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CAPÍTULO VIGÉSIMOSEGUNDO

Todo fluye, todo respira, todo irradia

Todos conocemos la razón de aquella frase: “Todo fluye”, pero con mucha más razón podemos decir: “Todo respira” y “Todo irradia.”

Aun cuando con nuestros órganos físicos no siempre podemos observar esos hechos, los médicos debemos tomar en consideración y dar a la Respiración e Irradiación más importancia y no olvidarla en la aplicación, en la curación de las enfermedades.

Todas las funciones de la vida requieren un ritmo, es en último término la Armonía la que decide el bienestar.

Salud es armonía, enfermedad desarmonía, y los médicos tienen el deber cuando descubren desarmonías, es decir, cuando se encuentran enfrente de un enfermo, de que la armonía vuelva otra vez a producirse o establecerse en las funciones vitales, cosa que es muy difícil con los medios que nos ofrece la alopatía. Mucho más fácil y seguro lo es para muchos con las dosis infinitesimales de la homeopatía y para nosotros, sobre todo, en la forma de la Osmoterapia, porque es una ley aceptada por los homeópatas, el que mientras más sutil, más infinitesimal sea un agente, más fuerte es su acción.

De manera que podemos establecer este axioma: “Mientras más sutil sea el medicamento, tanto más fuerte y segura será su acción.”

Goldscheider dice: Cada irritación provoca reacción, es decir, curación. La palabra irritación tiene siempre algo desagradable para nosotros, pero no podemos eximirnos de usarla en asuntos médicos, lo que debemos hacer es no esperar a que se presenten esas irritaciones, sino más bien valerse de un medio profiláctico, irritar y provocar siempre, pero no irritar con cosas toscas, sino usar algo que en sí ya sea curativo y eso es, sin duda, la Osmoterapia con sus perfumes.

Ya hemos visto que el cuerpo humano está hecho de pequeñas células, y la ciencia nos ha enseñado que nuestro organismo está construido por millones de células, y éstas nacen, crecen y se dividen; por eso en el cuerpo humano no están un segundo en reposo, al contrario, en perpetuo cambio, en constante mutación, al impulso de los rayos mitogenéticos.

Esto es lo grandioso, lo gigantesco; que la naturaleza está en constante, ininterrumpida transformación y ya hemos visto que las células nacen, crecen y mueren. Están en constante contracción y dilación y este proceso nos obliga a aceptar en una sustancia etérea e intercelular, que podemos identificar con el éter omnipenetrante.

Lo que sea en sí el éter no podemos definirlo aquí, ni extendernos a argumentar que si la plasmogenia tiene razón en decir que se trata de una emanación de sílice, pues la composición en sí del éter es aún para todos un enigma, lo que sí es seguro es que existe esa sustancia intra e intercelular, llámese éter o tenga otro nombre separado o unido a las ondas y los rayos que ya hemos mencionado al principio de este tratado.

También es seguro que las células se mueven y ese movimiento no puede ser detenido ni durante el sueño ni a voluntad y el cambio de su forma durante nuestra vida no puede ser detenido por nada.

Sí meditamos sobre este fenómeno nos tiene que parecer una verdadera profanación que en caso de enfermedad se pretenda lograr la armonía de la vida con preparados groseros, materialistas.

El médico consciente de su misión, que se siente sacerdote, que concibe el cuerpo como algo santo, debe sentirse animado a buscar nuevos caminos para la ciencia médica, por lo menos ser tolerante con los que los buscamos con afán, y se verá obligado a aceptar que los medicamentos no solamente vayan por la boca y estómago, en inyecciones o enemas, sino que tendrá que aceptar también la vía olfativa y la frase bíblica que ya cité, que dice: “... y alentó Dios por la nariz, soplo de vida...”

La respiración es tan vitalmente esencial al microcosmo célula como al macrocosmo cuerpo. En la respiración hay una tendencia constante de atracción y repulsión de substancias y fuerzas. Respirar en el sentido más material, significa el intercambio de la sangre y la eliminación de las escorias o ele¬mentos morbosos de la sangre por el pulmón.

Hay una ley cósmica que dice: “Sicut superius sicut infertus”. Como es arriba, así es abajo, o en otras palabras : Los mismos procesos se desarrollan en lo grande como en lo pequeño; por eso podemos, con todo derecho, comparar la respiración pulmonar con la de las células.

