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La Sabiduría de nuestro Señor Quetzalcóatl

La Sabiduría de nuestro Señor Quetzalcóatl

La sabiduría que contiene el mensaje de Quetzalcóatl es infinita, ha estado durante siglos y permanecerá por toda la eternidad. Tratar de comprender sus enseñanzas es tratar de descubrir los secretos más grandes del universo, y al intentar hacerlo nos daremos cuenta que han estado y estarán por siempre en el fondo de nuestro corazón.

Participar de sus misterios, nos permite unir la tierra al cielo, lo humano con lo divino. Ese es el mensaje que nos deja con su nombre, es el Quetzal maravilloso con su vuelo majestuoso del espíritu que se ha unido a la serpiente sagrada que sigilosamente se desliza entre la madre tierra.

Quetzalcóatl es esa fuerza cósmica que hizo que el universo existiera, es lo que sostiene los mundos, es lo que hace vivir el firmamento estrellado, es lo que permite que haya orden, armonía y arte en cada cosa en el sagrado espacio infinito. Es por eso que Quetzalcóatl no ha muerto, ni morirá jamás. Estuvo en los tiempos antiguos, está ahora con nosotros y estará hasta la consumación de los siglos.

Quetzalcóatl está en cada partícula de este universo, es una emanación ígnea divinal, es la fuerza cósmica latente en el núcleo de los átomos y de los soles, es la energía que hace que todo se mueva y exista. Quetzalcóatl es la vida que palpita incesantemente en la creación entera, es el hálito divino y misterioso que tanto se encuentra como en la materia y en la conciencia.

Es Quetzalcóatl la unidad múltiple perfecta, porque es la fuerza cósmica que todo lo ha creado y una vez que existe lo sostiene; es el Alpha y Omega, es de donde hemos emanado en la aurora de la creación y adonde habremos de llegar si logramos cumplir nuestra misión sagrada.

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Pero, no sólo es una fuerza cósmica eterna, Quetzalcóatl lo encontramos también en lo profundo de nuestro corazón, es ese hálito divino que nos hace vivir, es esa chispa inmortal que tenemos la misión de encarnar. Así como existe un Quetzalcóatl macro cósmico, existe un Quetzalcóatl propio, particular. Nuestro espíritu divino, Jesús lo llamó: “el Padre que está en secreto” y nuestros antepasados le quisieron representar también con la serpiente emplumada Quetzalcóatl.

Nunca hubiéramos imaginado tener nuestro propio maestro espiritual, tratando de curar nuestras enfermedades, de iluminarnos el camino en estas tinieblas pavorosas en que vivimos, tratando en todo instante de consolar nuestro adolorido corazón, de reconfortarnos. Pues sépase de una vez y para siempre que sí lo tenemos, es nuestro íntimo, nuestro Ser, nuestro Padre interno, es el Quetzalcóatl íntimo, particular.

Quizás algunos se preguntarán, si existe ¿Por qué no lo veo? ¿Por qué no lo siento? El Quetzalcóatl íntimo no tiene la culpa de que nuestras acciones equivocadas nos separen de su fuerza y guía. Somos nosotros los que, con nuestras mentiras, nuestras pasiones animales, nuestras violencias, no permitimos que su ayuda nos llegue. Es lo que el Buda decía, pedimos, pero ponemos el cuenco boca abajo. Es urgente que nos acerquemos a nuestro Quetzalcóatl íntimo, a nuestro Ser, para que, convertido en el jaguar de la sabiduría pueda devorarnos, integrarnos con él, ser uno con él.

Es maravilloso darse cuenta, que Quetzalcóatl es una fuerza cósmica, que creó y que sostiene el universo, pero es también, nuestro espíritu dentro del ser humano. Más en verdad, aquí no acaba su misterio, no es un mito como suponen muchas personas, realmente existió en carne y hueso, tuvimos un maestro en México como Buda, krishna o Jesús, difundió un mensaje hermosísimo a la humanidad, nos trajo la gnosis.

