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Segunda petición:
Santificado sea tu nombre

La Revelación de San Juan Albrecht Durer

1. En  el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.

2. Este era en el principio con Dios.

3. Todas las cosas por él fueron hechas; y sin él nada de lo que es hecho, fue hecho.

4. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres”.

Juan 1: 2

“En el ABSOLUTO, las tres fuerzas son el LOGOS ÚNICO, el EJÉRCITO DE LA VOZ, el demiurgo creador dentro de la GRAN UNIDAD de la vida libre en su movimiento”. V.M. SAW.

“Cuando el Uno se desdobla en el Dos, surge el Tercero, y éste es Fuego que crea y vuelve nuevamente a crear. Este Tercero puede crear con el Poder de la Palabra, con la Palabra Solar, con la Palabra Mágica, con la Palabra del Sol Central. ¡Así crea el Logos!”. V.M. SAW.

El demiurgo es el arquitecto del universo, el demiurgo es el fuego. El ejército de la palabra fecunda el caos del gran vacío de la realidad inmanifestada y hace surgir la materia y la energía.

La voz es el fuego, es el padre, es la madre y es el hijo en el inicio de la creación.

La palabra crea, la voz santifica al padre que está en secreto o genera caos dentro de cada quien. La voz es la expresión de los valores del corazón. La voz estuvo antes de la creación.

Por la palabra nos alejamos de nuestro real SER, de Dios dentro de nosotros y nos precipitamos hacia los mundos sumergidos.

Por la palabra creamos una realidad diferente, hacemos cristalizar la prosperidad y la armonía, santificamos a nuestro padre y volvemos  a Él. El uso del verbo nos identifica como hombres, ángeles o demonios.

La naturaleza se rige por la corriente del sonido y sus octavas. La creación es sonido, el universo se mueve produciendo la sinfonía de las esferas que el arcángel Beethoven supo escuchar.

El sonido y la voz, producen formas en el plano físico a través de las ondas sonoras; y también produce formas y consecuencias en los planos superiores. El sonido es acción y consecuencia, es acción y resultado (karma).

1. Estaba  Jesús una vez orando en cierto lugar. Cuando terminó, uno de sus discípulos le rogó:

–Señor, enséñanos a orar, lo mismo que Juan enseñaba a sus discípulos

2. Jesús  les contestó:

–Cuando oréis, decid:

'Padre, santificado sea tu nombre…. Lucas 11.1-2

El padre nuestro es una oración de profundo significado esotérico, inicia como la creación misma, con el verbo.

Santificar al padre es un hecho de atención, de recuerdo de sí y de auto observación psicológica de instante en instante. Antes que la palabra brote de los labios de una persona, existe una charla psicológica previa que debe ser cuidadosamente analizada y comprendida.

Si vivimos como leños a la deriva en la marea tormentosa de la vida cotidiana, la legión de demonios rojos dentro de nosotros, nuestro yo psicológico, usará el verbo, la palabra, para ensuciar nuestro interior;  degradamos nuestros valores y éstos a su vez producen efectos y consecuencias kármicas en el exterior, que cristalizan en sufrimiento y en dolor.

El buda enseña en el noble sendero de 8 caminos: el recto hablar, el sabio uso de la palabra (además de la recta visión, recto pensar, recto actuar, forma de vida correcta, meditación correcta y estar presente en estado de atención permanente). Enseña la tradición budista, que el recto hablar significa abstenerse de mentir; no calumniar; abstenerse de hablar en forma irrespetuosa u obscena; y también abstenerse de hablar frivolidades, trivialidades superficiales que contaminan nuestro pensamiento. El saber hablar y el saber callar son dos expresiones equivalentes del sabio uso del verbo, de santificar al padre que está en secreto. Hablamos con nuestros gestos, ademanes y conducta. Hablamos al no respetar el derecho de los demás, al querer superar al prójimo, cuando nos aprovechamos de los otros.

La forma de conducirnos en la vida, las palabras y silencios pueden ser terriblemente dañinos. Un desprecio, un saludo que se evita, son tomados como un gesto agresivo por la otra persona. Las palabras caóticas generan violencia en el plano astral, en el plano mental, en el plano causal. Las emociones se perturban, esconden instintos homicidas, odio, sentimientos de inferioridad, resentimiento, todo lo que condiciona las pesadillas en el plano astral y la intriga y enemistad en el plano físico con nuestros semejantes. Las palabras libidinosas con doble sentido, perturban la energía creadora. Liberan la pasión violenta, hasta que la misma escapa al débil control que el yo ejerce sobre estos impulsos bestiales.

Quien habla grandezas de sí mismo, mueve a su vez la energía opuesta; no sólo se vuelve un iluso ufano, sino que la palabra misma le hará tropezar. Es mejor contemplar la vida en su desenvolvimiento de instante en instante, abstrayendo la ilusión del yo del drama cotidiano y anteponiendo la compasión universal.

Santificar al padre que está en secreto significa llenarnos de armonía con los demás. Es proferir palabras sinceras, hermosas. Es un acto de plena conciencia de sí mismos. Es el sencillo saludo que prodigamos con una franca sonrisa; es el enaltecer los valores del ser humano, fomentar la armonía, la fraternidad, el señorío de sí.

“Padre nuestro que estás en los cielos, porque estás en lo más alto de mi SER…

Santificado sea tu nombre…”

Enviado: Dr. Rafael Merazo. Colaborador avanzado, El Salvador, San Salvador

Imagen: La Revelación de San Juan Albrecht Durer

"Esta oración encierra las palabras sagradas más poderosas del Verbo; pero hay que saber utilizarlas, pensarlas, meditarlas y vocalizarlas con toda la pureza de las aspiraciones. El Padre Nuestro es el puente entre el hombre y el Dios Intimo” extraída del libro de Jorge Adoum “La magia del Verbo”

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