En la respiración de las células se realiza un intercambio de sangre en la célula y, al revés, por el sistema capilar, en esa red polirramal de todo el organismo.

Schmidt dice que toda respiración interna del cuerpo sólo es para transmitir, es decir, para servir de vehículo y que mientras el líquido sanguíneo porta el jugo transformador de los alimentos, los corpúsculos rojos en su peregrinación por el cuerpo traen oxígeno y llevan al regresar ácido carbónico.

La magnitud de la respiración, es decir, la profundidad de la respiración y el ritmo de ella influye sobre la vitalidad del organismo, cuyo ritmo en general significa bienestar o malestar de la vida, es efecto de la respiración. Respiración es vida.

Tenemos una ciencia nueva, la BIOCENOSIS, es decir, el estudio del ambiente o del conjunto de influencias del medio que habitamos y que determina en los seres vivos ciertas cualidades y esas cualidades son la base de la biosofía, la ciencia de la vida.

Debemos estudiar, indagar cuáles son las sustancias con que vivimos que influyen en nosotros no solamente en la alimentación, sino también en el aire que respiramos, atraer siempre lo bueno y rechazar lo malsano, lo impuro. Hasta cierto punto hacemos esto al abrir una ventana para ventilar el cuarto donde estamos, “al combatir en las fábricas el polvo dañino”. Empero con esta medida sólo logramos el aire puro, cierto es que el aire puro de por sí no es una panacea, un curalotodo, ya que en alta mar donde el aire es puro también hay enfermedades. Lo que necesitamos es Aire Curativo, por eso es digna de elogio la idea de llevar a los tuberculosos a las montañas, a los bosques de pinos.

La Osmoterapia va todavía más lejos; se vale del aire como vehículo de las substancias medicamentosas.

El ideal de la Homeopatía sería llevar en la inspiración sus globulitos, pero eso no lo permite nuestra constitución y yo no me puedo deshacer de la idea de que todo medicamento, y allí entran también los homeopáticos, al pasar por nuestro aparato digestivo sufran cambios tanto químicos como fisiológicos.

En España se admirarán de que cite tanto a los homeópatas. No hay que olvidar que soy alemán, que los últimos decenios he residido en Alemania donde la Homeopatía ha tomado un incremento grandioso, y no exagero al afirmar que más del treinta por ciento de los médicos alópatas se han convertido en homeópatas, y un tanto por ciento más elevado aún, a la medicina biológica; los naturistas se cuentan por millares y muchos de ellos descuellan como verdaderas eminencias. Por el contrario, en Alemania creen que exagero cuando afirmo que en España pueden contarse con los dedos de una mano los médicos que ejercen el naturismo, de los cuales ocupa el lugar más destacado por su labor y estudios el doctor Ferrandiz y el más po-pular por sus obras de divulgación naturística, el conocido Vander.

El homeópata honrado y progresista que quiere ser consecuente con su escuela, se verá obligado a preparar sus medicamentos en condiciones de poder ser introducidos al organismo por medio de la respiración.

La Biogenosis, que ya citamos, durante decenios de años se ha ocupado de los microbios y de su destrucción, y recientemente principia a prestar su atención a la influencia electromagnética de ciertos gases, de corrientes invisibles, y es más, ya comprende y acepta una fuerza cósmica, o sea la influencia etérea.

Durante la guerra mundial tuvimos experiencias muy amargas y vimos cómo con gases se mata. Los compañeros médicos que tomaron parte en esa horrible hecatombe recordarán que se hablaba de bombas de ajo, de violetas, de alelí y de otras materias, por su parecido olor. Esos gases y perfumes invisibles se esparcían en extensiones de kilómetros y kilómetros, matando a cuantos seres vivientes lo respiraban. La composición de estos gases se guarda en secreto, pero sabemos que muchos de ellos estaban constituidos de substancias vegetales que convertidas en una especie de neblina mataban a la gente.

Todo en el mundo es bipolar. Si vemos que con un polo se puede matar, el polo contrario debe dar vida y la química, como ciencia que ha inventado los gases mortíferos, debe podernos preparar perfumes como gases vitales.

