth, cuyo
centro lo constituye Tiphareth, a veces son llamados Adam Kadmon, el Hombre
Arquetípico. En efecto, Thiphareth no puede ser comprendido sino como punto
central de los otros seis, donde gobierna como un rey en su reinado. Para todo
fin práctico, estas seis Esferas son las que constituyen el reino arquetípico
que se extiende tras el reino de las formas concretadas en Malkuth, el cual
domina y determina totalmente la pasividad de la materia.
Considerando la relación de un
Sephirah con sus vecinos, a fin de poderlo interpretar con la ayuda de su
posición en el Árbol, no es posible proceder a una exposición sistemática y
ordenada del sistema cabalístico, porque debemos comenzar necesariamente por
explicaciones preliminares, si queremos ser claros. Por tanto, nos es necesario
expresar brevemente la naturaleza de los tres Sephiroth inferiores agrupados por
debajo de Tiphareth, a saber: Netzach, Hod y Yesod.
Netzach está en relación con
las fuerzas de la Naturaleza y con el contacto de los elementos. Hod, con la
magia ceremonial y el saber oculto. Yesod, con el psiquismo y el doble etérico.
Tiphareth, por su parte, asistido por Quedulah y Gueburah, representa la
clarividencia o el psiquismo más elevado del individuo. Cada Sephirah, por
supuesto, tiene sus aspectos objetivos y subjetivos, su factor en psicología y
su plan en el universo.
Los cuatro Sephiroth que se
hallan debajo de Tiphareth (Netzach, Hod, Yesod, Malkuth) representan la
personalidad o el yo inferior; los cuatro Sephiroth que están colocados sobre
este Sexto Sephirah (Gueburah, Kjesed, Kjokmah, Binah) representan la
individualidad o Yo Superior, siendo Kether la Chispa Divina, el punto central
mismo de la manifestación.
De consiguiente, Thiphareth no
debe ser examinado jamás como factor aislado, sino como lazo de unión, como
centro de transmisión o transmutación. El Pilar CentraI concierne siempre a la
conciencia; los dos Pilares laterales, a los diversos modos de operación de la
fuerza sobre todos los diferentes niveles. '
En Tiphareth hallamos los
conceptos arquetípicos que se cristalizan y se convierten en ideas arquetípicas.
En efecto es el punto de la encarnación, y por esta razón es llamado el Niño. Y
porque la encarnación del divino ideal implica el sacrificio de la
desencarnación, los Misterios de la Crucifixión son asignados al Sexto Sephirah,
y todos los dioses sacrificados encuentran en él su justo lugar, cuando el Árbol
es comparado a los Panteones — Dios Padre, es asignado a Kether; Dios Hijo, a
Tiphareth, por la razón que acabamos de indicar.
La religión exotérica,
ascendiendo por el Árbol, Jamás sobrepasa la Esfera de Tiphareth. No tiene
ninguna percepción adecuada de los Misterios de la Creación, tales como son
evocados por el simbolismo de Kether, Kjokmah y Binah, ni modos de acción del
Arcángel luminoso y del sombrío, representados por Guedulah y Gueburah; menos
aun percibe los Misterios de la conciencia y de la transmutación de fuerza
representados por Daath, el Sephirah invisible, para el cual no existe un
símbolo.
Dios se manifiesta en
Thiphareth por la forma, y habita entre nosotros; es decir, ÉL es percibido por
la conciencia del hombre. Tiphareth, el Hijo, nos evoca al Padre, Kether.
Para que la forma pueda
estabilizarse, las fuerzas opuestas cuyo resultado es la forma, deben llegar a
su punto de equilibrio. De esta manera, encontramos que la idea de un Mediador o
de un Redentor es inherente a este Sephirah. Cuando la Divinidad se manifiesta
en la forma ésta debe estar perfectamente equilibrada También se podría invertir
correctamente la proposición y decir: cuando las fuerzas de donde resulta la
forma están en perfecto equilibrio, la Divinidad se manifiesta en la forma,
según su tipo. Dios se manifiesta entre nosotros cuando las condiciones se lo
permiten.
Cuando se manifiesta en los
planos de la forma bajo el aspecto infantil de Tiphareth, el dios encarnado
deviene hombre, y es entonces un dios Redentor. En otros términos' habiendo
obtenido la encarnación por medio de una materia virgen (María, Marah, la Madre
Superior por oposición a Malkuth, que es la Madre Inferior). La manifestación
Divina que se desarrolla hace un perpetuo esfuerzo para conducir a un equilibrio
estable el Reino de los seis Sephiroth que forman el Centro del Árbol.
Cuando el mito de la Caída se
presenta en el árbol de la Vida es interesante hacer notar que las cabezas de la
Serpiente del Abismo que se eleva fuera del caos conciernen sólo a Tiphareth, al
cual ellas no pueden sobrepasar.
El Redentor, pues, se halla
manifestado en Tiphareth. y hace un esfuerzo incesante a fin de salvar Su Reino,
reuniéndolo a los Sephiroth Superiores que están sobre la sima causada por la
Caída. sima que separa los Inferiores de los otros, y estableciendo el
equilibrio entre diferentes fuerzas del Reino dividido en seis Esferas.
Por esta razón los dioses
encarnados se sacrifican, mueren por el pueblo, a fin de que la inmensa fuerza
generada por este acto compense la fuerza caótica del Reino y por ello se salve
es decir, que renazca el equilibrio.
Esta Esfera particular del
árbol es llamada el Centro de Cristo, y es aquí donde la religión cristiana
tiene su centro. Las religiones panteístas como la de los Egipcios y de los
Griegos tienen su centro en Yesod; las metafísicas. como la de Confucio y Buda
lo tienen en Kether. Pero como todas las religiones dignas de este nombre tienen
un aspecto esotérico o místico, y otro exotérico o panteísta, el Cristianismo,
aunque su creencia pertenezca esencialmente a Tiphareth, tiene también un
aspecto místico, proviene de Kether y un aspecto mágico—como lo muestra el
catolicismo popular—que halla su centro en Yesod. En cuanto a su aspecto
evangélico, se concentra en Tiphareth, reverenciado como el Niño y como Dios
Sacrificado. Ignora, sí, el aspecto del Rey en el centro de Su Reino, rodeado
por los cinco Sephiroth de la manifestación.
