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Los Ángeles de la Muerte y los Ángeles de la Vida

El Ángel de la Muerte (1851). Horace Vernet

Según hemos aprendido, lo necesario para salir en astral es la capacidad de despertar la consciencia.

La filosofía positivista contemporánea que afirma que el único conocimiento auténtico es el conocimiento científico, se funda en la existencia de la materia (materialismo) y de la energía. Mucho es lo que se ha discutido sobre fuerza y materia, pero éstas continúan, a pesar de todas las especulaciones, siendo la X, Y, desconocidas. Los secuaces reaccionarios de la filosofía positivista, viven siempre tratando de definir la una por la otra; es ridículo, espantosamente ridículo, definir lo desconocido por lo desconocido. La filosofía materialista dice: "Materia es aquello en que se llevan a cabo los cambios llamados movimientos; y movimientos son aquellos cambios que se llevan a cabo en la materia". Esta es la identidad de lo desconocido: X=Y, Y=X, total, ignorancia, círculo vicioso, absurdo.

Realmente, nadie ha visto la materia ni la energía. El ser humano sólo percibe fenómenos, cosas, formas, imágenes, etc., nunca hemos visto la sustancia de las cosas. La sustancia dada, no es precisamente materia, sino madera, cobre, estaño, piedra, etc., tampoco hemos visto jamás, la energía separada del movimiento. Jamás hemos visto la materia separada de las formas y de los objetos.

Un puñado de tierra tiene una forma definida; una estatua tiene una forma determinada; el planeta Tierra tiene una forma específica, etc., etc., etc. Realmente, la llamada Materia sólo es un concepto tan abstracto como la belleza, la bondad, el valor o el trabajo, etc., nadie es capaz de ver la sustancia de las cosas en sí misma. Nadie conoce la "COSA EN SÍ”. Vemos la imagen física de un hombre, pero no vemos la cosa en sí, el cuerpo en sí del hombre, sólo desarrollando el sentido espacial podemos ver el cuerpo en sí mismo, la cosa en sí. El espacio es el vehículo de la mente, y sólo con el sentido del espacio podremos aprehender, ver la cosa en sí; ésta, es el cuerpo vital del hombre. ¿Cuál sería la cosa en sí de una planta? El cuerpo vital de ella; ¿Cuál la cosa en sí de un animal? El cuerpo vital del animal. ¿Cuál la cosa en sí de nuestro planeta? La tierra vital.

El mundo vital representa a la tierra en sí misma. De esta tierra vital depende la vida de todos los organismos y ésta se halla en la cuarta dimensión.

El punto en movimiento deja una huella, ésta es la línea, la línea en movimiento deja una huella, esta es la superficie. La superficie en movimiento se convierte en sólido; y el sólido en movimiento se convierte en híper-sólido. Realmente, el híper-sólido es la cosa en sí; el híper-sólido pertenece a la cuarta dimensión. Sólo podemos ver los híper-sólidos con el sentido espacial; éste, es superior al sentido temporal. Realmente, el sentido temporal es sólo la superficie del sentido espacial.

El punto, al salirse de sí mismo, se convierte en línea. La línea, al salirse de sí misma, se convierte en la superficie; la superficie, al salirse de sí misma, se convierte en sólido. El sólido, saliéndose de sí mismo, con un movimiento en el espacio, se convierte en híper-sólido.

Los híper-sólidos están contenidos dentro de los cuerpos sólidos. Saliendo el cuerpo vital de dentro de un organismo, éste se desintegra inevitablemente. El cuerpo vital pertenece a la cuarta dimensión, y la esencia humana a la quinta dimensión. Esos son los mundos paralelos al nuestro de los que habla Albert Einstein.

Dentro de los procesos de la vida y de la muerte se dan fenómenos extraordinarios, es bueno saber que existen Ángeles de la vida y Ángeles de la muerte.

Los Ángeles que rigen los procesos de la concepción, viven normalmente en la Cuarta Dimensión, en el mundo etérico, y los que gobiernan la muerte viven en la quinta dimensión, en el mundo molecular o quinta dimensión. Los primeros conectan al EGO con el ZOOSPERMO, los segundos rompen la conexión que existe entre el Alma y el cuerpo físico.

Los Ángeles de la Muerte son, en sí mismos, hombres perfectos; es muy amarga la pérdida de un ser querido, y parecería como si los Ángeles de la Muerte fuesen demasiado crueles, malos o perversos, pero ellos realmente no lo son, aun cuando parezca increíble. Los Ángeles de la Muerte trabajan de acuerdo con la gran Ley, con suprema sabiduría y muchísimo amor y caridad. Esto sólo lo podemos entender claramente cuando nos identificamos con ellos en el mundo molecular (5ta. Dimensión) y en el mundo electrónico (6ta. Dimensión).

Los Ángeles de la Vida le dan al ser humano un cuerpo Vital para que pueda vivir. Los Ángeles de la Muerte le quitan al ser humano la vida. Esto lo hacen cortando el cordón de plata; dicho cordón se corresponde con el cordón umbilical y es séptuple en su interna constitución íntima. Cuando llega la hora de la muerte, concurre al lecho del agonizante el ángel encargado de cortar el hilo de la existencia, cierto hilo misterioso, plateado, que conecta al alma con el cuerpo físico. Tal cordón magnético puede alargarse o acortarse hasta el infinito.