Los perfumes son substancias gaseosas, son rayos, su expansión es radial, en un cuarto invadido por el olor se perfuma, tanto el suelo como el techo, las paredes, los muebles y las personas, todo el ambiente está saturado por la sustancia odorífera.

Todo eso son perogrulladas que todo el mundo tendrá que aceptar, salvo que no quiera, por intereses creados o por cualquier otro motivo egoísta.

Sigamos adelante. Ya hablamos de que el cuerpo está constituido por células, pero las células están a su vez formadas de átomos. En varios de mis libros siempre he subrayado que el átomo, desde cierto punto de vista, es un trío compuesto de materia, de energía y de conciencia. Sólo con la aceptación de esa base del átomo como trío de materia, energía y conciencia, podemos explicarnos todos los fenómenos y manifestaciones de la vida y las cosas de la naturaleza. Sin este trío como base, todo se reduce a un enigma. Se puede ir más lejos aún; aceptar la hipótesis de que la conciencia individual no sea más que el conjunto de la consciencia de los átomos de nuestro cuerpo.

Esa consciencia empuja, anima la eliminación de las substancias morbosas y atrae las sustancias vitales. La vida misma para mí no es otra cosa que la lucha de ese trío entre sí.

En la vida orgánica de las plantas domina el mismo trío y ese tiene su expresión más fuerte, más marcada, en el perfume de las plantas y de las flores.

La homeopatía ha probado que la fuerza máxima que reside en el volumen mínimo de los exponentes reside en los corpúsculos, ya hemos citado los rayos corpusculares. Estos corpúsculos odoríferos están acondicionados por su posición y se podría sostener que la vida en general no es más que un proceso eléctrico y todo se reduce a ondulación e irradiación.

Nosotros diferenciamos muchas ondas y sabemos diferenciar entre las que nos transmite la música por la radio, de las que nos da la luz o las que nos transmiten el calor. Los rayos osmóticos son mencionados y descubiertos hipotéticamente por el autor de este libro. La escala de las ondulaciones primeras ya es muy conocida; hablamos de ondas largas, ondas normales y ondas cortas; de rayos infrarrojos y ultravioleta y llegamos a emanaciones reducidísimas de mu-mu; pero, ¿quién nos dice que el límite establecido por los radiólogos hasta el presente, teóricamente no puede llegar a mu-mu-mu?

Ya vendrá el tiempo en que podremos coronar nuestros estudios estableciendo la longitud de nuestros rayos. El hecho de que no podamos hasta ahora medir estas microondulaciones no nos autoriza a decir que no existen. Los estudios de von Reiter y Gabor, comunicados a la casa Siemens, dan la prueba de que se puede contar en tiempos no lejanos en un gran adelanto en estas investigaciones.

Ya Lakhovsky descubrió estas ondulaciones cósmicas y les atribuyó longitudes que continúan en esa escala hasta cifras siempre más pequeñas.

Yo sostengo que todo ondula, que todo irradia, especialmente todos los seres organizados; animales y plantas emiten emanaciones.

Teóricamente podemos nosotros formarnos idea de varios cuerpos.

Separada la carne, la sangre, los músculos y nervios, etc., queda el esqueleto como cuerpo de por sí. Ahora en estado rígido podemos unir la carne y formar un nuevo yo sin huesos. De ese hombre de carne podríamos teóricamente separar la sangre y conseguir un cuerpo sanguíneo como un tercer Yo. Todavía podemos, teóricamente siempre, separar de él todo el sistema nervioso y presentar como una red de enjambre, otro Yo más. El Yo de nervios lo vimos en la exposición de higiene de Berlín, pero sigamos divagando, los nervios irradian, ellos siempre emiten rayos y podríamos separarlos dejando los nervios como un alambrado y un Yo de neblina radiante formado por los rayos emitidos por los nervios. Y todavía nos queda separar de estas emanaciones los rayos mitogenéticos y tener un Yo mitogenético, y por último un Yo osmótico, el que a nosotros aquí nos interesa en la relación del reino vegetal con el hombre.

