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CAPITULO UNDÉCIMO

Energía solar y rayos osmóticos

Sin luz no hay vida. A esta verdad axiomática añadiremos la afirmación de que la luz, en todos sus aspectos, es una emisión de ondas. Toda luz, que es al mismo tiempo energía, proviene del sol; por eso es el astro rey la fuente de la vida. Energía solar son el crecimiento y la reproducción.

Los investigadores modernos han probado que la materia no es más que energía compacta. Inmensa es la diversidad de manifestaciones de los rayos solares; de éstos los más importantes son los rayos directos. A ellos se debe la formación y la actividad de la célula vegetal, que es, a su vez, la base de la vida física en la tierra, porque cuanto comernos, bebemos o aspiramos es energía solar acumulada en nuestros alimentos sólidos y líquidos y en los perfumes que exhalan las plantas y otras substancias aromáticas y que actúan sobre nuestro sistema nervioso central por medio de nuestro sentido olfativo.

Nosotros necesitamos luz directa; existen animales que pueden vivir en la oscuridad. En las minas de Alemania hay caballos que nacen dentro de la misma mina y nunca ven la luz del día; sin embargo, se desarrollan perfectamente bien. ¿Pero, viven sin energía solar estos animales? No, porque el mismo carbón o el mismo hierro que les rodea no es más, repetimos, que energía solar acumulada.

La energía solar es única pero, como ya dijimos, su manifestación es muy diversa. El fuego, el calor es energía solar desprendida del carbón o del combustible, cualquiera que sea.

La electricidad y el magnetismo son también energía solar.

El sol, decimos, emite rayos de color blanco y estos rayos blancos contienen todos los demás colores, porque la diferencia entre estos no estriba más que en la longitud de onda de sus rayos. El color rojo, por ejemplo, sólo se diferencia de los demás, del verde, del amarillo, etc., por su longitud de onda. Los rayos luminosos de los colores se perciben a simple vista, pero sabemos que hay rayos que son invisibles.

Los objetos, las cosas tienen color, de otro modo no podríamos verlas; es decir, todo cuanto nos ro dea y podemos percibir mediante nuestra vista y distinguir por sus distintos colores, irradia ondas.

Por el alambre eléctrico que nos trae la corriente corren millones de electrones, del mismo modo que corren millones de gotas de agua por las tuberías de conducción. Cuando quemamos gas en lugar de usar la electricidad, sabemos que el gas está formado de trocitos invisibles de carbón, acumuladores a su vez de electrones, los cuales dan el color y la llama al gas en combustión, que son sinónimos, en este caso, de luz y calor.

Vemos que en el fondo todo son emanaciones de electrones.

Hablamos de rayos luminosos, de rayos caloríferos, pero existen unos rayos de los que la ciencia no ha hablado aún y nos cabe a nosotros la satisfacción de lanzar esta hipótesis; se trata de los rayos olorosos, a los que denominaremos rayos “Osmóticos”.

Así como los rayos luminosos los percibimos mediante nuestra vista, los rayos osmóticos son percibidos por medio del olfato. La ciencia que se ocupa de estos rayos es la Osmología, y la que cura con ellos es la Osmoterapía.

La unidad de medida de los rayos luminosos es el metro; la ciencia tiene, pues, para estos rayos una unidad fija. Respecto a los rayos osmóticos vamos a proponerla nosotros; la unidad rosa, y así decimos: la reseda puede tener tres unidades rosa, el jazmín, cuatro, etc. En último término todo se reduce a diferencias de longitud de ondas osmóticas.

En el ambiente tenemos moléculas de Oxígeno, cada molécula tiene dos átomos; dicha molécula es la unidad independiente más pequeña. Cuando cae un relámpago en la atmósfera se destruyen probablemente algunas moléculas y los átomos libres son atraídos por otra molécula; pero no están unidos como los dos átomos base. La nueva molécula formada de dicho modo constituye lo que llamamos ozono, el cual es perceptible por el olfato. ¿Por qué el 03 es percibido por el olfato y el 02 no? Pues, sencillamente, porque se ha realizado un cambio de longitud de onda; lo que nos indica que es por ahí por donde debemos continuar nuestras investigaciones para hallar el lugar que les corresponde a los rayos odoríferos en la escala clasificativa de todos los rayos.

