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Quinta Petición.
El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.

obra de Duccio de Buoninsegna, Siena, Italia 1.255-1319

Por lo general, es en los momentos más difíciles de la vida cuando el ser humano busca el auxilio divino, se acerca a la oración, anhela la iluminación, pide un milagro…, quienes han estado en peligro de muerte, han descubierto en instantes de segundos que lo más importante es la vida en sí misma. Lo importante para un hombre es su vida y la vida se integra de fracciones, de momentos que se continúan uno tras otro.

Cuando el hombre se acerca a la oración es porque la esencia que habita en su interior sabe de la existencia de un ser supremo y apela a su omnipotencia. Se da cuenta de que muchos de los momentos de su vida han sido enfrentados no con la conciencia, sino con una serie de prejuicios y preconceptos de la mente. Los acontecimientos de la vida no han llegado directamente a la conciencia, sino a toda una multiplicidad de prejuicios que hay en la psiquis, a una serie de sentimientos equivocados, condicionados y contradictorios que han provocado infelicidad y vacío interior.

Las reacciones que se han tenido a los acontecimientos han sido producto de pensamientos y sentimientos equivocados, condicionados por el qué dirán, por el dice que se dice, por las costumbres y por la moral que prevalece en la época. Las acciones de la conciencia distan mucho de las reacciones mecánicas del ser humano, pero como la conciencia del ser humano es muy escasa porque se halla dormida y enfrascada por el ego psicológico, entonces se han escrito muchos códigos de ética, sistemas sociales y morales para que la conducta sea recta. Sin embargo tales códigos han sido infructuosos porque implican que el ser humano actúe correctamente por condicionamiento, como una conducta forzada por principios o reglas de oro que son impuestos, que no nacen de una conciencia interior.

Aún así, de entre los códigos de ética que han sido escritos, existe un libro del Tíbet oriental llamado “Paramitas”, el cual, aunque se sujeta más a una forma de actuar, pensar y sentir consciente, resulta totalmente inmoral ante las actuales costumbres de nuestra sociedad, de hecho no concuerda con los actuales sistemas religiosos en forma alguna; coincide con todos los principios religiosos y filosóficos, pero no con la forma de vivir, pensar y sentir de la falsa moral convencional.

Los seis Paramitas: generosidad, preceptos, paciencia, diligencia, meditación y sabiduría; se mencionan en todas partes, se escriben en cientos de libros, se divulgan en los cultos religiosos, se recuerdan como algo digno de venerar y se sueñan como una utopía muy lejana, porque solo se piensan en la mente, pero no se viven en la realidad, no se han llevado a la vida práctica.

En la doctrina gnóstica no se trata de seguir viviendo de acuerdo a las formas petrificadas de la moral y de las costumbres, sino de desarrollar la capacidad de la comprensión, los seis Paramitas deben surgir espontáneamente como reacción natural ante las circunstancias de la vida y para que esto ocurra, es indispensable primero anular las reacciones mecánicas e instintivas que provienen de lo que vive en nuestra psiquis: deseos, temores, miedos, envidias, resentimientos, etc.

Hay mucho que debemos eliminar y mucho que debemos adquirir para saber actuar inteligentemente y de acuerdo a la conciencia, para conducirse de acuerdo a los principios del Ser, la Mónada que habita nuestro interior, el ser supremo a quien pedimos auxilio en momentos de necesidad. El Íntimo es lo que cuenta en la vida, Él se desdobla a su vez en la mónada o conciencia que debemos poner en actividad, porque infortunadamente está dormida, embotellada en los elementos inhumanos.

Cuando alguien libera su conciencia, recibe los principios espirituales y anímicos, se convierte en un templo del Ser, termina el vacío y adviene la felicidad. La conciencia debe ser trabajada, es necesario desembotellarla. Quienes han liberado su conciencia han logrado el verdadero despertar, se han convertido en iluminados, muchos de ellos son inmortales y lo que más anhelan es levantar la antorcha para iluminar el camino de otros, dar a conocer a otros la senda de la liberación de la conciencia.

La conciencia no se libera en un instante, sino que se va desarrollando así como un árbol, va creciendo en forma incesante mientras se le de alimento y cuente con las condiciones necesarias. La conciencia debe irse fabricando dentro de sí mismos, a medida que se vayan desintegrando los agregados psíquicos que provocan pensamientos, sentimientos y acciones equivocadas. Así es como la conciencia se alimenta del pan de la Sabiduría, el Pan transubstancial que proviene de lo alto. El padre nuestro es quien provee al ser humano de tan preciado alimento, porque cada vez que el individuo desintegra algún agregado psicológico, libera un porcentaje de conciencia y adquiere de hecho una virtud, un conocimiento nuevo, algo extraordinario, desarrolla el Paramitas interior.

No cualquiera es capaz de apreciar el valor de los Paramitas o virtudes, así como no cualquiera es capaz de apreciar las gemas preciosas. Su valor es incalculable, pero no podríamos obtener ese Pan de cada día, que alienta a esas virtudes, si antes no es desintegrado el defecto antitético. Es decir, para adquirir paciencia, es necesario eliminar antes la impaciencia; no es posible adquirir la generosidad y actuar generosamente sin antes desintegrar el defecto de la codicia.

El Pan nuestro de cada día, la conciencia superlativa del ser, emana originalmente del Padre Nuestro, de modo que cuando se realiza la poderosa oración develada por el gran Kabir, Jesús el Cristo, habrá que reflexionar en todos estos aspectos y suplicar entonces, que diariamente nuestra conciencia perciba tan preciado alimento del alma.

Enviado por Susana M. Rodríguez Licea. Comisión de Calmécac. San Luis Potosí, S.L.P.

Imagen obra de Duccio de Buoninsegna, Siena, Italia 1.255-1319

“Para trabajar sobre sí, es indispensable trabajar sobre la vida diaria, hoy mismo, y entonces se comprenderá lo que significa aquella frase de la oración del Señor: “Dadnos el Pan nuestro de cada día”. Samael Aun Weor

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