CAPÍTULO 21
OBSERVACIÓN DE SI MISMOS
La Auto-Observación íntima de sí mismo es un medio práctico
para lograr una transformación radical.
Conocer y observar son diferentes. Muchos confunden la
observación de sí, con el conocer. Se conoce que estamos sentados en una silla
en una sala, más esto no significa que estemos observando la silla.
Conocemos que en un instante dado nos encontramos en un
estado negativo, tal vez con algún problema o preocupados por este o aquél
asunto o en estado de desasosiego o incertidumbre, etc., pero esto no significa
que lo estemos observando.
¿Siente usted antipatía por alguien? ¿Le cae mal cierta
persona? ¿Porqué? Ud. dirá que conoce a esa persona... ¡Por favor!, obsérvela,
conocer nunca es observar; no confunda el conocer con el observar...
La observación de sí que es un ciento por ciento activa, es
un medio de cambio de sí, mientras el conocer, que es pasivo, no lo es.
Ciertamente conocer no es un acto de atención. La atención
dirigida hacia dentro de uno mismo, hacia lo que está sucediendo en nuestro
interior, sí es algo positivo, activo...
En el caso de una persona a quien se tiene antipatía, así por
que sí, porque nos viene en gana y muchas veces sin motivo alguno, uno advierte
la multitud de pensamientos que se acumulan en la mente, el grupo de voces que
hablan y gritan desordenadamente dentro de uno mismo, lo que están diciendo, las
emociones desagradables que surgen en nuestro interior, el sabor desagradable
que todo esto deja en nuestra psiquis, etc., etc., etc.
Obviamente en tal estado nos damos cuenta también de que
interiormente estamos tratando muy mal a la persona a quien tenemos antipatía.
Más para ver todo esto se necesita incuestionablemente de una
atención dirigida intencionalmente hacia adentro de sí mismo; no de una atención
pasiva.
La atención dinámica proviene realmente del lado observante,
mientras los pensamientos y las emociones pertenecen al lado observado.
Todo esto nos hace comprender que el conocer es algo
completamente pasivo y mecánico, en contraste evidente con la observación de sí
que es un acto consciente.
No queremos con esto decir que no exista la observación
mecánica de sí, más tal tipo de observación nada tiene que ver con la
auto-observación psicológica a que nos estamos refiriendo.
Pensar y observar resultan también muy diferentes. Cualquier
sujeto puede darse el lujo de pensar sobre sí mismo todo lo que quiera, pero
esto no quiere decir que se esté observando realmente.
Necesitamos ver a los distintos Yoes en acción, descubrirlos
en nuestra psiquis, comprender que dentro de cada uno de ellos existe un
porcentaje de nuestra propia conciencia, arrepentirnos de haberlos creado, etc.
Entonces exclamaremos: «Pero qué está haciendo este Yo?»
«¿Qué está diciendo?» «¿Qué es lo que quiere?”, “¿Porqué me atormenta con su
lujuria?”, “¿Con su ira?” etc., etc., etc.
Entonces veremos dentro de sí mismos, todo ese tren de
pensamientos, emociones, deseos, pasiones, comedias, privadas, dramas
personales, elaboradas mentiras, discursos, excusas, morbosidades, lechos de
placer, cuadros de lascivia, etc., etc., etc.
Muchas veces antes de dormirnos en el preciso instante de
transición entre vigilia y sueño sentimos dentro de nuestra propia mente
distintas voces que hablan entre sí, son los distintos Yoes que deben romper en
tales momentos toda conexión con los distintos centros de nuestra máquina
orgánica a fin de sumergirse luego en el mundo molecular, en la «Quinta
dimensión».