Con el Cloro hemos realizado experiencias seme¬jantes a las hechas con el Oxígeno; encontrándonos con que en el momento en que al Cloro le hemos unido un electrón, con lo que hemos cambiado su longitud de onda, ha empezado a emanar ondas odoríferas.

En el grabado tenemos una célula vista al microscopio. La célula asume las más diversas formas más o menos irregulares según los tejidos que constituyen; la célula vegetal, por un regular, es apretujada y de forma rectangular. Las funciones de la célula son tan complejas que podemos decir que es el organismo elemental con todas las posibilidades y potencialidades de la vida fisiológica.

 Incienso a la osmoterapia Figura 01

Aunque su forma varíe muchísimo su estructura es siempre la misma, y está constituida de la siguiente forma: Una envoltura membranosa muy delgada, que es lo que en los vegetales llamamos celulosa; el citoplasma o protoplasma, que es una sustancia viscosa con granulaciones; el núcleo, envuelto por una membrana nucleosa, que contiene a su vez el ácido nucleico y, casi siempre, el nucleolo.

El citoplasma, entre varias substancias contiene hierro, albúmina y otras substancias electrolíticas. Así podemos considerar que cada célula es un campo eléctrico con sus polos, positivo y negativo. Y como las células forman los tejidos, éstos a su vez los órganos, y el conjunto de los órganos nuestro cuerpo, es decir, un todo formado de millones y millones de células, podemos comparar nuestro organismo a un aparato eléctrico de radio, con su central emisora que es la epífisis y su centro receptor que es el plexo solar.

Centro de recepción de ondas odoríferas es la nariz, y del mismo modo que los rayos blancos del sol contienen todos los demás rayos, como los ultravioleta que penetran en los puntos más recónditos de nuestro organismo para realizar su labor constructiva e impulsar la fuerza curativa del mismo, las ondas odoríferas no solamente penetran en la nariz produciendo la sensación olfativa, sino que invaden todo el organismo.

Ahora bien, estas ondas pueden tener como vehículo o ser vehículo de corpúsculos de materia, por lo que no se puede decir que el olor sea solamente un fenómeno electromagnético sino también químico; pero puede muy bien ser que, a fin de cuentas, toda actividad química no sea más que un fenómeno electromagnético.

Experiencias han demostrado que la división de las células es un acto mitótico y que el proceso en sí es de carácter oscilatorio; con lo cual se ha demostrado la existencia de unos rayos mitogenésicos. Una vez germinada la nueva célula, separada ya de la de procedencia, es decir, convertida ya en una entidad con vida propia; es necesario no perturbarla en su actividad biológica. Ciertas corrientes eléctricas tienen ese defecto.

Haberlandt y Gurbitsch, citado este último en otra ocasión, han descubierto estos rayos “Mitogenéticos”, rayos del crecimiento. Estos rayos están llamados a explicar muchos fenómenos biológicos hasta ahora inexplicables, ya que ellos son los rayos intercelulares, los que promueven e impulsan la división de las células en toda la vida orgánica.

Con estos estudios se convence uno de que son siempre los mismos procesos los que se verifican tanto en el átomo como en el Cosmos.

El átomo, hasta cierto punto tiene su metabolismo, puede decirse que incluso respira; es un microcosmo frente a la célula, que se alimenta, asimila y desasimila e irradia. Es la célula un microcosmo frente al organismo en general, y éste, a su vez, es un microcosmo frente al Universo y también irradia y emite ondas. Estas ondas no se circunscriben a un terreno reducido, van, como toda onda, tratando de abrirse camino, y así el ser humano es emisor de ondas invisibles a la vista ordinaria.

La ciencia ha podido hacer experiencias muy curiosas con los rayos mitogenéticos emanados de los extremos de las raíces de cebollas y de ciertas flores; sobre todo Gurwitsch, quien con levaduras ha hecho interesantísimos experimentos dando un paso hacia adelante en el progreso de la biología; y ya son hoy día un ejército la cantidad de médicos y biólogos que estudian la mitogénesís.

Los rayos mitogenéticos constituyen un importante vehículo de la fuerza curativa propia del organismo; de ahí su importancia para nuestra Osmoterapia, habida cuenta de que lo que nuestro sistema pretende ante todo es promover e impulsar la fuerza curativa del organismo, como hemos dicho repetidas veces.

