Gnosis Instituto Cultural Quetzalcóatl

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Libro: Tiempo Azul

TERCERA PARTE. EXPERIENCIA MÍSTICA DIRECTA

Zona Arqueológica La Venta. Diosa joven emergiendo de un ser fantástico felino (sabiduría) cocodriliano (el Ser).

Zona Arqueológica La Venta. Diosa joven emergiendo de un ser fantástico felino (sabiduría) cocodriliano (el Ser).

Los grandes maestros de la meditación nos han dejado, a lo largo de la historia, sus biografías. De lo anterior, nos preguntamos: Eso, ¿cómo para qué me puede servir? La respuesta la encontramos en el libro de “Las Siete Palabras” del maestro Samael Aun Weor:

«No quiero asegurar que el patriarca José de Egipto no haya existido; lo que quiero es asegurar que dentro de la vida de cada iniciado se encierra el drama de la iniciación.».

Vidas como la de Buda, Quetzalcóatl, Jesús, etc., encierran enseñanzas que tienen una relación con el camino interior, no sólo son bonitos relatos que podemos disfrutar leyéndolos o escuchándolos, son realidades que pueden ser vivenciadas por los aspirantes sinceros que anhelan encontrar la verdad.

Adentrémonos en algunas biografías de maestros iniciados de la China antigua, a fin de develar grandes misterios, muy útiles para quien quiere aprender a meditar, con el propósito de encarnar en nuestra vida práctica sus enseñanzas sagradas.

Abramos nuestro corazón, dejemos a un lado la mente y que estas milenarias enseñanzas logren hacer eco en nuestro mundo interior.

Capítulo 10. El Maestro Chino Han Shan

[Biografía original en: Mensaje de Navidad 1965-1966. Samael Aun Weor].

Capítulo 10. El Maestro Chino Han Shan

El 12 de octubre de 1545 nació, en una comarca de China, un gran maestro llamado Han Shan, toda su vida estuvo relacionada con el eterno principio femenino divinal (nuestra Madre Divina interior) representada en la maestra iniciada de la compasión Kwan Yin.

A través de la Madre Divina, a una humilde mujer le fue anunciado en sueños el nacimiento de un niño; interesante enseñanza es plasmada aquí, ya que las parejas gnósticas que en verdad trabajen sobre sí mismas, sirvan a la humanidad desinteresadamente y busquen el matrimonio perfecto, lo mismo puede sucederles. Por tanto, nos damos cuenta que, más que una autobiografía, el maestro chino Han Shan nos deja enseñanzas importantes, prácticas para la vida, que tenemos que ir descubriendo.

A muy temprana edad enfermó gravemente y la muerte era inevitable, pero su humilde madrecita oró llena de fe a la Madre Divina. Ahora bien, de la misma forma es que debemos hacer nuestras oraciones, con consciencia, devoción y en meditación. En su plegaria, esta madre se comprometió a hacer hasta lo imposible con tal de que su hijo encontrara el camino espiritual y lo condujo a la edad adecuada al monasterio de la longevidad. De igual manera, debemos procurar que nuestros hijos reciban las enseñanzas gnósticas, objetivo que podremos lograr a través del ejemplo.

En efecto, el niño sanó milagrosamente y sus inquietudes espirituales fueron creciendo gradualmente, mostró mucho interés por los misterios de la vida y la muerte cuando un tío murió y un niño de su tía nació. Diciéndonos con esto, este gran maestro de sabiduría, que nosotros debemos aprovechar los acontecimientos difíciles de la vida para adentrarnos en el autoconocimiento.

Sabiamente, su madrecita equilibró la severidad y la dulzura, no se dejó llevar por los sentimentalismos vanos, a fin de lograr en el niño una educación íntegra, el objetivo era vencer la naturaleza mecánica y estudiar la sabiduría de forma adecuada.

Ingresa al monasterio de la longevidad, y este acontecimiento debemos entenderlo como el ingreso nuestro a una escuela de gnosis. Un monasterio es un centro de enseñanza, donde podemos recibir el conocimiento en forma didáctica, progresiva y ordenada; eso es nuestro Instituto Cultural Quetzalcóatl. Por tanto, podríamos decir que cuando nosotros ingresamos al instituto sucede algo similar a cuando el maestro Han Shan ingresó al monasterio.

Los monasterios budistas al igual que las zonas sagradas mayas, lugares de meditación y superación espiritual. Zona Arqueológica de Palenque Chiapas. México. Cultura Maya.

Los monasterios budistas al igual que las zonas sagradas mayas, lugares de meditación y superación espiritual. Zona Arqueológica de Palenque Chiapas. México. Cultura Maya.

Normalmente, tenemos una idea equivocada sobre los antiguos monasterios, y es pensar que se olvidaban de tener pareja, si estudiamos las enseñanzas de sus libros sagrados, podremos darnos cuenta de que, en realidad, sólo a la gente más preparada les enseñaban los misterios de la magia del amor.

