CAPÍTULO 30
EL CENTRO DE GRAVEDAD PERMANENTE
No existiendo una verdadera individualidad, resulta imposible
que haya continuidad de propósitos. Si no existiese el individuo psicológico, si
en cada uno de nosotros viven muchas personas, si no hay sujeto responsable,
sería absurdo exigirle a alguien continuidad de propósitos.
Bien sabemos que dentro de una persona viven muchas personas,
entonces el sentido pleno de la responsabilidad no existe realmente en nosotros.
Lo que un Yo determinado afirma en un instante dado, no puede
revestir ninguna seriedad debido al hecho concreto de que cualquier otro Yo
puede afirmar exactamente lo contrario en cualquier otro momento.
Lo grave de todo esto es que muchas gentes creen poseer el
sentido de responsabilidad moral y se auto-engañan afirmando ser siempre las
mismas.
Personas hay que en cualquier instante de su existencia
vienen a los Estudios Gnósticos, resplandecen con la fuerza del anhelo, se
entusiasman con el Trabajo Esotérico y hasta juran consagrar la totalidad de su
existencia a estas cuestiones.
Incuestionablemente todos los hermanos de nuestro movimiento
llegan hasta admirar a un entusiasta así.
Uno no puede menos que sentir gran alegría al escuchar
personas de esta clase, tan devotas y definitivamente sinceras.
Sin embargo, el idilio no dura mucho tiempo, cualquier día
debido a tal o cual motivo justo o injusto, sencillo o complicado, la persona se
retira de la Gnosis, entonces abandona el Trabajo y para enderezar el entuerto,
o tratando de justificarse a sí misma, se afilia a cualquier otra organización
mística y piensa que ahora va mejor.
Todo este ir y venir, todo este cambiar incesante de
escuelas, sectas, religiones, se debe a la multiplicidad de Yoes que en nuestro
interior luchan entre sí por su propia supremacía.
Como quiera que cada Yo posee su propio criterio, su propia
mente, sus propias ideas, es apenas normal este cambio de pareceres, este
mariposear constante de organización, de ideal en ideal, etc.; El sujeto en sí,
no es más que una máquina que tan pronto sirve de vehículo a un Yo como a otro.
Algunos Yoes místicos se auto-engañan, después de abandonar
tal o cual secta resuelven creerse Dioses, brillan como luces fatuas y por
último desaparecen.
Personas hay que por un momento se asoman al Trabajo
Esotérico y luego en el instante en que otro Yo interviene, abandonan
definitivamente estos estudios y se dejan tragar por la vida.
Obviamente si uno no lucha contra la vida, ésta se lo devora
y son raros los aspirantes que de verdad no se dejan tragar por la vida.
Existiendo dentro de nosotros toda una multiplicidad de Yoes,
el Centro de Gravedad Permanente no puede existir.
Es apenas normal que no todos los sujetos se auto-realicen
íntimamente. Bien sabemos que la Auto-Realización íntima del ser exige
continuidad de propósitos y como quiera que es muy difícil encontrar a alguien
que tenga un Centro de Gravedad Permanente, entonces no es extraño que sea muy
rara la persona que llegue a la Auto-Realización interior profunda.
Lo normal es que alguien se entusiasme por el Trabajo
Esotérico y que luego lo abandone; lo extraño es que alguien no abandone el
Trabajo y llegue a la meta.
Ciertamente y en nombre de la verdad, afirmamos que el sol
está haciendo un experimento de laboratorio muy complicado y terriblemente
difícil.
Dentro del animal intelectual equivocadamente llamado hombre,
existen gérmenes que convenientemente desarrollados pueden convertirnos en
hombres solares.
Sin embargo, no está de más aclarar que no es seguro que esos
gérmenes se desarrollen, lo normal es que se degeneren y pierdan
lamentablemente.
En todo caso los citados gérmenes que han de convertirnos en
hombres solares necesitan de un ambiente adecuado, pues bien sabido es que la
semilla en un medio estéril no germina, se pierde.
