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Duksha, el Fuego y el Ánima Mundi

Buda Tejaprabhā y los cinco planetas, (800-1000 d. C.), Biblioteca Nacional de Francia.

El budismo contiene en sus enseñanzas más veladas, la doctrina del fuego, su culto sobresalió en el oriente. Los sacerdotes persas tenían la misión de mantenerlo siempre encendido. Se cultivaba en templos escondidos, se le alimentaba con maderas fragantes, como la del sándalo y los sacerdotes le soplaban mediante fuelles, para evitar profanarlo con el hálito pecador de la boca humana. La doctrina persa del Avesta enseñaba que existen diversos tipos de fuego: el fuego del rayo que centellea en la oscuridad, el que se halla en el interior del organismo humano y que provoca las reacciones para la digestión y producción de calorías, el que se encuentra en los vegetales de la naturaleza, el que arde dentro de los volcanes, el que se le presentó a Moisés en el monte Sinaí.

El fuego es terriblemente divino. En las casas de aquellos que recorren la Senda de la iniciación y del Matrimonio Perfecto, no debe faltar jamás el fuego. Una candela encendida con profunda devoción, equivale siempre a una oración y atrae de lo alto un tremendo flujo de energía divina. Toda oración al Logos debe ir acompañada de fuego. Así la oración es poderosa.

La síntesis de todos los tipos de fuego, es llamado Maha-Kundalini, se relaciona con Agni, Dios del fuego, con Duksha, el Padre Universal de toda fuerza, con el Cristo; pero también está su contraparte, su sombra, el fuego luciférico de Venus, que es pasional y se relaciona con los deseos.

El fuego luciférico es representado en el Dhammapada por Mara, el demonio, aquél que puso pruebas y tentaciones al Budha mientras éste buscaba la iluminación.

Mara, la fuerza fohática negativa, atraviesa el corazón del mundo, subyace en el fondo de la materia orgánica e inorgánica, controla al ser humano a través de un circuito integrado por las gónadas, el corazón y la mente.

El fuego de Kundalini, la serpiente ígnea de nuestros mágicos poderes, es el único que puede vencer las tentaciones puestas por Mara. Este demonio es también el señor del tiempo, él trabaja con el tiempo buscando los recuerdos pecaminosos de la mente para resucitar a los yoes que les dieron vida. Mara camina entre los recovecos de la mente, buscando yoes olvidados para volverlos a la vida.

Es muy astuto y hace que los rencores, los recuerdos dolorosos revivan y de esa manera el ser humano se sumerge en el sufrimiento. Cada reminiscencia fortalece el dolor, con cada evocación el ser humano se aleja de la felicidad. El sufrimiento ata a la Esencia a la rueda del Samsara.

Por eso es necesario vivir de instante en instante, de momento en momento. En estado de alerta percepción, no se debe vivir en el pasado, porque ello alimenta y evoca los recuerdos provocados por Mara para alimentar el sufrimiento.

Estatua de Buda Lushena (Locana buddha), Templo Fengxian, las grutas budistas de Longmen, con una altura de 17,14 metros

Budha nos muestra cómo vencer a Mara, la tentación. Él estaba meditando bajo el árbol sagrado, buscando respuestas, indagando la verdad, cuando Mara le envió a sus ejércitos de demonios, Siddharta Gautama reconoció a cada uno de los ejércitos y sin reaccionar, le respondió a Mara diciendo: “La sensualidad y los placeres forman tu primer ejército, (la sensualidad se refiere a los cincos sentidos que manejan las emociones y conciben la realidad como sensorial, en la actualidad se le da mucha más importancia a los sentidos y placeres que al alma), el segundo se llama Aversión (aversión es el rechazo a lo espiritual, la preferencia por las cosas mundanas y pasajeras).

Tu tercer ejército es el Hambre y la Sed, (Mara tienta a través de los instintos, haciendo creer al ser humano que la gula y los excesos son necesarios para vivir), el cuarto, el Deseo (los yoes se nutren del deseo, la ira es un deseo frustrado, la codicia es el deseo de poseer, el orgullo es el deseo de sobresalir…).

Tu quinto ejército es Pereza e Indolencia, (lo contrario de la pereza es la diligencia, existe pereza mental, física, emocional, que se convierte en ocasiones en inercia) el sexto, Cobardía (el Yo que no permite conocerse y enfrentarse a sí mismo). Tu séptimo ejército es la Duda (la duda es lo contrario de la fe), el octavo, la Hipocresía y la Estupidez (se refiere a los yoes fariseos que auto engañan a la mente haciéndole creer que somos buenos y puros). Ganancias, Fama, Honores y Gloria falsamente obtenidos, la Alabanza de uno mismo y el Menosprecio de los demás; éste es tu ejército”.