Si separamos las glándulas desde la epífisis, hipófisis, pasando por la tiroides, los cuerpos epiteliales, el timo, los riñones suplementarios, las sexuales y todas las miles de menos importancia, tendríamos  un  cuerpo  glandular  y  seguro  que  sus  secreciones,  que  irradian  también,  animan  la emanación de una a otras y creo que el fenómeno de las fuerzas curativas dentro de nosotros radica en la acción recíproca que resulta de esas glándulas, de la sangre y del sistema nervioso, que todos no son más que vehículos, la base es nuestra alma, es espiritual y lo estudiamos como nuestro subconsciente.

Un médico americano, sin conocer mis publicaciones sobre la Osmoterapia, examinó la influencia de algunas plantas sobre el organismo y vio que con ciertas plantas de flores olorosas el resultado fue mayor. El procedimiento de ese médico consistió en poner sobre el cuerpo de un enfermo diversas flores y observar las modificaciones del iris y constató que la influencia de la planta se notaba desde luego por una dilatación del iris y después por varias modificaciones.

Nosotros podíamos haberle dicho que hacía años que conocíamos este fenómeno provocado por nuestros perfumes. Una prueba de la existencia de las emanaciones cósmicas nos la proporcionan más visiblemente los extremos de las raíces de las cebollas, que ya hemos citado anteriormente.

Todo se magnetiza recíprocamente en la naturaleza. Recordemos de nuevo los rayos mitogenéticos que nos prueban que las irradiaciones que parten de un organismo reaccionan hasta sobre substancias inorgánicas.

Volviendo otra vez a la experiencia de las puntas de las raíces de las cebollas, leo en una revista científica que haciéndolas pasar por unas planchitas de cuarzo se vio que las traspasan sin disminuir para nada su acción.

Podría presentar aquí muchos informes científicos que he reunido en mí biblioteca, pero veo que entraríamos en un terreno muy difícil para la comprensión del público. Queremos hacer un tratado más o menos popular para que la entienda todo el mundo y no un tratado médico.

Es un hecho que existen esas irradiaciones tratadas y que toda sustancia puede ser expuesta a ellas o provocar así en ella misma emisión. Podemos recordar en ese sentido la transmutación o destrucción de las substancias radioactivas.

En la dilución o sutilización se puede ir tan lejos que la acción química de la sustancia enfrente de efecto de por sí pierde en importancia. Se puede, por ejemplo, destilar agua haciéndola pasar por filtros o cedazos de plata y, sin embargo, se puede probar que esa agua queda libre de la plata. Podemos, pues, diferenciar perfectamente entre la reacción de los metales y su acción misma. Más todavía, podemos afirmar que a medida que la sustancia se diluye, aumenta su acción irradiante.

Kolisko ha probado que una sustancia diluida según ciertas leyes establecidas, activa y favorece el crecimiento de las plantas. El máximo de la acción lo consiguió a la vigésimo séptima potencia decimal y la mínima a la décimo cuarta, y en eso las experiencias de Kolisko van conforme a la Osmoterapia.

Haciendo un resumen, quisiera repetir: Toda sustancia, sobre todo aquella que está fundamentada en un proceso vital, tiene irradiaciones que en todas las otras substancias o procesos vitales ejercen su acción.

Las investigaciones y análisis prolijos nos dieron la razón para sostener la ley siguiente: El producto de la acción substancial (materia) y la acción irradiadora (creaciones etéreas) es constante, es decir, mientras mayor sea la cantidad de materia, tanto más pequeña será la acción irradiante, y a la inversa. De ahí partimos sosteniendo que mientras más fina sea la materia de nuestros medicamentos tanto más fuerte es su acción.

¿Qué más quieren los homeópatas que les diga el descubridor de la Osmoterapia? El doctor Ferrandiz, después de leer parte del original de este libro, sentenció: “La Osmoterapia es la sublimidad de la Homeopatía.” Sí, mi querido lector, así es.

Ahora bien, la forma más sutil que tenemos de la materia es, sin género de duda, en su estado gaseoso e irradiante. Sostenemos que las moléculas gaseosas tienen el poder radioactivo más grande y en eso está la prueba de la acción de la homeopatía y es seguro que al enfermarse nuestras células, el resultado más grande en la práctica se puede obtener con los medicamentos gaseosos, es decir, con la Osmoterapia.

Podemos decir cuando estemos enfrente de un enfermo: respira y conquista la salud oliendo sustancia medicamentosa apropiada.