Para que la semilla real del hombre depositada en nuestras
glándulas sexuales pueda germinar se necesita continuidad de propósitos y cuerpo
físico normal.
Si los científicos continúan haciendo ensayos con las
glándulas de secreción interna, cualquier posibilidad de desarrollo de los
mencionados gérmenes podrá perderse.
Aunque parezca increíble, las hormigas pasaron ya por un
proceso similar, en un remoto pasado arcaico de nuestro planeta Tierra.
Uno se llena de asombro al contemplar la perfección de un
palacio de hormigas. No hay duda de que el orden establecido en cualquier
hormiguero es formidable.
Aquellos iniciados que han despertado conciencia saben por
experiencia mística directa que las hormigas en tiempos que ni remotamente
sospechan los historiadores más grandes del mundo, fueron una raza humana que
creó una poderosísima civilización socialista.
Entonces eliminaron los dictadores de aquella familia las
diversas sectas religiosas y el libre albedrío, pues todo ello les restaba poder
y ellos necesitaban ser totalitarios en el sentido más completo de la palabra
En estas condiciones, eliminada la iniciativa individual y el
derecho religioso, el animal intelectual se precipitó por el camino de la
involución y degeneración.
A todo lo antes dicho se añadieron los experimentos
científicos; trasplantes de órganos, glándulas, ensayos con hormonas, etc.,
etc., etc., cuyo resultado fue el empequeñecimiento gradual y la alteración
morfológica de aquellos organismos humanos hasta convertirse por último en las
hormigas que conocemos.
Toda aquella civilización, todos esos movimientos
relacionados con el orden social establecido se volvieron mecánicos y se
heredaron de padres a hijos; hoy uno se llena de asombro al ver un hormiguero,
más no podemos menos que lamentar su falta de inteligencia.
Si no trabajamos sobre sí mismos, involucionamos y
degeneramos espantosamente.
El experimento que el sol está haciendo en el laboratorio de
la naturaleza, ciertamente además de ser difícil ha dado muy pocos resultados.
Crear hombres solares sólo es posible cuando existe verdadera
cooperación en cada uno de nosotros.
No es posible la creación del hombre solar si no establecemos
antes un Centro de Gravedad Permanente en nuestro interior.
¿Cómo podríamos tener continuidad de propósitos si no
establecemos en nuestra psiquis el Centro de Gravedad?.
Cualquier raza creada por el sol, ciertamente no tiene otro
objetivo en la naturaleza que el de servir a los intereses de esta creación y al
experimento solar.
Si el Sol fracasa en su experimento, pierde todo interés por
una raza así y ésta de hecho queda condenada a la destrucción y a la involución.
Cada una de las razas que han existido sobre la faz de la
tierra ha servido para el experimento solar. De cada raza ha logrado el Sol
algunos triunfos, cosechando pequeños grupos de hombres solares.
Cuando una raza ha dado sus frutos, desaparece en forma
progresiva o perece violentamente mediante grandes catástrofes.
La creación de hombres solares es posible cuando uno lucha
por independizarse de las fuerzas lunares. No hay duda de que todos estos Yoes
que llevamos en nuestra Psiquis son de tipo exclusivamente lunar.
En modo alguno sería imposible liberarnos de la fuerza lunar
si no estableciéramos previamente en nosotros un Centro de Gravedad Permanente.
¿Cómo podríamos disolver la totalidad del Yo pluralizado si
no tenemos continuidad de propósitos? ¿De qué manera podríamos tener continuidad
de propósitos sin haber establecido previamente en nuestra Psiquis un Centro de
Gravedad Permanente?
Como quiera que la raza actual en vez de independizarse de la
influencia lunar, ha perdido todo interés por la inteligencia solar,
incuestionablemente se ha condenado a sí misma hacia la involución y
degeneración.
