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Plantas Curativas y Elementoterapia

Tacuinum Sanitatis, Lombardía, finales del siglo XIV

La naturaleza ha sido un libro abierto para todas las culturas que nos anteceden, así como para grandes sabios, magos y médicos que han desentrañado la sabiduría oculta tras la materia, tales como el mismo Paracelso, el maestro Agripa, Franz Hartman, Krum Heller, Hipócrates…

Fórmulas de Alta Magia, Teúrgia, Botánica oculta, Taumaturgia, Elementoterapia, Medicina esotérica, Nahualismo, etc., son ejemplos de las maravillas que ofrece el conocimiento sobre la ciencia de los elementales de la naturaleza y que, más allá de ser simples teorías, la gnosis nos enseña la forma práctica de trabajar con ellos.

Ciencias como la bioquímica, medicina y botánica actuales nuevamente están retomando los principios vitales y curativos de las plantas, aunque todavía están lejos de comprender su verdadero potencial. Ahora es necesario unir la espiritualidad a la ciencia para poder extraer de ella verdaderos milagros.

El maestro Paracelso en su “Fundamento sapientia” afirma: “Hay dos especies de conocimiento. Hay una ciencia y una sabiduría médica, la comprensión animal pertenece al hombre animal, más la comprensión de los misterios divinos pertenece al espíritu de Dios en él”. La antiquísima sabiduría médica jamás ha cambiado sus fórmulas, esta sabiduría divina se conserva en los santuarios sagrados a los que solamente tienen acceso los seres de conciencia despierta. Por ello es necesario eliminar el agregado psicológico y transformar la energía creadora en espiritualidad.

La naturaleza merece toda nuestra veneración, pues ha sido creada en perfección, cada mineral, vegetal y animal, cumple un objetivo único e irrepetible en el mundo y así como son infinitas sus variedades, también son infinitas sus posibilidades. Las fórmulas secretas para la curación de cada una de las enfermedades tienen su fundamento en la elementoterapia, que es el arte regio de la naturaleza. Y nos enseña a trabajar con los elementales (alma) de las plantas, también llamados silvanos, dríadas, hamadríadas, faunos…

Los elementales fueron llamados “dussi” por San Agustín, “grove y maidens” por los irlandeses, “anime” por los sabios médicos gnósticos, “silvestres y ninfas” por Paracelso, etc. Un verdadero médico también debe ser mago, para trabajar con los elementos en su triple aspecto: cuerpo, alma y espíritu; el cuerpo son los elementos, el alma los elementales y el espíritu, lo más elevado.

Cada elemental está regido por un signo zodiacal, como nosotros los humanos. Sorprendentemente existe una íntima relación entre nuestra fisonomía oculta y la naturaleza, ya que son parte del mismo creador: poseemos elementos y minerales en nuestro interior, tales como el hierro, cobre, magnesio, calcio…, pero también estamos relacionados con las plantas y animales debido a la ley de evolución e involución, ya que, según la trasmigración de las almas de Pitágoras, hemos pertenecido a los diferentes reinos de la naturaleza en nuestro transitar por estas leyes y más aún, ese recorrido por los distintos reinos se realiza en determinado rayo planetario, según explican los Kuklos Anankes (círculo de la necesidad de los egipcios) y, precisamente en ese transcurrir, habiendo pertenecido a cada reino y habiendo tenido diferentes cuerpos físicos de mineral, vegetal y animal, hemos adquirido en el fondo de la consciencia, principios elementales que nos permiten, con conocimiento de causa, trabajar directamente con la naturaleza, a través de lo que se denomina “Intercesor elemental”, parte de nuestra consciencia más profunda que posee los misterios más sagrados.

El Intercesor elemental de cada quien conoce a profundidad el idioma, características, funciones, poderes, relaciones…, de cada elemental de la naturaleza. Saben bien los botánicos, por ejemplo, que la forma de las plantas tiene que ver con el órgano que pueden curar. Una planta puede ayudar a curar una enfermedad, pero si le pedimos a su elemental, éste curará no solamente el aspecto físico, sino también la causa.

La elementoterapia consiste en trabajar con los tres aspectos de cada elemento: cuerpo, alma y espíritu. La fórmula consiste en invocar a nuestro Intercesor elemental por medio de la Madre naturaleza (Madre divina) que está en secreto y en el nombre del Cristo, se le suplica que se comunique con el elemental con el que queremos operar en presencia del elemento. El maestro Samael nos ha dejado, en su libro “Medicina oculta y magia práctica” las fórmulas precisas y mantrams para una gran cantidad de plantas curativas, sin embargo, si no se conociera el mantram de alguna planta que requerimos, el intercesor elemental sabe el protocolo para cada elemental, por eso es importante invocarlo, para que sea él quien interceda por nosotros.

“Las plantas que se usan deben ser bendecidas de acuerdo con la Elementoterapia. Se pedirá a la Divina Madre Kundalini, ordenar al intercesor elemental para que éste último ponga a trabajar a los elementales de las plantas. La fe es el fundamento de la taumaturgia”.

También es importante recalcar que toda petición debe solicitarse de acuerdo a la ley y no de acuerdo a nuestra voluntad, para evitar interferir en los procesos kármicos y que sea la justicia divina quien realice la curación. Estos son ejemplos para curar algunas dolencias:

Para fortalecer la vista

Girasol. Autor desconocido.

La planta girasol o mirasol, es muy interesante, siempre se orienta su flor hacia el Astro Rey. Quien quiera fortalecer la vista debe destilar hojas de girasol entre agua bien pura.

En esta agua se humedecen paños pequeños muy limpios y desinfectados previamente en agua hervida. Estamos seguros de que tales paños están limpios, se humedecerán entonces en el agua destilada del mirasol o girasol.

Es claro que de acuerdo con la Elementoterapia explicada en este libro, hay que hacerle su ritual al elemental del girasol o mirasol para que el elemental de la planta coopere en la curación y fortificación de los ojos.

Hidropesía

Las flores de maravilla bastarda o silvestre, resultan magníficas para la hidropesía. Hay que poner un puñado de tales flores entre un vaso de vino blanco. Aconsejable ponerle desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana.

Sobre cenizas de carbón caliente, se pondrá el recipiente que contenga esta maravillosa infusión mágica. El enfermo beberá esta agua y luego, tomará un caldo con buena sustancia de carne.

Este remedio se tomará por ocho días. A las flores se les hará su mágico ritual de Elementoterapia, para que los elementales sanen al enfermo.

Enviado por: Susana Margarita Rodríguez Licea, Comisión Eventos. San Luis Potosí, S. L. P.

Imagen 1: Tacuinum Sanitatis, Lombardía, finales del siglo XIV

Imagen 2: Girasol. Autor desconocido.

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