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CAPITULO CUARTO.- Nuestras Experiencias

En el capítulo anterior hemos dejado bien expuesto a cuánto asciende la influencia de la Luna sobre la plata y la de los demás planetas sobre otros metales distintos.

Si recordamos ahora nuestra Física y Química, nos vendrá a la imaginación en cuando ciertos líquidos o vapores se enfrían, proviene una especie de volatilización que termina por condensarse o sublimarse más tarde en estado de cristales...

Preguntamos: ¿A qué se debe esta maravillosa formación de cristales, sobre todo, en casos de cuerpos de forma idéntica aunque de diversas propiedades químicas llamados isomorfos? No es preciso repetir la descripción de este fenómeno que todos conocen, pero tenemos la seguridad que nadie sabría respondernos acerca de este hecho grandioso de la cristalización rodeado hasta hoy de misterio.

Algo muy parecido sucede con las plantas. Ellas conservan dentro de su organismo, sales y sustancias líquidas y cristalizadas amorfas que las obligan, en unos casos, a concretarse en violetas, en otros, en rosas y, a veces, en simple col o en corpulento roble...¿Cuál es y dónde se encuentra esa conciencia oculta que preside y dirige estas raras formaciones diversas? He aquí el problema que nos preocupa y que constantemente perseguimos los espiritualistas investigadores. Todos nuestros esfuerzos, propenden a levantar ese velo de Isis y a ello se encaminan nuestros estudios, nuestras investigaciones constantes, la continuación de nuestras experiencias y la observación continuada de la Naturaleza misma. Haeckel dice, que el fenómeno se debe A la influencia del alma de los minerales... Sin embargo queda en ese punto y no va más allá, no profundiza, no busca el ultra de esta afirmación. Nosotros en cambio, pensamos: Que invisiblemente esas formas o arquetipos existen en la Naturaleza a los que se van amoldando todas las sustancias al enfriarse y al convertirse en cristales...

Hay un fenómeno análogo del que podemos dar testimonio. Se trata de los “helechos” con que se adornan las ventanas en Alemania, cuyas variadas formas, durante el invierno, se pueden comprobar todos los días, estando el termómetro por debajo de 0°, espectáculo del cual están privados los que viven en tierras de clima más suave. Ahora sí que puede ser llevado a la práctica artificialmente tal como lo vamos a describir, pues si bien con el nitrato de plata puede comprobarse la influencia de la Luna, del mismo modo pueden nuestros lectores estudiar otros cambios que se operan mediante el jugo de las plantas y la sangre, que vienen a darnos a conocer las constelaciones que actúan sobre la personalidad de cada uno...

Tomemos primeramente, un vidrio plano y limpio, vertiendo en él una solución de sulfato de sosa (Sal de Glauber). Es decir, pongamos 115 gramos de Na2 SO4 en 100 gramos de agua destilada sobre un platillo de Petri. Después de haber hecho esta solución en caliente, la dejamos enfriar para que se verifique la cristalización en cuyo fenómeno han de advertirse curiosidades verdaderamente notables. Hecho esto, puede repetirse en horas distintas y bajo diversas constelaciones fotografiando los dibujos que resultan y entonces podremos apreciar y confirmar con toda exactitud la influencia planetaria, pues siempre se presentan figuras distintas. Pero si a esta misma experiencia le agregamos jugo de plantas en pequeña cantidad juntamente con sangre se observará que ésta tiende y procura efectuar determinadas cristalizaciones que responden en un todo a lo que pudiéramos llamar el Horóscopo de la persona...

Puede experimentarse también, con otros metales. Por ejemplo, el protocloruro de cobre y jugo de plantas preparado con alcohol. Bastará una gota de este jugo, para obligar a dicho preparado a cristalizar de modo distinto, según la influencia. Con este experimento se comprueba cuáles son las plantas que corresponden a cada planeta y así nos es posible organizar una Botánica Astrológica de suma importancia que, como medio terapéutico, tendrá su merecido valor en el porvenir cuando nuestros estudiantes espiritualistas se hagan más populares.

Otro medio por el cual experimentamos, es tomando un vaso delgado en el que se colocan 100 partes de hielo y 3 de cloruro de sodio (sal común). Se logra luego, una temperatura de 21 grados bajo cero (con ciertos preparados químicos se logran temperaturas más bajas aún) y se colocan alrededor del vaso las mismas soluciones de metal con sangre y jugo de plantas según los astros. Repitiendo este experimento en épocas distintas, pero siempre bajo las mismas condiciones , llegamos a conseguir la aparición de flores tan maravillosas y de tan artística figura que llegan a sorprender hasta a los mismos artistas que les contemplan.

Igualmente con jugo de rosas, se obtiene un cuadro en forma de cruz que, admirándolo largamente, parece que dirigimos una mirada hacia el cielo.

Tenemos en nuestro Templo de Berlín, fotografías muy particulares y en el extremo curiosas de todas estas observaciones hechas, sobre todo, durante el último eclipse lunar.

Ya en nuestras conferencias de América, dejamos entrever algo acerca de un tema tan interesante, pero la rapidez de nuestro viaje no nos permitió hacerlo con toda extensión. Sin embargo, baste decir que una leve explicación nuestra sobre este punto, fue lo bastante para que muchas personas utilizaran un reactivo de hierro y pudieran analizar con exactitud su carácter, aprendiendo a practicar en este ramo de la Astrología Experimental, que es un método más cierto y seguro que ningún otro.

