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LA DIVINA COMEDIA

Paul Gustave Doré.
Canto III. Divina Comedia

Paul Gustave Doré. Canto III. Divina Comedia

La esencia embotellada en la rueda fatal del Samsara cuenta con 108 existencias como humanoide para lograr la liberación, la iluminación budista, la salvación cristiana. Si en ese período no logramos eliminar al ego animal, ingresamos forzosamente, por mecánica ley natural a la muerte segunda, descendiendo a los círculos infernales donde se desintegra el ego lentamente y donde el tiempo y el sufrimiento son interminables.

Somos espíritu, pero el alma debemos de fabricarla. El alma son los valores a través de los cuales se expresa el SER y solo la obtenemos eliminando al ego animal en forma voluntaria.

Dante Alighieri, el poeta italiano de Mantúa, nos narra en su obra “La Divina Comedia” escrita entre los años 1300 a 1315 de nuestra era, su descenso a los mundos sumergidos, con su propio cuerpo de carne y hueso. Dice la ley: “para subir primero hay que bajar”. El cielo es para los valientes y se toma por asalto. Imposible destruir a nuestro ego animal, sin el descenso consciente y voluntario a los mundos sumergidos, de nuestro propio infierno psicológico. En ese descenso, Dante es guiado por su Real Ser, representado por el poeta Virgilio, bajo amparo de la divina madre quien le manda ingresar a los mundos sumergidos bajo la corteza terrestre.

Los cielos y los infiernos están aquí y ahora y dependen de nuestros estados psicológicos en el día a día, lamentablemente vivimos con la conciencia dormida, bajo la norma de la “banalidad del mal” guiados por el yo psicológico sin que nos demos cuenta de nuestras acciones más crueles o de la crueldad consigo mismos, ni que además podemos ser “banalmente” malvados (le restamos toda importancia a nuestra maldad, la minimizamos).

Se le aparecen a Dante al inicio del viaje, unas bestias tratando de bloquearle el camino (del auto análisis, de la auto comprensión, del auto imperio) viva representación del YO, ante lo cual el poeta apela lleno de miedo a su Real Ser (la empresa al interior propio requiere de valor y determinación).

Luego de sortear tales criaturas, llegan al primer círculo infernal, el infierno de la luna, el Limbo, donde moran quienes no han recibido el bautizo, el pacto de transmutación de la energía sexual. Ahí penan niños y santos eremitas bajo 96 leyes pesadas de mecanicidad. “Por tal defecto, no por otra culpa, perdidos somos y es nuestra condena vivir sin esperanza en el deseo”, gritan en coro la millonada de almas que ahí sufren.

Continúan el camino, maestro y discípulo hacia el segundo recinto, el círculo infernal que corresponde a mercurio regido por 192 leyes de densidad. Un viento huracanado impera, la lujuria, arrastra a todos los condenados que repiten una y otra vez la fornicación entre el fango, la lluvia, el feroz viento, mientras los cuerpos fantasmales son carcomidos por gusanos y bestias de todo tipo en penumbra total.

¡Qué hermoso y tierno puede ser el error y la fatalidad en nuestras vidas ordinarias! El romance más sublime, la tierna canción de amor, el bello y romántico atardecer que preceden a la fornicación y al adulterio; la pasión que llena de falso sentido nuestro diario dormir, tiene su contraparte en el sufrimiento.

Canta el poeta: “y caí como un cuerpo muerto cae, cuando recobré el sentido que perdí, nuevas condenas, nuevos condenados veía… Era el tercer recinto, el de la lluvia eterna”. Caminaban entonces, poniendo las plantas sobre helados cuerpos, como andando por sobre fúnebre alfombra de cadáveres, pisando los cuerpos fantasmales de estas almas sufrientes que yacían enterrados en el lodo…Ahí el Cerbero, el perro de tres cabezas destroza a las almas en pena en el tercer círculo de Venus, desollándolas con sus incontables hileras de dientes afilados e inmundos, haciéndoles aullar, aquí 384 leyes hacen del tiempo algo larguísimo e interminable.

Final de nuestros excesos, calabozo para las borracheras y la gula. Ahí el destino de las charlas y fiestas entre el alcohol; las falsas carcajadas entre amistades hipócritas. Ahí las fiestas entre música de salvaje ritmo, ahí la realidad de las trasnoches… “Así bajamos por la cuarta fosa, entrando más en el doliente valle”. He allí una multitud millonaria golpeándose unos con otros, cuerpos apilados en eterna lucha, tirándose entre sí en la más grande oscuridad “esto es mío, esto es tuyo”. Todos empujando eternamente rocas hasta tocarse en el centro del círculo para repetir el proceso infinitamente. Los avaros y derrochadores se sumergen en aguas negras atragantándose en asfixia por el fango. Esta esfera es regida por 768 leyes de sufrimiento, el destino de nuestros mundanos afanes por el dinero. Todo lo que se rigió por la ley del péndulo, pobreza y opulencia, gente rica y miserable tragando el inmundo lodo.

