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La Vida de Buda

Mural de templo de budista, templo de Wat Chetawan en Chiang Mai, Tailandia

Los grandes iniciados como Jesús, Krishna, Quetzalcóatl o Buda, nos entregan maravillosas enseñanzas esotéricas con su vida. Parte de lo que leemos es mito, otra más es algo que vivió, pero internamente; alguna parte de todo lo escrito también es algo de su vida real.

Eso es lo que nos proponemos en esta ocasión, tratar de intuir las grandes realidades cósmicas encerradas en la vida de Buda, con el fin de practicarlas en nuestro diario vivir. Debemos ante todo saber que Buda es la representación del Ser. Así como Jesús, Quetzalcóatl y Osiris representaron la enseñanza del Cristo Interior, Buda representa la Sabiduría del Ser.

Nacimiento

Es así que, cuando se habla del nacimiento de Buda, no se refiere al de su cuerpo físico; en realidad lo que quiere resaltarse es la posibilidad de que nazca el Ser en nosotros porque no lo tenemos encarnado, es por ello, que la madre de Buda diez meses antes (pues el diez es la rueda del Samsara, las distintas vidas que tenemos), tiene un sueño, en el cual un elefante blanco (símbolo de la conciencia), con una hermosa flor de loto en su trompa, ingresa a su vientre después de darle tres vueltas a su alrededor, indudablemente nos habla de la necesidad de dejar de vivir rutinariamente cada existencia, tan sólo preocupándonos por las cosas materiales, por lo que cuando se menciona que de un árbol (el de la vida), baja una de sus ramas para ayudar a la madre de Buda en su nacimiento, es la ayuda de las distintas partes del Ser (representadas en el árbol de la vida), que descienden como la rama, para ayudar incesantemente a la persona que busca liberarse.

Inmediatamente nace, camina sobre siete flores de loto; cada flor es el símbolo de cada chakra que es necesario despertar a través de grandes trabajos conscientes y padecimientos voluntarios.

Siete días después muere su madre, señalando el camino que los mayas, aztecas, incas y egipcios nos mostraron, el de morir para nacer. Sólo con la muerte adviene lo nuevo, es desintegrando nuestra falsa personalidad para que pueda nacer en nosotros el espíritu.

Vida en el palacio

Durante muchos años, vive encerrado en el palacio, sin contacto con el pueblo. Durante este tiempo no vio enfermos, ancianos, ni muertos, pues su padre quería que fuera su sucesor y no quería que al ver el dolor humano se motivara a vivir como un místico.

Muchos somos los que estamos en esa etapa, nuestros apegos nos impiden ver el mundo tal cual es. No estamos conscientes del dolor de los demás, ni de su sufrimiento, los muros de nuestro castillo (nuestro egoísmo), están demasiado altos; esto nos impide colocarnos en el lugar de los demás, sólo vivimos pensando en sí mismos.

Los encuentros

Tiene mucho interés por salir del palacio, así como el elefante cautivo suspira por las junglas salvajes (ese mismo anhelo por la sabiduría, que a muchos nos ha traído a este lugar), es tanta la insistencia que su padre lo autoriza, pero hace adornar las calles por donde pasará. Un cochero fiel lo acompaña y prepara un carro jalado por cuatro hermosos caballos. En el camino se encuentra con un anciano, queda asombrado ante algo jamás visto por él. Un cuerpo encorvado, rostro arrugado y un surco de dolor entre las cejas; al preguntarle a su fiel cochero, este le contesta: “Esas son las señales de la vejez. Ese hombre ha sido antes un niño de pecho; luego un adolescente lleno de ardor para el placer; pero han llegado los años; ahora su belleza ha huido, y el vigor de su cuerpo se acabó”.

Siddhartha queda completamente intrigado, reflexionando en lo fugaz de la existencia. Más adelante se encuentran con un enfermo, gimiendo de dolor, convulso y desfigurado. Al preguntarle al cochero, este respondió: “Ese hombre está enfermo. Todas las criaturas que tienen un cuerpo están expuestas al mismo mal”.

Aún más conmovido, siguieron su camino, pero se detienen ante cuatro hombres llevando un cadáver, muy tristes y al preguntarle a su fiel cochero, este le responde: “Es un muerto; su cuerpo está ahí rígido; la vida ha escapado de él, y el pensamiento se ha extinguido. Su familia y los amigos que le amaron llevan ahora su cuerpo al sepulcro”, todavía preguntó si era una excepción y el cochero confirmó: “Para todos es igual. El que comienza la vida debe acabarla. Nadie puede escapar a la muerte”.