Hasta este momento hemos
examinado el Árbol de la vida desde el punto de vista del macrocosmos,
considerando los diversos arquetipos de la fuerza que, manifestándose,
constituyen el Universo. Apenas hemos abordado el punto de vista del
microcosmos, que considera el aspecto psicológico de los arquetipos como
factores de conciencia. Con Tiphareth es menester cambiar de rumbo, porque las
fuerzas arquetípicas, en adelante, serán encerradas en las formas, y no podrán
ya ser estudiadas más que por sus efectos en nuestra conciencia; en otras
palabras, nuestro esfuerzo debe pasar por la experiencia directa de los
sentidos, aunque ellos no pertenezcan exclusivamente al plano psíquico, porque
funcionan en Tiphareth y Yesod a la vez, cada una conforme a su tipo. Cuando
estábamos en los niveles superiores, teníamos el recurso de la analogía
metafísica, y razonábamos por deducción, partiendo de principios originales;
pero ahora estamos en el campo de la ciencia inductiva, debiendo someternos a
sus leyes y expresar en su propio lenguaje aquello que podamos descubrir. Pero,
al mismo tiempo, debemos mantener nuestro lazo de unión a través de Thiphareth
con los pensamientos trascendentales a los que se llega expresando el simbolismo
del Sexto Sephirah en términos de experiencia mística. Toda experiencia mística
donde la visión concluya por una luz enceguecedora, es asignada a Tiphareth,
porque la desaparición de la forma en el irresistible aflujo de la fuerza es
característica del mundo de conciencia transitoria de este Sephirah. Las
visiones que mantienen de manera constante una forma claramente definida son
características de Yesod; y las iluminaciones sin forma alguna como las que
describe Plotino, conciernen más bien a Kether.
En Tiphareth se reúnen e
interpretan las operaciones de magia natural de Netzach, y de magia hermética de
Hod. Todas estas operaciones tienen una forma más predominante en la Esfera de
Hod que en la de Netzach. Las visiones astrales de Yesod deben también ser
traducidas en términos de metafísica, merced a las experiencias místicas de
Tiphareth. Si esta traducción no tiene lugar, la alucinación se produce, porque
entonces creemos que' los reflejos proyectados en el espejo de nuestra
subconsciencia y traducidos en ella en términos de conciencia cerebral son cosas
en sí, cuando en verdad no son más que representaciones simbólicas.
Kether es metafísico; Yesod
psíquico, y Tiphareth es esencial mente místico comprendiéndose por misticismo
un estado mental en el que la conciencia cesa de expresarse en representaciones
simbólicas subconscientes, para aprehender su objeto por medio de emociones
intuitivas.
Los diferentes títulos
adicionales asignados a cada Sephirah y sus Nombres Divinos en particular nos
dan una clave importante para comprender los misterios de la Biblia, libro
cabalístico de primera clase. Según la manera que este libro se refiera a la
Deidad, sabemos a qué esfera del Árbol debe ser asignado su modo particular de
manifestación. Toda alusión al Hijo se relaciona siempre a Tiphareth, toda
alusión al Padre se vincula a Kether y todas las que se hacen al Espíritu Santo
están relacionadas a Yesod. Aquí se hallan ocultos profundos misterios, porque
el Espíritu Santo es el aspecto de la Divinidad adorado por las logias ocultas.
El culto panteísta de las fuerzas naturales y de las operaciones sobre los
elementos se coloca bajo la invocación de Dios Padre; y el aspecto ético
regenerador de la religión, su aspecto exotérico en nuestra época se efectúa en
la invocación del Dios Hijo, en Tiphareth.
Sin embargo, el Iniciado va
más allá de su época y procure reunir sus tres modos de adoración rindiendo
culto a la Divinidad como Trinidad unitaria; compensando al hijo de la bajeza
del culto panteísta hace que el Padre trascendente sea accesible a la conciencia
humana porque ”los que me han visto vieron al Padre".
Tiphareth, no obstante no es
sólo el centro del Dios Sacrificado, sino el centro del Dios Embriagado Aquel
que concede la Iluminación. Dionisio participa de este centro, como asimismo
Osiris, porque como ya lo hemos visto el Pilar Central es el Pilar de los
estados de conciencia; y la conciencia humana, elevándose de Yesod por el
Sendero de la Flecha, recibe la Iluminación en Tiphareth, siendo la razón por la
cual todos aquellos que en los diversos Panteones dispensan la Iluminación, son
asignados a Tiphareth.
La Iluminación es la
aspiración en el espíritu de un estado de conciencia más elevado que el que
resulta de la experiencia sensible; y es por ella que, por así decir, el
espíritu cambia de aire. A menos que este nuevo modo de conciencia no esté
vinculado con el pasado y se exprese en términos de pensamiento concreto, es un
simple relámpago tan brillante que enceguece. No vemos por medio del rayo de luz
que desciende a nosotros, sino por el reflejo que proyecta sobre los objetos de
tres dimensiones que nos son conocidos. A menos que en nuestro espíritu no haya
más que las ideas que puede iluminar ese modo más elevado de conciencia,
estaremos simplemente aturdidos, y la obscuridad en nosotros es más profunda de
lo que era antes de su pasaje. En efecto, no cambiamos precisamente de aire,
sino proyectamos nuestro espíritu más allá de todo aire conocido. Es en esto que
consiste el fenómeno que se llama Iluminación. Por breve que sea baste un
relámpago para convencernos de la realidad de una existencia hiperfísica, pero
no para enseñarnos algo con respecto a ella.
La importancia del estadio de
Thiphareth en la experiencia mística consiste en el hecho de que la Encarnación
del Niño se produce ahí; dicho de otra manera, la experiencia mística engendra
poco a poco un conjunto de ideas e imágenes que se convierten en
resplandecientes y visibles, cuando la Iluminación se efectúa.
Este aspecto infantil de
Tiphareth es asimismo de una gran importancia para nosotros en el trabajo
práctico de los misterios relativos a la Iluminación. Porque debemos aceptar el
hecho de que el Niño Cristo no surge en nosotros como Minerva, armada de pies a
cabeza, fuera del frente del Padre de los Dioses; él comienza por ser algo muy
débil, extendido humildemente entre los animales, sin ni siquiera ser admitido
en la sala donde respire el común de los hombres. Los primeros rayos de la
experiencia mística deben ser forzosamente limitados, porque no hemos tenido
tiempo para formar un cuerpo de ideas y de imágenes en los cuales esos rayos
podrían resplandecer. Es necesario mucho tiempo para formar un cuerpo semejante,
produciendo su efecto cada experiencia trascendental, efecto que organiza la
meditación subsiguiente.
Frecuentemente los místicos
cometen el error de creer que la Estrella los conduce al lugar del Sermón de la
Montaña y no al Establo de Belén donde tuvo lugar el nacimiento. Es entonces
cuando el Árbol de la Vida es tan útil; permite a lo trascendental expresarse
por un simbolismo y, en seguida, a éste ser traducido en términos de metafísica;
de esta manera, une lo espiritual a lo psíquico, pasando por la inteligencia, y
con un fuego central ilumina estos tres aspectos de nuestra conciencia trina.
Es en Tiphareth donde se
produce esta operación, porque en este Sephirah son recibidas las experiencias
místicas de conciencia directa que iluminan los símbolos psíquicos.
II
El Pilar Central del Árbol de
la Vida es esencialmente el Pilar de la Conciencia, lo mismo que los Pilares
laterales son los poderes activos y pasivos. Examinándolo desde el punto de
vista del microcosmos, es decir, de la psicología y no de la cosmogonía, Kether,
la Chispa Divina, en torno al cual se organiza el ser individualizado, debe ser
considerado como el punto central mismo de la conciencia . Daath , el Sephirah
invisible, se halla también en el Pilar del medio, aunque, en verdad, pertenece
a un plan diferente al del Árbol de la Vida. Cuando, por ejemplo, examinamos a
este último microcósmicamente, Daath vendría a ser su punto de contacto con el
mocrocosmos. Es sólo con Tiphareth que alcanzamos la conciencia netamente
definida, individualizada.
