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III

No obstante, las diversiones y pasatiempos a bordo, fueron bastante aliciente para que la mayor parte de los viajeros olvidaran pronto toda clase de temores; y así, después de un par de semanas de ligeras zozobras y múltiples motivos de recreo, ancló el buque en el puerto de Hamburgo.

La familia Rasmussen tenía intención de quedarse en aquella ciudad por algún tiempo, el Rosa-Cruz habíase comprometido a dar varias conferencias publicas sobre la ciencia oculta.

Rasmussen, por lo demás, no tenía otro pariente que una hermana residente en Berlín.

Era ésta, viuda de un comerciante apellidado Kersen, que al morir la dejó con una sola hija, la cual a juzgar por las cartas de la madre, no gozaba de muy buena salud.

Rasmussen había escrito a su hermana antes de su llegada a Hamburgo, invitándola a reunirse con él en aquella ciudad, no obstante lo cual nada había sabido de ella a su llegada.

estaba ya unos días en el hotel, cuando recibió la inesperada visita de un joven que le entregó una carta con el siguiente texto:

“Querido hermano:

“Según te he indicado varias veces, mi hija además de su ceguera no está bien de salud. Ahora se encuentra bastante delicada, lo que no me permite abandonarla. Esta ha sido la causa de que no me encuentres en Hamburgo a tu llegada.

“El joven que te hará entrega de la presente, es hijo del propietario de la fábrica donde estaba mi marido. Su nombre es Bernardo Reiman y es estudiante de medicina.

Siempre le he prodigado cariño de madre, le tratamos como si fuese de nuestra familia; así te suplico le trates con igual sentimiento.

“Con ocasión de otros asuntos que llevan al joven Bernardo a ésa, he pensado que podía enviarte esta carta por su mediación, lo que te facilitará saber de nosotros, pues él puede darte detalles de nuestra vida.

“Con la esperanza de poder abrazarte pronto en Berlín, te envía un cariñoso abrazo tu hermana.

MARTA”

Fue desde luego Bernardo recibido cariñosamente por Rasmussen, y ambos simpatizaron pronto, a pesar de la diferencia de edad, conocimientos y experiencia.

Quiso la fortuna que una noche en que Rasmussen habló de ciencias ocultas y trascendentales, se hallase Reiman delante. El joven estudiante ya había oído hablar de tal cosa; pero siempre en forma no tan precisa como ahora; por eso despertó tanto más su interés, y tanto el tono como la forma en que aquel hablara, dejaron una honda impresión en su ánimo. Esto hizo nacer en su mente el presentimiento, casi la convicción, de que Rasmussen podría curar a su sobrina la señorita Kersen; a la que él, aunque nunca lo había manifestado, amaba con gran ternura; mas al mismo tiempo se dio cuenta de que podría ser un auxiliar precioso para sus estudios de medicina, puesto que tal vez podría guiarle en un mundo que le era por completo desconocido.

La misión que le trajera a la ciudad de Hamburgo estaba ya cumplida; sin embargo, el atractivo que para él tenía Rasmussen, le obligaba a prolongar su estancia en ella.

Fue necesario que su madrastra le enviase una carta un tanto impertinente, en la que le hacía ver que su padre exigía su inmediato regreso.

Cuando llegó nuestro joven a Berlín se hallaba transformado. A todos cuantos hablaba de su estancia en Hamburgo les refería su encuentro con Rasmussen, con tal fervor, que era para todos un enigma.

No era el mismo Bernardo al regresar, el que había ido a Hamburgo. ansioso esperaba la llegada de Rasmussen, pero...

El Maestro de los Rosa-Cruz parecía no tener gran prisa en dejar a Hamburgo. Para ello había varias razones. Era una, que en aquel gran puerto vivían varios Rosa-Cruz, y que había en la ciudad multitud de bibliotecas, con libros para él interesantes; y había también otra razón de gran valor para los iniciados, y es que cuando se llega a un país extraño o del que por largo tiempo se ha estado ausente, es de suma conveniencia detenerse unos días en el puerto en que se desembarque, si se entra por mar, hasta tanto que el individuo se acostumbre a recibir las corrientes magnéticas del país, del nuevo medio ambiente. Con todo, al cabo de unas semanas de su llegada a Hamburgo, salió en el tren expreso para la capital de Alemania.