Fue un gran devoto de la Madre Divina (Kwan Yin), elemento indispensable para todo aquél que transita la senda del autoconocimiento, pues sin la ayuda de la Madre Divina es imposible la muerte de nuestros defectos psicológicos. En una ocasión le recitó a su madrecita toda la enseñanza dejada por la maestra iniciada Kwan Yin, lo cual la dejó muy sorprendida, diciéndonos que es nuestro deber estudiar la gnosis a fondo, no de forma superficial, que hay que comprometerse con la enseñanza.

En una ocasión un gran maestro muy avanzado en la meditación de nombre Ta Chou Chao, al ver el gran entusiasmo, la devoción, la entrega, la sinceridad en el niño, aseguró con gran alegría que, de seguir así, podría convertirse en un maestro de la Tierra y los cielos. Claro, que lo que nos tratan de dar a entender es que debemos reunir en nuestra vida tales virtudes.

Este sabio maestro le pregunta al niño Han Shan si de grande quería ser un alto funcionario público o un Buda. Ésa es una pregunta que, realmente, nos hacemos en forma incesante en cada momento de la vida. Simbolizada por el arcano seis del tarot “La Indecisión”, nos encontramos, incesantemente, ante dos caminos, el de la Medusa (ego) o el de la Madre Divina.

Hemos observado en la vida práctica como pasamos, a veces, por temporadas de “vacas flacas”, que suelen alargarse incluso por años, batallamos bastante por tener dinero para las cosas básicas de la vida, y, de repente, nos encontramos ante la disyuntiva entre escoger un trabajo digno, honrado, pero de poca paga y un trabajo muy lucrativo donde explotemos a la gente o donde vendamos cosas inservibles o que induzcan al vicio; para la mayoría de nosotros se torna en una muy difícil decisión.

Más el niño Han Shan, sin vacilar, le dijo al sabio maestro: “Un Buda”; es decir, el camino del equilibrio, de la verdad, de la gnosis.

El entonces joven Han Shan, al estudiar la vida de otros iniciados, se motivó, grandemente, por seguir el camino interior, eso es lo que debemos sacar de la vida de los grandes iniciados, anhelos por el cambio, sabiduría y orientación.

Las tradiciones chinas nos indican que, en los mundos internos, recibió la visita de grandes maestros; entre ellos, fue asistido por la maestra iniciada Kwan Yin. Verdaderamente, todo estudiante gnóstico que se propone trabajar en sí mismo, es asistido por los grandes maestros de la Fraternidad Blanca. Lo normal es que no nos acordemos de nada, pero la ayuda es siempre recibida.

A la edad de veinte años, el gran maestro dirigente de su monasterio murió, dejándolo, a pesar de su corta edad, a cargo de los ochenta discípulos que tenía, mostrándonos que la edad es lo menos importante cuando se trata del desarrollo espiritual, que importa poco, realmente, tener diecinueve o setenta y cuatro años, ya que siempre es posible trabajar en bien de los demás, difundiendo la sabiduría a la humanidad desinteresadamente. Así el joven Han Shan inició una gran obra en bien de los demás.

Nunca se creyó un sabio, el estudio era una de sus características primordiales, pero no un estudio meramente intelectual. Jamás perdió su capacidad de asombro y eso le permitió encontrar trozos de sabiduría en forma continua. Indudablemente, es una actitud que debemos recuperar.

De esta manera, siendo humilde es que iba quedando iluminado, leyendo la anécdota de un anciano maestro cuando regresaba a su casa, la gente dijo al verlo: “mira, el hombre de aquel entonces todavía existe”. A lo que responde el maestro: “Oh, no, parezco ser un viejo, pero en realidad no lo soy”. Obviamente, cuando alguien conserva esa preciosa facultad de asombro y vive de momento en momento, es capaz de ahondar en los más grandes misterios y el maestro Han Shan afirmó: En realidad los dharmas no tienen comienzo ni fin. ¡Cuán verdadero es esto, cuán verdadero!

Un sabio maestro muy experimentado (Fa Kuang) le fue enseñando, en forma muy ilustrativa y pedagógica, sobre la técnica científica de la meditación, de la misma forma y con idénticas enseñanzas que en estos momentos nosotros recibimos, todas estas claves milenarias, de la gnosis.

Al igual que aprendemos con nuestras conferencias gnósticas y con las prácticas que realizamos en nuestras salas de meditación del Instituto Cultural Quetzalcóatl, sean físicas o, en vivo, por internet, se instruyó al maestro Han Shan sobre la disociación de la mente, el subconsciente y las percepciones sensoriales; es decir, sobre todo lo que tenemos que hacer para que la mente quede en silencio.

