CAPÍTULO 16
EL LIBRO DE LA VIDA
Una persona es lo que es su vida. Eso que continúa más allá
de la muerte, es la vida. Este es el significado del libro de la vida que se
abre con la muerte.
Mirada esta cuestión desde un punto de vista estrictamente
psicológico, un día cualquiera de nuestra vida, es realmente una pequeña réplica
de la totalidad de la vida.
De todo esto podemos inferir lo siguiente: Si un hombre no
trabaja sobre sí mismo hoy, no cambiará nunca.
Cuando se afirma que se quiere trabajar sobre sí mismo, y no
se trabaja hoy aplazando para mañana, tal afirmación será un simple proyecto y
nada más, porque en el hoy está la réplica de toda nuestra vida.
Existe por ahí un dicho vulgar que dice: «No dejéis para
mañana lo que se puede hacer hoy mismo».
Si un hombre dice: «Trabajaré sobre sí mismo, mañana», nunca
trabajará sobre sí mismo, porque siempre habrá un mañana.
Esto es muy similar a cierto aviso, anuncio o letrero que
algunos comerciantes ponen en sus tiendas: «Hoy no fío, mañana sí».
Cuando algún necesitado llega a solicitar crédito, topa con
el terrible aviso, y si vuelve al otro día, encuentra otra vez el desdichado
anuncio o letrero.
Esto es lo que se llama en Psicología la «Enfermedad del
mañana» Mientras un hombre diga «Mañana», nunca cambiará.
Necesitamos con urgencia máxima, inaplazable, trabajar sobre
sí mismo hoy, no soñar perezosamente en un futuro o en una oportunidad
extraordinaria.
Esos que dicen: «Voy antes a hacer esto o aquello y luego
trabajaré». Jamás trabajarán sobre sí mismos, esos son los moradores de la
tierra mencionados en las Sagradas Escrituras.
Conocí a un poderoso terrateniente que decía: «Necesito
primero redondearme y luego trabajar sobre Mí mismos».
Cuando enfermó de muerte le visité, entonces le hice la
siguiente pregunta: «¿Todavía queréis redondearte?».
«Lamento de verdad haber perdido el tiempo», me respondió.
Días después murió, después de haber reconocido su error.
Aquél hombre tenía muchas tierras, pero quería adueñarse de
las propiedades vecinas, «Redondearse», a fin de que su hacienda quedase
exactamente limitada por cuatro caminos.
«¿Basta a cada día su afán!», dijo el Gran Kabir Jesús.
Auto-observarnos hoy mismo, en lo tocante al día siempre recurrente, miniatura
de nuestra vida entera.
Cuando un hombre comienza a trabajar sobre sí mismo, hoy
mismo, cuando observa sus disgustos y penas, marcha por el camino del éxito.
No sería posible eliminar lo que no conocemos. Debemos
observar antes nuestros propios errores.
Necesitamos no sólo conocer nuestro día, sino también la
relación con el mismo. Hay cierto día ordinario que cada persona experimenta
directamente, excepto los sucesos insólitos, inusitados.
Resulta interesante observar la recurrencia diaria, la
repetición de palabras y acontecimientos, para cada persona, etc.
Esa repetición o recurrencia de eventos y palabras, merece
ser estudiada, nos conduce al Auto-Conocimiento.