Tiphareth es el punto
funcional de la segunda Tríada del Árbol, cuyos dos ángulos básicos consisten en
Gueburah y Guedulah (o Kjesed). Esta Segunda Tríada, emanada de la primera
formada por los tres Sephiroth Superiores, forma la individualidad evolutiva, o
alma espiritual. Es ella la que perdura y se repite a través de una evolución;
es de ella que emanan las personalidades sucesivas, o encarnaciones; es ella
quien almacena la esencia activa de la experiencia, al fin de cada encarnación,
cuando la unidad encarnada vuelve al polvo, al éter.
Esta segunda Tríada es la que
forma el Alma Superior, el Yo Superior, el Santo Ángel Guardián, el Primer
Iniciador. Es la voz del Yo Superior que percibe el oído interior y no la voz de
los desencarnados ni de Dios, como imaginan los que ignoran la verdadera
Tradición.
Guiada por la Segunda Triada,
la Tercera construye con los materiales que le ofrece la experiencia de la
encarnación, con Malkuth como vehículo físico. La conciencia cerebral pertenece
a Malkuth, y es la única de que dispondremos mientras estemos aprisionados por
su vehículos. Pero las puertas de Malkuth no permanecen rigurosamente cerradas,
y en la actualidad son muchos los que pueden entrever la fantasmagoría del plan
astral y experimentar la conciencia psíquica de Yesod. Cuando se la logra
libremente, se abre la ruta hacia un psiquismo más elevado, la clarividencia
auténtica, que constituye la heredad de la conciencia de Tiphareth.
De consiguiente, nuestra
primera experiencia de psiquismo superior, en general, se realiza para comenzar,
en términos de psiquismo inferior, porque recién entonces nos hemos librado
apenas de Malkuth y comenzamos a mirar hacia el Sol de Tiphareth, desde la
Esfera lunar de Yesod. Escuchamos voces en el oído interior y vemos visiones con
la vista interior, pero todas ellas difieren de la conciencia psíquica
ordinaria, en el hecho de que no son las representaciones directas de formas
astrales, sino los signos simbólicos de hechos espirituales expresados en
términos de conciencia astral. Esto es una función normal del subconsciente, y
es de capital importancia comprenderlo debidamente, porque los equívocos a este
respecto producen graves problemas, y pueden hasta desorganizar el equilibrio
mental.
Los que están familiarizados
con la terminología cabalística saben que la primera Gran Iniciación nos da el
poder de conversar con nuestro Santo Ángel Guardián y participar de su saber; y
es bueno recordar que este Santo Ángel Guardián no es otro que nuestro Yo
Superior. La característica de este modo de mentalidad elevada es que no se
producen voces ni visiones, porque es conciencia pura, y una percepción más
intensa; de esta actividad del espíritu resulta un poder particular de
penetración que es de la naturaleza de la intuición más elevada. La conciencia
superior jamás es psíquica, sino permanentemente intuitiva, y no contiene imagen
sensible alguna. Es esta ausencia de imágenes lo que advierte al verdadero
Iniciado que ha alcanzado el nivel del Ego.
Los antiguos sabían bien lo
que acabamos de expresar, y distinguían cuidadosamente los métodos mánticos que
ponen en contacto con los mundos de abajo, con los mundos de la ebriedad divina
conferida por los Misterios. Las Bacantes que danzan en memoria de Dionisio eran
de un orden de iniciación completamente diferente de las Pitonisas, las cuales
eran médium, esto es, psíquicas. Las Bacantes iniciadas en los Misterios
Dionisíacos poseían una exaltación de conciencia, una superabundancia de
vitalidad, que les permitía realizar sorprendentes proezas de fuerza.
Todas las religiones dinámicas
poseen este aspecto dionisíaco. Aun en la cristiana, muchos santos han tenido la
experiencia del Divino Crucificado que adoraban, yendo hacia ellos como el
Divino Esposo. Cuando hablan de esta ebriedad divina las metáforas del amor
humano vienen instintivamente a sus labios. "¡Que adorable eres, oh esposo mío"
"Aturdido por los besos de sus labios divinos.... Estas palabras dicen mucho
para quienes sabe comprenderlas.
El aspecto dionisíaco de la
religión representa un factor esencial de la psicología humana; por una parte,
es la incomprensión de este factor lo que nos cierra el portal de las
experiencias espirituales sublimes en nuestra civilización actual, y permite,
por otra parte, esas extrañas aberraciones del sentimiento religioso, que, de
tiempo en tiempo, producen un escándalo más o menos lamentable, en vez de
movimientos inspirados de religiones más dinámicas.
Hay una cierta concentración
emocional exaltada que hace posible las fases elevadas de la conciencia, y sin
esa concentración no es posible alcanzarlas. Las imágenes del plano astral se
transforman en intensidad de emoción parecida a una llama y, cuando la
naturaleza grosera ha sido totalmente consumida, a menudo nos hallamos
calentados por el color de la conciencia pura. A causa de la naturaleza misma
del espíritu humano que tiene el cerebro por instrumento, esta llama blanca no
puede durar; pero, durante su breve existencia, el temperamento se transforma,
el espíritu recibe nuevos conceptos y una especie de amplitud que no se disipa
jamás del todo. Esta extraordinaria exaltación de conciencia se retira, pero la
expansión de la personalidad llega a ser permanente, como asimismo una capacidad
más elevada de vida y un poder de realización de las verdades espirituales que
jamás podría haber sido nuestro, si no hubiésemos franqueado violentamente el
abismo que nos separa de él, en el gran vuelo del éxtasis.
Los que en la actualidad nos
dirigen espiritualmente, no tienen idea de los métodos por los cuales se logra
de modo deliberado el estado de éxtasis, y tampoco se saben servir de éste
cuando se produce espontáneamente. los oradores de ciertas sectas, por su
magnetismo instintivo, logran producir algo parecido al éxtasis en un auditorio
no preparado, y los menos recomendables de entre ellos son juzgados según su
poder de embriagar de esa manera su público. Pero las consecuencias de esa
embriaguez es la de toda ebriedad: cuando se ha esfumado y el orador lleva
consigo a otras partes sus discursos, la vida parece sombría, sin contenido ni
alegrías. Y al esfumarse así su ebriedad, el convertido piensa haber perdido a
Dios; nadie parece darse cuenta de que el éxtasis es un relámpago de magnesio en
la conciencia ordinaria que, si se prolongase, arruinaría el cerebro y el
sistema nervioso. Sin embargo, aunque no deba perseguirse, cuando el éxtasis es
verdadero, atravesamos el punto muerto de nuestra conciencia y despertamos a
otra vida.
La técnica del Árbol de la
Vida da una definición muy exacta de sus experiencias especiales. Merced a ella,
los que son expertos no toman el vuelo de su conciencia. superior por la voz de
Dios. De la conciencia sensorial de Malkuth, pasando por el psiquismo astral de
Yesod, ellos ascienden a la intuición sin imágenes, a la conciencia sutil de
Tipharet, para descender de inmediato, suavemente, sabiendo lo que hacen. Ellos
no confunden los planos y tampoco les permiten mezclarse, sino juzgan a todos
desde el centro de una conciencia centralizada.
