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FILOSOFÍA HINDÚ SOBRE LA MUERTE.

 Iama (dios de la muerte) Pintura 1814 (autor desconocido)

Iama (dios de la muerte) Pintura 1814 (autor desconocido)

Estimados lectores de nuestra revista gnóstica, ahora me voy a referir al tema relacionado a los misterios de la muerte en la mitología hindú. Cuanto más estudiamos a las antiguas civilizaciones, nos damos cuenta de que todas ellas rindieron culto a la muerte. El tema de la muerte ha sido desde siempre motivo de culto, veneración y tradición en todas las latitudes del mundo y la antigua civilización hindú no es la excepción a la regla, en la Ciudad de Calcuta (Bengala, India) podemos encontrar templos erigidos a la Diosa Kali, misma que representa a la Diosa de la muerte entre los hindúes.

La religión hindú es una de las más importantes del mundo y es practicada principalmente por la gente de la India y Nepal, la visión que tienen sobre el tema de la muerte es muy similar a la del budismo en el sentido de que la pérdida del cuerpo físico no es el final de la vida, sino que representa el renacimiento; es decir, el regreso de nuestra alma a una nueva matriz para retomar un nuevo organismo humano. Llegando a este punto de nuestra exposición, he de aclarar que nosotros tan solo tenemos un escaso tres por ciento de conciencia o de alma y el resto está embotellada por los distintos errores psicológicos o pecados capitales de la terminología cristiana. De acuerdo a las leyes cósmicas de la naturaleza, el retorno del embrión del alma puede ser en otro cuerpo humano o en el de un animal, debemos recordar que así como existe la ley de la evolución de la naturaleza, también tenemos la ley de la involución, esto nos viene a recordar al arcano 10 del tarot egipcio, la Transmigración de las almas, explicada por el Señor Krisna.

El alma transmigra de un cuerpo a otro y cuando alguien muere, el alma abandona el cuerpo físico inerte. El espíritu no nace ni muere; Cuerpo, alma y espíritu no son lo mismo y la Ley del karma determinará de acuerdo a nuestra conducta, si después de la muerte merecemos unas vacaciones en los mundos superiores, si retornamos de forma mediata o inmediata o si ingresamos en las infra-dimensiones de la naturaleza.

El señor Buda tiene en su collar 108 cuentas, de acuerdo a la filosofía hindú, esas cuentas representan a las 108 existencias o cuerpos físicos que se nos asignan una vez que hemos logrado por ley de evolución el estado humano, pero si no logramos el despertar de nuestra conciencia o la maestría en el trabajo espiritual, entonces la ley de la involución atrapa a nuestra esencia embotellada en el error y la arrastra por estados involutivos.

Cada vez que retornamos en un nuevo cuerpo físico es con el fin de lograr el desarrollo espiritual mediante oportunidades que la gran Ley nos brinda. Siempre habrán momentos en nuestra vida en los cuales se nos requiera ayuda personal o material para nuestros seres queridos, amigos o conocidos y que estaremos en posibilidad de ayudar poniendo a prueba nuestro desinterés y amor a nuestros semejantes; pero si no hacemos el bien pudiéndolo hacer, caemos en el egoísmo y esto nos estanca irremediablemente en nuestro avance espiritual.

 Relámpagos luminosos de nuestra conciencia centellean en nuestros mundos internos mediante la fuerza del amor y del sacrificio. Los grandes maestros de la humanidad llegaron a la iluminación plena gracias a la fuerza del amor y del sacrificio. En estos instantes me viene a la memoria la historia del maestro Buda, quien viviera hace poco más de 2500 años en la india, afirma la historia que siendo príncipe estaba rodeado de riquezas y lujos, nunca salía del palacio, estaba rodeado por hombres y mujeres jóvenes, sin embargo un día quiso conocer como era el mundo más allá de su palacio, valiéndose de un sirviente de confianza salió a hurtadillas, entonces descubrió la pobreza, el hambre, la enfermedad, la vejez y la muerte, renunció a su esposa Yasodhara, a su principado, a su palacio y a toda clase de lujos y riquezas. Sintió la íntima necesidad de descubrir las causas del dolor y del sufrimiento, liberarse de ellas; se puso a meditar bajo la sombra de un árbol y a realizar grandes ayunos; con su sistema de meditación llegó a la iluminación y revolucionó la mística y la filosofía hindú en su momento y el maestro Budha dio a conocer las cuatro nobles verdades.

Después de cada ciclo de 108 existencias y de acuerdo con las Leyes de tiempo, espacio y movimiento, gira inevitablemente la Rueda del Arcano 10 del Tarot; entonces resulta palmario y manifiesto que las oleadas de vida involucionando descienden en el interior del organismo planetario para re-ascender evolutivamente más tarde...

Nos dice el Bhagavad Guita: “Al dejar el cuerpo tomando el sendero del fuego, de la luz, del día, de la quincena luminosa de la luna y de solsticio septentrional, los conocedores de Brahman van a Brahman” (Cap.ocho. Vers. 24).

“El yogui que al morir va por el sendero del humo, de la quincena oscura de la luna y del solsticio meridional, llega a la esfera lunar y luego renace” (Vers. 25).

De acuerdo a los Vedas, hay dos formas de dejar este mundo, una en la luz y otra en la oscuridad, cuando se sale de la luz no se regresa; pero cuando sale en la oscuridad, si se regresa. Estos dos senderos, el luminoso y el oscuro son considerados permanentes, por el primero se emancipa y por el segundo se renace.

Brahman es el espíritu impersonal, omnisciente y omnipenetrante, de donde emana nuestro Ser interior, el Ser no nace ni muere, ni se reencarna, no tiene origen, es eterno, inmutable, el primero de todos y no muere cuando el cuerpo físico sucumbe.

El Ego nace, retorna incesantemente a tomar nuevos cuerpos, pero esos elementos psicológicos indeseables deben morir para que renazca nuestra consciencia, para que resplandezca y nos ilumine, aquellos que han disuelto el ego, fabricado sus cuerpos solares y se han sacrificado por la humanidad, al dejar el cuerpo físico con la muerte, toman el sendero luminoso de la luna y del solsticio septentrional, ellos han encarnado al Ser, conocen a Brahman (el padre que esté en secreto).

Para los hindúes el cuerpo físico es algo transitorio y efímero, al morir viene una separación del cuerpo, alma y espíritu, en donde el cuerpo material se desintegra de alguna manera, mientras tanto el alma busca su liberación y el espíritu quedará en las dimensiones superiores, donde moran los dioses.

Los budistas consideran al deseo como la raíz del sufrimiento y aquellos que logren erradicar el deseo entrarán a la dicha del Nirvana, de lo contrario, al morir, ingresarán al Naraka (mundos Infiernos) compuesto por múltiples esferas o niveles donde las almas se van purificando al desintegrarse los defectos, el trabajo que no pudimos realizar en forma consciente y voluntaria, lo hace el tercer aspecto de la Divina Madre, representado por la Diosa Kali, quien tiene el poder de destruir y aniquilar al ego, en estas regiones infra-dimensionales.

 “La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, si no el miedo a la muerte”. Epicterio de Frigia

Enviado por Instructor: Virgilio Cuautle Roldán. Nochistlán de Mejía, Zac.

 

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