Rasmussen, que estaba acostumbrado a cierta independencia, no se alojó en el domicilio de su hermana; eligió como residencia el hotel Adlon, que es, sin duda, el de mayor confort del imperio germánico. No era él, sin embargo, hombre de grandes necesidades, pues las cosas del mundo no tenían para él gran atractivo. Pero le gustaba rodear a su esposa de todo género de comodidades, a lo que, por otra parte, no se oponían sus medios pecuniarios, que eran ilimitados.

Al día siguiente de su llegada a Berlín, hizo la primera visita a su hermana; y el joven Bernardo que el día anterior había tenido noticia de la hora de esta visita, era natural que no pudiese por menos de asistir a ella.

Nuevos temas tuvo que tratar el Rosa-Cruz a petición de Bernardo, entre ellos le preguntó algo sobre Astrología.

—¿Cree usted en la Astrología, señor Rasmussen?

—La astronomía moderna ha hecho solo en parte ahuyentar a la antigua astrología, ciencia que daba consuelo, temor y confianza a los bardos medievales, cuando profetizaba el porvenir.

Digo solo en parte, porque todavía hoy día existe gente, y hasta hombres de ciencia, que se ocupan de ella.

Extrayendo de los archivos folios empolvados, ven como calculaban los antiguos la marcha de los astros, poniéndolos en relación con los acontecimientos diarios.

En este año han habido muchos accidentes ferroviarios en Alemania y del resto del mundo nos vinieron noticias de temporales, inundaciones, etcétera. Un astrólogo célebre que ha hecho el horóscopo de la República alemana, ya había anunciado todo esto diciendo que Urano era un planeta maligno, el de las explosiones, y que a influencias de él venía todo esto, que para la primavera cuando Marte era el responsable, sobrevendrían graves acontecimientos en África y así ha sucedido.

Estando Marte en oposición con Saturno como se ha visto últimamente, vienen todas estas calamidades.

Lo peor es que todavía no estamos al final de la maléfica influencia de los astros; al contrario, en los meses venideros nos esperan acontecimientos peores.

Hay algo de verdad en todo esto. Todo el mundo conoce los efectos del sol sobre las plantas; menos conocidas son las influencias de la luna y de los demás planetas y uno de los astrólogos alemanes ha hecho estudios especiales sobre esta materia, buscando días propicios para la siembra, publicando con este objeto un calendario astrológico Tatwas.

Un jardinero de plantaciones en Baviera, valióse de este almanaque y de los tatwas para hacer sus siembras, buscando los días más favorables, pero quiso la casualidad que las faenas de la siembra no se acabaran en los días señalados y que cambiasen absolutamente las influencias planetarias; y entonces, a pesar de esto, se siguió la siembra, dejando una señal para saber el terreno que se sembró primero y el de después.

Es decir, bajo influencias buenas y malas.

Con curiosidad se esperó luego la cosecha y entonces se vio que realmente la parte sembrada bajo la constelación propicia, fue superior, abundantísima, mientras la otra, la puesta al suelo bajo la influencia de planetas malos y tatwas adversos, escasa y de malas condiciones.

Cuenta el director del jardín, que ya ha hecho varias veces la misma experiencia, siempre con resultados admirables, y por eso dice que es un partidario decidido de la astrología.

Dice el autor del “Hamlet” que hay muchas cosas todavía entre cielo y tierra que nosotros no sospechamos; yo creo que hay muchas cosas útiles de los sabios de antaño que vale la pena volver a estudiar.

Es curioso que ciertos accidentes suceden como con periodicidad epidémica, y si nos pueden predecir los astrólogos estos tiempos fatídicos, podremos precavernos, es decir, podremos, sabiéndolo, ponernos en guardia y tener más cuidado.

Todas estas enseñanzas traídas por el Rosa-Cruz, eran nuevas para sus parientes y amigos en Berlín.

En las primeras visitas que hiciera Rasmussen a la casa de su hermana, pudo formarse juicio de la vida habitual de ésta, y de las relaciones que tenía.

Ya él sabía que su difunto cuñado Kersen, había sido empleado de un industrial Reiman, pero no había sabido que se trataba del padre de Bernardo. Este le había contado de su madre y de su madrastra.

En conversaciones íntimas con su hermana, había podido deducir que su matrimonio no había sido por amor, puesto que el verdadero sueño de su corazón era Reiman, quien embaucado por su actual mujer, la había abandonado.

La actual señora Reiman era una especie de rival de la madre de la ciega, o sea, la señora Kersen. Con pena se dio cuenta de los amores de Elsa y Bernardo, que eran combatidos pérfida y sordamente por la madrastra del último.

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