III
Los cabalistas llaman a
Tiphareth, Shemesh o la Esfera del Sol, y a este respecto es interesante hacer
notar que todos los dioses solares son dioses salvadores y todos los dioses
salvadores son solares, cosa que merece ser meditada.
El Sol es el punto central de
nuestra existencia, y sin él no existiría el sistema solar. La luz del Sol
desempeña un papel capital en el metabolismo, o sea el proceso vital de los
seres vivientes; toda la nutrición de las plantas verdes depende de él. Su
influencia está íntimamente ligada a la de las vitaminas, y es un hecho probado
que éstas, en ciertos casos, pueden suplir su acción. Por ello vemos que la luz
solar es un factor esencial de nuestro bienestar; y yendo más lejos, podríamos
afirmar que es necesaria para nuestra misma existencia; nuestra relación con el
Sol es mucho más íntima de lo que podamos imaginar.
En el reino mineral, el
símbolo del Sol es el oro, precioso y puro; todas las naciones lo han
reconocido, nombrándolo el metal del Sol, viendo en él el más precioso de los
metales y convirtiéndolo en la base única de los cambios monetarios. El papel
desempeñado por el oro en la política de los pueblos sobrepasa en mucho su
utilidad intrínseca como metal. Es la sola substancia terrestre que, en grado
máximo, es incorruptible, porque podrá estar completamente cubierta en su
superficie por impurezas, pero metal en sí, diferentemente de la plata y el
hierro, no sufre ninguna alteración química, ni descomposición alguna; podríamos
agregar que tampoco el agua lo corroe.
El Sol es Aquel que nos da la
vida, y la fuente misma del ser; es el único símbolo adecuado para Dios Padre
que puede ser llamado justamente Sol tras el Sol, siendo Tiphareth, por este
hecho, el reflejo inmediato de Kether. Es por la mediación del Sol que la vida
se manifiesta en la Tierra, y es por medio de la conciencia de Tiphareth que nos
ponemos en contacto con todas las fuerzas vitales que podamos, consciente e
inconscientemente a la vez
Ante todo, el Sol es el
símbolo de la energía manifestada: lo influjos ininterrumpidos y excepcionales
de la energía solar so' los que causan la ebriedad divina del éxtasis; el oro,
base de la monedas, es la representación objetiva de la fuerza vital exterior
porque, en verdad, el dinero es la vida, la vida es el dinero, toda vez que sin
él no podemos tener ninguna plenitud de vida. La fuerza vital, manifestada en el
plano físico como energía, y en el plano mental como inteligencia y saber, puede
ser transmutada en dinero por medio de procesos alquímicos, signos de la
capacidad o energía de quien los emplea. El dinero es el símbolo de la energía
humana, por medio del cual podemos acumular, hora por hora el producto de
nuestro trabajo, recibiéndolo como salario al fin de la semana, gastándolo en
cosas útiles o ahorrándolo para el uso futuro que consideremos conveniente. El
oro representado por los cheques es un símbolo de la energía humana y no puede
ser ganado más que por un esfuerzo de esta energía. Cualquiera sea le energía de
un padre o de un esposo transmitida por la herencia, siempre es el símbolo de
una energía humana en una esfera dada, aunque ello sea en una sociedad de
ladrones.
Los movimientos subterráneos y
secretos del dinero obran en el organismo de las naciones de la misma manera que
las hormonas en el cuerpo humano, y hay leyes cósmicas insospechadas por los
economistas que gobiernan esos movimientos rítmicos e intermitentes.
Kether, el espacio, la fuente
de toda existencia, se refleja en Tiphareth, que es un agente de distribución y
un distribuidor de la energía espiritual primordial. Recibimos directamente esta
energía por medio de la claridad solar, e indirectamente por la clorofila de las
plantas verdes que les permite utilizar la luz, y también la recibimos, aunque
de una manera que podríamos decir "de segunda mano", por medio de los tejidos de
los animales herbívoros. -
Pero el dios Solar es algo más
que una fuente de vida: es también el sanador cuando la vida está amenazada,
pues ella, sus excesos, sus errores y sus deficiencias, es lo que constituye la
actividad en los procesos de la enfermedad, la cual no dispone de más energía
que la tomada de la vida del organismo. Toda curación debe consistir en
reajustes de la fuerza vital, y son los dioses solares a quienes hay que invocar
con este objeto, a consecuencia de la relación intima entre el Sol y la Vida. El
conocimiento de estos hechos y la manipulación de la influencia solar eran los
medios de curación empleados por los antiguos Sacerdotes Iniciados. En la Grecia
antigua, esos medios eran el fundamento, los cimientos de Esculapio.
Nosotros, los modernos, hemos
aprendido el valor de la luz solar y de las vitaminas en nuestra economía
fisiológica, pero no hemos realizado el papel capital del aspecto espiritual de
su influencia en nuestra economía psíquica, comprendiéndose este término según
la acepción que nos da el diccionario. Hay un factor Tipharéthico en el alma del
hombre, factor que, según la antigua tradición, tiene su correspondencia física
en el plexo solar --no en el corazón ni en la cabeza-- y que tiene el poder de
concentrar el aspecto sutil de la energía del sol, de la misma manera que la
clorofila concentra un aspecto más tangible en la flor de una planta. Si por
cualquier circunstancia estamos impedidos de asimilar esta energía, nos volvemos
tan enfermizos, débiles de espíritu y de cuerpo, como una planta que crece en
una caverna, privada de la claridad que la alimenta.
Esta separación con el aspecto
espiritual de la naturaleza es debido sólo a actitudes mentales. Cuando
rehusamos reconocer nuestro papel verdadero en la Naturaleza, y el de ella en
nosotros, impedimos el doble juego de ese magnetismo vital entre la parte y el
todo; y, faltándonos los elementos esenciales para el crecimiento espiritual, no
podremos lograr la salud psíquica.
' Los psicoanalistas dan una
gran importancia a la represión como causa de los desórdenes psíquicos; han
aprendido a reconocer esto, porque en los casos extremos de represión sexual sus
pésimos efectos son evidentes. Sin embargo, no han aprendido que esa represión
sexual de que hablamos --a menos que no nazca por determinadas circunstancias,
en cuyo caso no da lugar a la disociación-- no es más que el resultado de una
causa más profunda que el sexo mismo, causa que tiene sus raíces en una falsa
espiritualidad, un idealismo malsano que pretende privarse de la simpatía, de la
franqueza, de la gratitud que debe experimentar un criatura viviente hacia Aquel
que le da la Vida, el más elevado bienhechor de la Naturaleza. Todo esto
proviene de un orgullo espiritual que considera indigno los aspectos naturales
primitivos.
A causa de ese falso ideal y
de sus valores irreales, es por lo que hay tanta neurastenia en nuestros medios
sociales. Porque Cloácina y Priapo no son honrados como dioses, es por lo que
nosotros somos maldecidos por el dios Solar y separados de su benigna influencia
, pues el insulto a sus aspectos inferiores es lo mismo que un insulto dirigido
a él.
