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LOS SIETE COSMOCRATORES

Fresco de María y los siete arcángeles, Miguel Ángel

Fresco de María y los siete arcángeles, Miguel Ángel

 Nosotros, los seres humanos, nos hemos alejado de lo divinal, de lo espiritual, de las dimensiones superiores de la naturaleza, de los seres inefables denominados comúnmente como ángeles, con nuestra manera de ser y sentir equivocados.

Los ángeles del cristianismo como Anael (ángel del amor); Raphael (ángel de la sabiduría); Gabriel (ángel de los nacimientos); son una tremenda realidad y no son otra cosa que los mismos dioses aztecas, como Tláloc (el dios de la lluvia); Ehecatl (el dios del aire); Coatlicue (la diosa de la tierra) y Huehueteotl (el dios del fuego). En la India milenaria fueron llamados Devas (el término es sánscrito y quiere decir resplandeciente), como Agni (dios del fuego); Varuna (dios del agua); Kitichi (dios de la tierra) y Parvati (dios del aire).

Cada pueblo y cultura del planeta los conoce con distintos nombres, pero en el fondo son exactamente los mismos: seres divinos que ya eliminaron toda posibilidad de soñar, que han destruido hasta el último residuo de ego, criaturas infinitamente perfectas, cuya misión es ayudar a la humanidad desinteresadamente. Siempre se les rindió culto, con infinita veneración y respeto, así lo podemos testimoniar en las leyendas, códices, papiros y libros sagrados del mundo entero; menos en una época: en la nuestra, esta edad negra, en donde el orgullo es tan grande, que nos creemos omnipotentes, pero un simple dolor de estómago, nos podría hacer ver nuestra cruda realidad.

Los siete arcángeles de Jerónimo Wierix (c. 1600).

Los siete arcángeles de Jerónimo Wierix (c. 1600).

Es necesario que regresemos al culto a los dioses del maíz tiernito (así decían nuestros antepasados del México antiguo), queriendo dar a entender, que es necesario que destruyamos lo ilusorio de creernos el centro del universo y regresemos al verdadero conocimiento ancestral. Existe un ejército de maestros ayudando a la humanidad que, a diferencia de lo que creemos, no están para cumplir caprichos, ni hacer la voluntad egoísta y personal de nosotros. Por el contrario, están dispuestos a escuchar las peticiones sinceras y justas de los corazones llenos de fe. Además, de acuerdo con la ley del karma, pueden auxiliarnos en múltiples áreas de nuestra vida.

Destacan en esa pléyade de seres superiores, siete grandes seres iluminados. Los siete cosmocratores (del griego cosmo –orden, mundo y crator – creador), o creadores de mundos, quienes dieron origen a este sistema solar en donde vivimos. La biblia los denominó: “Los siete espíritus” que están delante del trono de Dios y en la India se les llamó Dhyân-Chohans o los Señores de la Luz.

De acuerdo con el orden cósmico son:  Gabriel regente de la Luna, quien rige los líquidos, la imaginación y los nacimientos, por ello es él (y no otro) quién anuncia la venida del maestro Jesús; Raphael regente de Mercurio, maestro de la medicina, la sabiduría, el intelecto, la razón; Anael regente de Venus, maestro del amor, la ternura, la familia, los novios, etc.; Michael  regente del Sol, bajo su potestad está la vida; Samael regente de Marte, quien rige la fuerza, las luchas; Zachariel regente de Júpiter, bajo su mando está la mística, la política y las cuestiones monetarias y Orifiel  regente de Saturno, quien rige la melancolía y la muerte.

Los siete ángeles. Francisco Foppens. 1707

Los siete ángeles. Francisco Foppens. 1707

Ahora bien, los seres humanos, al parecer, estamos en contra de estas fuerzas divinales y, de esa manera, convertimos los vientres maternos en cementerios; dado lo anterior, nos encontramos en contra de la luna y del maestro Gabriel. Cuando profanamos la ciencia médica convirtiéndola sólo en un negocio, explotando el dolor de los que más sufren, estaremos en contra de Raphael; al engañar a nuestra pareja, al descuidar a los hijos, al prometer y no cumplir, claramente nos oponemos al Amor y al ángel Anael; si profanamos la enseñanza o nos convertimos en zánganos espiritualistas, estaremos en contra de Michael; al promover las guerras, matamos a nuestro hermano el hombre y, sin saber ni porqué, violamos los mandatos de Marte y de Samael; no se diga el día de hoy la profanación al arte de servir, que debería ser la política de los dirigentes religiosos al cometer delitos, estamos en contra del místico Júpiter o Zachariel; finalmente, estamos alterando todas las leyes con nuestra equivocada forma de vida y eso es contrariar el rayo luminoso de la justicia o de Saturno y del maestro Orifiel.

Por lo tanto, por más que pidamos las cosas más disparatadas (como dinero, el amor de alguien, poderes, etc.) a los ángeles, primero –como dice el dicho- nos saldrán canas verdes, pues de ellos no obtendremos lo que quieren nuestros múltiples defectos psicológicos. En ese orden de ideas, si anhelamos acercarnos a lo divinal, nuestros hechos deben reflejar los respectivos atributos angelicales. Y es aquí, estimado amigo, donde debemos retomar ese culto a los seres divinos, pero con hechos claros en nuestras vidas, tratando de enderezar esas conductas erradas que nos han llevado al mundo caótico de hoy. Adelante con paso firme y decidido, a luchar contra la ignorancia, el fanatismo y el error.

Jenaro Ismael Reyes Tovar y María Guadalupe Rodríguez Licea.  Comisión: Cursos por Internet

“En el Nirvana el sentido aquél de familia, tribu o clan ha desaparecido, porque todos los Seres se auto-consideran como miembros de una gran familia, la variedad es unidad. “Mensaje de Navidad” de 1.967 -Samael Aun Weor.

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