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La Sacerdotisa de Tamtoc

La Sacerdotisa de Tamtoc

Tamtoc, "Lugar de las nubes de agua", ya su nombre nos entrega una gran enseñanza, pues nos habla del caos primordial, la gran madre cósmica de donde surge todo lo que es, ha sido y será.

Increíbles monolitos entregando sabiduría inefable, para el que tenga ojos para ver, pueda encontrar en estas piezas arqueológicas el trabajo que tenemos que realizar. En estas esculturas nos enfatiza el trabajo con las aguas internas, las que nos trajeron al tapete de la existencia.

Este mensaje en conjunto de toda la zona arqueológica, se enfatiza en este monumento al que han llamado la Sacerdotisa de Tamtoc, y finamente la encontramos al pie de un manantial natural de agua, al que construyen una caja de piedra, aclarándonos que la piedra filosofal o ser humano auto realizado, tiene su fundamento en el trabajo con las aguas.

En todas las zonas sagradas del mundo nunca faltó el lago encantado, como en el Parsifal de Richard Wagner y para manifestar aún más la riqueza esotérica que se encuentra en las aguas puras de vida, en este manantial se encontró una ofrenda muy rica en figuras, de la que sobresale la llamada Venus de Tamtoc.

Esta escultura de piedra destaca en simbolismos que a pesar del tiempo y del espacio, son enseñanzas que debemos aplicar aquí y ahora, pieza que, por cierto, hasta hoy es la más grande encontrada en Mesoamérica, con 3.75 por 6.5 metros, colosal, portentosa y por supuesto enigmática; no podría ser de otra forma, pues su figura principal se refiere a la eterna madre cósmica.

Por las siete calaveras, el “líquido precioso” y la decapitación encontrada en esta diamantina obra, vemos claramente que el tema central del mensaje es la muerte, pero no en el sentido de perder la vida; sino el mismo que se nos habla el maestro Jesús, en el Evangelio de San Juan: “De cierto, de cierto os digo, que, si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; más si muriere, mucho fruto lleva.”

Destacan tres personajes, que nos hablan de la ley del tres que todo lo crea; al ser todas mujeres nos habla que el origen de todo lo existente se encuentra en la Madre Cósmica, la madre naturaleza, en nuestra madre tierra. Esta ley está ligada con la ley del Siete, que todo organiza lo que ha sido creado. Es por ello que encontramos 7 representaciones de la muerte.

La Sacerdotisa de Tamtoc

Un mensaje muy interesante encontramos en las calaveras, pues las tres mujeres pisan en ellas. Diciéndonos muy directamente al centro emocional que la senda se transita en base a la muerte, tal como lo enseña el mito de Perseo decapitando a la medusa, como los gemelos divinos del Popol Vuh matan a los señores del inframundo, nos lo dice el pentagrama esotérico también, pues en sus pies tenemos el símbolo de saturno y este simboliza la muerte.

La Sacerdotisa, la mujer principal lleva a su vez, una máscara de calavera. La máscara en sí misma es para ocultar lo divino, que está oculto para el profano, como la Isis egipcia, a quien ningún mortal ha levantado el velo. Pero, que la máscara esté en forma de calavera, nos dice que son inaccesibles los misterios de la Madre Divina, mientras no matemos la mente animal. Eso es realmente lo que interesa, decapitar nuestra mente terrenal, nuestro raciocinio vano, nuestro batallar de las antítesis en que vivimos.

Muy interesante es que las mujeres más pequeñas se decapitan y alzan hacia lo alto, como una ofrenda el instrumento de sacrificio. Indicándonos que se trata de un trabajo divino, que podemos ofrendar a la divinidad. Indicando con precisión que sólo a través de la muerte de las pasiones, del orgullo, pereza, gula, envidia, soberbia, vanidad, ira, violencia es que podrá existir la vida verdaderamente espiritual en un ser humano. Tarea nada fácil, dirigida sólo para seres con grandes inquietudes espirituales, capaces de enfrentarse con el peor enemigo existente, el cual habita en nuestro mundo interior.

Pero, se pone aún más interesante, que de las mujeres manan 12 torrentes de “líquido precioso”, es el nombre que le dan a la sangre nuestros antepasados, y tienen razón, pues es la que da la vida y es el vehículo de la misma esencia o alma. El 12 es el apostolado, el servicio a la humanidad, el trabajar desinteresadamente por los que más sufren, para sanar su adolorido corazón. Este número lo encontramos nuevamente en los glifos que aparecen arriba.