Cuando un ser no es apto para
la reproducción, el llamado del sexo le es repulsivo; es la base natural del
pudor que protege el organismo contra el derroche y el agotamiento. La
acumulación de desperdicios causa una perturbación fisiológica creando dolores
insoportables para toda criatura viviente, por poco desarrollada que sea, y
evita su acercamiento. Nuestras condiciones artificiales de vida han sacado
miles de prejuicios irracionales y nefastos de esas dos repulsiones tan
racionales y útiles en las condiciones naturales. La repulsión cesa de ser
normal y no sirve para su meta biológica.
Nuestra conducta con respecto
a dos funciones importantes de la vida natural implica que ellas son anormales,
despreciables y funestas. De consiguiente, si suprimimos el contacto terrestre
el circuito se destruye y, asimismo, nos faltarán los contactos celestes. El
circuito cósmico desciende de Kether a través de Tiphareth y Yesod hacia Malkuth;
si el circuito está roto en alguna parte no funciona más. Es verdad que,
mientras se viva, es imposible destruirlo del todo, pues los procesos de la vida
se hallan tan profundamente arraigados en la naturaleza, que no se les puede
suprimir totalmente; pero, una actitud mental puede desviar la corriente,
aislarla y pervertirla, hasta el punto que sólo un influjo mínimo circula a
través de los obstáculos en un organismo debilitado.
En Tiphareth, el centro Solar,
lo espiritual se manifiesta por lo natural, y debemos reverenciar el Dios Solar
para comprende que él representa la expresión natural de las realidades
espirituales. Es enorme la influencia que sobre la historia de los dolores
humanos tiene la espiritualización de las funciones naturales.
IV
A la luz de lo que ya sabemos
sobre el significado de Tiphareth, los símbolos a él asignados constituyen un
estudio de los más instructivos, porque tenemos ahí un ejemplo muy claro de la
manera en que, para cada Sephirah , los símbolos que lo representan se
entrelazan en una interminable corriente de asociaciones concatenadas.
El sentido de la palabra
hebrea TIPHARETH es Belleza. De las múltiples definiciones que han sido dadas a
este término, la más satisfactoria es aquella que hace consistir la Belleza en
una relación de proporciones armoniosas, cualquiera sea la cosa en cuestión
material o moral. Por tanto, es interesante notar que el Sephirah de la Belleza
es el punto central del íntegro equilibrio del Árbol, y que una de cada dos
experiencias espirituales evocadas por Tiphareth es la visión de la Armonía de
las Cosas.
Es curioso que dos
Experiencias Espirituales diferentes, y a primera vista sin relación reciproca,
estén asignadas a Tiphareth; en efecto, es el único Sephiroth del Árbol que
ofrece esta anomalía. Todavía solo, se ve asignar diversas Imágenes Mágicas; de
consiguiente, debemos preguntarnos por qué es el Sephirah central el que ofrece
estos múltiples aspectos. La respuesta se encuentra en el Sepher Yetzirah
concerniente a Tiphareh, en la parte que dice: "El Sexto Sendero tiene por
nombre Inteligencia Mediadora,. Ahora bien: un mediador es, esencialmente, un
intermediario, un lazo de unión; por tanto, Tiphareth en su posición central,
debe ser observado como una fuente de doble corriente y en efecto, recibe por
una parte los influjos de las Emanaciones, y por otra hace expandir esta
influencia "en todos los canales de Bendiciones". De consiguiente, debemos
considerarlo como la manifestación exterior de los Sephiroth más sutiles y,
asimismo, como el principio espiritual de los cuatro Sephiroth más densos que
él. Desde el punto de vista de la fuerza, Tiphareth es forma; y desde el de la
forma, es fuerza. En efecto, es el Sephirah arquetípico en el cual todos los
grandes principios representados por los Sephirah superiores se hallan
formulados en conceptos.
“En él están multiplicados los
influjos de las emanaciones”, como dice el Sepher Yetzirah.
El nombre Zoar Anpin, el
Rostro Menor, opuesto al Arik Anpin, el Rostro Inmenso --uno de los títulos de
Kether--, confirma en su máximo grado esta idea; en efecto, los principios
amorfos de Kether toman una forma en la Esfera abstracta del espíritu superior.
Así, como dejamos dicho, Kether se refleja en Tiphareth. El Anciano de los Dias
ve Su Imagen en un espejo y esta apariencia reflejada del Rostro Inmenso o del
Padre es el Rostro Menor o el Hijo.
Tiphareth, vista desde arriba,
es la manifestación menor y nueva generación, y vista desde abajo, es decir,
desde Yesod Malkuth, es Adam Katmon o el hombre Arquetipo; Tiphareth Melekh, el
Rey, el esposo de Malkan, la Esposa, uno de los títulos de Malkuth.
En Tiphareth es donde
encontramos las ideas arquetípicas que; forman el andamiaje invisible de toda la
Creación manifestada, formulando los principios originales de los Sephiroth más
sutiles Se podría decir que es un tesoro de imágenes acumulado sobre un plano
superior; pero, mientras Que las imágenes del plano astral reflejan las formas,
las de Tiphareth, cristalizándolas de alguna manera, nacen de las emanaciones
espirituales provenientes de los poderes más elevados.
Tiphareth es el mediador entre
el Macrocosmos y el Microcosmos. "Como arriba es abajo", tal es la clave de la
Esfera Shemesk donde el Sol que se halla en el transfondo del sol, se condensa
en la manifestación.
En la anatomía del Hombre
Celeste se encuentra la interpretación de toda organización y de toda evolución;
en efecto, el universo material es, literalmente, los órganos y los miembros del
Hombre Celeste; y comprendiendo el alma de Adam Kadmon, que' consiste en "el
influjo de las emanaciones", es como podemos interpretar su anatomía en términos
funcionales, lo cual es el único método inteligente para juzgar una anatomía. La
ciencia, en general, es tan vacía de todo contenido filosófico porque se
contenta con ser descriptiva y retrocede frente a las explicaciones verdaderas.
En la psicología
trascendental, la cual es la anatomía del microcosmos, el pecho corresponde a
Tiphareth. En él se hallan los pulmones y el corazón, y debajo de estos órganos.
en relación intima con ellos y controlándolos, está el gran núcleo de nervios
conocido bajo el nombre de plexo solar, nombre que con justicia fué dado por los
antiguos. Los pulmones mantienen una relación singularmente estrecha entre el
Macrocosmos y el Microcosmos, determinando la salida y la entrada de la
incesante marea atmosférica, que no se detiene de día ni de noche, hasta que el
Vaso de oro se rompa, que el hilo de plata se corte y que cese nuestra
respiración. El corazón determine la circulación de la sangre, la cual, según la
penetrante definición de Paracelso, es "un flúido muy particular”. La medicina
sabe muy bien lo que la luz solar es para la sangre. Asimismo, ha reconocido que
la clorofila, substancia verde de las hojas de las plantas que les permite
utilizar la luz solar como fuente de su energía, tiene una influencia muy fuerte
sobre la presión de la sangre.