Algo muy interesante, que le fue enseñado y que debemos aplicar en nuestras meditaciones, es que durante la meditación debemos mantenernos alejados de los “senderos sagrados y mundanos”, en otras palabras, entender que lo que se busca es el silencio, no imágenes bonitas, paisajes, montañas, ancianos venerables, etc., buscamos la quietud y silencio mental, y esas fantasías, aunque sean muy bonitas, deben ser sacrificadas en la búsqueda de la verdad.

Una de las cosas más importantes que aprendió Han Shan de este sabio maestro fue cómo las asociaciones mentales forman frases, recuerdos, imágenes, ideas, deseos que producen, incesantemente, ese batallar de los opuestos y parloteo de la mente. La fórmula para evitarlas es la disociación mental que logramos por medio de la comprensión de cada forma mental que haga su aparición. Cuando son comprendidos los defectos psicológicos se obtiene, en consecuencia, el silencio no sólo a niveles superficiales, sino en todos los niveles del subconsciente. El maestro Han Shan, al desintegrar sus miles de egos, logró convertirse en un maestro iluminado de perfección y alcanzó la quietud y el silencio de la mente.

Los maestros sabios comentaban: “Si no permites que tu mente se perturbe al escuchar el sonido del agua que corre durante treinta años, llegarás a la comprensión milagrosa del Avalokitesvara”; dando a entender que debemos llegar a un estado mental en el cual no reaccionemos ante los impactos del mundo exterior, como ruido, pensamientos, recuerdos, etc. Dicho objetivo es posible en el trabajo de los koanes y mantras.

Un dato curioso, que parece no tener importancia alguna, es que comenta el maestro que comía granos, verduras y arroz; pero, en realidad, sí tiene gran importancia, pues nos dice que el trabajo con la semilla o simiente nos ayuda a meditar. Que debemos aprender a transmutar las energías creadoras y que, al hacerlo, esto nos da avances significativos en la búsqueda de la quietud mental.

Al igual que el maestro San Francisco de Asís, el maestro Han Shan nunca codició poderes, estos llegaron en forma natural y progresiva mediante el trabajo interior. Llegó el momento en que logró no sólo el silencio mental y la quietud durante la meditación, sino en toda su vida cotidiana y como consecuencia natural obtuvo facultades de clarividencia positiva, telepatía, intuición, clariaudiencia, etc. Para quien logra la iluminación en base a la muerte del Yo, todo lo demás (las facultades) le llegan por añadidura.

En uno de los poemas, escritos por el maestro Han Shan, vemos la profundidad de su trabajo interior: “Cuando reine la serenidad perfecta se logra la verdadera iluminación, como la reflexión serena incluye a todo el espacio, puedo volver a mirar al mundo que está formado de sueños y solo sueños. ¡Hoy comprendo realmente la verdad y la justicia de las enseñanzas de Buda!” La reflexión serena de la que se habla, es la conciencia atenta a todo, en la quietud y silencio de la mente.

Somos muchos los que codiciamos tener experiencias conscientes en el mundo astral, algunos, equivocadamente, hasta podríamos caer en el mundo de los alucinógenos creyendo engañados que es tan fácil. La verdad es que esto se logra cuando despierta la esencia de su sueño milenario; el maestro Han Shan lo obtuvo convirtiéndose en un atleta de la meditación y dejó de soñar mientras su cuerpo dormía, logrando vivir consciente, totalmente despierto en los mundos superiores.

Es, precisamente, ahí, en las regiones suprasensibles de la naturaleza, que ingresa al templo de la Gran Sabiduría, siendo recibido por grandes iniciados en sus cuerpos astrales. Este propósito es también lo que pretendemos en la gnosis, que nos preparamos para lograr aprender, directamente, la sabiduría de los mundos superiores de conciencia.

Lo que aprendió en estos centros de sabiduría fueron cosas inefables. Las leyes de evolución, con su hermana gemela la involución. Cómo la subconsciencia nos hace discriminar y nos corrompe, pero la sabiduría nos hace comprender y lograr la pureza; que uno u otro (la pureza o impureza) dependen de la mente. Las regiones búdicas, cómo se penetran y compenetran sin confundirse y que lo principal en esas tierras es el servicio a la humanidad. Hermosas enseñanzas que ahora tenemos en nuestras manos y que sólo nos hace falta practicar.

Pasaron muchísimos años y, por fin, regresó el maestro Han Shan a su tierra, los vecinos intrigados preguntaron que de dónde había venido, que cuál transporte habría utilizado para llegar; preguntas que pertenecen al mundo de la dualidad mental. Sin embargo, su madrecita, afirmó con gran verdad: “Viene a nosotros desde el vacío”, pues había logrado el Vacío Iluminador permanente, al desintegrar el ego, logró lo que se llama en el budismo “la ruptura de la bolsa” la unión con su Ser íntimo y, como consecuencia, con la verdad.