Así como Budha vence las huestes de Mara, también nosotros hemos de vencer estos ejércitos, a través del estado de alerta novedad, transformando las impresiones, viviendo de momento en momento, venciendo las tentaciones.

Cuando Mara se dio cuenta de que sus ejércitos habían sido vencidos, entonces envió a sus tres hermosas hijas para seducirlo: el Deseo, Satisfacción y Arrepentimiento.

Estas tres hermosas mujeres del budismo representan a los mismos tres traidores del Cristo: Judas, el demonio del deseo, Pilatos, el demonio de la mente, quien busca satisfacción y se lava las manos, pues la mente convence al ser humano de que los delitos son correctos o necesarios, y Caifás, el demonio de la mala voluntad, quien nos aleja del Cristo para hacer la voluntad del Yo.

El sagrado libro del Dhammapada nos enseña a vencer las tentaciones que Mara pone al ser humano:

“Dispersa, vagando sola, incorpórea, oculta en una cueva, es la mente. Aquellos que la someten se liberan de las cadenas de Mara”.

Así como el Cristo monta al burro para entrar en la Jerusalén celestial, el ser humano debe controlar al burro de la mente. La mente debe ser adiestrada mediante el estado de alerta percepción y la meditación.

“Mejor conquistarse a uno mismo que conquistar a los demás. Ni un dios ni un semidiós, ni Mara ni Brahma, pueden deshacer la victoria de aquel que se ha amaestrado a sí mismo y se conduce siempre con moderación”.

Para vencer las tentaciones es necesario conquistarse a sí mismo. Ser dueños de nuestros pensamientos, de nuestros sentimientos e instintos. No se es dueño de sí mismo cuando alguien nos adula y nos enorgullecemos, o cuando alguien nos insulta y nos molestamos, en esos momentos otros son dueños de nuestras emociones y actos. Las reacciones son mecánicas ante los estímulos externos porque no existe control sobre ellas.

“Al que vive apegado al placer, con los sentidos irrefrenados, sin moderación en la comida, indolente, inactivo, a ese, Mara lo derriba, como el viento derriba a un árbol débil”.

Mara sale triunfador cuando nos dejamos vencer por las tentaciones, cuando caemos en la gula, en la envidia, en el desenfreno, en la ira. Entones él se ennegrece aún más y los yoes se fortalecen.

Mara, en sánscrito significa “lo que mata”, lo cual significa que Mara tiene la destreza de colocar las tentaciones al ser humano. Si el individuo cae en las tentaciones, entonces fracasa y se condena en la rueda del Samsara, pero si el iniciado vence las tentaciones, tal como se pide en la oración del padre nuestro: “No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal”, entonces sale victorioso eliminando o matando a los agregados psicológicos para despertar su conciencia.

A través del amor es posible vencer a Mara, con el triunfo de cada una de las pruebas y tentaciones hacer luz en las tinieblas. Con cada una de las tentaciones, Mara indica el camino a seguir, nos enseña la necesidad de morir para ser. Es urgente reflexionar, meditar... Incuestionablemente, la muerte del “mí mismo” es requisito indispensable para la resurrección esotérica, la resurrección del alma, que ha de realizarse, aquí y ahora.

Mara es representado con una corona reluciente, con un brillo que hipnotiza, representando la ilusión del Yo que ciega la conciencia y doblega los sentidos.

Cuando Mara es vencido, esa corona es otorgada al iniciado y entonces la luz resplandece. Del caos sale el cosmos y de las tinieblas brota la luz. La luz y las tinieblas son permutables, ese es el misterio del Bafometo. Del lodo de la tierra sale el perfume de la rosa. Quetzalcóatl, resurrecto después de haber “blanqueado al latón”, se convierte en el lucero de la mañana.

Enviado por: Instructora Susana Margarita Rodríguez Licea. Comisión Eventos del ICQ

Imagen 1: Buda Tejaprabhā y los cinco planetas, (800-1000 d. C.), Biblioteca Nacional de Francia.

Imagen 2: Estatua de Buda Lushena (Locana buddha), Templo Fengxian, las grutas budistas de Longmen, con una altura de 17,14 metros.

“Sólo fabricando alma y espíritu podemos encarnar al Buda interno” Samael Aun Weor.

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