Por último, ve a un anacoreta quien ha renunciado a todo lo que ofrece el mundo, con el fin de encontrar la verdad, meditando, reflexivo, viviendo de la limosna. Muestra las inquietudes espirituales que nos llevan a buscar la Gnosis.

Estos encuentros, los cuales también nosotros tenemos que llevarlos a cabo, impactan profundamente a Buda y eso es lo que lo motiva a buscar la verdad. Para entrar de verdad en la Gnosis, se requiere de madurez espiritual, dicho está por varios iniciados y por el mismo Buda: “Cuando el discípulo está preparado el maestro aparece”.

Como ermitaño

Dicen las tradiciones que Siddhartha abandona su palacio en búsqueda de la sabiduría y se somete a una vida de ermitaño, se trata de abandonar falsos conceptos bien arraigados que todos tenemos, abandonar vicios, dejar para siempre aquello en lo que psicológicamente descansamos, esto sí que es verdaderamente difícil.

Y se va al bosque, durante seis años trata de someterse a las disciplinas más severas, adquiere fama de ser un gran asceta, lo buscan de muchas partes tan sólo para recibir una palabra, una bendición, un consejo. Sus compañeros ermitaños, al paso del tiempo se convierten en sus discípulos. Pero, a pesar de todas las mortificaciones, penalidades y sufrimientos, sigue sin encontrar la causa de la vejez, la enfermedad y la muerte.

Los seis años que dura en este periodo de ermitaño, habla del arcano seis, la indecisión. El que muchos de nosotros intuimos que en donde andamos no está el camino, pero preferimos seguir la senda de menor resistencia, el que lleva el río de la vida, nos afiliamos a cualquier escuela espiritualista, en donde no se tenga que eliminar el Ego, donde se nos dicten patrones de conducta, nos demos unos cuantos golpes de pecho y listo, ya está solucionada la cosa.

Camino del centro

Convencido de que ni la vida en el palacio como heredero a un trono era el sendero; ni marchando al otro extremo y vivir con tantas mortificaciones y penurias; no sabía qué hacer el maestro. Dicen algunas tradiciones antiquísimas que, sumergido en profunda meditación, en su yermo de penitente, cerca en el río pasaba en una lancha un maestro de música con sus discípulos, y en forma muy entusiasta les decía: “Si la cuerda está floja no toca, pero si está muy tensa se rompe”, esa frase resonó en todo su ser, ¡Ya sabía qué hacer!

Con el cuerpo casi a punto de desfallecer de hambre, sin fuerzas se dirigió al río y precisamente una mujer (no podría ser de otra forma, porque la mujer es el pensamiento más bello del creador, hecho carne, sangre y vida), le ofrece arroz y leche. El arroz es la semilla, lo que el trigo para los europeos o el maíz para los mexicanos; la leche es la sabiduría. Es decir, el maestro, se encontró con la sabiduría que nos permite sabiamente canalizar o transmutar la semilla, las energías que nos trajeron a la existencia.

Dando como resultado, la forma de transitar el camino a la verdad y ¿Cuál es el secreto?... vivir en equilibrio y sabiendo amar. El amor es la mejor religión asequible, sólo a través del amor podemos transformar el mundo y transformarnos a sí mismos. El camino del centro es la Gnosis.

Árbol del Bodhi

Templo junto al árbol del Bodhi, dibujo de 1810.

Una vez reponiéndose de tantas penurias, dirigiéndose a una higuera, decide el gran maestro no levantarse de ahí, hasta encontrar la verdad. La higuera, es el árbol sagrado, el mismo árbol de la vida y también el árbol del Edén, no habla de sólo sentarse por ahí a meditar. Nos dice que debemos trabajar bajo el árbol de la higuera, pues representa las fuerzas sexuales, no debemos rechazarlas ignorantemente, tampoco debemos caer en las bajas pasiones, debemos ver en la energía que nos trajo al mundo, la fuerza que puede transformarnos, que puede redimirnos.

El ejército de Mara

Obviamente, a las fuerzas tenebrosas que habitan dentro de sí mismos, no les gusta mucho la idea de que uno encuentre el camino y peor aún, que lo siga. En el drama de Buda esas fuerzas están representadas por el demonio llamado Mara.

Mara, que es la representación de todos nuestros defectos, trata de que Buda no encuentre la iluminación, sólo que, en la vida real, Mara el demonio perverso de nuestros defectos, siempre triunfa, pero no debería ser así, Buda nos lo enseña con su vida. Mara con todo un ejército de demonios se va en contra del maestro.

