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El Culto en la Pirámide de la Luna

El Culto en la Pirámide de la Luna

La enigmática ciudad de Teotihuacán es una magnífica construcción que representa la estructura espiritual del ser humano y señala, con cada una de sus edificaciones, el camino que conduce a la liberación final, al despertar de la conciencia, a la auto realización. Se encuentra orientada hacia los puntos cardinales. La ruta enseñada por los sabios que la habitaron y que hemos recorrido ya físicamente, indica que hay que empezar en el templo de Quetzalcóatl, con el trabajo de los cuatro elementos y el fuego, con una transformación psicológica en la que debemos hacernos conscientes de nuestros pensamientos, emociones e instintos.

Después comienza el peregrinaje, el camino vertical por la calzada de los muertos, con sus 33 ascensos y descensos, símbolos de las 33 vértebras de la médula espinal, hacia el norte a través de una conducta recta: recto pensar, recto sentir y recto actuar, para llevar el fuego hasta la corona del ser humano, la cabeza, ahí donde se ubica la pirámide de la Luna, lo cual corresponde a iluminar la mente interior despertando las facultades internas que emanan de la glándula pineal y pituitaria, para posteriormente bajar ese fuego a la altura del corazón, majestuosamente representado por la pirámide del Sol.

La ruta de visita que realizamos en la zona arqueológica es el rumbo que debemos recorrer en nuestra vida, a través del trabajo cotidiano con el despertar de la consciencia. Por eso nos hemos reunido, para detallar los pasos que convierten a los hombres en Dioses. Corresponde en este tema, las enseñanzas de la pirámide de la Luna, símbolo de la mente humana, del elemento agua, de la mujer, de la sabiduría y de la inocencia.

La pirámide de la Luna, mide 45 m. de altura y 140 por 150 de base; 13 basamentos arquitectónicos indican la muerte psicológica de los elementos indeseables de la mente y enmarcan la plaza donde se realizaban danzas en honor a Tláloc y a su esposa Chalchiuhtlicue, Dioses de la lluvia. Al pie de la pirámide se halla una estructura con 9 altares en los muros de su interior, más uno al centro, símbolo de los nueve infiernos o esferas inferiores de conciencia.

Tláloc, el Dios del agua, era sumamente venerado y temido, los Teotihuacanos rendían culto a su omnisciencia, el siguiente poema de la Épica Náhuatl narra su poder:

"El Dios Tláloc residía en un gran palacio con cuatro aposentos, y en medio de la casa había un patio con cuatro enormes barreños llenos de agua."

"El primero es del agua que llueve a su tiempo y fecundiza a la tierra para que de buenos frutos."

"El segundo es del agua que hace anublarse a las mieses y hace perder los frutos."

"El tercero es del agua que hace helar y secar a las plantas."

El cuarto es del agua que produce sequía y esterilidad..."

"Tiene el Dios a su servicio a muchos ministros -los elementales del agua-, pequeños de cuerpo, los cuales moran en cada uno de los aposentos, cada uno según su color, pues son azules como el cielo, blancos, amarillos o rojos..."

"Ellos, con grandes regaderos y con palos en las manos, van a regar sobre la tierra cuando el supremo Dios de la lluvia ordena..."

"Y cuando truena, es que resquebrajan sus cántaros, y si algún rayo cae, es que un fragmento de las vasijas rotas viene sobre la tierra..."

El Culto en la Pirámide de la Luna

Que los seres humanos crean o no en Tláloc, no afecta su existencia, ciertamente hemos sido educados para ser ateos y para creer que los sabios de antaño adoraban ídolos, pero la misma ciencia sabe ahora (aunque no lo quiera reconocer) que la naturaleza se rige por inteligencias divinas y esas inteligencias eran y son veneradas por los sabios. Tláloc es un rey de la naturaleza, una criatura perfecta, un deva, un ser más allá del bien y del mal, en sus manos está la sequía y la inundación. La traducción de la palabra Tláloc es: “El vino que bebe la tierra”, porque el vino no es solamente agua, el vino es la transmutación del agua, el vino es el resultado del milagro que realizó el mismo Jesús el cristo en las bodas de Canaán.

No es lo mismo regar las plantas con agua que no ha sido transmutada, que con agua que viene del cielo, agua que ya fue trasformada por la evaporación, y condensación y que cuando baja a la tierra fecunda lo que toca. Así también el ser humano, con las enseñanzas de Tláloc, puede transmutar el agua de sus energías creadoras a través de la sublimación para fecundar sus facultades y virtudes.