Cumplió una intensa labor espiritual, social y política; afirman las tradiciones que nos enseñó a sembrar, es decir, sembró la semilla de la gnosis en los corazones humanos, nos enseñó a clasificar los animales, es decir, las técnicas de comprensión, observación y desintegración de los yoes, también nos enseñó la fundición de metales, o sea la ciencia alquimista, la transformación de nuestras energías creadoras. Trajo Quetzalcóatl la doctrina de la revolución de la conciencia y se quedó plasmada afortunadamente no sólo en leyendas, sino en códices, pirámides y estelas del México antiguo para nuestro propio bien.

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Esa labor que hizo Quetzalcóatl deberíamos tratar de imitarla, dejó varios templos de misterios, donde se estudió su doctrina serpentina, donde se practicó la meditación y se realizaron las mismas prácticas que hoy tenemos en la gnosis, hacen falta en el mundo mujeres y varones con valor que pongan en el tapete de la existencia con hecho contundes y definitivos su enseñanza.

¡Vaya!, tenemos ya tres Quetzalcóatl: el Logos, el íntimo y el hombre, ya con esto tenemos para estudiar unos cuantos siglos su sabiduría; pero hay algo más, también representa el fuego sagrado latente que cada ser humano está llamado a despertar. Sí Quetzalcóatl también representa la serpiente sagrada Kundalini.

Es por eso, que una serpiente o “coatl” (símbolo del fuego sagrado), emplumada o “quetzal” (símbolo de que ha despertado), es el emblema perfecto del trabajo que tenemos que realizar.

Es necesario que volvamos a rendir culto al fuego, tal como lo hicimos en tiempo remotos, pero rendir culto al fuego sagrado con hechos contundentes en nuestra vida. Se hace indispensable prepararnos para que día a día seamos dignos de que ese fuego pueda despertar y desarrollarse en nosotros.

Con ese fuego sagrado podríamos eliminar nuestros defectos psicológicos, tal como lo hizo nuestro señor “Colibrí Zurdo” (Huitzilopochtli), pues empuñó una serpiente de fuego para derrocar a la lujuria, representada en “la de cascabeles en las mejillas” (Coyolxauxqui); o como lo hiciera Hércules al cercenar las cabezas de la Hidra de Lerna, con el mazo de la voluntad aplastaba las múltiples cabezas y luego con un fuego (el sagrado) las quemaba para que no volvieran a nacer.

Qué enseñanzas tan profundas nos entrega Quetzalcóatl, tenemos que es: El logos, el íntimo, el hombre y el fuego sagrado, pero, todavía no se acaban las sorpresas, resulta que es asimismo un título espiritual elevadísimo que se ganaban sólo algunos pocos seres que transitaban arduamente por toda una senda interior. La misión que tenemos en la vida es convertirnos en serpientes de sabiduría y lo logramos desintegrando totalmente el ego, más tarde es posible que el Logos representado por un ave que devore a la serpiente y así podamos ser nosotros un Quetzalcóatl.

Primero debemos enfrentarnos a sí mismos, reconocer nuestros errores verdaderamente, deberemos más tarde calificar nuestra moral a través de las pruebas de los cuatro elementos. Sólo así podríamos ser aspirantes a los misterios menores en donde se prueba el amor del candidato.

Quien recorre ese camino entonces puede trabajar por el despertar de los siete fuegos sagrados, más tarde podría ser devorado por la Madre Divina (simbolizada por una serpiente sagrada), entonces el águila del tercer Logos o Espíritu Santo, a su vez se come a la serpiente, es decir el iniciado lo encarna, convirtiéndose en una Serpiente Emplumada o Quetzalcóatl…

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La encarnación del cristo interior es una de las metas de todo ser humano que viene al mundo, el cristo no es una persona, es una fuerza cósmica que hace vivir todo el universo. Estuvo representada por el maestro Jesús, por Krishna en la India y también por Quetzalcóatl, como en su momento lo estuvo por Osiris entre los egipcios.