Hoy dejamos al criterio de nuestros lectores, ocuparse de estos ensayos que hace más de veinte años que estamos practicando y aun prometemos para lo sucesivo, dar a conocer otros métodos distintos y más importantes si vamos encontrando a nuestros discípulos con el adelanto necesario para ello. Hay que tener en cuenta que por este medio puede llegarse a la Piedra Filosofal o Medicina Universal...

He aquí, pues, un sistema franco y verídico para concretar un diagnóstico sin esos titubeos propios de los otros sistemas, cuyos principales fracasos están en considerar al cuerpo humano tan sólo como una máquina material. Esto es lo que ha movido a Freud y a Adler a optar por el Psicoanálisis cambiando totalmente de rumbo y aceptando la Psiquis ya como causa productora de muchos males humanos.

Todavía hay muchos médicos a quienes se les habla de la influencia en nosotros de nuestra propia imaginación como medio eficiente que sana o enferma y sólo logramos provocar su risa... Contrariamente, el enfermo no caerá en su curación si sólo le recetamos una fuerte dosis imaginativa...

Sin embargo, es verdaderamente cierta esta influencia. ¿Cuántas personas no hay que se figuran estar enfermas y llegan a conquistarse con el tiempo los mismos síntomas de la enfermedad que se imaginan tener? ¿Por qué si leemos un libro de Medicina nos imaginamos sentir tal o cual enfermedad sugestionados por su lectura? Si es así, en efecto, hagamos lo contrario. En vez de contagiarnos de enfermedad formando a nuestro alrededor un ambiente morboso, contagiémonos de salud. Procuraremos pensar constantemente que estamos sanos, fuertes, llenos de vida, que la salud inunda todos los resquicios de nuestro organismo, y lo habremos conseguido desarrollando nuestra energía, nuestra voluntad imaginativa, no ya la voluntad motriz.

Todos los métodos pueden ser empleados eclécticamente y, sobre todo, si van unidos a los sistemas Rosa Cruces que consideran al ser humano como parte integrante del Cosmos y sujeto a sus influencias. Por eso, para nuestras curaciones ofrecemos la Esencia del Cosmos, el esperma, el semen, la sustancia cristónica condensada o por lo menos influida más fuertemente en los extractos de las plantas.

Así lo hicieron los grandes médicos Paracelso y Cagliostro operando maravillas, que vuelven a repetirse, a través de los tiempos, con nuestro sistema, el que tiene la ventaja de ofrecer sus productos para que nunca sean nocivos y siempre produzcan resultados satisfactorios prolongando una vida agradable, que es lo que la Humanidad necesita, tras este vivir azaroso del ambiente moderno.

La medicina oficial, la que al principio rechazó como charlatanería la sugestión y el hipnotismo, emplea hoy esos factores como agentes curativos, pero en forma unilateral, sin conocer las leyes que rigen esos fenómenos, y el resultado es casi nulo. El psicoanálisis de Freud tiene también entre los médicos entusiastas representantes, pero nos falta en las Universidades hombres de cátedra que sepan lo que es el alma en sí y su relación con el cuerpo.

Alma y espíritu son los factores base del organismo y no se puede curar, ni ser médico, si no se conocen las relaciones y la recíproca conexión que existe entre cuerpo, alma y espíritu. Muy bien dice Freud que es en la vida psíquica donde culmina el funcionamiento de nuestro organismo y añade que ni la filosofía especulativa, ni la psicología descriptiva, ni la llamada psicología experimental, ligada a la fisiología de los sentidos, se hallan, tal y como son enseñadas en las Universidades, en estado de proporcionarnos dato Ninguno útil sobre las relaciones entre lo físico y lo anímico y ofrecernos la clave necesaria para la comprensión de una perturbación cualquiera de las funciones anímicas. La medicina común no cura nunca, en el mejor caso para mitigar el dolor da narcóticos o en perturbaciones sin dolor da excitantes o suministra substancias que cree falten al cuerpo y así hace de ayudante en el proceso curativo. Los médicos hablan de salud y de enfermedad y sin embargo la naturaleza no conoce ni actúa en el uno o el otro, sino que en la polaridad de ambos.

Hay muchos fenómenos tenidos como síntomas de enfermedad que son exponentes de salud, por ejemplo, hay dolores de crecimiento en los niños en que el cuerpo se estira y eso duele, ir a dar un medicamento en casos semejantes es un crimen. El que una cosa sea buena para los intereses del capitalismo de las industrias químicas y farmacéuticas no quiere decir que sirva al organismo.

La mayoría de los males son enfermedades del alma, que bien se pueden curar por métodos y agentes físicos, porque los tres factores: cuerpo, alma y espíritu representan una unidad y recíprocamente se pueden servir de vehículo en el proceso curativo, pero para eso el médico necesita ser sacerdote y conocer las relaciones recíprocas entre esos tres factores. Hay que saber hacer observaciones espirituales con métodos de ciencia natural.

Sucede a veces a nuestro alrededor cosas raras e inexplicables para el vulgo, veremos: (véase Capítulo Quinto)

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