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LA INSPIRACIÓN Y LA MÚSICA CLÁSICA

Las musas Clío, Euterpe y Talía, Eustache Le Sueur, h. 1640-1645

Las musas Clío, Euterpe y Talía, Eustache Le Sueur, h. 1640-1645

Fino lector, todo el género de clarividencia más elevado que existe en el Universo, es la conciencia. Todos los Avataras o mensajeros de los mundos superiores, han sido grandes sabios de consciencia totalmente despierta, Hermes Trismegisto, Rama, Krishna, Buddha, Jesucristo, etc., fueron seres supra-conscientes, mensajeros de los mundos superiores, iniciadores de nuevas eras de evolución histórica.

Imaginación, inspiración e intuición son los tres caminos obligatorios de la iniciación.

Primero: El estudiante gnóstico debe elevarse al conocimiento imaginativo.

Para el sabio imaginar es ver. La imaginación es la misma clarividencia, es el translúcido del alma, ese sexto sentido que nos permite ver lo que está más allá de este mundo, leer el pensamiento ajeno como en un libro abierto, ver el alma de los seres humanos, ver las vidas pasadas de las personas, ver el Yo de las gentes.

Lo importante es aprender a concentrar el pensamiento en una sola cosa, por ejemplo una planta. En profunda meditación, descubrir con minuciosidad los procesos que tuvieron que generarse para que surgiera a la vida esa planta, componentes internos y externos de ella, su periodo de vida, evolución, involución, muerte y finalmente quedar vuelta polvo.

Aquel que aprende a pensar en una sola cosa hace maravillas y prodigios.

El discípulo que quiera alcanzar el conocimiento imaginativo, debe aprender a concentrarse y saber meditar profundamente.

Segundo: Adquirirá el conocimiento inspirativo.

Aquí es donde entra el sabio hábito de escuchar música clásica. Veamos:

El conocimiento inspirado nos confiere el poder de interpretar los símbolos de la Gran Naturaleza. La interpretación de símbolos es muy delicada. Muchos que se dicen clarividentes, se volvieron homicidas al ver clarividentemente a su esposa adulterando o cayeron en el delito de calumnia pública al ver clarividentemente a su vecino robando, todo por no ser consciente de que esas imágenes corresponden a una vida pasada de los involucrados o por no saber interpretar los símbolos que en silencio dicen algo.

Los símbolos deben ser analizados fríamente sin superstición, malicia, desconfianza, vanidad, fanatismo, prejuicio, preconceptos, odios, envidia, codicia, celos, etc. Todos esos defectos son del yo, del mí mismo, del ego que incesantemente retorna.

Cuando el yo interviene traduciendo, interpretando símbolos, entonces altera el significado de esa escritura secreta y el clarividente cae en el delito que puede llevarlo a la cárcel.

La interpretación debe ser tremendamente analítica, altamente científica y esencialmente mística. Hay que aprender a ver y a interpretar en ausencia del yo, del mí mismo.

A muchos místicos les parece extraño que nosotros los integrantes del Movimiento Gnóstico Universal hablemos de la sublime clarividencia con el Código Penal en la mano. Los que así piensan, consideran la espiritualidad allá como una cosa que no tiene relación con la vida diaria. Si así lo vemos, estamos equivocados, ignorando que lo que es cada alma en los mundos paralelos al nuestro o dimensiones superiores, es el resultado exacto de la vida diaria que todos llevamos en este valle de lágrimas.

Si nuestras palabras, pensamientos y actos no son justos, entonces el resultado aparece en los mundos internos y la Ley cae sobre nosotros. Ley es Ley. La ignorancia de la ley no excluye su cumplimiento. El peor pecado es la ignorancia. Enseñar al que no sabe es obra de misericordia.

