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EL LIBRO DE LOS MUERTOS EGIPCIO.

 Sepulcro egipcio. Museo Británico. Fotografía cedida por Justo Bueno

Sepulcro egipcio. Museo Británico. Fotografía cedida por Justo Bueno

El Libro de los Muertos egipcio son textos iniciáticos muy secretos que solo aquellos adeptos que verdaderamente habían alcanzado ciertos grados de iniciación, tenían acceso al conocimiento oculto. Era una guía para que el difunto encontrara con facilidad el camino hacia la otra vida, conociendo los conjuros, sortilegios y los procesos por los que el fallecido debía pasar para alcanzar la inmortalidad. Este libro fue escrito cuando existían los grandes Hierofantes, los grandes Iniciados, cuando el Egipto de los Faraones era dirigido por Maestros. Entonces este libro era conocido como: “Manifestado en la luz” y con el tiempo conforme la humanidad se fue degenerando se perdió el propósito original de sus enseñanzas, quedando así solo creencias y costumbres al no saber interpretar correctamente su simbología.

Estos textos egipcios son una recopilación de fórmulas encontradas en diferentes tumbas y se inscribían en rollos de papiro, en las vendas de lino de las momias, las paredes de las tumbas, los sarcófagos y los elementos del ajuar funerario del muerto. Sin ellas, la persona fallecida podía sufrir una segunda muerte que significaría su total aniquilación.

En el Libro de los Muertos, los difuntos eran llevados ante la presencia del dios Osiris, deidad confinada en la Duat del inframundo (Duat era donde los espíritus de los fallecidos tenían que pasar por diversos procesos de purificación).

El juicio de Osiris era el acontecimiento más importante y trascendental para el difunto. En la Duat el espíritu del fallecido era guiado por el dios Anubis ante el tribunal de Osiris. Anubis extraía mágicamente el Ib o corazón del muerto, que representa la conciencia y moralidad y lo depositaba sobre uno de los dos platillos de la balanza en la sala de Maat. El Ib era contrapesado con la pluma de Maat (símbolo de la verdad y la justicia universal), situada en el otro platillo.

El iniciado debía recitar su “confesión negativa” ante los 42 jueces o Dioses que se encontraban en la sala de la doble Maat, ésta declaración significa todas las perfecciones que el adepto debe adquirir para liberarse de los cuatro cuerpos de pecado. El Dios Thot, actuando como escriba, anotaba los resultados y los entregaba a Osiris y quien al final del juicio dictaba sentencia.

Es necesario hacer notar que solamente los que han muerto en sí mismos, los auténticos difuntos pueden realmente someterse a ésta terrible prueba del Papiro NU, pero antes, el difunto/iniciado debía pasar una serie de pruebas y si salía victorioso era llevado ante Osiris, Dios de los muertos.

El Juicio de Osiris representado en el Papiro de Hunefer (1275 a. C.) Anubis, con cabeza de Chacal, pesa el corazón del escriba Hunefer contra la pluma de la verdad en la balanza de Maat. Thot, con cabeza de Anubis, anota el resultado. Si su corazón es más ligero que la pluma, al difunto se le permite pasar a la otra vida. Si no es así, es devorado por la expectante criatura quimérica Ammyt, compuesta por partes de cocodrilo, león e hipopótamo.

Era el sacerdote quien recitaba las primeras fórmulas del Libro durante la ceremonia funeraria cuando se trasladaba el sarcófago a la tumba. Una vez allí, se practicaban rituales para revitalizar los sentidos, entre los que se contaba el de la apertura de la boca, por el que se abrían mágicamente los ojos, las orejas, la nariz y la boca del difunto, quien, una vez recuperados los sentidos, emprendía su viaje por el más allá.

