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Sidharta

Las Cuatro Verdades

Sidharta Budha

Cuenta la historia que Sidharta llegó al Árbol de la Iluminación, cuyas ramas se inclinaron en señal de bienvenida e invitarle a sentarse bajo su sombra. Una vez sentado allí tomo la resolución de lo levantarse hasta encontrar lo que quería. Era el día de luna llena del cuarto mes, y el sol empezaba a ocultarse. Entonces Mara, el Dragón de las Tinieblas (viva personificación de los 7 Pecados Capitales: Ira, Codicia, Lujuria, Pereza, Gula, Envidia y Orgullo). Se propuso turbar la meditación y decisión del príncipe.

  Mara, llamó a sus hijos e hijas y les gritó:

-“Mirad todos: el príncipe Sidharta está en meditación. Si tiene éxito y descubre el medio de acabar con los sufrimientos, ¿qué será de nosotros? ¿No comprendéis que perderemos todo nuestro poder? Si enseña a las gentes la verdad, no podremos hacerles daño alguno. Debemos impedirlo o estaremos perdidos”.

  Mara y sus fuerzas del mal intentaron todo para distraer a Sidharta. Desencadenaron una terrible tormenta y sembraron rayos a su alrededor. Provocaron un vendaval tan violento que parecía que toda la zona iba a quedar arrasada. Pero bajo las ramas del árbol todo seguía en calma, protegido por la Fuerza de la Medición de Sidharta.

  Mara, observando que la tormenta no surtía efecto, se volvió hacia sus tropas y les ordenó: -“¡Atacad!”.

  Toda la horda de espíritus diabólicos y demonios y formas de pesadilla se volvió hacia Sidharta. Corrieron salvajemente hacia él con aullidos de los que hielan la sangre. Le dispararon flechas envenenadas de odio. Pero cuando estas flechas volaban hacia el príncipe, se transformaban en pétalos de loto que caían suavemente a sus pies. Nada podía alterar la paz de su meditación. “Si estas armas y estas formas terroríficas no le distraen, pensó Mara, quizás la visión de la belleza le turbe”. E inmediatamente, los terribles demonios se transformaron en hermosas y atractivas mujeres.

  Estas embrujadoras criaturas danzaban delante del meditador, pero este no se veía afectado por ellas; nada podía romper su tranquila decisión. Mara, ya casi derrotado, aplicó un último plan. Despidió a sus ayudantes, y se apareció frente al príncipe y dirigiéndose a él con voz burlona, le dijo:

-“De modo que tu eres el Gran Príncipe Sidharta. Te crees Gran Meditador. ¡Tantos Santos han fracasado buscando la Verdad y tú crees que vas a lógralo! ¡Qué insensato eres! ¿No sabes que para encontrar la Verdad hace falta mucha preparación? ¿Qué has hecho tú para merecerla? Primero desperdiciaste veintinueve años mimándote. Luego, otros seis dejándote morir de hambre. Ya hora te sientas ahí pensando que la Sabiduría vendrá a ti sin más. ¡Qué locura! Deja ya esta meditación, o por lo menos muéstrame un testigo que jure que tú eres merecedor del éxito donde todos los demás han fracasado”.

  Estas desdeñosas palabras no hicieron el menor efecto en Sidharta. En silencio levantó de su regazo la mano derecha, la extendió ante sí y tocó la tierra. ¡Sí, la tierra misma era el testigo de Sidharta. Mara estaba definitivamente vencido. Desaparecieron las nubes de tormenta y la luna brilló con todo su esplendor. El aroma del aire era suave y ligeras gotas de rocío relucían en la hierba. La mente de Sidharta estaba relajada y en calma. Había terminado el incesante Batallar de las Antítesis. En este estado pacífico y claro de su mente empezó a examinar la naturaleza de la vida.

  “¿Cuál es la causa del sufrimiento y cuál es el camino para alcanzar un gozo infinito?”, se preguntaba una y otra vez y espera respuesta.

  A medida que la concentración se hacia más profunda y más profunda bebía en su copa perfecta el vino de la meditación, y la Sabiduría iba iluminando su mente, comprendiendo más y más, profundamente, intensamente.

