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Leyenda de Nochistlán Zac. Méx.

El Chivo del Tuiche

Cerro mágico

Desde el sur de Zacatecas me dispongo a exponer una de las muchas leyendas que forman parte del folclor de éste lugar mágico y mítico por sus antiguas costumbres y tradiciones.

El hecho acaeció en la época de la Colonia, un leñador de edad madura, de aspecto sumiso y escuálida figura, de recursos muy escasos que respondía al nombre de Serapio Tachiquin y cuya humilde morada se encontraba precisamente en la falda sur del hoy conocido  cerro del Tuiche.

Un día al subir el mencionado cerro oye el Don Din Dan de unas campanas, es jueves santo y sin duda alguna, en un rato más la gloria se cerrará. Rápido desciende del cerro llevando un poco de leña y a su mujer encuentra en la cocina. – Me haces unas tortillas calientes…

Y regresa, subiendo a donde escuchaba el toque de campanadas creyendo se oficiaría una misa. Casi en la cima del cerro del Tuiche está un conjunto de piedras que por la información que contienen podríamos considerarlas sagradas.

      Dichas piedras suenan como el más variado toque musical de esquilas, basta que una piedra del tamaño de una manzana caiga sobre ellas para que resuenen con sonidos casi metálicos a manera de campanas, Serapio se embriaga con el canto de las piedras.

      Después empieza a bajar por la parte oriente del cerro y encuentra una cueva, el boquete es reducido, pensando en la aventura se adentra  unos cinco metros, adentro descubre un amplio túnel de pronto un trote hacia él, el miedo eriza su piel pero se arma de valor, piensa que es un chivo, el instinto lo hace evadir la primera embestida, el animal regresa y trata de toparlo, pero en un santiamén lo toma por los cuernos y lo azota contra las paredes de aquel túnel, se oye un gemido lastimero del animal y al instante brota de una de las paredes un haz de luz, avanza cauteloso sobre aquella luminosidad y no se da cuenta que comienza a bajar, más adelante da con una escalinata hacia abajo y luego más allá una pirámide y a su alrededor varios calpullis.

 ¡Un pueblo dentro de aquel cerro! ¡Qué imaginación! Pero él está allí en una tremenda realidad. En la base de la pirámide por la que ha descendido comienza una avenida importante, la transita como si fuera una nube de algodón, la ciudad indígena refluye a pesar de la bruma de la mañana, al lado derecho de la avenida principal hay un jardín con frutas exóticas, Serapio se anima a cortar jugosas naranjas, perones amarillos y apetitosos chabacanos y los echa en su morral.

Yendo por otra avenida se encuentra con sus padres, abuelos y tatarabuelos, la idea de que ha muerto se desvanece, ellos le platican muchas cosas y él les cuenta otras más.

A corta distancia mira una pirámide adornada con figuras pétreas y varios vigías por todas partes, Serapio pregunta a un indio que por su vestimenta aparenta nobleza por el dueño de aquella pirámide. – Es del gran Tenamaxtle, responde. –En éste momento están celebrando la muerte de Tonatiuh Alvarado y el incendio de Guadalajara. A su ejército está arengando que la próxima lucha será a morir. “Ascanquema, tehual,nehual” (Hasta tu muerte o la mía).

Pero, eso ya pasó hace mucho tiempo.

No, también les está diciendo que su hermano, el traidor se va a entregar a los españoles para que lo inmolen y así convertirse en héroe. También les dice que en el cerro del Mixtón en Juchipila fraguarán la gran defensa de sus tierras y religión.

En efecto, los teponaxtles llaman a la guerra, grandes hileras de soldados pintados de sus caras, empuñando sus lanzas acuden a la pirámide de Tenamaxtle.

¿Es acaso un sueño o ilusión aquel pueblo caxcan cerca de la pirámide?, es interesante la forma de vestir de la gente, no hay uniformidad, así como ve vestimentas de nobles, sandalias de cuero y taparrabos, también observa calzones de manta, chaquetas de piel y vestidos de percal, lo más curioso es que ninguna se parece.

