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Retorno y Recurrencia

Fotos de caracoles de piezas arqueológicas, por el ICQ Gnosis.

A su tiempo y a su hora, regresamos, volvemos a este mundo, no es muy grato volver, pero volvemos. Así es la ley del eterno retorno de todas las cosas, regresan las plantas a su punto de partida después de unos cuantos años, los átomos dentro de la molécula regresan a su punto original de partida. Las estaciones de primavera, verano, otoño e invierno regresan cada año, todo retorna, todo vuelve, ¿Porque habríamos de ser nosotros una excepción? Incuestionablemente retornamos, nos reincorporamos en un nuevo organismo.

No estamos hablando de reencarnación, eso es más elevado, este es la ley del eterno retorno de todas las cosas y esa ley está demostrada.

La vida de cada uno de nos en particular, es una película viviente que al morir nos llevamos a la eternidad. Cada uno de nosotros se lleva su película y la vuelve a traer para proyectarla otra vez en la pantalla de una nueva existencia.

La repetición de dramas, comedias y tragedias es un axioma fundamental de la ley de recurrencia. En cada nueva existencia se repiten siempre las mismas circunstancias. Los actores de tales escenas siempre repetidas son esas gentes que viven dentro de nuestro interior, los “yoes”.

Si desintegramos esos actores, esos “yoes” que originan las siempre repetidas escenas de nuestra vida, entonces la repetición de tales circunstancias se haría algo más que imposible.

Obviamente sin actores no puede haber escenas; esto es algo irrebatible, irrefutable.

Así es como podemos liberarnos de las leyes de retorno y recurrencia; así podemos hacernos libres de verdad.

Obviamente cada uno de los personajes (yoes) que en nuestro interior llevamos, repite de existencia en existencia su mismo papel; si lo desintegramos, si el actor muere, el papel concluye.

Fotos de caracoles de piezas arqueológicas, por el ICQ Gnosis.

Reflexionando seriamente sobre la ley de recurrencia o repetición de escena en cada retorno, descubrimos por auto-observación íntima, los resortes secretos de esta cuestión.

Si en la pasada existencia, a la edad de veinticinco (25) años, tuvimos una aventura amorosa es indubitable que el “yo” de tal compromiso buscara a la dama de sus ensueños a los veinticinco años de la nueva existencia.

Si la dama en cuestión entonces solo tenía quince (15) años, el “yo” de tal aventura buscara a su amado en la nueva existencia a la misma edad justa.

Resulta claro comprender que los dos “yoes” tanto el de él, como el de ella, se busquen telepáticamente y se reencuentren nuevamente para repetir la misma aventura amorosa de la pasada existencia.

Dos enemigos que a muerte pelearon en la pasada existencia, se buscan otra vez en la nueva existencia para repetir su tragedia a la edad correspondiente.

Si dos personas tuvieron un pleito por bienes raíces a la edad de cuarenta (40) años, en la pasada existencia, a la misma edad se buscarán telepáticamente en la nueva existencia para repetir lo mismo.

Dentro de cada uno de nosotros viven muchas gentes llenan de compromisos; eso es irrefutable.

Un ladrón carga en su interior una cueva de ladrones con diversos compromisos delictuosos. El asesino lleva dentro de sí mismo un “club” de asesinos y lujurioso porta en su psiquis una “casa de citas”.

Lo grave de todo esto es que el intelecto ignora la existencia de tales gentes “yoes” dentro de sí mismos y de tales compromisos que fatídicamente se van cumpliendo.

Todos estos compromisos de los yoes que dentro de nosotros moran, se suceden por debajo de nuestra razón. Son hechos que ignoramos, cosas que nos suceden, acontecimientos que se procesan en el subconsciente e inconsciente. Con justa razón se nos han dicho que todo nos acontece como cuando llueve o cuando truena.

Realmente tenemos la ilusión de hacer, empero nada hacemos, nos pasa esto, es fatal, mecánico.

Nuestra personalidad es tan solo el instrumento de distintas gentes (yoes), mediante la cual una de esas gentes (yoes), cumple sus compromisos.

Por debajo de nuestra capacidad cognoscitiva suceden muchas cosas, desgraciadamente ignoramos lo que por debajo de nuestra pobre razón sucede.

Nos creemos sabios cuando en verdad ni siquiera sabemos que no sabemos. Somos míseros leños arrastrados por las embravecidas olas del mar de la existencia. Salir de esta desgracia, de esta inconciencia, del estado tan lamentable en que nos encontramos, solo es posible muriendo en sí mismos…

¿Cómo despertar sin morir previamente? ¡Sólo con la muerte adviene lo nuevo! Si el germen no muere la planta no nace.

Quien despierta de verdad, adquiere por tal motivo plena objetividad de su consciencia, iluminación autentica, felicidad.

Enviado por: Armando Ortiz González

Imágenes: Fotos de caracoles de piezas arqueológicas, por el ICQ Gnosis.

“Un acto malo ejecutado no da su fruto inmediatamente, igual que la leche no se vuelve agria enseguida. Tal como el fuego cubierto de cenizas arde, así el mal acto persigue al necio quemándolo”. El Dhammapada.

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