Por ello, antiguamente los adeptos que seguían las enseñanzas de Tláloc, dominaban a la naturaleza. En este lugar realizaban rituales para hacer llover…, los sabios y niños inocentes se colocaban en posición de sapos y ranas, imitaban su croar y la lluvia bendecía la tierra.

Tláloc vive en el Tlalocan, el mundo causal, el mundo de las causas naturales. Los maestros se comunicaban con él a través de la meditación y de la oración. Con gran misticismo religioso, tocaban las puertas del mundo del espíritu puro, del mundo de la conciencia espiritual, cantando también el mantram “Aloah Va Daath”.

Los maestros sabían que existen cuatro mundos en la naturaleza:

1.           El mundo mineral sumergido, representado por las minas y el interior de la tierra.

2.           El mundo celular, donde se desarrolla la vida orgánica, la tercera dimensión de Euclides.

3.           El mundo Molecular que corresponde a la región del mundo astral y mental, es el mundo de los sueños y los pensamientos.

4.           El mundo electrónico, la región de las causas naturales, el espíritu puro, el mundo de la conciencia espiritual, donde habitan todos los Dioses del panteón azteca.

El Culto en la Pirámide de la Luna

También en la plaza de la luna se encuentra el altar del sacrificio. Malentendido en la actualidad, porque los sacrificios humanos no se realizaban en los tiempos de oro de las civilizaciones de Anáhuac, sino que se verificaron en la decadencia de aquellas épocas. La sabiduría gnóstica nos enseña también que no eran precisamente sacrificios humanos lo que exigía Tláloc a las personas, sino inocencia y sabiduría, dones que solamente florecen cuando se sacrifica el egoísmo, la envidia, el orgullo y la mitomanía. El verdadero sacrificio es el trabajo psicológico para limpiar la mente de los aspectos inhumanos que la habitan, el trabajo consiste en sacar a los mercaderes del templo, tal como lo hizo el maestro Jesús.

El sacrificio o sacro oficio también es la representación del trabajo entre el hombre y la mujer, indicado por la majestuosa escultura de Chalchiuhtlicue, que se encontraba en la explanada de la pirámide de la luna. Ella representa al eterno femenino, a la mujer, su monolito se encuentra en el museo de Antropología, mide 1.65 por 1.65 m de base y 3.16m de altura, pesa 21 toneladas. Un segundo monolito que también se encontró en Teotihuacán, permanece aquí, tiene casi dos metros de altura y pesa 6 toneladas.

Chalchiuhtlicue, la de las faldas de jade invita a conocer sus misterios y a llevar a la práctica su sabiduría. La mujer tiene como misión, salvarse a ella misma y enseñar a sus semejantes el camino de la auto realización.

Se dice que Tláloc siempre está rodeado de niños, porque ellos representan la inocencia de la mente. La luna influencia y equilibra la naturaleza, sus efectos en las mareas, la savia de las plantas, enfermedades y en la psiquis humana es evidente. Los sabios de Anáhuac consideraron a la luna como la madre de la Tierra. El ser humano recibe la influencia de la luna en su aspecto negativo debido a los agregados psicológicos y al nivel de ser. La inocencia puede ser rescatada en el ser humano, descubriendo en los eventos de la vida nuestro rasgo característico particular.

La mente es lunar porque se identifica con los eventos externos de la vida y termina desarrollando lujuria, codicia, ira, envidia, auto importancia, vanidad. El nivel de ser de cada quien determina el grado de sufrimiento, las amarguras, los problemas que distinguen su vida y, aunque se piense que conforme pasa el tiempo se va a llegar a la perfección, esto no ocurre debido a la discontinuidad de la naturaleza. La evolución no lleva a la perfección porque la naturaleza es mecánica. Para dejar de ser lunares y de vivir hipnotizados por la ilusión del yo, es necesario vivir una vida solar, revolucionar la conciencia, ser rebelde, dejar de identificarse con las circunstancias; así caminaremos de la pirámide de la luna a la del Sol.

Infortunadamente hoy se ha perdido la veneración a los Devas, la inocencia y la belleza del espíritu. Nos corresponde restaurarla y compartirla, para que Teotihuacán, el lugar de religión y sabiduría sea visitado por los hombres que se hacen Dioses.

Enviado por: Susana M. Rodríguez Licea. Comisión de Eventos. San Luis Potosí, S.L.P.

Imágenes: Pirámide de la Luna en Teotihuacán. Fotos Lupita Rodríguez y Jenaro Reyes.

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