  Vio a su propio país y más allá de este mundo. Pronto el sol, los planetas las estrellas las lejanas galaxias del universo entero aparecieron en su meditación. Vio cómo todo, desde la más pequeña mota de polvo hasta la más grande estrella, estaba ligado entre sí en un continuo cambio de modo de existencia: existir, deteriorarse y volver a existir de nuevo. Todo estaba relacionado. Nada sucedía sin una causa y cada causa tenía su efecto.

  Profundizaba cada vez más y más su meditación y veía que su vida como príncipe Sidharta era la última de una serie de vidas y vio que era lo mismo para todos: Nacemos, vivimos y morimos no una sola vez sino otra y otra y otra. Vio que la muerte es sólo la separación del cuerpo actual para tomar uno nuevo, como quien cambia de vestido. La Rueda de la Vida y de la Muerte giran incesantemente y así como los actores de una obra teatral cambian de personajes, así cambian nuestros papeles de una vida a otra. Unas veces somos ricos, otras pobres y miserables. A veces experimentamos placer, pero con mucha frecuencia nos encontramos agobiados con problemas y enfermedades. Otras tantas somos amigos y después enemigos, padres o hijos, o padres.

  Comprendió el sufrimiento. Vio como todos, desde el insecto más pequeño hasta el rey más poderoso, corremos tras el placer para acabar encontrando insatisfacción. Cuando no hallamos lo que estamos buscando somos desgraciados, y cuando encontramos un nuevo placer pronto se desvanece y tenemos que buscar otro nuevo.

  Vio como cada uno se forma su propia desgracia. Mienten, roban y hasta matan para conseguir lo que quieren, aunque esto nunca pueda proporcionarles la imperecedera felicidad que desean. Y cuantos más llenos de codicia y odio están sus mentes y su corazón, más daño hacen a otros y a sí mismos. Cada acción nociva les proporciona más y más infelicidad. Buscan la paz y sólo encuentran dolor.

  Entonces comprendió que el Deseo es la causa raíz de la manifestación del mal (las fuerzas de Mara), y que vigilando las sensaciones, eliminando el deseo y hasta su misma sombra, podemos ir quitando fuerza a esas entidades del odio, la envidia, la codicia, la ira, la lujuria, el orgullo y la gula que personifican a Mara, para luego eliminarlas y liberar al Budhata o Conciencia, es decir, el material psíquico que nos llevará a encarnar nuestra Alma.

  Comprendió Sidharta las Cuatro Venerables Verdades:

  1.-) El Dolor es la separación de lo que se ama y no se obtiene. El mundo está lleno de sufrimiento porque el hombre no ha entendido lo ilusorio de la vida y del mundo material y se aferra él buscando sólo el placer.

  2.-) El origen del Dolor está en el Deseo y el de este en las Sensaciones, unos y otros se renuevan sin cesar prometiéndonos placer. Cuando nuestra mente está llena de Apego y de Deseo, nos invaden sufrimientos de toda índole y los causamos a los demás

  3.-) El Dolor se impide eliminando las Deseos y comprendiendo y transformando las Sensaciones de los Sentidos, es decir el punto de entrada de las impresiones.

  4.-) El camino que conduce a la supresión del Dolor es la Venerable Vía que lleva a la eliminación de Mara y a la contemplación de la Verdad, del Ser, y por tanto a la Suprema Felicidad Inagotable, sin límites. Y así siendo uno con nuestro Ser, lo somos con el Universo y con todos los seres que viven y palpitan en él, por lo que entonces, jamás les causaríamos daño.

  Cuando Sidharta comprendió y realizó todo esto, desapareció de su mente hasta la última sombra de oscuridad. Se sintió lleno de una Luz radiante y clara; se convirtió en un ser iluminado, en un Buda, en un ser Completamente Despierto. ¡Había alcanzado su meta!

  Con una sonrisa pacífica se levantó de su lugar de meditación. Era la mañana y el sol empezaba a asomar por el Este.

Enviado por: Cesar Owen. España.

“Quien extirpa todo deseo y vive libre de egoísmo, aflicción y vanidad, obtiene la suprema paz.” Bhagavad Gita 2:71

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