Las Tres Imágenes Mágicas de
Tiphareth son curiosas y a primera vista parecen carecer de una relación
recíproca y ser contradictorias. Pero, a la luz de lo que hemos podido aprender
de Tiphareth, su sentido y su relación aparecen claramente a través del lenguaje
simbólico, sobre todo cuando se las estudia comparándolas a la vida de
Jesucristo o el Hijo.
Tiphareth primera condensación
de los Sephiroth superiores, es Justamente representado como el Niño recién
nacido en el establo de Belén; como Dios sacrificado, se convierte en el
Mediador entre Dios y el hombre; y cuando resucita de entre los muertos es Rey
en su reino. Tiphareth es el Hijo de Kether y el rey de Malkuth y, en su propia
Esfera, El, el sacrificado.
No comprenderemos a Tiphareth
si no tenemos alguna noción del sentido exacto del sacrificio, el cual difiere
mucho del sentido popular que lo concibe como una pérdida voluntaria de algo que
nos es querido. El sacrificio es la transferencia de la fuerza de una forma a
otra. En realidad, no existe la destrucción de una fuerza; por completa que nos
parezca su desaparición. ella permanece inalterable en virtud de la gran ley
natural de la conservación de la energía, la cual mantiene en existencia a
nuestro universo. La energía puede estar encerrada en una forma y, por eso, ser
estática. o también puede franquear esta prisión de la forma para circular
libremente. Cuando hacemos un sacrificio cualquiera, tomamos una forma estática
de energía , y, rompiendo la envoltura que la retiene prisionera, la libramos a
la circulación en el Cosmos. Lo que de esa manera sacrificamos, vuelve a tomar
otra forma en un tiempo determinado. Si aplicamos esta concepción a las ideas
religiosas y éticas del sacrificio obtendremos algunos resultados notables.
El Nombre Divino de esta
Esfera es Aloah Va Daath, nombre que está íntimamente asociado con el Sephirah
invisible que halla entre Tiphareth y Kether. Como hemos vista, este Sephir
puede ser aproximadamente definido por el término "entendimiento" o el alborear
de la conciencia; y podemos traducir la frase Aloah Va Daath, Tetragrammaton por
Dios manifestado en la Esfera del Espíritu.
En el microcosmos Tiphareth
representa el psiquismo superior al modo de conciencia de la individualidad o
Ego. Es esencialmente la Esfera del misticismo religioso y también lo opuesto a
la magia y al psiquismo de Yesod; porque, como lo recordaremos, los Sephiroth
del Pilar Central representan niveles de conciencia y los Sephiroth de los
Pilares laterales, sus poderes y sus modos de funcionamiento. Se nos dice que
Tiphareth es la Esfera de los Maestros; es el Templo eterno en los cielos, que
mano alguna, ha construido; es la Gran Logia Blanca. Es aquí, encontrando a los
Maestros, donde el Adepto iniciado funciona en su más alta conciencia, y es por
las sílabas del Nombre, por la justa comprensión del sentido de ese Nombre,
Aloah Va Daath, que él se abre a esta conciencia superior.
Un nombre llega a ser para
nosotros un Nombre de Poder en la medida que nos compenetramos de su
significado. Para el asesino, el nombre de su víctima es una palabra de poder; y
tal es el poder conocido que, en ciertos países , un instrumento destinado para
registrar la presión de la sangre se sujeta al brazo de un sospechoso mientras
la policía lo interroga; el nombre del muerto y otras palabras relacionadas al
crimen, se le murmuran al oído, y si éstas son "palabras de poder” para él, el
instrumento las registra de inmediato y sin error posible.
La creencia popular imagina
que los nombres de poder tienen una influencia directa sobre los ángeles, los
demonios y otros seres, pero no es así. En realidad, el nombre de poder obra en
el mago y le permite, exaltando y dirigiendo su conciencia, entrar en contacto
con una influencia espiritual determinada; si tiene una experiencia cualquiera
de ese tipo particular de influencia, el Nombre de Poder despertará notables
recuerdos inconscientes; y si no tiene experiencia y aborda la prueba con falta
de imaginación y con la incredulidad de un escolar, los “Nombres bárbaros de
evocación" serán para él sílabas sin fuerza, un verdadero hocus pocus. Es
necesario notar que, para el creyente católico, ese término: hocus pocus, que
para el protestante significa la superstición y el fraude, tiene el sentido de
Hoc Est Corpus, lo cual es algo por completo diferente. En estos tópicos, no es
sino el punto de vista lo que importa.
Es por esta razón que una
definida experiencia espiritual es asignada a cada Sephirah, y mientras una
persona no la haya experimentado, no será iniciada en este Sephirah. Con
respecto a los Nombres de Poder, no podrá usarlos. Según la tradición, no es
suficiente conocer un Nombre de Poder, sino es menester saber como se lo hace
vibrar. Generalmente se cree que la vibración de un nombre es la nota justa en
la que se lo canta; pero la vibración mágica exige algo por completo diferente.
Cuando se experimenta una profunda emoción y, al mismo tiempo, se siente
devocionalmente exaltado, la voz baja en muchos tonos de su ritmo normal llega a
ser resonante y vibrante; ese temblor de emoción del acento de la devoción es lo
que constituye la pauta vibratoria de un Nombre, lo cual no puede ser enseñado
ni aprendido, porque es un fenómeno instintivo; es como el viento que sopla
donde quiere. Cuando acontece, uno es sacudido de pies a cabeza como una oleada
de fuego, y todos los que lo sienten escuchan aun contra su voluntad. Escuchar
vibrar un Nombre de Poder es una experiencia extraordinaria; pero lo es más aún
hacerlo vibrar uno mismo.
El arcángel de Tiphareth es
Raphael o “el Espíritu que está en el Sol”; es también el Espíritu que sana.
Cuando el iniciado “'trabaja”
en el Árbol, es decir, cuando evoca imaginariamente en su aura un diagrama del
Árbol de la Vida, formula a Tiphareth en su plexo solar, entre el pecho y el
abdomen; si anhela trabajar en la Esfera del Sexto Sephiroth y concentra su
espíritu en este centro, a menudo se halla que se ha convertido en un espíritu
de pie, en el sol, rodeado de la fotosfera inflamada. Una cosa es situar un
Sephirah en su aura, y otra bien diferente transportarse a ese Sephirah. Como
primera operación, se puede recibir la influencia del Sephirah, lo que
constituye un buen método para la meditación diaria; como segunda operación, la
posición se invierte, y lo interior se convierte en exterior: en vez de tener en
sí el Sephirah, se penetra en él, y es solamente entonces cuando se puede
emplear su poder. Esta segunda experiencia es lo que forma el punto culminante
de un Sephirah.