Otra cosa que recomiendo que repitan los homeópatas. Llevado por la curiosidad, he preparado y he hecho preparar esencias fuertes de los perfumes y los he inspirado con fuerza y prolongadamente, al poco tiempo experimenté síntomas de enfermedad y pude confirmar la ley de ellos: “Similia similibus curantur”. Y así considero a la Osmoterapia como el coronamiento de la escuela de Hahnemann.

Todos los homeópatas que conocen la vida de Hahnemann saben que él ya hizo las mismas experiencias, de forma que en este sentido puedo considerarme como continuador de Hahnemann.

Curarse por medio de la respiración oliendo sustancias odoríferas es muy bueno, pero mejor, más cuerdo es prevenir las enfermedades, actuar con profilácticos allí donde hay peligro de enfermedad.

Ya dijimos antes que hay que preparar aire curativo. En los buques que vienen infectados prohíben subir y bajar al pasaje hasta que el barco no esté fumigado, se hace esto sobre todo cuando hay peligro de contagio de una enfermedad.

Eso se ha usado desgraciadamente en los vapores y la gripe que arrebata miles y miles de vidas anualmente y millones y millones de gastos, podría ser curada y sobre todo evitada si desinfectáramos por medio de preparados osmoterápicos las escuelas, los edificios públicos y todas las casas en general. Ya se ha hecho esto, pero debería hacerse más.

Volvamos sobre el tema principal del tratado, sobre la irradiación. Hay un campo muy vasto para probar las irradiaciones y eso está en los fenómenos de la cristalización que vemos sobre en invierno en los países del norte cuando sobre nuestras ventanas el hielo proyecta esas figuras geométricas multiformes.

Nosotros podemos experimentar con las reacciones de las cristalizaciones en su formación etérea al provocar cualquier cristalización, por ejemplo, si ponemos una o dos gotas de jugo de plantas sobre clorhidrato de cobre, el aspecto cambia inmediatamente. Las experiencias que hicimos en nuestro laboratorio nos probaron la diferencia de esos jugos.

El jugo de una rosa acuática desapareció a los quince días, mientras el jugo de magüey, la planta sagrada de México, más de año y medio.

El estudio de las plantas medicinales es muy interesante y España tiene que agradecer al doctor Ferrándiz el haber fundado la “Schola Populares Botanicae”, dotándola de un magnífico edificio y de terrenos propios para la experimentación y estableciendo una cátedra de Osmoterapia que tengo el placer de ostentar.

Los perfumes o los gases, o digamos las sustancias etéreas de las plantas deben obtenerse de plantas debidamente cultivadas, teniendo en consideración las influencias cósmicas. Sabemos que la acción del sol es diferente por la mañana del mediodía y que la luna tiene sus diferentes fases en las que ejerce diferentes efectos sobre los vegetales.

Eso debe de tenerse en cuenta al sembrar y al cosechar, pues en las grandes granjas de experimentación, unidas a universidades y al Ministerio de Agricultura, han probado el cambio de la actividad en relación con el cambio del magnetismo terrestre y queda confirmado por el aumento y disminución de la luz polar.

El osmoterapeuta para cultivar y cosechar las plantas debe estar instruido en la ciencia, de otra manera el querer actuar con cualquier perfume sin conocimientos es engañar al consumidor. Tiene costumbre la gente de comprar en las herboristerías hierbas muchas veces sucias y luego en sus casas las guardan en lugares desapropiados.

No basta al estudiar botánica conocer el nombre, lugar donde se cultiva y desarrolla, condiciones que requiere una planta, sino que es necesario tenderla y cuidarla como sí fuera un animal. Yo he sugerido siempre a mis discípulos que deben tratar a las piedras como a plantas, las plantas como animales, los animales como seres humanos y a las personas como a ángeles.

Podemos aprender de la naturaleza, que no es egoísta como nosotros, ya que ella no siempre tiende a la utilidad, a la productividad material, sino que lo espiritual es de máxima importancia, nos lo prueba el naranjo, el cual antes de brindar sus fru¬tos nos ofrece sus azahares, con ese olor casi divino.

Los antiguos mejicanos trataron así a las plantas y en pocas partes del mundo hay lugares tan propicios para estudiar la botánica médica en nuestro sentido como en México y en el Perú, hurgando la literatura antigua, es decir, la pre-colombiana.

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