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LA MUERTE EN LA MITOLOGÍA JAPONESA

 Izanagi e Izanami, c. 1885. Pintura de Eitaku Kobayashi

Izanagi e Izanami, c. 1885. Pintura de Eitaku Kobayashi

Fino lector, en la deliciosa Mitología japonesa se habla de Kotoamatsukami, los primeros dioses, de los que emanan dos seres creadores divinos, un dios llamado IZANAGI y una diosa llamada IZANAMI, a los cuales se les ordena realizar la creación.

Una vez concluida la creación, IZANAMI da a luz al Dios del fuego, Kagutsuchi no kami, que le quema los genitales, la hace enfermar y muere. IZANAMI abandona entonces el mundo “de forma divina” (las dimensiones superiores – el cielo -) e IZANAGI llora su muerte.

IZANAMI muere, pero su muerte no causa su desaparición, sino su transformación en un nuevo ser que habita ahora en el “país de las tinieblas” (Yomi no kuni, el inframundo o infierno), de ahí que se insista en el hecho de que la Diosa ha abandonado el mundo (se ha marchado) “de forma divina”. Se trata por tanto, más bien, de un viaje que emprende la Diosa madre primigenia a un nuevo mundo sobre el que, de aquí en adelante reinará como deidad principal.

El viaje al reino de los muertos

IZANAGI no se conforma con la muerte de su esposa y después de sepultar su cuerpo en la montaña (el mítico monte Hiba) cerca de Izumo, la sigue al país de las tinieblas; su excusa para lograr que IZANAMI regresé con él al mundo luminoso es que los países que ambos dioses crearon, todavía no han sido terminados. IZANAMI reprocha a su marido haber tardado demasiado, pues ella, como en el mito griego Koré – Perséfone, ya ha comido del alimento del inframundo (Yomi no kuni, tierra de los muertos), después de tal hecho nadie puede salir de esa región.

Esta relación entre el alimento y el cambio de estados de los cuerpos (y de las almas), está presente en numerosas mitologías que tratan sobre el descenso al mundo de los muertos o catábasis y aparece también con recurrencia en la mitología japonesa, cuando algún iniciado, a efecto de recibir alguna prueba o simplemente trabajar en el inframundo para eliminar yoes internos, pasa del mundo real, al inframundo, pues en todas las mitologías se habla de nuestro propio inframundo interior, morada del yo, del ego que todos llevamos dentro, que nos hace tan perversos, el cual debe morir para que puedan surgir las virtudes en nosotros: La dulzura de carácter, la alegría por el bien ajeno, al amor al trabajo, el sabio uso de nuestras energías, la moderación en todo lo que hagamos, la caridad, la humildad, etc., etc., con lo cual se logra la inmortalidad.

En la gran mayoría de las mitologías de occidente y de oriente, el mundo de los muertos o de las tinieblas se sitúa en el inframundo, es decir en un nivel inferior (el subsuelo) y a las dimensiones superiores o mundo luminoso, no ocurriendo así en la mitología japonesa, donde Yomi no kuni, curiosamente, se sitúa en el altiplano, en las faldas de la montaña, por lo que los muertos, pese a encontrarse bajo tierra, habitan en realidad en un nivel superior al de los mortales, a medio camino entre la tierra y el mundo de los Dioses celestiales.

En su viaje al inframundo, para dar muerte a sus defectos o yoes más terribles, IZANAGI le insistió a IZANAMI que regrese con él.

El lugar en el que se encuentra IZANAMI, es un territorio donde reina la oscuridad, por lo que está segura que su esposo no la verá, ella está en un palacio que posee una puerta cerrada con un cordón, que la Diosa traspasa para recibir en penumbras a su esposo, el palacio además, está habitado por una serie de dioses, a los que IZANAMI debe comunicar su deseo de volver por un corto tiempo al mundo luminoso. La única condición para conseguir la aprobación de estos dioses de Yomi no kuni, es que IZANAGI no mire a IZANAMI cuando ella vuelva a entrar en el palacio; pero el Dios, al igual que en el mito de Orfeo, no resiste la tentación (ni la espera) enciende una pequeña llama con uno de los dientes de su peineta y entra en el Palacio. Con la luz, IZANAGI viola la ley al perturbar la armonía de las tinieblas y contempla el cuerpo de su esposa transformado en un cadáver putrefacto, rebosante de gusanos; de su cabeza y de su pecho emergen las divinidades del trueno. El Dios huye aterrorizado mientras su esposa lo acusa de haberla cubierto de vergüenza.