El orden Angélico de Tiphareth
es el de los Malachim o Reyes, que son los principios espirituales de las
fuerzas naturales; nadie puede controlar esas fuerzas ni siquiera ponerse en
contacto sin peligro con esos principios elementales, a menos de poseer la
iniciación de Tiphareth, que es la de un Adepto Menor. Pues es menester haber
sido aceptado por esos Principes de los Elementos es decir, es necesario haber
realizado la ultérrima naturaleza espiritual de las fuerzas naturales, antes de
poderlas usar bajo forma elemental. En esta forma elemental subjetiva, ellas
aparecen en el Microcosmos como poderosos instintos de combate, de reproducción,
de degradación, de exaltación y otros factores emocionales bien conocidos por
todos los psicólogos . De consiguiente, es evidente que si despertamos y
estimulamos estas emociones de nuestra naturaleza, se deberá hacerlo para
usarlas como servidores de nuestro Ego, es decir, de la razón y del principio
espiritual que mora en nosotros. Es necesario, por tanto, que cuando queremos
servirnos de las fuerzas elementales, lo hagamos con la ayuda de los Reyes, bajo
la presidencia del Arcángel y la invocación de Nombre Divino apropiado a la
Esfera Celeste. Desde el punto de vista del Microcosmos, esto significa que los
poderes elementales de nuestra naturaleza están en relación con el Yo Superior
en vez de estar disociados en el mundo interior de los Qliphoth el cual es “el
inconsciente” de Freud.
Se sobreentiende que las
operaciones elementales no se cumplen en la Esfera del Triphareth; pero es
necesario que ellas sean controladas desde lo alto de esta Esfera por poca Magia
Blanca que se efectúe; faltando ese control, la Magia Negra surge de inmediato.
Se dice que, cuando la Caída, los cuatro Sephiroth inferiores se separaron de
Tiphareth y fueron asignados a los Qliphoth. Cuando las fuerzas elementales se
separan de sus principios espirituales en nuestros conceptos y se convierten en
fines en sí, aunque no se pretenda ningún mal y se trate de una simple
experiencia, se produce inevitablemente una caída acompañada por la
degeneración. Pero cuando realizamos claramente el principio espiritual que por
doquier domina en la naturaleza, hay estado de inocencia, para usar este término
teológico en un sentido definido; en este caso la caída no se produce; podemos
trabajar en seguridad y desarrollar fructíferamente esta clase de fuerzas en el
seno de nuestra propia naturaleza, conduciendo así la Libertad, el Equilibrio,
tan necesarios para la salud del espíritu. Esta correlación de lo espiritual y
de lo natural, que evita toda caída a este ultimo y lo mantiene en estado de
inocencia, prácticamente es uno de los puntos más importantes tratándose de
Magia.
V
Como ya se ha comprobado, dos
distintas experiencias espirituales concurren a la iniciación de Tiphareth: la
Visión de la Armonía de las Cosas y la Visión de los Misterios de la
Crucifixión. Ya hemos hecho notar que Tiphareth ofrece dos aspectos y que, de
consiguiente, son normales dos experiencias espirituales para la Iniciación .
En la Visión de la Armonía de
las Cosas, echamos una profunda mirada a la parte espiritual de la Naturaleza;
en otros términos, nos encontramos con los Malachim o Reyes angélicos. Por medio
de esta experiencia percibimos que la naturaleza es sólo el aspecto más dense
del espíritu, la "Túnica exterior que oculta" cubriendo la “Túnica Interior de
Gloria". Esta percepción del sentido espiritual de la Naturaleza, tan
lamentablemente deficiente en nuestra vida religiosa actual, es responsable de
tantas enfermedades de los nervios y de tantas desgracias conyugales.
Es por la Visión de la armonía
de las Cosas que nos unimos a la Naturaleza, y no por medio de contactos
elementales. Los seres humanos que de una u otra manera se hayan elevado por
encima del grado primitivo no pueden unirse a la Naturaleza sobre el nivel
elemental sin incurrir en la degradación, la bestialidad, en los dos sentidos de
este término. Los contactos naturales tienen lugar por el intermediario de los
Reyes angélicos de los Elementos en la Esfera de Tiphareth, o sea por la
realización de los principios espirituales que dominan la Naturaleza; y en este
caso, el Iniciado aborda a los seres elementales en nombre del Rey que los
gobierna. De alguna manera desciende a los reinos elementales en nombre del Rey
que los gobierna. De alguna manera desciende a los reinos elementales, trayendo
consigo su virilidad, y obra entonces sobre los elementos como un Iniciador; si
los busca sobre el nivel que les es propio, abjure de su virilidad, y retorna a
una fase de evolución anterior. La fuerza elemental no limitada y tenida en
jaque por las fuerzas de un cerebro humano se convierte en un poder
desequilibrado que se expande por los vastos canales de la inteligencia humana;
el resultado es el caos el cual es el Reino de los Qlipoth.
Los misterios de la
Crucifixión son macrocósmicos y microcósmicas a la vez. Bajo su aspecto
macrocósmico, lo hallamos en las mentes de los Grandes Redentores de la
Humanidad, los cuales nacen siempre de un dios y de una Virgen madre,
confirmando así una vez más, la naturaleza dual de Tiphareth donde se enfrenta
la forma y la fuerza. Pero guardémonos de olvidar su aspecto microcósmico,
experiencia de conciencia mística. Es por la comprensión de los Misterios de la
Crucifixión, vinculados al poder místico del Sacrificio, que sobrepasamos los
límites de nuestra conciencia cerebral consagrada a la sensación y habituada a
la forma, y que entramos en la conciencia más vasta del psiquismo superior. Es
así como nos hacemos capaces de sobrepasar la forma; de liberar la fuerza
latente, la convertimos en kinetica en vez de estática y, por ello, útil para la
Gran obra, la cual es la regeneración.
La virtud característica de la
Esfera de Tiphareth es la devoción a esa Gran obra. La devoción es uno de los
factores más importantes en el Sendero de la Iniciación que conduce a la
conciencia superior; por tanto, debemos examinarla con cuidado y analizar su
contenido.
La devoción puede ser definida
como el amor, para lo que es más elevado que nosotros; algo que evoca nuestro
idealismo algo que, aun sabiendo que es inigualable, nos hace aspirar a
convertirnos en semejantes. “Los que ven la Gloria del Señor como en un espejo,
son transformados en esta imagen misma, de gloria en gloria”. Cuando una emoción
más poderosa se mezcla a la devoción que se convierte en adoración, somos
transportado mas allá del abismo que separa lo tangible de lo intangible, y nos
hemos vuelto capaces de comprender cosas que los ojos no vieron y los oídos no
escucharon. Esta devoción sublimada en adoración en la Gran obra, es lo que nos
inicia en los Misterios de la Crucifixión.
El vicio asignado a Tiphareth
es el orgullo, y esta atribución revela una psicología exacta. El orgullo nace
del egoísmo, y mientras seamos un centro para nosotros mismos, no podremos
unirnos a todas las cosas. En la total ausencia de egoísmo del Sendero, el alma
sobrepasa sus límites y penetra en todas las cosas por la simpatía, convertidas
en perfectas por el amor; en el egoísmo, el alma intenta extender sus propios
límites hasta poseer todas las cosas. Pero hay una gran diferencia entre poseer
una cosa y convertirse en una con ella; en el segundo caso, ella misma nos posee
con una perfecta reciprocidad. Es una combinación unitaria, lo que se convierte
en vicio del Adepto. Debe dar tanto cuanto recibe, y él mismo debe darse sin
reservas, si quiere participar en la unión mística que es el fruto del
Sacrificio de la Crucifixión.
