Gnosis Instituto Cultural Quetzalcóatl

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La Trascendencia de abrir nuestra Mente Interior

Imagen: Las Pirámides de Egipto. Autora Fidelia Castro Año 2019.

Estimados lectores, vamos a abordar un poco las cuestiones de intelectualidad y mente. Existen brillantes intelectos, útiles en su órbita, pero éstos no pueden llevarnos nunca a experimentar eso que es lo real, eso que es la verdad. Para comprender la realidad de lo que estoy diciendo, es necesario recordar que existen tres mentes: La mente sensual, la mente intermedia y la mente interior.

La mente sensual elabora sus conceptos de contenido, con los datos aportados por los 5 sentidos: vista, oído, olfato, gusto y tacto y con esos conceptos de contenido forma sus razonamientos. Esta mente nos sirve para aprender de memoria, la dirección donde vivimos, números telefónicos, oraciones, fecha en que nacimos, día en que hay que pagar la renta de la casa, etc., pero no puede saber nada sobre lo real, sobre los misterios de la vida y de la muerte, sobre la verdad, sobre Dios, sobre el alma y el espíritu, etc., pues, ¿de dónde podría sacar tal mente información, si su única fuente de nutrición son los datos aportados por los sentidos?... Obviamente, no tiene con qué poder conocer lo real...

Para muchos intelectuales, atrapados totalmente por los sentidos externos, embotellados entre los conceptos de contenido de la mente sensual, los estudios esotéricos les parece una locura y, en cierto modo tienen razón, ¿cómo podría la mente sensual aceptar algo que no sea sensual?...

Si los datos de los sentidos sirven de resorte secreto para todos los funcionalismos de la mente sensual, es obvio que estos últimos tienen que originar conceptos sensuales.

La mente racionalista no puede saber nada de eso.

La mente intermedia es diferente, sin embargo, tampoco sabe nada en forma directa sobre lo real, se limita a creer todo lo que oye y eso es todo; obtiene sus conceptos de contenido con los datos aportados por las creencias, pero no investiga, nada le consta, nada atestigua. En ella están las creencias religiosas de todo tipo, los dogmas inalterables, etc. Notoriamente, los datos aportados por las religiones, al fin y al cabo, tienen cabida en la mente intermedia. Cuando nuestra mente es dirigida por la conciencia, es un mediador formidable, se convierte en un instrumento de acción; las cosas depositadas en la mente intermedia forman nuestras creencias.

Durante muchos siglos se ha confundido a la fe con la creencia y ahora cuesta mucho trabajo hacerles comprender a las personas que “la fe es sabiduría verdadera y nunca vanas creencias”.

El que tiene fe verdadera no necesita creer; el mentiroso no podrá tener fe, ni experiencia directa, y tampoco es la mente interior, que descubrimos cuando le damos muerte a los elementos indeseables que cargamos en nuestra psiquis. La virtud de conocer nuestros defectos, luego analizarlos y más tarde destruirlos con ayuda de nuestras prácticas gnósticas, nos permite cambiar y no ser esclavos de los tiranos que surgen en todas las creencias. El yo, el ego, es desorden dentro de nosotros; solo el Ser tiene poder para establecer el orden en nuestra psiquis. Jesús, el Cristo enfatiza: "Cuidaos de la levadura de los saduceos y de la levadura de los fariseos", las doctrinas materialistas, ateístas.

La doctrina de los saduceos (materialistas, ateístas) está en la mente sensual, la doctrina de los fariseos se halla ubicada en la mente intermedia. Los fariseos, son aquéllos que asisten a sus templos, a sus escuelas o religiones o sectas, etc., para que todos los vean; escuchan la palabra, pero no la hacen dentro de sí mismos. Son como el hombre que se mira en un espejo y da la espalda y se va, únicamente asisten para que otros los vean, pero nunca trabajan sobre sí mismos, y eso es gravísimo; tales personas se contentan con las meras creencias, no les interesa la transformación íntima. Total, pierden su tiempo miserablemente y fracasan.

Cuidémonos, pues, de la doctrina de los saduceos y de los fariseos, y pensemos en abrir la tercer mente, la mente Interior. ¿Cómo la abriremos?... Pues sabiendo pensar psicológicamente. No sería posible abrir la Mente Interior sino aprendiéramos a pensar psicológicamente. Incuestionablemente cuando alguien empieza a observarse a sí mismo es señal de que ha comenzado a pensar psicológicamente. En tanto uno no admita la realidad de su propia psicología (característica, temperamento, personalidad, forma de ser) y la posibilidad de cambiarla fundamentalmente, indudablemente no siente la necesidad de la auto observación psicológica. Cuando uno acepta la doctrina de los muchos yoes que alberga en su interior y comprende la necesidad de eliminarlos de su psiquis, con el propósito de liberar la conciencia, la esencia, indudablemente de hecho y por derecho propio inicia la auto observación psicológica.

Obviamente la eliminación de los elementos indeseables que en nuestra psiquis cargamos origina la apertura de la mente Interior.

La mente interior es abismalmente distinta, construye sus conceptos de contenido con los datos aportados por la conciencia superior del Ser, por nuestro Padre que está en secreto, por lo tanto, sus datos son exactos como una tabla pitagórica. La mente Interior no podría jamás funcionar sin esos datos que proporciona la conciencia interior del Ser. La Mente Interior es fundamental para la experiencia directa de la verdad, esta mente extraordinaria hasta nos permite entrar en contacto con nuestros hermanos mayores, es decir, los extraterrestres que nos pueden trasmitir conocimientos trascendentales, que nos aman, que conocen perfectamente la descomposición social en que estamos inmersos y quieren ayudarnos. Esta mente superior, nos permite ver los registros Akáshicos de la naturaleza y conocer la historia del mundo, del sistema solar, de la galaxia, etc., nos permite conocer profundamente al microcosmos hombre que somos cada uno de nosotros, nos permite comunicarnos con los maestros de sabiduría y aprenderla a sus pies. Incuestionablemente la conciencia puede vivenciar y experimentar lo real. No hay duda de que la conciencia sabe sobre la verdad, sin embargo para la manifestación, la conciencia necesita de un mediador, de un instrumento de acción y este, en sí mismo, es la mente interior. La conciencia conoce directamente la realidad de cada fenómeno natural y mediante la mente interior puede manifestarla. Así pues, abrir la mente interior es lo indicado a fin de salir del mundo de las dudas y de la ignorancia. Esto significa que solo abriendo la mente interior, nace la auténtica fe en el ser humano y esto, lo llena de un gran entusiasmo para transformarse radicalmente. Ahora comprenderemos las palabras del Cristo cuando dijo: "Si tuvieseis fe como un grano de mostaza moveríais montañas".

Amados lectores, que los sentimientos y acciones más puros inunden sus corazones en beneficio de la humanidad.

Enviado por: J. Isabel Mauricio Vargas. Rincón de Romos, Aguascalientes y Loreto, Zacatecas.

Imagen: Las Pirámides de Egipto. Autora Fidelia Castro Año 2019.

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