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Dioses de la Mitología Azteca

En estos tiempos de superficialidad y de búsqueda de satisfacción inmediata que nos desvían de un análisis serio de sí mismos y de la vida que llevamos, bien vale la pena regresar a la reflexión profunda y atender desde ella, la sabiduría que dejaron las antiguas civilizaciones.

Pocas, o ninguna tan grande como el legado de Teotihuacán, una civilización que supo reunir la ciencia, el arte, la filosofía y la mística en cada edificio, en cada pintura y en cada bajo-relieve.

Empleando conocimientos y alegorías de los aztecas, la cultura teotihuacana plasmó un conocimiento muy profundo con el cual es posible manifestar y comprender los misterios más grandes del Universo.

Los estudiosos actuales no han sabido comprender que los sabios de Anáhuac no adoraron a los elementos de la Naturaleza, pero los utilizaron para representar aspectos tan profundos como el espíritu y el origen mismo de la creación.

Estudiemos algunos de sus Dioses principales y sus misterios.

Ehécatl el dios azteca del viento

Ehécatl el dios azteca del viento

Es un gran iniciado que rige el viento, que vive en los mundos superiores, precisamente en el mundo causal, desde donde se controlan los elementos y las causas de la naturaleza. Tiene bajo su mando billones y trillones de elementales del aire, llamados silfos y sílfides.

Es un Dios que se distingue por llevar una máscara con labios alargados por medio del cual sopla e incita los vientos.

Los Aztecas daban un nombre al viento, según el origen o dirección del mismo:

“Cuando el aire soplaba desde el oriente, donde está el Tlalocan, el Paraíso, lo llamaban Tlalocayotl; cuando soplaba desde el norte, donde está el Mictlán, el infierno, lo llamaban Mictlantecuhtli, cuando soplaba desde el poniente, donde habitan las mujeres que mueren de parto, Dihuatecayotl, cuando soplaba desde el sur, donde están las diosas, Huitznahua.” (Magia Crística Azteca)

Los silfos atómicos de nuestros propios aires vitales, al servicio de la imaginación mecánica (no se confunda esto con la imaginación objetiva consciente), juegan con nuestros pensamientos lascivos y perversos.

Es interesante observar que lo templos dedicados a Ehécatl eran circulares, pues el viento se desplaza en todas direcciones.

Vale la pena aclarar que Ehécatl es un ser distinto de Quetzalcóatl, si bien es cierto que en ocasiones a Quetzalcóatl se le representa con ese mismo pico o máscara de labios prominentes para resaltar determinadas cualidades, se trata de divinidades diferentes.

Otro aspecto que rige según los sabios de Anáhuac es el segundo sol del calendario azteca – Ehécatl- Tonatiuh. Recordemos que la tierra ha dado origen hasta el momento a 5 razas de 7, y que la segunda fue la Raza Hiperbórea que habitó un continente en forma de herradura alrededor del polo norte, en las dimensiones superiores de la naturaleza.

La Segunda raza no cayó en degeneración, pero nos dicen los sabios de Anáhuac que fueron arrasados por fuertes vientos, por el huracán, símbolo del hálito, del espíritu divino y que, para salvarse, fueron transformados en monos para trepar a los árboles, el árbol también representa al Ser.

¿Cómo podemos ponernos en contacto con el Ángel o Malachim Ehécatl?

Los Maestros lo invocaban encendiendo tres velas de cera virgen en el altar del templo. (Magia Crística Azteca)

¿De qué forma puede ayudarnos Ehécatl en nuestro día a día?

Ehécatl enseña a salir en cuerpo astral, ayuda en los grandes y pequeños viajes, en el trabajo diario, etc. Si se lo suplicamos él nos retira una vieja enfermedad, un mal, un amigo, un mal vecino, etc., pero Ehécatl exige pago por sus dádivas. El que le demanda algo tiene que hacer desinteresadas y buenas obras entre los hombres sin distinción de raza, credo o clase. (Magia Crística Azteca)

Ehécatl es un maestro que domina la ciencia del movimiento continuo, los alcances de dicha ciencia escapan a nuestra comprensión, una muestra de ello es la posibilidad de laborar en procesos de la vida y la muerte en elevados procesos iniciáticos.

Huitzilopochtli

Huitzilopochtli

Es un hombre despierto, un Dios Azteca, y representa también a la fuerza del Cristo, al fuego.

En los mundos superiores podemos invocarlo y aprender de sus pies la sabiduría del fuego, la sabiduría de Anáhuac.

Huitzilopochtli significa “Colibrí Zurdo”.

Opochtli, el "zurdo". Tradúzcase así: "El que lanza las flechas con la mano izquierda.” (Doctrina Secreta de Anáhuac)

Fue el dios Huitzilopochtli quien instruyó a los primeros aztecas sobre las señales que habrían de buscar en su peregrinar para fundar la gran Tenochtitlan del águila devorando a la serpiente, portentoso símbolo que afortunadamente heredamos en nuestro actual lábaro patrio.

Se le considera el dios de la guerra, victorioso, inmisericorde, pero debemos interpretarlo como la guerra interior, esa guerra contra nuestros propios defectos que nos llevan a encarnar tal principio o representación divina en sí mismos.

También se le considera el dios del Sol y en su leyenda se encuentran las enseñanzas necesarias para cristalizarlo en sí mismos, si tenemos la inteligencia de comprenderlas y la tenacidad de practicarlas.

