Gnosis Instituto Cultural Quetzalcóatl

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Practica con Genios Elementales de los Cuatro Elementos

Hendrik van Balen y Jan Brueghel Nombre: la abundancia y los 4 elementos Año: 1615

El cuerpo vital o etérico, es conocido por la ciencia como cuerpo áurico o vibracional, éste puede ser visto a través de las imágenes capturadas por la cámara Kirlian. El cuerpo vital es eléctrico, térmico y magnético, tiene su principio de función en el akasa, que es el éter. Éter es lo mismo que el principio vital del cuerpo etérico, en el éter se desenvuelve la consciencia de los elementales de la naturaleza, propiamente de los cuatro elementos: agua, tierra, aire y fuego. Estos cuatro elementos, a través del éter se manifiestan en las diferentes plantas, así tenemos que hay plantas de agua, de tierra, aire y fuego.

Toda persona con consciencia despierta, puede ordenar y mandar o trabajar con la esencia de los elementos, conocidos como genios o regentes o Dioses penates. Los dioses penates o regentes, tienen la capacidad de ordenar a grandes cantidades o ejércitos de elementales, que son la consciencia de las plantas o propiamente de los elementos.

Por ejemplo, la vibración del fuego, es conocida como tejas, del agua, apas, del aire, vayu y de la tierra, prithvi. Según la doctrina hindú, las diferentes manifestaciones del éter tienen sus genios elementales. Del agua, el genio Varuna; de la tierra, el genio Gob, Kitichi o Changam; del aire, Parvati y del fuego, Agni. El estudiante gnóstico que quiera ordenar y mandar a los elementos, será con el apoyo de los genios, aunque cabe mencionar que es con consciencia sobre estos elementos un factor importante para ordenarles o utilizarlos.

Se pueden utilizar los elementales para diferentes actividades, entre ellas una muy importante que es la salud, ya que cada elemento está relacionado con un sentido; por ejemplo, los elementales de tejas pueden ser utilizados para ayudar a sanar la vista; los elementales del agua para ayudar a sanar lo relacionado con el gusto, los elementales del aire con el tacto y lo que implica aquello con lo que tocamos, que bien podría ser la piel. Y la tierra, lo relacionado con el sonido o el oído.

No solo en los sentidos están estos elementos, están en todo el cuerpo, en átomos, partículas y moléculas. Por eso es que un equilibrio de vida con estos elementos podría desarrollar una salud extraordinaria y si a través de los genios se colabora para ordenar a estos elementos o elementales, será muy oportuno mantener la salud.

Los elementales se alteran con el carácter del ser humano; por ejemplo, una persona iracunda, colérica, hace entrar en desatino a los elementales del fuego, éstos en desorden o diríamos que casi en desbandada, incendian el interior atómico del hombre, provocando enfermedades como glaucomas, alteración del sistema nervioso, daños en la columna, alta o baja presión, diabetes, gastritis, entre otras y para equilibrarlos, la antropología gnóstica recomienda serenidad y paciencia.

Así sucede con los elementales del aire, cuando el carácter del ser humano tiene una tendencia obstinada, intransigente y terca en sus ideas no permitiendo fluidez con este elemento del aire ocasionando estragos de salud mental.

Y qué podemos decir cuando el carácter del ser humano es desequilibrado por falta de adaptabilidad a las circunstancias de la vida, pues ni más ni menos el elemento agua es el que se ve alterado y siendo que aproximadamente el 75% es agua en el cuerpo humano, es el elemento de mayor influencia; por tal conviene serenarse y buscar adaptabilidad. Podría ser a través de la idea o principio de que “todo pasa” o de que siempre hay opciones y posibilidades para hacer las cosas, cuando el ser humano se auto observa constantemente, puede descubrir esos trastornos emocionales o de carácter y mantener un equilibrio, de esa manera ordenará los elementos, tal y como lo hacían los antiguos sacerdotes aztecas, mayas, egipcios o iniciados de la India o de cualquier parte del mundo que tenían consciencia para ordenarlos.

No menos importante es observar el carácter y ver la influencia de éste en el elemento tierra, resulta maravilloso poner la atención y percibir como lo describe Franz Hartman, esos átomos o consciencia del elemento tierra en nuestro cuerpo, que son los gnomos y pigmeos, de ellos también nos habla Madam Blavatsky en la Doctrina Secreta y nos habla Don Mario Roso de Luna, ínclito escritor de la novela Rosacruz y qué diríamos del gran Paracelso que describe con lujo de detalles a estas consciencias como personajes de pequeña estatura, barbados y rostro semejante a ancianitos, los llamados enanitos, cuya característica es la laboriosidad y que por consiguiente, contribuyen al ser humano dándole impulso para la actividad, el trabajo, laboriosidad; que sería la forma de contrarrestar la pereza, la gula, la glotonería y enfermedades que éstas generan. Así pues, ordenando a los gnomos, podría ayudarse en sanar los huesos, los músculos y la falta de ímpetu en las actividades de la vida.

Maravilloso es atender a las descripciones que grandes clarividentes realizan acerca de la apariencia de todos los elementales así como describe el maestro Samael Aun Weor a las salamandras del fuego, como criaturas inefables, hermosas que danzan bellamente alrededor de la llama de las velas y que apagan el fuego impetuoso de la ira del enojo, del resentimiento y con sus hermosos movimientos activan los átomos, partículas y moléculas para restaurar esos daños que las bajas emociones o actitudes habrán ocasionado en la vida. Con serenidad y dulzura del carácter se puede ordenar y mandar a los elementales del fuego. Es bien conocido que para ordenar y mandar a los elementales, podemos concentrarnos en meditación y profunda introspección consciente. Al concentrarnos en el genio elemental y auxiliándonos con un mantram, podemos ordenar y mandar a los elementos para que realicen la actividad o la acción deseada por el mago operario o estudiante gnóstico, logrando así contribuir con la salud de algún órgano en específico o en general en el cuerpo físico, etérico e internos (astral, mental, causal, etc.),

Con el mantram “M” se ordenará a los elementales del agua, después de haber reflexionado en la petición o favor que se anhela por parte de las ondinas y nereidas. El mantram “IAO”, será utilizado con los elementales de la tierra. El mantram “H” como un suspiro, nos servirá para ordenar y mandar a los silfos y sílfides del aire. “INRI” será vocalizado para con los elementales del fuego.

Observando la causa de alguna enfermedad, podemos intuir con qué elemento se relaciona. Al tener una buena forma de vida y equilibrio en las acciones de pensamiento, sentimiento y emoción, se augurará una mejor salud. Con los elementales se puede trabajar cualquier día de la semana, aunque éstos también se relacionan con los genios siderales, ya que cada signo astrológico también está relacionado con un elemento y cada signo astrológico se relaciona con algún día de la semana, pero no importando el día, con los elementales se trabaja a cualquier hora y en cualquier día teniendo fe consciente.

Enviado por: Instructor: F. Ismael Moreno Luna. San Luis Potosí, S.L.P.

Imagen: Hendrik van Balen y Jan Brueghel Nombre: la abundancia y los 4 elementos Año: 1615

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