Pero, seis de estas corrientes llegan a la Sacerdotisa, a la diosa Madre del mundo; dos llegan a sus manos, para dar vida pujante a todo lo existente, representada en el tocado que lleva sobre su cabeza, hecho con vegetación símbolo de las fuerzas elementales de la naturaleza. Otros dos llegan a su vientre, donde se gesta el mundo entero y dos llegan a sus pies, porque de esta manera es como puede sostenerse el universo firme en su marcha.

Y como decía Hermes Trismegisto: “Verdad sin mentira, cierto y muy verdadero: Lo que está abajo es como lo que está arriba, y lo que está arriba es como lo que está abajo”. Es decir, que, igual que sucede en todo lo creado, nosotros debemos imitar ese trabajo, tenemos que llevarlo a cabo en nuestro interior.

Si queremos que florezca las virtudes del alma, necesitamos ofrecer, como lo hacen estas mujeres a la Gran Madre, ofrendas sepulcrales. Es decir, dominar la ira, sacrificar el momento de sobresalir, eliminar el deseo de ser grande, para que como gemas preciosas puedan brillar las facultades del espíritu.

Sorprendentemente el “líquido precioso” o sangre, adopta en este monolito la forma de agua, tiene los glifos del agua. Uniendo mensajes que sólo a la luz de la gnosis pueden entenderse. Primero entendemos que el agua da la vida a todo lo existente, pero que ésta surge de la fuerza del sacrificio consciente.

Pero por sacrificio no se entienda el inútil padecimiento masoquista que muchos solemos practicar. No, se trata de algo mucho más superior, de sacrificar leyes inferiores, para que nos gobiernen leyes superiores. Cuando, por ejemplo, uno sacrifica el dolor que le produce el que alguien nos haya insultado, en lugar de andar buscando venganzas, si uno sacrifica ese dolor a través de la meditación profunda, lograremos quedar gobernados por las leyes superiores como lo es: la comprensión y el amor. Claro, eso no es nada fácil.

Pero, el mensaje no se queda ahí; el agua y la sangre nos llevan al simbolismo de la última cena del gran maestro Jesús. Se refiere a una mezcla muy especial, el agua pura de vida o energía creadora y el fuego sagrado representado por la sangre. De hecho, vemos este símbolo en todas partes de este grabado. En la sangre con apariencia de agua, en las gigantescas cruces en X (como las cruces de San Andrés) que se forman con las mismas; y que también se indica con los triángulos uno con el vértice hacia arriba símbolo del fuego y el otro con el vértice hacia abajo símbolo del agua que rodean a la Sacerdotisa.

Los seis torrentes de cada una de las mujeres sacrificadas, forman la runa nórdica Hagal, símbolo de la naturaleza, de sus fuerzas elementales y sus seres divinos que la rigen. Volviéndonos a enfatizar que el sacrificio de lo vano, de lo inútil, de lo grosero y sobre todo de la mente animal es lo que le da vida a la naturaleza.

La Sacerdotisa de Tamtoc

Arriba de las mujeres pequeñas, vemos un adorno a manera de “V” invertida. Como si del cielo emanara agua que se une con la sangre, dándonos una enorme verdad. Y es que la energía que nos trajo al tapete de la existencia contiene fuerzas que provienen de los mundos superiores.

En el eje central horizontal de agua y el “líquido precioso”, hay cuatro aves. Estas nos representan lo más sagrado que existe, el “Iod He Vau He” hebrero, a la divinidad. ¿Por qué cuatro? Por qué es la trinidad ya conocida por todos (padre, hijo y espíritu santo), más su origen: el dios no conocido, no manifestado. Forman entonces el sagrado Tetragrámaton griego. El trabajo aquí mostrado, si lo llevamos a cabo, nos indica el camino a la divinidad.

Todavía más, para rematar este simbolismo, las cuatro aves miran al oriente, donde nace cada mañana el Cristo Sol, mostrándonos que así mismo debe nacer en nuestro corazón también.

Las enseñanzas aquí mostradas, nos hablan de la forma en que lo humano, puede hacerse divino y lo divino puede hacerse humano. Aquí esta mostrado el camino que debemos seguir si queremos con todas las fuerzas de nuestra alma y corazón, transitar de las tinieblas a la luz. El eterno femenino Divinal, palpita en todo lo creado y puede manifestarse en la mujer que se hace digna de sus misterios y por ello finalizamos diciendo con el maestro Samael: “Bendita sea la mujer y benditos los seres que la adoran”.

Enviado por: Instructor Jenaro Ismael Reyes Tovar. Comisión de Internet.

Fotos 1, 2 y 3 La Sacerdotisa de Tamtoc.

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