Las tres Hijas de Mara

Y viendo que Buda no reacciona ante todo lo que le envía, decide mandar a sus tres hijas a seducirlo. Por un lado, nos habla de la tentación sexual, la que nos lleva al adulterio físico o mental, al coqueteo, el exhibicionismo, al infra-sexualismo. En este sentido, las tres hijas de Mara, se presentan en muchas partes de nuestra vida.

Pero también, ese encuentro de Buda con las tres hijas de Mara no es de un remoto pasado; es el mismo encuentro de Jesús con Judas, Pilatos y Caifás; es el Demonio del Deseo, el Demonio de la Mente y el Demonio de la Mala Voluntad.

El fin de Mara

Por último, Mara se presenta cara a cara con Buda. En forma muy similar a cuando Satán se presenta ante Jesús. Este encuentro es decisivo, todo iniciado lo tiene que llevar a cabo. Mara es el mismo Dragón de las Tinieblas, el origen del Ego, un tipo de fuego, pero negativo. Su fundamento se encuentra en la fantasía, como Buda lo llama: La Ilusión.

La iluminación

Diversas tradiciones afirman que, durante 49 días de meditación, logra pasar por diferentes estados de éxtasis místico trascendental. Logrando primero el recuerdo de todas sus vidas pasadas, en una segunda etapa logra el desarrollo de la visión espiritual y en la tercera logra la iluminación total, se trata de los 49 niveles del subconsciente.

Cuando uno comienza a auto observarse, a reconocer sus defectos psicológicos, apenas ilumina unos cuantos niveles, quizás sólo el primero o segundo. Es cuando el estudiante se vuelve un auténtico trabajador de la gran obra, aprovechando cada circunstancia de la vida y así va pasando a niveles más profundos. Jesús llamó a estos estados los 49 demonios de Jaldabaoth.

Difusión de la enseñanza

Una vez que logró encontrar la verdad, que descubrió el origen de la enfermedad, de la vejez y de la muerte, que venció a Mara, a sus hijas y a los demonios; el maestro Buda empieza su camino de enseñar la luz de la Gnosis a la humanidad.

Nos enseña con su ejemplo que la compasión no se demuestra con bonitas palabras, sino con hechos contundentes y definitivos. Difunde la Gnosis sin distinción, sin buscar otra cosa más que iluminar, mostrar el sendero de salvación, a los que sufren, a los que lloran, pero que ante todo buscan liberarse del origen del dolor.

Esposa Yasodharā

En el transcurso de la existencia de Buda, hay algo que destacar, nos referimos a su esposa Yasodharā, por principio de cuentas, hay que saber que Yasodharā simboliza muchas cosas…

Cuando abandona el palacio y la deja, Yasodharā toma el simbolismo de la Eva tentadora de la mitología hebraica, es decir debe vencer la tentación.

Más tarde, cuando Buda se ha iluminado, empieza su misión de difundir la enseñanza en el Mundo. Yasodharā aparece nuevamente y es que, en realidad, nunca se ha ido, pues como mujer-esposa siempre permaneció junto a Buda. Dicen las tradiciones milenarias que fue la primera de sus discípulas y que Buda la amaba.

Hay un budismo para el público y un budismo para gente madura espiritualmente que podríamos llamar un budismo esotérico. En ese budismo oculto para la mayor parte de la humanidad, debido a la falta de preparación interna, se cultivaron siempre los misterios del matrimonio y del amor.

Y es que el amor es lo que nos transforma, nos redime, puede sacarnos de las cadenas del dolor. Cuando se ama, cuando logramos redescubrirnos en la pareja, cuando sabemos ver en la mujer el verso más delicioso, el de las mil y una noches, es cuando realmente tenemos oportunidad de encontrar el camino.

Sí amigos, así como Buda encontró en Yasodharā la Senda del Filo de la Navaja, es que nos invita a ver en ella el camino de salvación. La vida de Buda nos muestra que el camino se encuentra en el amor.

Por lo que sólo nos resta decir con el maestro Samael:

“¡Bendita sea la mujer y benditos los seres que se adoran!”

Enviado por: Jenaro Ismael Reyes Tovar. Comisión Cursos de Gnosis por Internet.

Imagen 1: Mural de templo de budista, templo de Wat Chetawan en Chiang Mai, Tailandia

Imagen 2: Templo junto al árbol del Bodhi, dibujo de 1810.

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