Para los egipcios éste era un momento de esperanza, como se expresa en la fórmula nueve del Libro de los Muertos, que los egipcios llamaban “Libro para la salida al día” o Manifestado en la Luz”: «He abierto los caminos que están en el cielo y en la tierra, porque soy el bien amado de mi padre Osiris. Soy noble, soy un espíritu, estoy bien pertrechado. ¡Oh, vosotros, todos los dioses y todos los espíritus, preparad un camino para mí!».

Había sortilegios destinados a que el “Ba” (la fuerza anímica) se encontrase con su “Ka” (fuerza vital que permanecía con su momia), para integrase con el “Aj” (fuerza espiritual sobrenatural del fallecido) y se unieran a Ra (El Logos Solar), para que en el viaje por el cielo en su barca solar le ayudara a luchar contra Apep ó Apofis (serpiente gigantesca maléfica).

Además de la unión con los dioses, este libro también describe a los muertos vivientes en el «Campo de Juncos», una versión paradisíaca, abundante y exuberante del Egipto real, en la que había campos, cosechas, ríos, animales y gente. Al fallecido se le veía encontrándose con la gran enéada (un grupo de 9 dioses, de tres en tres), así como con sus propios parientes.

Según las creencias egipcias, un efecto de la muerte psicológica, era la desintegración de los kheperu, o cuerpos lunares, por lo que los rituales funerarios servían para reintegrar los diferentes aspectos del ser. La momificación preservaba y transformaba el cuerpo físico en un sah, una forma idealizada con aspectos divinos. El Libro de los Muertos contiene sortilegios destinados a resguardar el cuerpo del fallecido y muchos de ellos debían ser recitados durante el proceso de momificación.

El corazón, considerado como aspecto del ser con inteligencia y memoria, también era protegido con sortilegios, y si se daba el caso de que el corazón físico hubiera resultado dañado, era común enterrar escarabeos enjoyados (talismanes que son símbolo del alma), junto al cuerpo para servir como su remplazo. El ka, permanecía en la tumba con el cuerpo muerto y requería el sustento de las ofrendas de comida, agua o incienso. En el caso de que los sacerdotes o los familiares no incluyeran estas ofrendas, el sortilegio 105 aseguraba la satisfacción del ka.

El nombre del fallecido, que constituía su individualidad, era requerido para su existencia continua, y escrito en varios lugares a lo largo del libro y el sortilegio 25 se cercioraba de que el difunto recordaba su propio nombre. El ba era representado como un ave con cabeza humana, la que podía «salir al día» desde la tumba. Los sortilegios 61 y 89 actuaban para preservarlo. Finalmente, la sombra del difunto era salvaguardada por los encantamientos 91, 92 y 188. Si todos estos aspectos del muerto se preservaban, saciaban y recordaban de distintas maneras, entonces el difunto podía vivir en la forma de un Aj, un espíritu bendecido con poderes mágicos que podía morar entre los dioses.

El Libro de los Muertos termina con la siguiente indicación la cual nos confirma que a los textos sagrados egipcios tenían acceso personas que habían acreditado, a través de un procedimientos adecuado de iniciación, ser dignas plenamente de adquirir esos conocimientos:

"Lee este Libro de modo que ningún hombre lo vea, con excepción de tu verdadero amigo íntimo y del sacerdote-lector que esté contigo, comportándote de manera que ningún otro rostro lo vea, ni siquiera un sirviente venido de fuera... Este Libro es una cosa verdaderamente muy secreta; no debes permitir que las gentes de condición inferior (lo) conozcan en cualquier lugar donde estés y no permitas (que lo conozcan) los habladores (ni ninguna otra persona), excepto tú y tu verdadero amigo íntimo."

 

“Así como la jornada bien empleada produce un dulce sueño, así una vida bien usada, causa dulce muerte” Leonardo Da Vinci

Enviado por Nelly López Villa. Instructora en Hermosillo, Sonora

Representación de barca egipcia. Museo Británico. Fotografía cedida por Justo Bueno

Representación de barca egipcia. Museo Británico. Fotografía cedida por Justo Bueno

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