Woltereck, en su novísima y magnífica obra “Die Welt der Strahlen” (El mundo de los rayos), resume los estudios de Debye, Dehlínger, Friedrich, Kohlhbrster, Pfleiderer, Ramm, Schreiber y Wintz, y nos compendia los estudios hechos hasta 1937. Angstrom, Bequerel, Blondlot, Bunsen, Curie, Heavisíde, Hertz, Nernst, Roentgen, Rutherford, pasan ante nuestra vista con sus métodos y resultados obtenidos.

Por primera vez vemos clara la existencia de los rayos atómicos y moleculares; la construcción del átomo, de la neblina de electrones, y así llamamos a los rayos mitogenéticos, a los que podemos fácilmente añadir los rayos osmóticos, en los que se basa la Osmoterapia, y que hacen comprender que el olor no puede ser más que irradiación.

La piel absorbe y refleja rayos. Este nimbo constante constituye el Aura humana, y si consultamos la Enciclopedia Webster veremos que define la palabra Aura como “... una sutil e invisible emanación o exhalación de una sustancia, como el aroma de las flores, el olor de la sangre, la emanación fecundante del polen de las flores. Es una radiación o emanación que rodea como una atmósfera a todo ser humano y se extiende omnilateralmente hasta una distancia de varios centímetros”.

En medicina llamamos aura a una sensación igual a la que ocasionaría un vapor que se elevase desde una región del cuerpo hasta la cabeza, que es generalmente síntoma remonitorio de ataques epilépticos o histéricos, o de cualquier neurosis.

Sabemos que el tejido nervioso de la piel emite sus rayos y actúa, ya de receptor ya de emisor. Está comprobado, por otra parte, que la piel elabora vitaminas, sobre todo la E y la D. Si estudiamos los efectos de estas vitaminas podemos lanzar tal vez la hipótesis de que los abrazos, besos y demostraciones similares, no son más que fenómenos electrorradiantes en los que los sexos procuran estimular la producción de las vitaminas procreativas. Recomendamos, a este respecto, las tablas de Bachen que nos demuestran la reabsorción de la piel y sus reflejos y con ello es posible comprender de qué manera puede actuar el olor en ese sentido.

Existe, como sabemos, en las células un proceso de ósmosis, el cual puede ser provocado mediante una corriente eléctrica de alta frecuencia. Las corrientes de alta frecuencia fueron descubiertas por Tesla, D’Arsonval, Nernst y otros enseñaron al mundo médico la grandiosa aplicación de esas corrientes. Entre el vulgo reina todavía cierta incomprensión en la aplicación de estas corrientes, pues las confunden con las corrientes de alta tensión que nutren nuestras fábricas y alumbrado eléctrico.

En la diatermia se usan estas corrientes, que tienen alto amperaje y un pequeño voltaje. Hoy tenemos aparatos que usamos en la Osmoterapia, los cuales tienen una frecuencia de varios millones de ondulaciones y son irreemplazables en la aplicación de medicamentos.

El cuerpo humano tiene un sesenta por ciento de sal; por esto podemos considerarlo como un electrólito. La isotonía, es decir, la tensión de la célula puede ser modificada irritándola por medio de corrientes eléctricas. Para lograr esta irritación es necesario que la corriente pase de polo a polo por las membranas celulares llevando los iones. Mientras más frecuente sea la ondulación más rápido tiene que ser el cambio que origina en la célula, cambio que probablemente será una perturbación de la misma. Usando corriente de alta frecuencia ya no hay cambio, es decir, no irrita.

La corriente de alta frecuencia lleva las substancias medicamentosas a todo el organismo; naturalmente que tiene que ser puesto todo a su alcance en forma sutil, De los estudios de Nagelschmidt, Mann y Kahane se desprende que la corriente de alta frecuencia en sí aumenta la fuerza curativa del organismo, le hace reaccionar, es tónica, y por eso se obtienen tan grandes resultados con ella.

La Osmoterapia se vale del aparato que vemos en el grabado de la página siguiente; se trata de un “electrode” de inhalación. Introducimos los dos tubitos en las dos fosas nasales, animando la corriente de aire por medio del pequeño fuelle que lleva el aparato. En la parte superior se introduce el medicamento, el cual va en forma de extracto osmoterápico al pulmón, y por ende a la corriente sanguínea.

Incienso a la osmoterapia Figura 02

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