Gnosis Instituto Cultural Quetzalcóatl

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Memorias del XVI Congreso Gnóstico Internacional

“El Árbol de  la Vida”

Julio del 2013

CHOKMAH.

Instructor: J. Antonio Compeán Martínez

Los símbolos de Chokmah son el Lingam (órgano sexual masculino), el cetro de poder en alto, la torre y la vestidura de gloria interna. El Lingam en éste Sefirote nos habla del poder espiritual del sexo, de la fuerza dinámica de la vida.

Chokmah  es el  segundo  Sephirote. Lo  primero  que viene a la existencia es Kether,  el  Anciano  de lo  Días; él  se desdobla en  Chokmah,  el  Cristo,  pero  no  pensemos en  un personaje  que vivió  en Tierra Santa hace más de 2000 años sino  en el  Cristo  Cósmico  como  un principio  Universal  y  Eterno que se expresa en todo  Hombre que está debidamente  preparado.

En Chokmah debemos entender que el Cristo, es también el Logos Solar,  el ejército de la voz, el Verbo creador, que dijo “Hágase la luz”, es el Logos creador del primer instante.

Todo aquel que elimine el yo y realice la Gran Obra encarna la Verdad, aquellos que encarnaron al Cristo fueron:   Jesús de Nazaret,   Juan  el  Bautista. En  Egipto  fue Hermes Trismegisto.  En  la India  fue  Krisna  la viva manifestación  de esa fuerza universal y cósmica. Entre los Incas fue Manco  Capac y  aquí  en  México  tenemos a Quetzalcóatl. En   la tierra  sagrada de los Vedas fue Vishnú, etc. 

El segundo Logos es amor, el Agnus Dei (del latín, cordero de Dios), el fuego mismo que arde en toda la creación desde el principio del mundo para nuestra salvación, es fuego que subyace en toda materia orgánica e inorgánica.

 El Cristo no es un individuo ni humano ni divino, es una sustancia cósmica, latente en cada átomo del Infinito. El Cristo es un prototipo psicológico de perfección, una fuerza cósmica que  está más allá de la personalidad, del yo y de la individualidad, en esoterismo auténtico el Cristo es el Logos Solar, representado por el Sol.

La energía Solar  es  Luz Astral. Su  esencia es el  poder cristónico  encerrado  en el  polen  fecundante de la flor,  en  el  corazón  del  fruto  del  árbol y  en las glándulas de secreción  interna del animal y  del  hombre. En el ser humano su principal asiento se encuentra en el coxis. Los aztecas denominaban a  éste sagrado poder como la serpiente emplumada, (Quetzalcóatl) que solo despierta y asciende hasta nuestra glándula pineal por medio de las virtudes y de la  magia amorosa

Cuando  desintegramos algún  elemento  psíquico indeseable adviene a nosotros una virtud. Si  el ego no fuese eliminado, las facultades no nacerían  en  nosotros y no  poseeríamos nuestras almas. Dice el  Maestro Jesús: “en  paciencia poseeréis vuestras almas”. Tenemos que acabar con el Yo y con la personalidad, para que nazca el Ser en nosotros.

El nacimiento del Cristo es un acontecimiento cósmico, solar y humano, lo que él hace en el Macro-cosmos lo debemos realizar  en el Micro-cosmos, dentro de nosotros mismos. Nace el Cristo en un pesebre  que representa el templo interior, que ha sido invadido por los animales del deseo que son  los siete pecados capitales.

Desafortunadamente las gentes sólo piensan  en el Cristo  Histórico  y  así  se apartan  de la realidad.  No  quieren  saber  nada del  Cristo  en  el  Corazón  del  Hombre, sólo  adoran  al  Cristo  estatua y  es todo. Un Cristo  de dogmas inquebrantables, un  Cristo  que se adapte a nuestros prejuicios, apegos,  vicios,  formas equivocadas de pensar  etc.

El Cristo Intimo debe desarrollarse dentro de cada uno,  al comienzo del trabajo interior,  el iniciado no siente cambio alguno, pero   conforme va desintegrando  los elementos indeseables (los animales del establo), se va formando el verdadero y auténtico hombre que tiene que vivir el Drama Cósmico tal como está escrito en los cuatro Evangelios. (Mateo, Marcos, Lucas,  Juan)

Los tres traidores: Judas, Pilatos y Caifás lo llevan a la muerte, la multitud de “yoes” lo llevan a la cruz. Judas el demonio del deseo es el que cambia al Cristo Intimo por todos los placeres del mundo (las  30 monedas de plata), Pilatos el demonio de la mente que a cada instante se está lavando las manos, justificando sus errores. “nunca es culpable de nada”; le traiciona, le hace colocar la corona de espinas en sus sienes y le flagela con más de 5000  azotes y  Caifás, el demonio de la mala voluntad quien  vende los sacramentos y  prostituye el Templo, también traiciona al Cristo Intimo.

Estos tres traidores no son solamente históricos, se encuentran dentro de cada uno de nosotros, son de actualidad palpitante, traicionando a nuestro  Ser a cada instante. El Cristo cuando se humaniza dentro del vientre materno se convierte en el Jesucristo Intimo (Jesús o Jeshúa que significa Salvador). El Jesucristo Intimo es el que cuenta. Jesús como Salvador vino a traer la doctrina del Cristo Intimo, en la misma forma que el Buda Gautama Sakia Muni trajo  la doctrina del Budha Interior. El Cristo es un poder que está más allá de la personalidad, del ego y de la individualidad, es una fuerza como la electricidad que puede originar nuevas manifestaciones, que palpita en cada átomo como palpita en cada sol.