¿Y creen ustedes que eso es todo?: Logos, intimo, hombre, fuego sagrado y título, pues no…, Quetzalcóatl es también un prototipo de perfección, un camino a seguir, un poste de indicación. Vivimos en una edad negra, llena de contradicciones, hemos perdido el rumbo, no sabemos por dónde seguir, pero afortunadamente Quetzalcóatl nos dejó el camino trazado con su vida, nos dijo precisamente con entera claridad lo que tenemos que hacer.

El emblema de la enseñanza que difundió Quetzalcóatl quedó sabiamente sintetizado en el “Árbol del Universo”, que no era otra cosa que la cruz de los maravillosos destinos, un símbolo realmente universal.

Así como Quetzalcóatl un día cargó la cruz a cuestas tal y como lo hiciera el maestro Jesús, así nosotros debemos echarnos la cruz a cuestas, debemos ingresar en los misterios que enseña la cruz, símbolo sagrado en el mundo entero. Quetzalcóatl nos enseñó los misterios sagrados del matrimonio: Aprender a amar y saber canalizar nuestras energías creadoras, los mismos misterios tántricos de las escuelas esotéricas budistas.

“El amor es la mejor religión asequible”, nos afirma el maestro Samael, dándonos a entender que es el amor, la mejor forma de regresar a lo divinal, religión es precisamente eso, religarse, volver a Dios.

En una de las tantas leyendas que hablan de Quetzalcóatl, destaca la presencia de un indígena mexicano llamado “Uno-Caña” (Ce Acatl), quien lo rescata cuando llega del mar, herido y moribundo, jalándolo de las barbas para llevarlo a una cueva, en donde lo cuida y alimenta, se convierte en su amigo, en su discípulo, en su compañero, en su heraldo y ayuda en todas sus labores a Quetzalcóatl, lo sigue para todas partes y juntos logran levantar la maravillosa Tula, llevando a sus habitantes al desarrollo social, económico, cultural, político y religioso.

Quetzalcóatl en su anhelo por difundir la enseñanza gnóstica, tenía en mente ayudar también a unos salvajes que nunca quisieron orden ni sabiduría, llamados: “Linaje de Perros” (Chichimecas), vivían como animales, sin religión, libres como el viento, sin líderes, pasando hambres y fríos, teniendo por estos motivos cada uno de ellos muy poco tiempo de vida.

Pero al llegar ante ellos con la doctrina de salvación, en lugar de recibirlo con los brazos abiertos, lo apedrearon, mataron a quienes lo acompañaban, cuatro fechas atravesaron su cuerpo y así casi muerto se lo llevaron, su inseparable y fiel amigo “Uno-Caña” (Ce Acatl), iba detrás de él a escondidas con un grupito de hombres armados y pudieron rescatarlo completamente herido de entre los salvajes. Fueron inútiles las curaciones, los cuidados, estaba muriendo Quetzalcóatl.

Y dicen las tradiciones antiquísimas que “Uno-Caña” (Ce Acatl) manda hacer una gran hoguera, la más grande que pudo haberse hecho jamás y cuando estuvo tan intensa que semejaba un sol naciente, en estado de éxtasis, sin miedo alguno, murmurando: “Voy por ti Quetzalcóatl, aunque te traiga por las barbas desde el mismo lugar donde se origina todo, te traeré de regreso”.

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Al ingresar “Uno-Caña” (Ce Acatl) al fuego, éste se intensificó, y después apareció una lluvia bienhechora, apagó la gran hoguera, llovió por tres días seguidos y Quetzalcóatl se recuperó y desde ese instante fue su hermano gemelo, su “cuate” (significa gemelo), “Uno-Caña” (Ce Acatl) vivió para siempre en el corazón de Quetzalcóatl, los dos eran un solo ser.