“Que aquel que quiera ser el
mas grande entre vosotros, sea el servidor de todos” dice Nuestro Señor.
Los símbolos asociados con
Tiphareth son el lamen, la Rosa Cruz, la Cruz del Calvario, la pirámide truncada
y el cubo.
El lamen es el símbolo que
figura sobre el pecho del Adepto, y que representa su fuerza. Por ejemplo, un
Adepto realizando un trabajó en la Esfera de Shemesh deberá llevar sobre su
pecho la imagen del sol en su esplendor. El lamen es el arma mágica de Tiphareth;
y aquí es necesario hablar de la naturaleza de las armas mágicas en general,
para que la función del lamen pueda ser comprendida.
Un arma mágica es un objeto
cualquiera que sea apropiado para convertirse en el vehículo de una fuerza de un
tipo particular. Por ejemplo, el arma mágica del Elemento Agua, es una copa o
bien un cáliz; el arma mágica del Elemento Fuego, es una lámpara encendida.
Estos objetos son elegidos porque su naturaleza está emparentada con la
naturaleza de la fuerza que se quiere invocar; o bien, en lenguaje moderno,
porque su forma, por asociación de ideas, sugiere esta fuerza a la imaginación.
Tiphareth está asociado
tradicionalmente con el pecho tanto a causa del núcleo de nervios que se llama
plexo solar, como por su posición en el Árbol, cuando este se construye en el
aura.
De consiguiente, cualquiera
sea la operación realizada, la joya que cubre el pecho es el hogar de la fuerza
de Tiphareth la, fuerza operante, venida de su propia Esfera, está representada
por el arma mágica que la tradición le asigna. Por ejemplo, un Adepto que
realice una operación concerniente al Elemento Agua, tendrá una copa como arma
mágica; con ella hará sus gestos, y sobre ella será concentrada toda la fuerza
atraída por la invocación. Pero tendrá sobre su pecho el signo Elemento Agua, y
este será reconocido como representando el factor espiritual de la operación, y
refiriéndose al Arcángel de ese reino particular. A menos que el Adepto no
comprenda el sentido de su lamen, diferente de su arma mágica, no será un Adepto
sino un hechicero.
La Rosa Cruz y la Rosa del
Calvario son consideradas como emblemas de la Esfera de Tiphareth. Para
comprender su sentido es necesario comprender el de la cruz en general y el uso
que de ellas se hace en los sistemas simbólicos. Aunque la Cruz que mejor
conocemos sea la del Calvario, reverenciada por el cristianismo hay muchas otras
formas de cruces, ofreciendo cada una de ellas un sentido especial. La Cruz de
brazos iguales, como la Cruz Roja del servicio medico militar, es llamada por
los Iniciados la Cruz de la Naturaleza y representa el poder en equilibrio. Se
la halla en la parte superior de ciertos emblemas célticos, frecuentemente
rodada por un circulo; de manera que la Cruz Céltica consiste en un brazo
terminado por una cruz natural, y no tiene la menor relación con la Cruz del
Calvario, que es la de la Cristiandad. El brazo de la Cruz Céltica es, en
efecto, una pirámide truncada; los especímenes de este tipo de cruz que
subsisten, no dejan ningún lugar a dudas sobre ello. Algunas de estas formas
antiguas sugieren la imposición de la cruz y del circulo sobre la piedra cónica
y fálica, que un tiempo fue un objeto universal de admiración primitiva.
La Svástica es también una
cruz de la naturaleza, llamada algunas veces la Cruz de Thor, o Martillo de Thor,
pues se supone que su forma indica la acción torbellineante de sus relámpagos.
La Cruz del Calvario es la
Cruz del Sacrificio; su verdadero color deberá ser negro. Su pie deberá ser tres
veces más largo que sus brazos, y el largo de cada brazo igual a tres veces su
ancho. la meditación sobre esta Cruz conduce a la Iniciación por el sufrimiento,
el sacrificio, la abnegación de sí mismo. El Crucifijo es una reducción de la
Cruz del Calvario.
El círculo colocado sobre la
Cruz es un símbolo iniciático sobre todo cuanto la cruz está sobre tres
peldaños, como debería ser en este caso. El círculo indica la vida eterna y
también la sabiduría; vemos una de estas formas en el emblema de la Sociedad
Teosófica, donde figura "una serpiente que se muerde la cola Una Cruz del
Calvario en la que esté superpuesto el circulo, significa la Iniciación por el
Sendero de la Cruz, siendo los tres peldaños los tres grados de la Iluminación;
este símbolo es llamado la Rosa Cruz. El emblema fantasista donde figuran flores
no es un símbolo iniciático. La Rosa asociada a la Cruz es el simbolismo
occidental, es la Rosa Mundi, que es una clave para interpreta los poderes de la
Naturaleza. Sobre sus pétalos están grabados, en efecto, los treinta y tres
signos de esas fuerzas; corresponden a las veintidós letras del alfabeto hebreo
y a los Diez Santos Sephiroth; Estos, a su vez están asociados a los treinta y
dos Senderos del Árbol de la Vida, y esto es la clave que permite comprender la
Rosa Mundi. Los curiosos dibujos que, según se dice, son los signos de los
espíritus de los elementos, se trazan tirando una línea de una a otra de las
letras de sus nombres sobre la Rosa.
A la luz de esta explicación,
nos es posible comprender el valor de los emblemas florales que ciertos cuerpos
organizados llevan por símbolo. Son parecidos al caballero que reclamaba de su
camisero “una corbata de la Escuela Publica, donde estuviese en buen lugar un
poco de rojo".
El cubo, siendo una figura de
seis caras, generalmente está asignado a Tiphareth, pues el seis es el número de
Tiphareth; pero hay algo más en el simbolismo del cubo. Es la forma más simple
del sólido y, como tal, el símbolo apropiado para Tiphareth en la Esfera del
cual aparece la forma. El símbolo de Malkuth es el doble cubo que significa:
“Como abajo es abajo".
La pirámide simboliza el
Hombre perfecto, sólidamente apoyado en la Tierra, esforzándose en unirse con
los dioses; en otros términos; el Ipsissimus. La pirámide truncada simboliza el
Adepto iniciado, o Adepto Menor, que ha franqueado el Velo, pero que todavía no
ha conquistado todos sus grados. Esta pirámide, cuyos seis lados corresponden a
los Seis Sephiroth que constituyen el Hombre Arquetipo o Adam Kadmon, es
complementada por la adición de los tres Sephiroth Superiores que se resumen en
la unidad de Ketner.
Los Seis del Juego del Tarot
son igualmente asignados a Tiphareth y en ellos se trasparenta claramente la
naturaleza armoniosa de este Sephirah. El seis de Bastos es el señor de la
Victoria; el seis de Copas, el Señor de la alegría; aun la serie maléfica de las
Espadas se adapta a la serenidad de este Sephirah, y el seis de este palo
significa el señor del éxito merecido, el éxito a precio del combate. El seis de
Oros es el éxito Material, o el poder bien equilibrado.