Chokmah  es revolucionario  por naturaleza  y terriblemente rebelde. Está más allá del  Bien y  del  Mal. Cada vez que el  Señor de Compasión  viene al  mundo es odiado por tres clases de  hombres.

1.-LOS ESCRIBAS:   O  sea,  los eruditos de la época. Sucede que los intelectuales todo  lo  quieren  arreglar a base de raciocinio.  Lo  odian porque no  encaja dentro  de sus teorías,  sistemas,  sofismas etc.

2.-LOS SACERDOTES: Porque ven en él un peligro  para sus respectivas sectas. Quieren  que el  Señor de perfección  viva de  acuerdo  con  sus dogmas inquebrantables.

3.-LOS ANCIANOS: Las gentes llenas de experiencia, los tenidos por sabios,  quienes dicen: “Este hombre está loco”, porque se sale de sus hábitos y  costumbres anticuadas, reaccionarias y  petrificadas.

¿Por qué decimos que el Cristo es rebelde y revolucionario? Porque viene a quemar la podredumbre que llevamos dentro, es el fuego que viene a reducir a cenizas los dogmas, los prejuicios, nuestros intereses creados, los pre-conceptos, las abominaciones y hasta nuestras experiencias de tipo personal.

¿Podría ser aceptado el Cristo por la gente del mundo? Definitivamente que no. Cada vez que viene al mundo, se levantan las multitudes contra él, esa es la cruda realidad de los hechos.

Dichoso aquel que puede alimentarse de los frutos del Árbol de la Vida, que son los poderes, las facultades, las virtudes, porque jamás conocerá enfermedad y se hará inmortal, pero ante todo para nutrirse de este árbol de la vida, necesitaremos antes que todo, haber eliminado los agregados psíquicos, que son viva personificación de nuestros errores; éstos elementos indeseables alteran al cuerpo vital y éste trastornado, daña el cuerpo físico y así surgen las enfermedades.

¿Quién es el que produce las úlceras; no es acaso la ira?

¿Quién produce el cáncer, acaso no es la lujuria?

¿Quién produce la parálisis, no es acaso la vida materialista, grosera, egoísta y fatal?

Las enfermedades son producidas por los agregados psíquicos y cuando estos errores hayan sido aniquilados por el fuego, entonces nos nutriremos del árbol de la vida. La vida descendiendo desde el Absoluto a través de los trece Aeones  (Sefirotes), penetrará en nuestro cuerpo y nos hará inmortales, la salud será recobrada y jamás volveremos a tener enfermedades.

Los yoes o defectos que en nuestro interior cargamos se han apoderado de la conciencia y del reino del Ser y para enfrentarse a ellos se requiere astucia, valor y fuerza. El ego o “mi mismo” es un conjunto de elementos inhumanos que personifican a nuestros errores, defectos, vicios, traumas, conceptos, complejos y todo tipo de males psíquicos, etc. Tiphon, la Hydra de Lerna, la Medusa son la representación del ego en sus múltiples aspectos psicológicos.

Cada año en el mes de diciembre, celebramos la Navidad, el nacimiento de Cristo pero no hemos comprendido su verdadero simbolismo. La auténtica Navidad es el nacimiento del Cristo en el Corazón del Hombre. El Sol realiza cada año un movimiento hacia el Sur y el 24 de Diciembre llega a su punto máximo, es cuando detiene su descenso para ascender (nacer), debe avanzar para darnos la vida y en el equinoccio de primavera, se crucifica en la Tierra y entonces madura la uva y el trigo.

El átomo del cristo cósmico se halla en la glándula pituitaria; ésta glándula es del tamaño de un guisante y pende de la base misma del cerebro, se encuentra influenciada por Venus, el planeta del Amor, y también está relacionada con el metal cobre y con el desarrollo de la clarividencia.

 Cuando las gentes sólo piensan en el Cristo Histórico, se apartan de la realidad: No quieren saber nada el Cristo en el Corazón del Hombre. Olvidan que el Cristo es lo que es, lo que ha sido y lo que siempre será. Olvidan que el cristo es la vida que palpita en cada átomo, como palpita en cada sol, olvidan que el Cristo vibra de instante en instante, de momento en momento.

Cuando leemos las Epístolas de Pablo el Apóstol, podemos con sorpresa verificar que rara vez menciona a Jesús como un Cristo histórico. Siempre alude a un Cristo Intimo y cuando Pablo de Tarso habla de Jesús-Cristo, no se refiere a él como personaje histórico, sino al Jesús-Cristo interior de cada uno de nos.

En  síntesis Cristo  es Amor,  es de origen  divino. La antítesis del  Amor es el  Odio. El  Odio se convierte en un fuego  que quema. El monstruo  más terrible que existe sobre la Tierra es el  odio.

Concluiremos diciendo  que de nada sirve que celebremos el  Nacimiento del  cristo  cada año,  si no  nace en  nuestro corazón también. De nada sirve  su  muerte y resurrección  si  no  muere y  resucita dentro  de nosotros mismos.

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