Conocer los secretos de la muerte y por tanto los de la vida eterna, esconde este tipo de catábasis o descenso, un móvil común, tanto a dioses como mortales, que los impulsa a emprender el viaje en busca del ser querido muerto, como es el caso de IZANAGI y IZANAMI; de Heracles que va en busca de Teseo; de Orfeo que intenta rescatar a Eurídice; de Eneas, héroe troyano que viaja al inframundo por orden de su padre Anquises para recibir sus instrucciones; de Hércules y la hidra etc., etc.

Desciende pues el adepto que está trabajando sobre sí mismo, a las tinieblas en busca de conocimiento o para cumplir alguna prueba.

Una vez que el Dios procreador japonés, se enfrenta al deterioro que la muerte ha causado en el cuerpo de su esposa y huye aterrorizado del espectáculo, IZANAMI envía tras él a las repugnantes mujeres del país de las tinieblas. Para distraerlas, IZANAGI les lanza su corona de sarmientos (símbolo de que está trabajando con sus energías creadoras) que se transforman en racimos de uvas que las mujeres comen. La persecución no obstante continúa e IZANAGI les lanza ahora los dientes de la peineta de su moño derecho (símbolo de luz, pues es un iluminado) que se transforma en brotes de bambú que igualmente ellas cogen y comen con avidez. De momento, el Dios logra detener la persecución, pero IZANAMI, envía entonces a los ocho dioses del trueno y a los 500 mil guerreros de Yomi no kuni, IZANAGI saca su espada de diez palmos (arma espiritual de color azul, que simboliza la voluntad) y la lanza hacia ellos, pero no logra detenerlos; luego llega a la pendiente lisa de las tinieblas y coge tres melocotones (duraznos, símbolo de la inmortalidad) y también los lanza. Esta vez tiene éxito y dioses y guerreros, al darse cuenta que es un ser inmortal, dan la vuelta y huyen. Por último, IZANAMI decide emprender ella misma la persecución de su esposo, pero el Dios se le adelanta y arrastra una gran roca hasta la pendiente y logra así cerrar el paso a su esposa.

Con esta roca entre ellos se encontraron frente a frente y él pronunció la fórmula de divorcio. Entonces dijo IZANAMI no mikoto: “Mi querido esposo, si lo haces, cada día ahogaré mil cabezas de la hierba humana de tu país”. A lo cual contestó IZANAGI no mikoto: “Mi querida esposa, si lo haces, construiré cada día mil quinientas chozas para el parto”. De esta forma el Dios IZANAGI se convierte en la deidad que da la vida e IZANAMI en la gran Diosa de las tinieblas que será la encargada de quitar la vida, auxiliada por los shinigami, ángeles de la muerte. Así fue como comenzó a extenderse la muerte por la tierra y el místico pueblo japonés, que comprende su trascendental doble significado, celebra el Día de Muertos o El Obon u O-Bon, o simplemente Bon, desde hace más de 500 años.

Estriado y adaptado del Kojiki o Furukotofumi, el libro histórico más antiguo que se conserva sobre la historia de Japón. Literalmente, significa "registro de cosas antiguas". Éste menciona a otra compilación más vieja que se dice fue destruida por el fuego.

En vez de temer a la muerte, deberíamos más bien tratar de despertar a la vida; y a la única muerte que deberíamos huir es: olvidar la presencia de Dios en nosotros” Lao-Tsé

Enviado por: José Isabel Mauricio Vargas. Instructor de Rincón de Romos, Ags.

 

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