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CAPÍTULO VIGESIMO CUARTO

Algunas especialidades y éxitos de la Osmoterapia

Hemos probado que la fuerza curativa del organismo, la reacción biológica, es la que cura las enfermedades. Esto en el mundo médico no tiene discusión, es aceptado universalmente. Pero hemos probado también que la Osmoterapia aumenta e incita la fuerza curativa del organismo, y por eso podemos decir sin jactancia, que la Osmoterapia cura todas las enfermedades. No todos los enfermos, entiéndase bien, y que de un accidente, de alguna enfermedad tenemos que morir todos. Pero mientras exista esperanza en un enfermo, debemos aplicar el sistema que esté más ajustado a la lógica, que ofrezca mejores garantías. El médico no ha de ser charlatán ni ofrecer más de lo que puede cumplir; al contrarío, ha de sobrepasar siempre las esperanzas legítimas del paciente.

Sí viene un enfermo que sufre reumatismo deformante o un niño que tiene meningitis o me encuentro en cáncer, sería un crimen decir al paciente: “Deje todos los sistemas y confíe solamente en el mío.” Eso nunca, todos los sistemas son más o menos buenos; yo he luchado cuarenta años por el naturismo, soy médico biólogo y tantos años de experiencia me han llevado a la Osmoterapia, con lo cual he conseguido los mayores éxitos; pero siempre la he recetado unida al tratamiento naturista.

Preguntará el lector: “¿Pero cuáles son los casos en que usted está más seguro del éxito de la Osmoterapia?” ¿En qué casos podría ser considerado mi sistema como una especialidad? Voy a citar algunos.

Ante todo, las enfermedades alérgicas o enfermedades por sensibilización. Esta sensibilización es una reacción especial contra determinadas substancias o microorganismos. En estas enfermedades la naturaleza lucha sin descanso, pero los microorganismos luchan con igual ímpetu, y entonces resulta que el organismo se debilita y en las complicaciones puede sucumbir el enfermo.

Muchas enfermedades principian con un simple resfrío; este resfrío puede dar margen a pulmonías, por ejemplo, y otras complicaciones graves. Curando a tiempo un resfriado ya hemos ganado la primera batalla y evitado un mal mayor.

Podemos hablar de “gripe”, con sus escalofríos, ligeras fiebres, dolor de cabeza y molestias en la garganta, tos y decaimiento; son los primeros síntomas característicos; si no los detenemos viene la inflamación de las fosas nasales, una afluencia de mucosidades, irritación de los ojos y lagrimeo. Sí nos tomamos el trabajo de examinar bajo el microscopio estas secreciones, nos encontramos con “estreptococos” , “pneumococos” y bacilos de la influenza. Estos últimos han sido denominados “virus filtrable” ; se llama filtrable porque por su extremada pequeñez pasa los filtros, pues es de un tamaño de una millonésima parte de milímetro, de forma que fueron invisibles, hasta hace poco, para los más potentes ultramicroscopios. La labor de estos microorganismos es preparar el terreno para la fomentación de otros microbios mucho más peligrosos.

Los remedios empleados hasta ahora fueron pomadas desinfectantes, lavados de las fosas nasales, píldoras y líquidos específicos y que cuando sana el enfermo es, muchas veces, a pesar de estos remedios.

Un gran internista dice que está probado que mientras menos substancias, como pomadas y píldoras, se usan, es mejor, porque todas son irritantes y cáusticas. Ahí está la Osmoterapia inigualada y en todas las casas debería existir un pebetero por el cual se esparciera por el ambiente el perfume curativo. Sí el paciente no toma ninguna de estas medidas, tenemos el primer peligro; el catarro se puede hacer crónico y nos puede venir la sinusitis. “Sinus”, seno, e “itis”, inflamación ; es decir, inflamación de los senos frontales, cavidades que se comunican con la nariz.

Se produce la “sinusitis” a causa de un endurecimiento y retención de las mucosidades en la nariz. Sobrevienen dolores de cabeza, se forma pus y viene el gran peligro de que se extienda la afección hasta las membranas meníngeas, lo que significa la muerte.

Es en este caso cuando debe entrar en actividad el cirujano. Abrir y establecer un drenaje para que salga la mucosidad retenida. A veces, en casos más extremos, el cirujano se ve precisado para poder operar, a abrir los huesos frontales, en cuyo caso, de resultar feliz la operación, el enfermo queda con la cara muy deformada. Naturalmente que aquí señalo casos extremos; precisamente lo que hay que evitar es llegar a estos casos extremos, más aún cuando tenemos un medio para evitarlo.

Cada vez que me he encontrado con un caso de sinusitis en que la operación no era aún imprescindible, les he puesto bajo un baño de luz eléctrica local y les he hecho oler la sustancia osmoterápica, y puedo atestiguar que jamás tuve un fracaso.

También hay casos de sinusitis crónica; en estos casos hay que acudir a la Osmoterapía por ser el remedio infalible, sencillo y absolutamente inofensivo, a la par que agradable.

