CAPÍTULO 28
LA VOLUNTAD
La «Gran Obra» es ante todo, la creación del hombre por sí
mismo, a base de trabajos conscientes y padecimientos voluntarios.
La «Gran Obra» es la conquista de sí mismos, de nuestra
verdadera libertad en Dios.
Necesitamos con urgencia máxima, inaplazable, desintegrar
todos esos «Yoes» que viven en nuestro interior si es que en realidad queremos
la emancipación perfecta de la Voluntad.
Nicolás Flamel y Raimundo Lulio, pobres ambos, liberaron su
voluntad y realizaron innumerables prodigios psicológicos que asombran
Agripa no llegó nunca más que a la primera parte de la Gran
Obra y murió penosamente, luchando en la desintegración de sus «Yoes» con el
propósito de poseerse a si mismo y fijar su independencia.
La emancipación perfecta de la Voluntad asegura al sabio el
imperio absoluto sobre el Fuego, el Aire,. el agua y la tierra.
A muchos estudiantes de Psicología contemporánea les parecerá
exagerado lo que renglones arriba afirmamos en relación con el poder soberano de
la voluntad emancipada; sin embargo la Biblia nos habla maravillas sobre Moisés.
Según Filón, Moisés era un iniciado en las Tierras de los
Faraones a orillas del Nilo, Sacerdote de Osiris, primo del Faraón, educado
entre las columnas de ISIS, la Madre Divina, y de Osiris nuestro Padre que está
en secreto.
Moisés era descendiente del Patriarca Abraham, el gran mago
Caldeo, y del muy respetable Isaac.
Moisés el hombre que liberó el poder eléctrico de la
voluntad, posee el don de los prodigios; esto lo saben los Divinos y los
Humanos. Así está escrito.
Todo lo que las sagradas Escrituras dicen sobre ese caudillo
hebreo, es ciertamente extraordinario, portentoso.
Moisés transforma su bastón en serpiente, transforma una de
sus manos en mano de leproso, luego le devuelve la vida.
La prueba aquella del zarzal ardiente ha puesto en claro su
poder, la gente comprende, se arrodilla y se posterna.
Moisés utiliza una vara mágica, emblema del poder real, del
poder sacerdotal del iniciado en los Grandes Misterios de la Vida y de la
Muerte.
Ante el faraón, Moisés cambia en sangre el agua del Nilo, los
peces mueren, el río sagrado queda infectado, los egipcios no pueden beber de
él, y las irrigaciones del Nilo derraman sangre por los campos.
Moisés hace más; logra que aparezcan millonadas de ranas
desproporcionadas, gigantescas, monstruosas, que salen del río e invaden las
casas. Luego, bajo su gesto, indicador de una voluntad libre y soberana,
aquellas ranas horribles desaparecen.
Más como el Faraón no deja libre a los israelitas, Moisés
obra nuevos prodigios: Cubre la tierra de suciedad, suscita nubes de moscas
asqueantes e inmundas, que después se da el lujo de apartar.
Desencadena la espantosa peste, y todos los rebaños -excepto
los de los judíos- mueren.
Cogiendo hollín del horno - dicen las Sagradas escrituras- lo
tira al aire y, cayendo sobre los Egipcios, les causa pústulas y úlceras.
Extendiendo su famoso bastón Mágico, Moisés hace llover un
granizo del cielo que en forma inclemente destruye y mata. A continuación hace
estallar el rayo flamígero, retumba el trueno aterrador y llueve espantosamente,
luego con un gesto devuelve la calma
Sin embargo, el Faraón continúa inflexible. Moisés, con un
golpe tremendo de su vara mágica, hace surgir como por encanto nubes de
langostas, luego vienen tinieblas. Otro golpe con la vara y todo retorna al
orden original.
Muy conocido es el final de todo aquél Drama Bíblico del
Antiguo testamento: Interviene Jehová, hace morir a todos los primogénitos de
los Egipcios y al Faraón no le queda más remedio que dejar marchar a los
hebreos.
Posteriormente Moisés se sirve de su vara Mágica para hender
las aguas del Mar Rojo y atravesarlas a pie seco.