Serapio piensa en regresar, ahí no es la misa, tampoco la gloria, es más, si fuera la gloria ya debería estar cerrada, da unos pasos hacia atrás y disimuladamente abandona el lugar, regresa por la calzada principal sube jadeante las escalinatas por las cuales antes había descendido y sale de aquella misteriosa cueva al mundo exterior, para entonces la tarde pardeaba ya en el ambiente, él, cavilante y con hambre se dirige a su casa.

-Vieja, ¿ya están las tortillas calientes?

-¡Serapio!, ¿Dónde estabas? Hace un año que desapareciste precisamente, el jueves santo.

-¡Ay vieja!, no es cierto, hace un rato me fui a misa, oí sonar las campanas y me metí a la cueva que está allí, arribita, mira lo que te traje.

Y del morral saca las frutas que había cortado de aquel paraíso botánico, la sorpresa fue absoluta cuando al ir sacando las naranjas, perones y chabacanos, éstos se habían convertido en trozos de oro.

Ya rico, Don Serapio Tachiquin junta a su familia y se va a vivir a Nochistlán, compra para cada hijo una casa, y para él, la mejor finca en el centro del pueblo. Un día, ya cerca de la debacle de su vida, alguien le pregunta por el origen de su riqueza y él le contesta: Ve en semana santa al cerro del Tuiche, mata al chivo que sale de la cueva y… ya.

¡Amigos! El relato que acabo de exponer es muy popular en Nochistlán Zacatecas, es claro que estamos ante un fenómeno de la cuarta vertical o cuarta dimensión, la mencionada cueva existe, tenemos su ubicación exacta pero se encuentra inmersa en la cuarta coordenada y como dice la tradición popular se abre en jueves santo, sin embargo, sólo el que se encuentre internamente preparado podrá ingresar a través de ésta puerta dimensional a otro mundo que se encuentra en la cuarta vertical donde el tiempo se altera como en el caso que vivió Don Serapio, lo que para él fueron minutos sumergido en ese pueblo Caxcan dentro del cerro encantado, en la cuarta dimensión, cuando regresó al mundo tridimensional su mujer le afirmó que ya había pasado un año. Luego al sacar las frutas recolectadas en aquel mundo de maravillas, resulta que se convirtieron en oro,

Resulta que existen muchos tesoros en la tierra pero metidos en la cuarta vertical, custodiados muchas veces por los elementales de la naturaleza y de esto tengo experiencia directa cuando un día con un grupo de amigos en cierto cerro a unos kilómetros de Nochistlán habíamos ubicado una olla de dinero, al querer sacarlo percibíamos un fuerte olor a gas, pero poco después sentimos claramente que aquel recipiente de monedas se desplazaba por dentro de la tierra cambiando su ubicación, entonces el olor a gas desapareció por completo, verificando con ello la custodia de los elementales de la naturaleza y un fenómeno de la cuarta dimensión.

El señor Tachiquin en su experiencia cita haber visto a sus antepasados y hasta haber intercambiado impresiones con ellos, esto significa que las almas de nuestros familiares difuntos y antepasados continúan viviendo pero en otro plano de realidad, por lo que apunto: Es necesario trabajar intensamente sobre  sí mismos con el propósito de despertar nuestras conciencias y no desencarnar inconscientes cuando nos llegue la hora de la muerte física.

Por otra parte, si queremos comprobar los fenómenos de la cuarta dimensión debemos poner en práctica lo que nos recomienda el Maestro Samael en el libro amarillo, lo relacionado a las ciencias Jinas.

Enviado por: Virgilio Cuautle Roldán Nochistlán Zac. Méx

“La causa de la condenación consiste en que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. En efecto, quien obra mal odia la luz, y no va a la luz, para que no se descubran sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz para que se vean sus obras que están hechas en Dios.” San Juan 3:19-21

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