Otra enfermedad que puede provenir de un resfriado no cuidado es la polinosis, comúnmente llamada fiebre de heno. Es otra de las enfermedades alérgicas que sólo en Estados Unidos existen cuatro millones de pacientes; en el resto del mundo pasan del centenar de millones. Nadie muere a causa de la fiebre de heno, pero a mí me han dicho muchos pacientes que prefieren morirse a continuar soportando tan molesta enfermedad.

El catarro crónico éste o más bien periódico, es debido al polen de ciertas plantas que introducido en la nariz produce esta molesta enfermedad, esa hipersensibilidad. La fuerza curativa de la naturaleza lucha contra ese resfrío espasmódico con los estornudos, pero es inútil todo, esa coriza espasmódica que podríamos llamar también asma nasal, no cura, todos los esfuerzos son inútiles; las personas que son sensibles a la acción del polen, son víctimas eternas y están expuestas a graves enfermedades. Ahí la Osmoterapía es heroica.

Más grave es aún cuando el sencillo resfriado se convierte en asma. Ya sabemos que hay diferentes clases de asma; asma cardiaca, asma nerviosa, etc., y yo opino que todas estas asmas provienen generalmente del estómago. Hay alimentos que no debiera de tomar nunca el asmático, tales como los huevos; pero hasta la harina de trigo, ciertas clases de pan y la sémola pueden ser el origen del asma.

Parece que existen ciertos microorganismos que están en los depósitos donde se guardan cereales, que pueden ser los productores del asma.

En Estados Unidos, la Osmoterapía ya tiene fama tan sólo por las curaciones que hemos hecho de asmáticos. Los asmáticos deben acudir a la Osmoterapia, así como todas las enfermedades clasificadas de alérgicas. El médico que no ensaya en estos casos la Osmoterapia, después de haber fracasado con otros sistemas y métodos, no cumple con su deber.

Hay enfermedades del estómago, del hígado, de los intestinos, del pulmón, de las vías respiratorias y muchas otras de origen nervioso, todas las cuales caen bajo la especialidad de la Osmoterapia.

Citaré, queridos lectores, cierta clase de enfermedades que han sido tratadas y curadas por la Osmoterapia; confieso honradamente que se trata en este caso de empirismo. Yo tengo una explicación, pero sería muy larga para el lector. Se trata nada menos que de enfermedades mentales, no de simples afecciones nerviosas, las cuales es sabido que la Osmoterapia cura fácilmente, sino de casos graves de perturbación mental.

En el Norte de México existía un colega que había tenido éxito en algunas curaciones de alienados; esto hizo que acudieran muchos enfermos de esta clase, pero su tratamiento ya no daba resultado y en lugar de conservar su justa fama, fue desacreditándose poco a poco.

Se dio cuenta de la situación y acudió a mí para que le diera un consejo. Vamos a probar la Osmoterapia, le dije. Déjeme tiempo para preparar algunos extractos y perfumes.

Pasaron unos meses, cuando un día me lo encuentro y acude a mí con una cara radiante y con los brazos abiertos para abrazarme y felicitarme, pues el éxito de mis preparados había sido enorme.

Como era un hombre honrado, no ocultó que a mí me debía los preparados y entonces resultó que me vi acosado de solicitudes y tuve un caso de demencia precoz que sanó gracias a mis métodos.

Sería un charlatán si dijera: Voy a curar la demencia precoz. No, eso no lo hago; sé que esa enfermedad es incurable, pero me da pena la cantidad de pacientes encerrados en los manicomios. Lo que pasó en el caso que acabo de citar es que se trataba de un error de diagnóstico, no era demencia precoz, sino otra cosa. Pero ahora viene el problema; ¡cuántos pasarán por dementes precoces sin serlo! ¿No sería lógico probar, ya que en ningún caso es perjudicial? ¡Cuánta alegría reina en un hogar cuando vuelve un familiar enfermo del manicomio, completamente sanado! ¡Cuántos muertos con vida, aunque parezca un contrasentido, hay encerrados en los manicomios! ¡Para ellas, la Osmoterapia representa una nueva y luminosa esperanza!

Otro caso por mí tratado fue el de un joven que padecía una pulmonía. Cuando yo le asistí se encontraba gravísimo; mis colegas alópatas desconfiaban de salvarle. Sin pérdida de tiempo prescribí mi tratamiento a base de constantes inhalaciones osmoterápicas preparadas con mi fórmula, de la cual es principal integrante la creosota. El resultado obtenido queda patente en la relación gráfica presente, en la cual vemos tres células vistas al microscopio. El primer día se observa la invasión de “peneumococos”; en el segundo, ya se nota una notable disminución, que culmina al tercer día con la curación, desaparición total de peligro y ausencia de gérmenes. No creo que en la historia de la medicina pueda citarse otro caso de tan rápida y efectiva curación.

 Incienso a la osmoterapia Figura 05

Podríamos seguir citando otras especialidades y detallando otros éxitos, pero en este libro no trato de hacerme ninguna propia reclame; sólo deseo que todo el mundo vaya conociendo las inmensas ventajas de este nuevo sistema curativo cuyos principales calificativos son: la sencillez, la eficacia, el ser inofensivo, agradable, al alcance de todos.

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