“Ahora bajemos a mayor castigo; del círculo anterior pasamos a otra orilla sobre una fuente que hierve y rebosa por un canal que en ella da comienzo, hasta un pantano llamado Estigia”. Incontables condenados, golpeándose unos con otros, con puños, patadas, destrozándose a mordidas y con todo lo que encontrasen, desgarrándose la carne en la ciénaga inmunda y pestilente de un hedor insoportable. Es el quinto círculo, la esfera sumergida de Marte, donde cada átomo lleva en su vientre 480 átomos del Sagrado Sol Absoluto, resaltan en ésta quinta región sumergida nuestras pasiones más furiosas: la ira, el orgullo, la soberbia. Aquí nuestros pensamientos destructivos para con nuestros enemigos, en eterna lucha; nuestras palabras agresivas, la violenta calumnia.

Continuaron con el viaje, cuando, a su encuentro llegó por barca el remero Flegias, un condenado tirano de tiempos remotos, quien maldiciendo con furia a los pasajeros los condujo por la laguna de hedor insoportable de Estigia, hasta la ciudad de Dite, el infierno de Júpiter, el sexto círculo infernal, los habitantes de ésta región infernal son controlados por 576 leyes, siendo el tiempo terriblemente lento, cada minuto parecen siglos, la vida se hace tediosa e insoportable.

Morada de materialistas, herejes y gente que aborreció todo lo divino. Aquí los ingratos y los crueles. Los padres de familia que no cuidaron de sus hijos, malos hijos, malos padres, malos hermanos; gobernantes poderosos e inflexibles que abandonaron a su pueblo. Donde criaturas abominables los devoran una y otra vez, ahí fosas de lodo ardiente…

En el infierno de Saturno, el séptimo círculo infernal. Donde todo es de rojo color: las almas condenadas ensangrentadas, océanos color de sangre donde imperan 672 leyes, lo que hace que sea un lugar demasiado grosero y doloroso. Fosas de sufrimiento para las personas violentas en contra de los demás; para quienes fueron violentos en contra de sí mismos a través de sus vicios, el suicidio y para los violentos contra natura, con todas aquellas perversiones sexuales. También ahí la violencia de nuestra sabiondez, del vano intelecto, de la soberbia y auto suficiencia.

Llegaron así al octavo círculo o infierno de Urano, que a su vez tiene diez valles de sufrimientos indescriptibles condicionados por 768 leyes mecánicas, donde el sufrimiento y el dolor se intensifican. Aquí sufren los falsificadores, los falsos alquimistas. Ladrones y todo tipo de gente fraudulenta, los adúlteros del sexo y de la doctrina sagrada. Traficantes con cargos públicos o con la religión.

Procesiones de gente retorcida, deforme, cual arañas, sin distinguirse la humana figura; otros azotados a látigo por demonios, desgarradas sus carnes una y otra vez; ciénagas de lodo hirviente y pestilente; arenales de fuego efervescente; pesadas túnicas más densas que el plomo. Nuestros pequeños y grandes engaños en la vida, todos los momentos en que nos aprovechamos de los demás, todo ello se corresponde en este profundo lugar.

Llegan al noveno círculo e inicia el canto: “Así escuché que solía la lanza de Aquiles y su padre ser causante primero de dolor, después de alivio”. Es la novena esfera, el sexo. Aquí se disuelve el ego definitivamente. La lanza de Aquiles representa la energía sexual que puede transformar al hombre, o como la pasión animal que conduce hasta el reino mineral sumergido.

Aclara el V.M. Samael que aquí el ego es casi mineral, la desintegración del YO es casi completa, 864 leyes controlan a las criaturas que ahí se encuentran en total desintegración. De aquí sale el alma, la consciencia y la esencia liberadas y felices, inocentes pero sin auto-consciencia.

Es inaplazable poner atención a nuestra vida diaria, todo aquello que pasamos desapercibido o que consideramos “sin importancia” en nuestras existencia terrenal aquí y ahora, sellamos nuestro destino al ciclo del eterno retorno y a la muerte segunda.

“Bien merece el mortal que se lamenta, corriendo tras de cosa que no dura, la suerte que en la vida lo atormenta”.

Enviado por: Dr. Rafael Merazo. Colaborador avanzado, El Salvador.

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