Estas enseñanzas ponen a relieve uno de los misterios más grandes del esoterismo, eso que se llama como: Almas gemelas. Claro, tiene muchos significados, el que se expresa aquí es el que la esencia puede manifestarse en dos cuerpos distintos y en lugares diferentes. También significa, que cuando alguien destruyendo sus defectos psicológicos de la lujuria, del orgullo, del amor propio, de los celos, de la intolerancia, etc., logra convertir su matrimonio en algo sublime, encuentra en su pareja el alma gemela y hacen de su matrimonio un verso perfecto.

Si leemos en la mitología griega, encontramos el mito de Perseo (la esencia), tiene que bajar al inframundo (de su propio subconsciente) para decapitar a la Medusa (nuestros defectos psicológicos), lo mismo pasa con los gemelos divinos en el libro maya del Popol Vuh, tienen que bajar al inframundo para derrotar a los señores que ahí gobiernan, lo hacen a través del “Campo de la Bola religiosa” (Juego de Pelota); son nuevamente la representación de los valores del Ser en contra de nuestros errores.

Las tradiciones esotéricas afirman que a toda exaltación le precede una humillación, que a toda subida le precede una bajada. Por lo que la enseñanza que nos deja Quetzalcóatl al bajar al inframundo por los huesos de sus antepasados es algo que debemos realizar aquí y ahora.

Se entrevista con el “Señor del Inframundo” (Mictlantecuhtli), después de pasar algunas pruebas Quetzalcóatl se puede llevar los huesos, pero el “Señor del Inframundo” (Mictlantecuhtli) le pone una última trampa y se rompen todos y Quetzalcóatl muere, pero después resucita y junta todos los fragmentos.

Interviene entonces la “Mujer-Serpiente” (Cihuacoatl), representación indudable de nuestra Madre Divina interior, para moler los huesos, de ese polvo se mezcla con la sangre que Quetzalcóatl ofrece haciendo penitencia perforándose el órgano sexual, alusión al sacrificio tremendo que debe uno sustentar para dominar la lujuria bestial. Es obvio que el auto sacrificio nunca se refirió a algo físico, es estrictamente simbólico, refiriéndose a la tarea titánica de desintegrar la lujuria.

Es así como pudo formarse al ser humano, ese es el sistema para crear al verdadero ser humano dentro del universo interior. Es indispensable bajar para subir, debemos nosotros descender. Trabajar en la muerte de nuestros defectos psicológicos y transmutar nuestras fuerzas creadoras para dar origen al hombre verdadero.

Tenemos ya a Quetzalcóatl como el Logos, el íntimo, el hombre, el fuego sagrado, un título y el camino a seguir, y si pensamos que eso es todo lo que representa, estamos equivocados…

Tenemos el drama de Quetzalcóatl, el mismo que el maestro Jesús viviera hace más de dos mil años, el mismo que en la cuarta raza, el señor de la Atlántida representara, exactamente el mismo que cada ser humano tendrá que vivir en su interior para cumplir su misión divina.

Cae en la tentación cuando bebe el licor de la lujuria, anda sin rumbo espiritual, llora en la piedra de la sexualidad, arrepentido tira sus joyas de las ilusiones vanas, llega al lugar donde el agua asciende pues transmuta sus energías creadoras, se enfrenta valerosamente a los magos negros que hay en cada aspecto de nuestra cultura, logra eliminar a los tullidos y bufones de nuestros defectos, en los volcanes: Monte humeante y en la Mujer Dormida y por último se dirige a la tierra de color rojo donde se convierte en Venus.

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Y es precisamente aquí donde nos entrega una de sus más sublimes enseñanzas, Quetzalcóatl y el planeta Venus forman un todo único, plasmando una enseñanza trascendental, pues Venus es la fuerza maravillosa del amor manifiesta en nuestro señor Quetzalcóatl. Se representa a Venus con un caracol marino partido a la mitad y es el símbolo que toma Quetzalcóatl en muchos de sus grabados. Es bastante interesante que se haya tomado primero el caracol marino porque fue utilizado como un instrumento para producir un sonido místico utilizado en todas las ceremonias sagradas.