Hay que saber interpretar los símbolos de la Gran Naturaleza en ausencia absoluta del Yo, pero se debe multiplicar la auto-crítica, porque cuando el yo del clarividente cree que sabe mucho, entonces se siente así mismo infalible, omnisciente, sabio y hasta supone que ve y que interpreta en ausencia del Yo. Esta clase de clarividentes fortifican tanto al ego, que terminan por convertirse en demonios terriblemente perversos.

Retrato Beethoven. Ferdinand Georg Waldmüler. 1823

Retrato Beethoven. Ferdinand Georg Waldmüler. 1823

Aquel que tiene odios, resentimientos, celos, envidias, orgullo, etc., no logra elevarse hasta el segundo escalón llamado conocimiento inspirado.

Cuando nos elevamos al conocimiento inspirado, entendemos y comprendemos que la acumulación accidental de objetos no existe. Realmente todos los fenómenos de la Naturaleza y todos los objetos, se hallan íntimamente ligados orgánicamente entre sí, dependiendo internamente unos de otros, y condicionándose entre sí mutuamente. Realmente ningún fenómeno de la naturaleza puede ser comprendido integralmente si lo consideramos aisladamente. Todo está en incesante movimiento, todo cambia, nada está quieto.

En todo objeto existe la lucha interna. El objeto es positivo y negativo a la vez. Lo cuantitativo se transforma en cualitativo. La evolución es un proceso de complicación de la energía.

El conocimiento inspirado nos permite conocer la interrelación entre todo lo que es, lo que ha sido y lo que será. El conocimiento inspirado nos permite estudiar la íntima relación existente entre todas las formas y valores de la Gran Naturaleza.

Así pues, el discípulo que quiere llegar al conocimiento inspirado, debe alimentar con emociones superiores su centro emocional superior, debe concentrarse profundamente en la música clásica. La flauta encantada de Mozart nos recuerda una iniciación egipcia. Las nueve sinfonías de Beethoven, y muchas otras grandes composiciones clásicas nos elevan a los mundos superiores.

El discípulo concentrado profundamente en la música clásica, deberá absorberse en ella como la abeja en la miel, producto de todo su trabajo.

Tercero: Cuando ya el discípulo ha llegado al conocimiento inspirado, debe entonces prepararse para lograr el conocimiento intuitivo: El mundo de las intuiciones es el mundo de las matemáticas. El estudiante que quiera elevarse al mundo de la intuición debe ser matemático, o por lo menos siquiera tener nociones de Aritmética.

Las fórmulas matemáticas confieren el conocimiento intuitivo.

El estudiante se debe concentrar en una fórmula matemática, y meditar profundamente en ella. Después aquietar la mente y ponerla en silencio, luego aguardar, esperar que el Ser interno le enseñe el concepto de contenido encerrado en la fórmula matemática. Por ejemplo, antes de que Kepler enunciase públicamente su famoso principio de que “los cuadrados de los tiempos de las revoluciones de los planetas alrededor del sol son entre sí como los cubos de sus distancias”, ya la fórmula existía, estaba contenida en el sistema solar, aun cuando los sabios no la conocían.

El estudiante puede concentrarse mentalmente en esta fórmula, o en cualquier otra, aquietar su mente, adormecerse con mente en silencio, y aguardar que su propio Ser interno le revele todos los secretos maravillosos contenidos en la fórmula de Kepler. No olvidemos que el Ser se expresa a través de intuitos, de corazonadas.

Dice Don Mariano José de Larra, el insigne escritor español: “Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas”… Que no suceda eso contigo, fino lector, un poco de humildad nos abre las puertas de misterios insospechados.

Enviado por: José Isabel Mauricio Vargas. Instructor de Rincón de Romos, Ags.

Bibliografía: Endocrinología y Criminología

“La música clásica hace vibrar intensivamente el Centro Emocional Superior, en este tipo de música encontramos un inmenso campo de exploración mística, cada nota tiene su silencio y cada silencio una emoción superior.” Samael Aun Weor

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