CAPÍTULO 18
EL PAN SUPERSUBSTANCIAL
Si observamos cuidadosamente cualquier día de nuestra vida,
veremos que ciertamente no sabemos vivir conscientemente.
Nuestra vida parece un tren en marcha, moviéndose en los
carriles fijos de los hábitos mecánicos, rígidos, de una existencia vana y
superficial.
Lo curioso del caso es que jamás se nos ocurre modificar los
hábitos, parece que no nos cansamos de estar repitiendo siempre lo mismo.
Los hábitos nos tienen petrificados, más pensamos que somos
libres; somos espantosamente feos pero nos creemos Apolos...
Somos gente mecánica, motivo más que suficiente como para
carecer de todo sentimiento verdadero de lo que se está haciendo en la vida.
Nos movemos diariamente dentro del viejo carril de nuestros
hábitos anticuados y absurdos y así es claro que no tenemos una verdadera vida;
en vez de vivir, vegetamos miserablemente, y no recibimos nuevas impresiones.
Si una persona iniciara su día conscientemente, es ostensible
que tal día sería muy distinto a los otros días.
Cuando uno toma la totalidad de su vida, como el mismo día
que está viviendo, cuando no deja para mañana lo que se debe hacer hoy mismo,
llega realmente a conocer lo que significa trabajar sobre sí mismo.
Jamás un día carece de importancia; si en verdad queremos
transformarnos radicalmente, debemos vernos, observarnos y comprendernos
diariamente.
Sin embargo, las gentes no quieren verse a sí mismos, algunos
teniendo ganas de trabajar sobre sí mismos, justifican su negligencia con frases
como la siguiente: « El trabajo en la oficina no permite trabajar sobre sí
mismo». Palabras éstas sin sentido, huecas, vanas, absurdas, que sólo sirven
para justificar la indolencia, la pereza, la falta de amor por la gran causa.
Gentes así, aunque tengan muchas inquietudes espirituales, es
obvio que no cambiarán nunca. Observarnos a sí mismos es urgente, inaplazable,
impostergable. La Auto-Observación íntima es fundamental para el cambio
verdadero.
¿Cuál es su estado psicológico al levantarse? ¿Cuál es su
estado de ánimo durante el desayuno? ¿Estuvo impaciente con el mesero?, ¿Con la
esposa? ¿Porqué estuvo impaciente? ¿Qué es lo que siempre le trastorna?, etc.
Fumar o comer menos no es todo el cambio, mas sí indica
cierto avance. Bien sabemos que el vicio y la glotonería son inhumanos y
bestiales.
No está bien que alguien dedicado al Camino Secreto, tenga un
cuerpo físico excesivamente gordo y con un vientre abultado y fuera de toda
euritmia de perfección. Eso indicaría glotonería, gula y hasta pereza.
La vida cotidiana, la profesión, el empleo, aunque vitales
para la existencia, constituyen el sueño de la conciencia. Saber que la vida es
sueño no significa haberlo comprendido. La comprensión viene con la
auto-observación y el Trabajo intenso sobre sí mismo.
Para trabajar sobre sí, es indispensable trabajar sobre su
vida diaria, hoy mismo, y entones se comprenderá lo que significa aquella frase
de la oración del Señor: «Dadnos el pan nuestro de cada día».
La frase «Cada día», significa el «Pan supersubstancial» en
griego o el «Pan de lo Alto». La Gnosis da ese pan de vida en el doble sentido
de ideas y fuerzas que nos permiten desintegrar errores psicológicos.
Cada vez que reducimos a polvareda cósmica tal o cual «Yo»,
ganamos experiencia psicológica, comemos el « Pan de la Sabiduría», y nos señala
con precisión la nueva vida que comienza en uno mismo, dentro de uno mismo, aquí
y ahora.
Ahora bien, nadie puede alterar su vida o cambiar cosa alguna
relacionada con las reacciones mecánicas de la existencia, a menos que cuente
con la ayuda de nuevas ideas y reciba auxilio Divinal.
La Gnosis da esas nuevas ideas y enseña el «Modus-operandi»
mediante el cual puede uno ser asistido por fuerzas superiores a la mente.
Necesitamos preparar los centros inferiores de nuestro organismo para recibir
las ideas y fuerzas que vienen de los Centros Superiores.
En el trabajo sobre sí mismo no existe nada despreciable.
Cualquier pensamiento por insignificante que sea, merece ser observado.
Cualquier emoción negativa, reacción, etc., debe ser observada.