No es posible que el hombre verdadero surja mediante la
mecánica evolutiva. Bien sabemos que la evolución y su hermana gemela de
involución, son tan sólo dos leyes que constituyen el eje mecánico de toda
naturaleza. Se evoluciona hasta cierto punto perfectamente definido y luego
viene el proceso involutivo; a toda subida le precede una bajada y viceversa.
Nosotros somos exclusivamente máquinas controladas por
distintos yoes. Servimos a la economía de la naturaleza, no tenemos una
individualidad definida como suponen equivocadamente muchos pseudo-esoteristas y
pseudo-ocultistas.
Necesitamos cambiar con urgencia máxima a fin de que los
gérmenes del hombre den sus frutos.
Sólo trabajando sobre sí mismos con verdadera continuidad de
propósitos y sentido completo de responsabilidad moral podemos convertirnos en
Hombres solares. Esto implica consagrar la totalidad de nuestra existencia al
Trabajo Esotérico sobre sí mismos.
Aquellos que tienen esperanza en llegar al estado solar
mediante la mecánica de la evolución, se engañan a sí mismos y se condenan de
hecho a la degeneración involutiva.
En el Trabajo Esotérico no podemos darnos el lujo de la
versatilidad; esos que tienen ideas veletas, esos que hoy trabajan sobre su
psiquis y mañana se dejan tragar por la vida, esos que buscan evasivas,
justificaciones para abandonar el Trabajo Esotérico, degenerarán e
involucionarán.
Algunos aplazan el error, dejan todo para mañana mientras
mejoran su situación económica, sin tener en cuenta que el experimento solar es
algo muy distinto a su criterio personal y a sus consabidos proyectos.
No es tan fácil convertirse en Hombre solar cuando cargamos
la Luna en nuestro interior. (El ego es lunar).
La Tierra tiene dos lunas; la segunda de éstas es llamada
lilith y se halla un poco más distante que la luna blanca. Los astrónomos suelen
ver a lilith como una lenteja pues es de muy poco tamaño. Esa es la Luna negra.
Las fuerzas más siniestras del Ego llegan a la Tierra desde Lilith y producen
resultados psicológicos infrahumanos y bestiales.
Los crímenes de la prensa roja, asesinatos más monstruosos de
la historia, los delitos más insospechados, etc., etc., etc., se deben a las
ondas vibratorias de lilith.
La doble influencia lunar representada en el ser humano
mediante el Ego que carga en su interior hacen de nosotros un verdadero fracaso.
Si no vemos la urgencia de entregar la totalidad de nuestra
existencia al Trabajo sobre sí mismos con el propósito de liberarnos de la doble
fuerza lunar, terminaremos tragados por la Luna, involucionando, degenerando
cada vez más y más dentro de ciertos estados que bien podríamos calificar de
inconscientes e infraconcientes. Lo grave de todo esto es que no poseemos la
verdadera individualidad, si tuviéramos un Centro de Gravedad Permanente
trabajaríamos de verdad seriamente hasta lograr el estado solar.
Hay tantas disculpas en estas cuestiones, hay tantas
evasivas, existen tantas atracciones fascinantes, que de hecho suele hacerse
casi imposible comprender por tal motivo la urgencia del Trabajo Esotérico. Sin
embargo, el pequeño margen que tenemos del libre albedrío y la Enseñanza
Gnóstica orientada hacia el trabajo práctico, podrían servirnos de basamento
para nuestros nobles propósitos relacionados con el experimento solar.
La mente veleta no entiende lo que aquí estamos diciendo, lee
este capítulo y posteriormente lo olvida; viene después otro libro y otro, y al
final concluimos afiliándonos a cualquier institución que nos venda pasaporte
para el cielo, que nos hable en forma más optimista, que nos asegure comodidades
en el más allá.
Así son las gentes, meras marionetas controladas por hilos
invisibles, muñecos mecánicos con ideas veletas y sin continuidad de propósitos.