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CAPÍTULO DÉCIMOCTAVO

Personas que huelen bien y personas que huelen mal

Hay un dicho antiguo que dice: “Al villano no se le puede sentir el olor”. Ese dicho encierra una profunda verdad. Existen personas cuyo olor no podemos soportar, cuya cochambre nos repugna, cuyo encuentro tratamos siempre de evitar. No obstante, estas personas tienen relaciones, amigos que las quieren, que se sienten atraídos por ellas. Ante esto nos viene a la mente otro proverbio: “Lo que para unos es un buho, para otros es un ruiseñor” ; y todavía un tercero: “Cuando dos hacen lo mismo, es que no es lo mismo”.

En el curso del célebre profesor Encause, de París, al que asistí en invierno de 1906, se hizo la siguiente prueba:

En un banco se sentaron 10 personas. Se habían bañado, puesto ropa limpia, y a nosotros, los estudiantes, se nos invitó a oler esas personas. Debíamos anotar en un cuaderno las observaciones y resultados que nos merecieran. Naturalmente que ya no recuerdo las particularidades del hecho. Pero ello pasó más o menos así: me agradó el olor del número 1, mientras el número 2 me repugnó. Encontré agradable el olor del número 4, y en cambio los números 7 y 9 olían muy mal, a mi parecer. Se compararon después las células y pudo verse que el olor que a unos repugnaba, agradaba a los otros. El número g que para mí era insoportable, otro le encontró olor a violetas.

Se hicieron entonces nuevas investigaciones, se estudiaron las comparaciones en cuanto a temperamento, carácter, raza y hasta analizamos la sangre; con tales experiencias se dejó establecida la posibilidad científica de determinar por el olor las simpatías o antipatías existentes entre las personas. Discípulos del mismo profesor francés sentaron más tarde que no se debe entrar en negocios con personas que no huelen bien, pues de ahí provienen muchas veces pérdidas inexplicables. Con el apretón de manos con que nos saluda una persona, como es costumbre establecida, no podemos recibir una impresión exacta de aquella persona, conociendo su olor, en cambio, podremos saber en seguida si aquella persona nos será simpática, indiferente o antipática.

Es costumbre en España y en la América Latina el besarse las mujeres entre sí al encontrarse; con esta costumbre tienen ocasión de percibir el olor, pues está probado que en estos casos el papel principal corresponde no tanto a la fina sensibilidad de los labios, sino al olfato.

En la Biblia se citan casos en que un hombre se echa a la cama junto a otro para curarlo por influjos vitales. ¡Así también, cuántas veces no sucede que un beso materno, ardiente, de amor profundo, salva la vida del hijo!

La química moderna debe encontrar todavía muchas esencias magníficas. Para mi olfato nada hay más delicioso que los efluvios de una criatura; huelen a vida, a arrebato, a amor inocente.

También las razas, como hemos visto, están separadas o ligadas entre sí por el buen o mal olor. Con la fina indagación racial de hoy el olor para nosotros extraño de otras razas, constituye un importante momento psicológico. Para nosotros, blancos, no hay nada más horripilante que el olor de una negra, y sólo quien vive en el sur de los Estados Unidos puede comprender el justificado proceder americano que reserva compartimientos especiales para los negros y otros separados para los blancos.

Yo tengo amigos negros, hombres de talento y de sociedad y me han confesado que ellos sienten lo mismo al aproximarse a una blanca, que les huele a cadáver. A uno que le recordé tantos matrimonios de blancas con negros, me contestó que eran perversiones que no deberían existir.

En las cabañas de los indios quetchuas sentí también un olor que se me quedó pegado por mucho tiempo. No digo que fuera desagradable, sólo que era diferente al olor de los indios mexicanos. En ambos casos, la emanación quedóme adherida por mucho tiempo.

Es cierto que podemos apartarnos de una persona que huele mal, pero existen casos en que depende del olor nuestro y del de nuestros semejantes el éxito de un asunto. Para eso está indicado el uso de un perfume especial que convenga a nuestra personalidad, uso que debería convertirse en una verdadera necesidad.

Quien está arrastrado por el torbellino de la vida, debiera imponerse como una necesidad indispensable el hacerse preparar el perfume propio, individual, conveniente, de la misma forma que lo hace para elegir sus vestidos, sus zapatos, su corbata. Para muchos, y de esto estoy seguro, sería el camino del éxito, el acercamiento a la meta que tratan de alcanzar.

Los niños, todavía no alejados de la naturaleza ni embotados por el goce de la carne, del alcohol y del tabaco, como nosotros los adultos, involuntariamente contaminados, estiran sus bracitos hacia las personas que huelen bien, mientras de las otras apartan la cabeza y lloran.

Es sabido que las personas que ocupan su vida en trabajos espirituales o cerebrales y que en su alimentación prescinden de todo condimento fuerte, sobre todo los vegetarianos, no emiten ningún mal olor después de muertos.

Este hecho ya lo hemos mencionado. Se ve comprobado al hablar del caso de algunos santos que después de muertos desprendían un olor agradable, aún siglos después, cuando sus restos eran transportados a otras sepulturas.

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