Cuando los guerreros Egipcios se precipitan allí persiguiendo
a los Israelitas, Moisés con un gesto, hace que las aguas se vuelvan a cerrar
tragándose éstas a los perseguidores.
Incuestionablemente muchos Seudo-Ocultistas al leer todo
esto, quisieran hacer lo mismo, tener los mismos poderes de Moisés, sin embargo
esto resulta algo más que imposible en tanto la Voluntad continúe embotellada
entre todos y cada uno de esos «Yoes» que en los distintos transfondos de
nuestra psiquis cargamos.
La Esencia embutida entre el «Mí Mismo» es el genio de la
lámpara de Aladino,, anhelando libertad... Libre tal genio, puede realizar
prodigios.
La Esencia es «Voluntad-Conciencia» desgraciadamente
procesándose en virtud de nuestro propio condicionamiento.
Cuando la Voluntad se libera, entonces se mezcla o fusiona
integrándose a sí con la Voluntad Universal, haciéndose por esto soberana.
La Voluntad individual fusionada con la Voluntad Universal,
puede realizar todos los prodigios de Moisés.
Existen tres clases de actos: A) Aquellos que corresponden a
la ley de los accidentes. B) Esos que pertenecen a la ley de recurrencia, hechos
siempre repetidos en cada existencia. C) Acciones determinadas intencionalmente
por la Voluntad Consciente.
Incuestionablemente sólo gentes que hayan liberado su
Voluntad mediante la muerte el «Mí mismo», podrán realizar actos nuevos nacidos
de su libre albedrío.
Los actos comunes y corrientes de la humanidad, son siempre
el resultado de la Ley de Recurrencia o el mero producto de Accidentes
Mecánicos.
Quien posee Voluntad libre de verdad, puede originar nuevas
circunstancias; Quien tiene su Voluntad embotellada entre el «Yo Pluralizado»,
es víctima de las circunstancias.
En todas las páginas Bíblicas existe un despliegue
maravilloso de Alta Magia, Videncia, Profecía, Prodigios, Transfiguraciones,
Resurrección de muertos, ya por insuflación o por imposición de manos o por la
mirada fija sobre el nacimiento de la nariz, etc., etc., etc.
Abunda en la Biblia el masaje, el aceite sagrado, los pases
magnéticos, la aplicación de un poco de saliva sobre la parte enferma, la
lectura del pensamiento ajeno, los transportes, las apariciones, las palabras
venidas del cielo, etc., etc., etc., etc., verdaderas maravillas de la Voluntad
Consciente liberada, emancipada, soberana.
¿Brujos? ¿Hechiceros? ¿Magos negros?, abundan como la mala
hierba; empero esos no son santos, ni adeptos de la Blanca Hermandad.
Nadie podría llegar a la «Iluminación Real», ni ejercer el
sacerdocio absoluto de la voluntad consciente, si previamente no hubiera muerto
radicalmente en sí mismo, aquí y ahora.
Muchas gentes nos escriben frecuentemente quejándose de no
poseer iluminación, pidiendo poderes, exigiéndonos claves que les conviertan en
magos, etc., etc., etc., empero nunca se interesan por auto-observarse, por
auto-conocerse, por desintegrar esos Agregados Psíquicos, esos Yoes, dentro de
los cuales se encuentra enfrascada la Voluntad, la Esencia.
Personas así, obviamente están condenadas al fracaso. Son
gentes que codician las facultades de los santos, pero que de ninguna manera
están dispuestas a morir en sí mismas.
Eliminar errores es algo mágico, maravilloso de por sí, que
implica rigurosa auto-observación Psicológica.
Ejercer poderes es posible cuando se libera radicalmente el
poder maravilloso de la Voluntad.
Desgraciadamente como las gentes tienen la Voluntad
enfrascada entre cada «Yo», obviamente aquella se encuentra dividida en
múltiples Voluntades que se procesan cada una en virtud de su propio
condicionamiento.
Resulta claro comprender que cada «Yo» posee por tal causa su
Voluntad Inconsciente, particular.
Las innumerables Voluntades enfrascadas entre los «Yoes»,
chocan entre sí frecuentemente, haciéndonos por tal motivo impotentes, débiles,
miserables, víctimas de las circunstancias, incapaces.