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El Bardo Thodol

Imagen: Pintura en seda de la dinastía Tang, en la gruta de sutras budistas de Dunhuang, el Bodhisattva guía al alma de una mujer muerta al cielo.

Este texto es una joya de la literatura esotérica, llamado también “El Libro Tibetano de los Muertos”, es traducido en varios idiomas con algunas variantes en su interpretación, una enseñanza que va dirigida a la consciencia, no solo como orientación o guía para los que mueren, sino especialmente para nosotros que estamos aún con vida y tenemos el anhelo de conocer lo que sucede más allá de la muerte, empero lo más importante es que nos lleva a un cambio de conducta y de actitud que nos sirve de reflexión, para enfrentarnos sin temor a ese inevitable acontecimiento llamado muerte.

La vida es aprendizaje, venimos a capacitarnos y regresar con auto-consciencia a nuestro real y verdadero origen, retornamos para perfeccionarnos y fusionarnos con nuestro Ser o espíritu. Si no lo logramos, entonces recibimos otro cuerpo y así sucesivamente hasta que termina el ciclo que la gran ley nos asigna. Las leyes de la naturaleza nos dan un nuevo vehículo de acuerdo al karma que se tenga. El futuro organismo físico dependerá de nuestras acciones Sólo fabricando alma establecemos un principio permanente de consciencia dentro de nosotros, quien tiene alma vive consciente después de la muerte.

Antiguamente cuando se practicaba esta enseñanza en el Tíbet, los familiares del moribundo enviaban por un guía reconocido, comúnmente eran los lamas quienes asistían a la persona, seres con facultades despiertas, por ello sabían las etapas por las que iba pasando el difunto.

Si bien se menciona que son seis bardos, todo el que muere debe experimentar tres de ellos, según lo describe el libro Bardo Thodol.

• El primero: Chikhai Bardo. (El bardo del momento de la muerte).

• El segundo: Chonyid Bardo. (La experiencia de la realidad). Cuando las visiones kármicas aparecen.

• El tercero el Sidpa Bardo. (La búsqueda del renacimiento).

La primera fase de la muerte es llamada la luz radiante de la realidad, y se percibe justo al cesar la respiración externa y antes que termine el aliento interno, la duración es variable dependiendo del grado de consciencia despierta, se habla de tres y medio días hasta cuatro y medio. Es el momento en que los elementos: Agua, fuego, aire y tierra se disuelven de uno en uno y como consecuencia viene la pérdida de los sentidos, en este instante hay un breve momento de vacío, desaparece todo vínculo con nuestra pasada existencia, es la oportunidad para saber que es un alma sin vehículo material, reconocer la luz primera y lograr la liberación intermedia.

De no ser así, vendrán un poco después de una en una, las restantes seis luces de vibrantes colores que emanan de las deidades que vienen en auxilio del alma del difunto, estas irradiaciones van acompañadas de luces opacas, que son la vibración de los defectos psicológicos que en nuestro interior llevamos.

Podemos superar las experiencias que se nos presentan después de la muerte del cuerpo físico, si en vida comprendemos y eliminamos los defectos como el apego, el miedo, el odio, los deseos, las preocupaciones, la codicia, etc. A través de la meditación analizaremos los estados negativos y desagradables del diario vivir e identificar el origen o causa de los agregados psicológicos y estudiar profundamente su comportamiento en los cinco centros de la máquina humana y dentro de nuestro subconsciente. Descubrir la forma en que afectan nuestra forma de pensar, sentir y actuar y cuando lo hemos comprendido, habrá que desintegrarlos con ayuda de nuestra Madre Divina interior.

El difunto está obligado debido a su karma a atravesar los simbólicos 49 días de existencia en el bardo, estos días se corresponden con los 49 niveles del subconsciente, incluyendo los estados inconscientes e infra-conscientes.

Aclaramos que estos días no son meramente físicos, todo depende del tiempo que sea necesario para que el difunto se dé cuenta de que ya no tiene su vehículo físico, puede ser en menos tiempo o más. Después de este período tendrá que realizar una especie de viaje por su mundo interior, enfrentándose a sus propias creaciones, es un descenso cada vez más profundo y oscuro, que lo llevará a un nuevo renacimiento siguiendo el proceso para tomar un nuevo cuerpo, bajar a las regiones inferiores o ingresar por un tiempo en alguna región del paraíso y disfrutar de unas vacaciones en esas regiones.

Si el estudiante gnóstico a través de la práctica de la Disciplina de la Yoga del Sueño, ha logrado mejorar en el recuerdo y la calidad de sus sueños y los ha registrado en su cuaderno, descubre un sueño que se repite, esta experiencia onírica es llamada “elemento iniciador”.

De los mundos superiores recibimos información respecto al estado interior en el cual nos encontramos, nos llegan fuerzas que tratan de curarnos, nos dan avisos sobre posibles éxitos o fracasos, peligros, mensajes, símbolos, experiencias que responden a nuestras inquietudes; otros sueños nos informan del estado psicológico íntimo en el cual nos hallamos.

Lo más importante es extraer de esos sueños el “elemento iniciador” que nos permite el desdoblamiento astral a voluntad. Si somos conscientes de lo que hacemos, pensamos y sentimos, estos cambios se van integrando al sueño y comienza la lucidez, la cual tiene diferentes y distintos niveles, acorde al grado de consciencia despierta.

La finalidad que persigue la disciplina de la yoga del sueño, con sus diferentes etapas, es preparar al estudiante o discípulo a reconocer en forma clara las cuatro luces que se presentan en la experiencia onírica.

