CAPÍTULO 22
LA CHARLA
Resulta urgente, inaplazable, impostergable, observar la
charla interior y el lugar preciso de donde proviene.
Incuestionablemente la charla interior equivocada es la
«Causa causorum» de muchos estados psíquicos inarmónicos y desagradables en el
presente y también en el futuro.
Obviamente esa vana palabrería insubstancial de charla
ambigua y en general toda plática perjudicial, dañina, absurda, manifiesta en el
mundo exterior, tiene su origen en la conversación interior equivocada.
Se sabe que existe en la Gnosis la práctica esotérica del
silencio interior; esto lo conocen nuestros discípulos de tercera cámara.
No está demás decir con entera claridad que el silencio
interior debe referirse específicamente a algo muy preciso y definido.
Cuando el proceso del pensar se agota intencionalmente
durante la meditación interior profunda, se logra el silencio interior; más no
es esto lo que queremos explicar ahora en el presente capítulo.
«Vaciar la mente» o «Ponerla en blanco» para lograr realmente
el silencio interior, tampoco es lo que intentamos explicar ahora en estos
párrafos.
Practicar el silencio interior a que nos estamos refiriendo,
tampoco significa impedir que algo penetre en la mente.
Realmente estamos hablando ahora mismo de un tipo de silencio
interior muy diferente. No se trata de algo vago y general...
Queremos practicar el silencio interior en relación con algo
que ya esté en la mente, persona, suceso, asunto propio o ajeno, lo que nos
contaron, lo que hizo fulano, etc., pero sin tocarlo con la lengua interior, sin
discurso íntimo...
Aprender a callar no solamente con la lengua exterior, sino
también, además, con la lengua secreta, interna, resulta extraordinario,
maravilloso.
Muchos callan exteriormente, más con su lengua interior
desollan vivo al prójimo. La charla interior venenosa y malévola, produce
confusión interior.
Si se observa la charla interior equivocada se verá que está
hecha de verdades a medias, o de verdad que se relacionan entre sí de un modo
más o menos incorrecto, o algo que se agregó o se omitió.
Desgraciadamente nuestra vida emocional se fundamenta
exclusivamente en la «Auto-simpatía».
Para colmo de tanta infamia sólo simpatizamos con nosotros
mismos, con nuestro querido Ego, y sentimos antipatía y hasta odio con aquellos
que no simpatizan con nosotros.
Nos queremos demasiado a sí mismos, somos narcisistas en un
ciento por ciento, esto es irrefutable, irrebatible.
En tanto continuemos embotellados en la «Auto-simpatía»,
cualquier desarrollo del Ser, se hace algo más que imposible.
Necesitamos aprender a ver el punto de vista ajeno. Es
urgente saber ponernos en la posición de los otros.
«Así que todas las cosas que queráis que los hombres hagan
con vosotros, así también haced vosotros con ellos»(Mateo: VII, 12)
Lo que verdaderamente cuenta en estos estudios es la manera
como los hombres se comportan interna e invisiblemente los unos con los otros.
Desafortunadamente y aunque seamos muy corteses y hasta
sinceros a veces, no hay duda de que invisiblemente e internamente nos tratamos
muy mal los unos a los otros.
Gentes aparentemente muy bondadosas, arrastran diariamente a
sus semejantes hacia la cueva secreta de sí mismos, para hacer con éstos todo lo
que se les antoje (Vejaciones, burla, escarnio, etc.).