Incuestionablemente se refiere a una manifestación del amor, el levantar la antorcha del verbo para iluminar el camino de otros, mostrándoles la senda de la auto realización, tal como lo hiciera Jesús en Jerusalén o Quetzalcóatl en México. Pero el que sea precisamente un caracol marino, nos habla de otra manifestación del amor, asociada al agua del primer instante, a las aguas de la creación de todos los génesis del mundo, es decir el de cultivar en el matrimonio el verdadero amor.

En ocasiones observamos este emblema en su pecho; cuando así lo encontramos nos representa la región del Alma Humana o Tiphereth, situada en el corazón de acuerdo con las enseñanzas del Árbol de la Vida, indicando con esto la manifestación del Cristo Interior a través del alma humana. Milagro que sólo puede ocurrir a quienes ya hayan encarnado su alma, para esto deben crearse los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser y haberse sacrificado por sus semejantes, es decir haber celebrado la Navidad en su corazón.

En forma frecuente se le encuentra en la región de los órganos creadores, como si fuera un mandil y esto es fascinante, ya que nos indica que el sexo es sagrado, que debemos aprender a unir el ansia sexual con el anhelo espiritual.

Al portarlo como un escudo para protegerse, eso nos dice, que el amor es la mejor forma de protegernos de cualquier peligro: llámese magia negra, hechicería, malas voluntades, entidades negativas y todo lo que pueda perjudicarnos. El amor es la fuerza más poderosa, no existe algo que pueda detenerla. Por lo que, si cualquier persona trabaja con verdadero amor a la humanidad y cultiva ese amor por sus hijos y pareja, no existirá fuerza en todo el universo que pueda penetrar ese escudo de Quetzalcóatl o la fuerza maravillosa del amor.

Por ese motivo, el Instituto Cultural Quetzalcóatl toma como logotipo este símbolo inefable, es como la bandera del ICQ Gnosis, el de esparcir el conocimiento de la gnosis, la Sabiduría de Quetzalcóatl a la humanidad, con verdadero amor, sin distinciones de ninguna especie, sólo por el hecho mismo de sentir a los demás como nuestros verdaderos hermanos, de sentirnos todos como parte de un solo ser.

Entendemos en tal emblema, que cada ser humano es parte de un todo, que somos como una gota de un gran océano, como una chispa de un gran fuego universal y al final de todos los tiempos todos volveremos a ser parte de un todo. Se podría sintetizar esta idea en las palabras mayas: “In lak’ ech a lak’ en” (tú eres yo, yo soy tú). Con justa razón nos afirman los grandes maestros: ¡Que todos los seres sean felices! ¡Que todos los seres sean dichosos! ¡Que todos los seres sean en paz!

Se encuentra Quetzalcóatl en lo más hondo de nuestro Ser, por eso, sólo a través del auto conocimiento (auto gnosis) lograremos encontrarlo. Lo que nos separa de nuestro señor Quetzalcóatl es nuestro orgullo, la lujuria, la ira, la pereza, la gula, la envidia y la codicia.

Hay que permitir que Quetzalcóatl se manifieste a través de nosotros, debemos lograr que florezca un día en nuestro verbo, debemos hacerlo carne, sangre y vida en cada una de nuestras acciones, debemos hacer que se manifieste con hechos reales trabajando con amor por la humanidad.

Prometió que algún día regresaría y es asombroso cómo a pesar del tiempo y la distancia son muchos los que todavía lo esperan; pero, en realidad es que nos toca a nosotros cumplir con esa promesa hecha por nuestro señor Quetzalcóatl, trabajando en sí mismos para que esa fuerza maravillosa del amor penetre en nuestras vidas, traspase nuestro corazón y Quetzalcóatl se haga uno con nuestra alma.

Nuestro señor Quetzalcóatl y su sabiduría, no han muerto, estarán con nosotros hasta el fin de todas las edades. Quetzalcóatl ha estado desde antes que existiera el universo y permanecerá con nosotros por toda la eternidad.

Enviado por: Jenaro Reyes, Comisión de Internet

Fotos: Museo en Teotihuacán y Museo nacional de Antropología.

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