El origen de Huitzilopochtli nos es heredado en el códice Florentino:

Allí encontramos con asombro el trabajo místico a realizar en nosotros mismos, desde el momento de su concepción al descender una pluma fina y tocar el vientre de su madre Coatlicue, quien se encontraba haciendo penitencia en el cerro de Coatepec.

La serpiente, una vez más relacionada en el origen de la divinidad como en otras tantas leyendas e historias de maestros e iniciados alrededor del mundo.

Por supuesto Coatlicue representa a nuestra madrecita Divina, cuyos principios se ven en nosotros opacados por los 400 surianos y la Coyolxauhqui (la adornada de cascabeles) que representa aquí la lascivia o voluptuosidad erótica, que de igual manera en nosotros resulta el origen mismo de nuestras desgracias e infortunio como el pecado original.

Desde el vientre, Huitzilopochtli se prepara para la guerra contra sus hermanos, quienes ofendidos por la concepción sin padre de su madre Coatlicue, se aprestan a acabar con ella.

Nace Huitzilopochtli ataviado para la guerra con escudo de plumas de águila (el espíritu), orejeras (la escucha y obediencia al padre), sandalias (la humildad), dardos y lanza dardos (la fuerza creadora en nosotros) y penacho (dominio de la mente terrenal), brazos y piernas pintados de azul porque la guerra interna se hace con amor

Auto observación de nuestros defectos y sus intrincadas relaciones y trampas es indispensable en el trabajo íntimo en contra de los Surianos propios, nuestros defectos psicológicos.

Nace Huitzilopochtli y elimina primero la fuente de toda discordia y de todo dolor al acabar con la Coyolxauhqui gracias a la serpiente de fuego o Xiucoatl, representando el fuego creador dirigido con sabiduría y valentía, herramienta indispensable para la purificación.

Sin concesiones y sin misericordia, nuestro señor Colibrí Zurdo acaba con los 400 hermanos que al intentar huir hacia el Sur son llamados los 400 surianos.

Debemos seguir pues las gloriosas enseñanzas secretas como un faro entre los laberintos de falso conocimiento que solo nos desvían y distraen en la actualidad.

Tezcatlipoca

Náhuatl, (espejo negro que humea). Se le presentaba joven, con un gran espejo en la mano izquierda, con cuatro saetas y un escudo en la mano derecha; con una oreja medio ahumada, puesta en los cabos de la cinta con que estaban prendidos sus cabellos.

Según los nahuas, de este dios Ometecuhtli y la diosa Omecihuatl tuvieron cuatro hijos, los cuatro Tezcatlipocas: Xipetotec -el colorado-, Tezcatlipoca -el negro-, Quetzalcóatl -el blanco- y Huitzilopochtli -el azul-.

Del binario divino e invisible, nacieron los cuatro colores de las cuatro razas que actualmente pueblan el mundo. (Misterios Mayas). Estas mismas fuerzas capaces de creaciones maravillosas se expresan a través del amor del hombre y la mujer, embriagados de éxtasis y espiritualidad.

Volviendo a la mitología Azteca, nos dicen que los hijos del primer sol, los de la Raza Polar que vivió en un continente en la zona donde se encuentra ahora el casquete polar, fue regida por el Dios Tezcatlipoca. Cada individuo era un maestro de sabiduría. (Misterios Mayas)

La primera raza fue gigantesca y de color negro, empero estuvo muy civilizada. Esta fue una raza andrógina, asexual, semi-física, semi-etérica. Los individuos podían reducir su tamaño al de una persona normal de la actual raza aria. Los rituales y sabiduría de la primera raza fueron maravillosos. Los templos y construcciones fueron portentosos. La barbarie no existía en aquella época. Dicha raza divina fue devorada por los tigres de la sabiduría. El regente de esa raza fue el dios azteca Tezcatlipoca.

Tezcatlipoca al igual que nuestro señor Huitzilopochtli son seres de consciencia despierta, y representa los opuestos, el día y la noche

Por ello es que debemos saber interpretar con la intuición y no con el intelecto las leyendas de la sabiduría ancestral, pues si bien identificamos a Tezcatlipoca como un principio masculino, también representa en las alegorías cósmicas valores femeninos como cuando se le menciona en el origen de la creación:

Con la aurora del Universo el huracán eléctrico hace palpitar todos los átomos en forma de remolinos dentro del Omeyocan, dentro del ombligo del Universo, dentro de la Matriz Cósmica que es el Dos. En el Omeyocan, el Tloque Nahuaque es tempestad nocturna de todas las posibilidades. ¿Por qué? Porque cuando el movimiento eléctrico, el huracán eléctrico, el torbellino eléctrico, hacen girar todos esos átomos dentro de la materia caótica, persisten todas las posibilidades de la Vida Universal. Así lo han escrito siempre los mejores autores de cosmogénesis. Naturalmente, estamos diciendo algo que nunca aceptaría, en modo alguno, la ciencia materialista.

Valga el presente relato para acercarnos con humildad a los pies de la portentosa sabiduría sin límite que hoy nos recibe y trabajemos en lo interno para merecer su luz y guía.

Enviado por: Rubén Soto Orozco. Ensenada B.C.

Foto: Museo Nacional de Antropología Imagen: Rubén Soto Orozco.

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