CAPÍTULO 26
AUTO CONCIENCIA INFANTIL
Se nos ha dicho muy sabiamente que tenemos noventa y siete
por ciento de SUB-CONCIENCIA y tres por ciento de conciencia.
Hablando francamente y sin ambages, diremos que el noventa y
siete de la Esencia que en nuestro interior llevamos, se encuentra embotellada,
embutida, metida, dentro de cada uno de los Yoes que en su conjunto constituyen
el «Mí mismo».
Obviamente la Esencia o Conciencia enfrascada entre cada Yo,
se procesa en virtud de su propio condicionamiento.
Cualquier Yo desintegrado libera determinado porcentaje de
conciencia, la emancipación o liberación de la Esencia o Conciencia, sería
imposible sin la desintegración de cada Yo.
A mayor cantidad de Yoes desintegrados, mayor
Auto-Conciencia. A menor cantidad de Yoes desintegrados, menor porcentaje de
conciencia despierta.
El despertar de la Conciencia sólo es posible disolviendo el
Yo, muriendo en sí mismo, aquí y ahora.
Incuestionablemente mientras la Esencia o Conciencia está
embutida entre cada uno de los Yoes que cargamos en nuestro interior, se
encuentra dormida, en estado subconsciente.
Es urgente transformar al subconsciente en consciente y esto
sólo es posible aniquilando los Yoes; muriendo en sí mismos.
No es posible despertar sin haber muerto previamente en sí
mismos. ———Quienes intentan despertar primero para luego morir, no poseen
experiencia real de lo que afirman, marchan resueltamente por el camino dl
error.————
Los niños recién nacidos son maravillosos, gozan de plena
Auto-Conciencia; se encuentran totalmente despiertos.
Dentro del cuerpo del recién nacido se encuentra
reincorporada la Esencia y eso da a la criatura su belleza.
No queremos decir que el ciento por ciento de la Esencia o
Conciencia esté reincorporada en el recién nacido, pero sí el tres por ciento
libre que normalmente no está enfrascado entre los Yoes.
Sin embargo, ese porcentaje de Esencia libre reincorporado
entre el organismo de los niños recién nacidos, les da plena Auto-Conciencia,
lucidez, etc.
Los adultos ven al recién nacido con piedad, piensan que la
criatura se encuentra inconsciente, pero se equivocan lamentablemente.
El recién nacido ve al adulto tal como es realidad es:
Inconsciente, cruel, perverso, etc.
Los Yoes del recién nacido van y vienen, dan vueltas
alrededor de la cuna, quisieran meterse entre el nuevo cuerpo, pero debido a que
el recién nacido aún no ha fabricado la personalidad, todo intento de los Yoes
para entrar en el nuevo cuerpo, resulta algo más que imposible.
A veces las criaturas se espantan al ver a esos fantasmas o
Yoes que se acercan a su cuna y entonces gritan, lloran, pero los adultos no
entienden esto y suponen que el niño está enfermo o que tiene hambre o sed; tal
es la inconsciencia de los adultos.
A medida que la nueva personalidad se va formando, los Yoes
que vienen de existencias anteriores, van penetrando poco a poco en el nuevo
cuerpo.
Cuando ya la totalidad de los Yoes se ha reincorporado,
aparecemos en el mundo con esa horrible fealdad interior que nos caracteriza;
entonces andamos como sonámbulos por todas partes; siempre inconscientes,
siempre perversos.
Cuando morimos, tres cosas van al sepulcro: 1) El cuerpo
Físico. 2)El fondo vital orgánico. 3) La personalidad.
El fondo vital, cual fantasma se va desintegrando poco a
poco, frente a la fosa sepulcral a medida que el cuerpo físico se va también
desintegrando.
La personalidad es subconsciente o infraconciente, entra y
sale del sepulcro cada vez que quiere, se alegra cuando los dolientes le llevan
flores, ama a sus familiares y se va disolviendo muy lentamente hasta
convertirse en polvareda cósmica.
Eso que continúa más allá del sepulcro es el Ego, el Yo
Pluralizado, el mí mismo; un montón de diablos dentro de los cuales se encuentra
enfrascada la Esencia, la Conciencia, que a su tiempo y a su hora retorna, se
reincorpora.
Resulta lamentable que al fabricarse la nueva personalidad
del niño, se reincorporen también los Yoes.