CAPÍTULO 20
LOS DOS MUNDOS
Observar y observarse a sí mismo son dos cosas completamente
diferentes, sin embargo, ambas exigen atención. En la observación la atención es
orientada hacia afuera, hacia el mundo exterior, a través de las ventanas de los
sentidos.
En la auto-observación de sí mismo, la atención es orientada
hacia dentro y para ello los sentidos de percepción externa no sirven motivo
éste más que suficiente como para que sea difícil al neófito la observación de
sus procesos psicológicos íntimos.
El punto de partida de la ciencia oficial en su lado
práctico, es lo observable. El punto de partida del Trabajo sobre sí mismo, es
la auto-observación, lo auto-observable.
Incuestionablemente estos dos puntos de partida renglones
arriba citados, nos llevan a direcciones completamente diferentes.
Podría alguien envejecer enfrascado entre los dogmas
intransigentes de la ciencia oficial, estudiando fenómenos externos, observando
células, átomos, moléculas, soles, estrellas, cometas, etc., sin experimentar
dentro de sí mismo ningún cambio radical.
La clase de conocimiento que transforma interiormente a
alguien, jamás podría lograrse mediante la observación externa. El verdadero
conocimiento que realmente puede originar en nosotros un cambio interior
fundamental tiene por basamento la auto-observación directa de sí mismo.
Es urgente decirle a nuestros estudiantes gnósticos que se
observen a sí mismos y en que sentido deben auto-observarse y las razones para
ello. La observación es un medio para modificar las condiciones mecánicas del
mundo. La auto-observación interior es un medio para cambiar íntimamente.
Como secuencia o corolario de todo esto, podemos y debemos
afirmar en forma enfática, que existen dos clases de conocimiento: el externo y
el interno, y que a menos que tengamos en sí mismos el centro magnético que
pueda diferenciar las calidades del conocimiento, esta mezcla de los planos u
ordenes de ideas podrían llevarnos a la confusión.
Sublimes Doctrinas seudo-esotéricas con marcado cientifismo
de fondo, pertenecen al terreno de lo observable, sin embargo son aceptadas por
muchos aspirantes como conocimiento interno.
Nos encontramos pues ante dos mundos, el exterior y el
interior. El primero de estos es percibido por los sentidos de percepción
externa; el segundo sólo puede ser percibido mediante el Sentido de
auto-observación interna.
Pensamientos, ideas, emociones, anhelos, esperanzas,
desengaños, etc., son interiores, invisibles para los sentidos ordinarios,
comunes y corrientes y sin embargo son para nosotros más reales que la mesa del
comedor o los sillones de la sala.
Ciertamente nosotros vivimos más en nuestro mundo interior
que en el exterior; esto es irrefutable, irrebatible.
En nuestros mundos internos, en nuestro mundo secreto,
amamos, deseamos, sospechamos, bendecimos, maldecimos, anhelamos, sufrimos,
gozamos, somos defraudados, premiados, etc., etc., etc.,
Incuestionablemente los dos mundos interno y externo son
verificables experimentalmente. El mundo exterior es lo observable. El mundo
interior es lo auto-observable en sí mismo y dentro de sí mismo, aquí y ahora.
Quien de verdad quiera conocer los «Mundos internos» del
planeta tierra o del sistema solar o de la Galaxia en que vivimos, debe conocer
previamente su mundo íntimo, su vida interior, particular, sus propios «Mundos
internos». «Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al Universo y a los Dioses».
Cuanto más se explore este «Mundo interior» llamado «Uno
mismo», tanto más comprenderá que vive simultáneamente en dos mundos, en dos
realidades, en dos ámbitos, el exterior y el interior.
Del mismo modo que a uno le es indispensable aprender a
caminar en el «Mundo exterior», para no caer en un precipicio, no extraviarse en
las calles de la ciudad, seleccionar sus amistades, no asociarse con perversos,
no comer veneno, etc., así también mediante el trabajo Psicológico sobre sí
mismo, aprendemos a caminar en el «Mundo interior» el cual es explorable
mediante la auto-observación de sí.
Realmente el Sentido de auto-observación de sí mismo se
encuentra atrofiado en la raza humana decadente de esta época tenebrosa en que
vivimos. A medida que nosotros perseveramos en la auto-observación íntima se irá
desarrollando progresivamente.