Los Ángeles de la Vida por medio del hilo de plata, conectan el cuerpo molecular, alma, fantasma o esencia de los desencarnados con el zoospermo que va a ser fecundado en una matriz. Así, éstos vuelven a tener un nuevo cuerpo.

La criatura se gesta en el vientre, pero el alma que regresa, sólo entra realmente en el cuerpo en el instante en que el niño hace la primera inhalación de aire. Comprender esto es vital e indispensable.

Los ángeles de la vida tienen figuras de niños, saben mucho de medicina oculta, tienen poder sobre las aguas de la existencia, sobre la matriz, sobre el líquido amniótico, sobre los órganos creadores. No hay duda de que los ángeles de la vida trabajan con las mujeres durante el parto. Ellos pueden abrir toda matriz y ayudar en todo nacimiento; suelen ser médicos asombrosos; ellos son los agentes secretos que ayudan a toda mujer parturienta.

Realmente, el cordón de plata es el hilo de la vida que los Ángeles de la muerte rompen en su día y en su hora de acuerdo con la ley del destino. A los tres días y medio éstos Ángeles cortan el cordón que une al alma con el vehículo físico.  Este hilo maravilloso pertenece a las dimensiones superiores del espacio, y sólo puede ser visto con el sentido espacial.

Los moribundos suelen ver al Ángel de la muerte como una figura esquelética espectral bastante horrible. Realmente, lo que sucede es que éste se reviste con el traje que corresponde a su oficio. En la vida práctica, el policía viste su uniforme, el médico su bata blanca, el juez su toga, el sacerdote su hábito religioso, etc. Las vestiduras funerales y la esquelética figura de los Ángeles de la muerte, horrorizan a aquellos que todavía no han despertado la conciencia. Los símbolos funerales de los ángeles de la muerte son: la hoz que siega vidas, la calavera, el búho, la lechuza, el reloj, etc. Fuera de su trabajo, la apariencia de los Ángeles de la muerte, es la de hermosos niños, sublimes doncellas, venerables maestros, etc., etc., ellos están escalonados en forma de jerarquías, donde hay grados y grados, escalas y escalas.

Los Ángeles de la muerte, tienen sus templos en el mundo molecular, también tienen sus escuelas, palacios y bibliotecas. Allá, en la inmensidad del gran océano de la vida, existe un palacio funeral donde tiene su morada uno de los genios principales de la muerte; su rostro es como el de una doncella inefable, y su cuerpo como el de un varón terrible. Este SER MARAVILLOSO usa un cuerpo electrónico; bajo su dirección trabajan millares de Ángeles de la muerte; en su biblioteca existen millares de volúmenes moleculares donde están escritos los nombres y datos kármicos de todos aquellos que deben morir, cada cual a su día y a su hora, de acuerdo con la ley del destino. La ciencia de la muerte es terriblemente divina.

El animal intelectual falsamente llamado hombre, muere y nace inconscientemente, y así marcha ciego desde la cuna hasta el sepulcro sin saber de dónde viene ni para dónde va. Cuando fabricamos Alma, a través de la eliminación del ego, despertamos conciencia, y sólo entonces nos hacemos conscientes de los misterios de la vida y de la muerte. Todo hombre con Alma puede negociar con los Ángeles de la muerte y desencarnar a voluntad, de acuerdo con sus necesidades. Esto significa poder alargar la vida, si así se considera necesario para realizar o terminar alguna labor en el mundo físico.

Quienes se han transfigurado en el mundo electrónico, quienes ya poseen un cuerpo electrónico por poseer un Espíritu, pueden mandar a los Ángeles de la muerte y conservar el cuerpo físico durante millones de años.  Éstos son los grandes salvadores de la humanidad, los grandes rectores del mundo. Recordemos el Rey del mundo, citado por Ossendowski en su libro titulado «Bestias, hombres y dioses». Este gran Ser vive en Agharti, y posee un cuerpo de edad indescifrable. A este gran Ser lo mencionan antiquísimas escrituras religiosas. Recordaremos a SANAT KUMARÁ, el anciano de los días, el gran inmolado, el fundador del Colegio de iniciados de la Gran Logia Blanca. Dicho adepto vive en el desierto de Gobi, en un oasis solitario. El cuerpo de este gran Ser tiene una edad de más de dieciocho millones de años. En su compañía residen, en el mismo oasis, un grupo de adeptos con cuerpos lemures inmortales. Todos estos adeptos viajan con su cuerpo físico por entre las dimensiones superiores del espacio. Ellos tienen el poder de tele-transportarse con su cuerpo físico por entre la cuarta o quinta dimensión. Todos ellos ejercen poder sobre los Ángeles de la muerte. Ellos son adeptos de los misterios de la vida y de la muerte.

Enviado por el Instructor: José Isabel Mauricio Vargas. Rincón de Romos, Ags. y Loreto, Zac.

Imagen: El Ángel de la Muerte (1851). Horace Vernet

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