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El Fondo Vital

Las corrientes de Vitalidad (imagen del libro: Los Chakras de C.W. Leadbeater)

El cuerpo vital es el equivalente etérico del cuerpo físico. Es el sustento de la vida, que emana de lo que se conoce como éter.

Prana es la energía cósmica. Prana es vibración, movimiento eléctrico, luz y calor, magnetismo universal, vida. Prana es la vida que palpita en cada átomo y en cada sol. Prana es la vida del éter. La Gran Vida, es decir Prana, se transforma en una substancia azul intensa muy divina. El nombre de esa substancia es Akash. El Akash es una substancia maravillosa que llena todo el espacio infinito y que cuando se modifica se convierte en éter. Resulta interesante saber que el éter, modificándose, se convierte, a su vez, en eso que llamamos Tattwas.

El Éter penetra en toda materia orgánica e inorgánica. Todo mundo antes de ser protoplasmático existe en estado etéreo. El gran científico Indostán Ramá Prasad dice: “Todo sale del Éter, todo vuelve al éter”

El estudio de las Vibraciones del Éter (Tattwas) es indispensable. Los negocios, el amor, la salud, etc., están controlados por las vibraciones cósmicas. El éter es el quinto elemento de la naturaleza, es la energía que fluye en cada organismo, desde el átomo, considerado como la partícula más pequeña de la materia, hasta el complejo sistema de mundos y soles, tanto visibles como invisibles.

El cuerpo físico tiene su ‘doble’ en el cuerpo vital, donde cada átomo de este cuerpo etérico sostiene la vida de cada célula del cuerpo físico. Sin embargo, no se trata de cuerpos separados, sino de una unidad perfecta, siendo la parte vital, el elemento superior y sustento de la vida y de la salud del cuerpo físico. A cada parte y órgano del cuerpo humano le corresponde su doble etérico, su parte vital en la misma constitución y en el mismo lugar anatómico.

 Se dice en oriente que el cuerpo etérico tiene a su vez cuatro éteres: el éter químico, el éter de vida, el éter reflector y el éter luminoso. Cada uno de ellos tiene sus funciones en relación íntima con toda la economía orgánica y gobiernan los procesos metabólicos, nerviosos, endocrinos, reproducción de la raza, la percepción sensorial, así como las facultades de la memoria, imaginación, voluntad, etc.

Y todo esto sería para nosotros vano y estéril conocimiento, si no lo relacionamos, necesariamente, con nuestra vida cotidiana; nuestro día a día es gobernado por nuestras formaciones psicológicas, nuestro YO, el mí mismo. Éste nos conduce en un sueño, en un sonambulismo cotidiano, auto destructivo y con frecuencia lesivo para los demás.

Creemos conocernos, creemos tener valores e ideales, suponemos de nosotros lo mejor. Queremos creer en un mundo exterior y nos aferramos a ese mundo con todo un universo de vivencias en las que impera el miedo, la ansiedad y la frustración. El odio, la envidia, la ambición, nuestras conflictivas relaciones sentimentales, todo este desorden, genera un desgaste continuo en nuestro fondo vital, del que no nos damos ni cuenta.

Y es que el ser humano posee apenas un cuerpo físico y otro vital, y éstos a su vez, se encuentran íntimamente relacionados con la alimentación, con la calidad de vida, con la calidad del sueño y descanso, con la intensidad de nuestras ocupaciones diarias y con el estrés, ligado a la forma de vivir, a la forma en que nos conducimos en la existencia y al adecuar nuestro estado interior con los eventos externos.

Dado que es el ego, nuestro yo psicológico quien gobierna a la máquina humana, el resultado es el deterioro progresivo e inexorable de nuestro cuerpo vital, produciendo enfermedad, ya sea psicológica u orgánica. Cada célula va perdiendo su electricidad trascendental; su magnetismo (tan indispensable para el éxito en nuestras metas en la vida) decae y palidece. Se producen en nosotros enfermedades como: hipertensión arterial, neurosis, trastornos psicosomáticos, envejecimiento prematuro, entre miles de otras condiciones. El mundo se puebla de una humanidad tan opaca como enfermiza.

Necesitamos de gozar de buena salud con el fin de estar aptos para el trabajo interior y esto requiere de una diferente actitud ante la vida. El Buda decía que llevar una forma sencilla de existencia es importante para lograr una vida iluminada. Si lo ajetreado de nuestra vida moderna, de nuestros trabajos y de nuestras relaciones personales dificultan tal situación, pues es entonces imperativo no olvidarnos del recuerdo de sí y de la auto observación psicológica de instante en instante.

Todo es pasajero y transitorio. No hay felicidad ni dolor que sean absolutos, todo tiene su final; desgastar nuestra energía vital, nuestro fondo vital, en emociones violentas es insensato. El odio consume a quien lo tiene; es la frustración a nuestras materiales ambiciones. Y el estrés sin control por los hechos pasajeros de la vida (no importa cuán graves sean) terminan por destruir nuestro cuerpo vital y con lo mismo al cuerpo físico.

Es indispensable retomar una forma sencilla de vivir, no importa qué tan complejas sean nuestras ocupaciones o nuestras relaciones sentimentales. Es urgente desprendernos de tanto peso sobre los hombros. Habrá que desprendernos de situaciones y personas difíciles. Podemos transformarnos y auto regenerarnos, es posible el camino de regreso.

Las preocupaciones por dinero, las turbulentas relaciones sentimentales, desvelarse por los problemas del diario vivir, identificarnos con el mundo, el desgaste de la energía creadora; todo, produce un deterioro progresivo del cuerpo vital. El correcto balance de los centros de la máquina humana: emocional, intelectual, motor, instintivo y sexual, permiten la regeneración del cuerpo vital. Esto es posible sólo sacando a los mercaderes del templo, a nuestro yo psicológico, que nos conduce en una fascinación que nos desgasta poco a poco.

Si la caminata es larga, nunca pienses en la meta, mejor disfruta del camino.

Enviado por: Dr. Rafael Merazo. Colaborador avanzado, El Salvador, San Salvador.

Las corrientes de Vitalidad (imagen del libro: Los Chakras de C.W. Leadbeater)

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