Habiendo muerto muchas veces por la noche, el estudiante que ha capturado en forma consciente las cuatro bienaventuranzas que se presentan durante la experiencia del sueño, en el instante de la desencarnación pasa al estado post-mortem con la misma facilidad con la que se introduce voluntariamente en los estados ensoñativos y fuera del cuerpo físico puede verificar por sí mismo el destino que le está reservado a las almas más allá de la muerte.

Hasta aquí termina la parte concerniente a la confrontación con las divinidades apacibles de los siete días y los que las reconocieron fueron liberados.

Si el difunto no ha logrado fundirse o integrarse con las luces de la consciencia, continuará dentro de la rueda de la ignorancia y de la ilusión. Por lo tanto, tras la cesación de las divinidades apacibles aparecerán del octavo al catorceavo día 58 divinidades irritadas, bebedoras de sangre (Herukas) que no son otra cosa, sino las cinco deidades apacibles bajo un nuevo aspecto.

En esta etapa, las Dakinis de colores (aspectos de la gran madre Prajna Paramita) aparecen con emblemas, adornadas con ornamentos de hueso, llevando también tambores y trompetas hechos con fémures, tamboriles de cráneos humanos, estandartes diríase que hechos de piel humana, llevan también diversa clase de instrumentos musicales, haciéndolos vibrar, moverse, temblar mediante sonidos suficientemente poderosos como para aturdir el cerebro y danzando con ritmos variados vendrán a recibir al devoto y castigar al que ha sido infiel.

Reconociendo la clara luz en el momento de la muerte, los difuntos aceptarán las visiones de las divinidades apacibles y de las irritadas y renacerán en los planos más altos como un descanso y en el próximo retorno encontrarán esta doctrina.

Estas divinidades irritadas son producto del miedo, el terror y el temor y reconocerlas se hace más difícil, sin embargo, habiendo meditado en ellas, rindiéndoles homenaje, haberlas visto representadas en cuadros e imágenes; el difunto después de la muerte las identificará integrándose a ellas, así logrará la liberación intermedia.

Etapa tercera. El Sidpa Bardo.

Este estado durará unos 20 días, después de los anteriores y en caso de no haber logrado la liberación intermedia se enfrentará a las visiones kármicas, apariciones ilusorias de ser perseguido por diversas y terribles bestias, así como tendrá que enfrentar la nieve, la lluvia, la noche, el terrible viento. Vendrán también sonidos como de montañas que se derrumban o el mar en tempestad, el estallido de un incendio, cuando esos sonidos lleguen huirá aterrorizado, no sabrá adonde ir, sigue un camino acortado por hondos precipicios, que no son de verdad, es el reflejo de la ira, la codicia y la insensatez, en ese momento del Sidpa Bardo deberá invocar al Gran Compasivo, a la preciosa Trinidad; tanto la pena como la alegría dependerán del karma, verá su cuerpo sin vida, su casa, a sus familiares y pensará “ahora estoy muerto, ¿Qué haré?”, oprimido y angustiado extraña su cuerpo, quiere volver a tenerlo, pero estará helado como en invierno, descompuesto o cremado, arrojado al agua o dado a las aves de presa, por lo que no encontrando un lugar donde meterse, estará contrariado y sentirá la sensación de ser comprimido entre grietas y precipicios…. Todas esas visiones son proyecciones de la propia mente

El difunto deberá arrojar de sí el deseo de tener cuerpo y permanecer resignado, viviendo el instante, sin identificaciones, porque viene el momento en que el buen genio, contará las buenas acciones con piedras blancas y a su vez el genio negro, contará las obras malas mediante piedras negras, sin embargo, aún se puede lograr la liberación intermedia, si se dejan los apegos, la ira, el miedo y el terror, deberá concentrarse en las divinidades protectoras, orar y pedir su auxilio, si se aferra al miedo, el temor y el horror, tratará de mentir diciendo: “Yo no he cometido ninguna mala acción, entonces el Señor de la Muerte dirá: “Voy a consultar el espejo del karma” y diciendo esto verá el espejo en donde todo lo bueno o malo está claramente reflejado, mentir no servirá de nada.

El juicio final divide a los desencarnados en tres grupos: 1. Los que se reencarnan en forma inmediata o más tarde. 2. Los que ascienden a los estados paradisíacos y celestes. 3. Los que entran al reino mineral (Infierno).

Se presenta la última oportunidad para que el alma del difunto elija el ascenso a algún reino del paraíso o bien la vuelta al mundo humano, en donde la Ley del Karma le asignará el lugar que le corresponde de acuerdo al resultado de la balanza donde fueron pesadas sus obras realizadas.

La realidad sobre la muerte es que tenemos un vehículo físico que es de manifestación temporal para nuestra alma, el cuerpo es perecedero y el alma continúa, al abandonar el alma al cuerpo físico éste queda sin vida, con cada vehículo nuevo que nos otorga la naturaleza tenemos una oportunidad de lograr el auto-conocimiento y liberarnos del sufrimiento, del nacimiento, la enfermedad, la vejez y la muerte.

Es importante conocer y comprender esta enseñanza en vida, llevarla a la consciencia y adquirir poder del Bardo desde el momento de la muerte.

Enviado por: Instructora María Guadalupe Licea Rivera. Comisión Secretaría del ICQ

Imagen: Pintura en seda de la dinastía Tang, en la gruta de sutras budistas de Dunhuang, el Bodhisattva guía al alma de una mujer muerta al cielo.

“Debe morir el Yo. Debe nacer el Buda interno en nosotros. Se debe amar a la Humanidad y pregonar por todas partes la Doctrina de la Buena Ley” Samael Aun Weor.

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