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Gnosis y Poesía:

GNOSIS Y POESÍA

Flor“La intuición del poeta es la visión del genio. El que la niega es porque no puede ver con su poder inmenso. Los sabios sólo son grandes cuando llegan a ser poetas, cuando sobreponiéndose al detalle, sienten las armonías que laten en el fondo de todo lo existente y que pueden arrebatarlos a esferas superiores”. (Samael Aun Weor, “La Doctrina Secreta de Anahuac”, Capítulo Nº 7).

Los poetas intelectuales suelen embriagarse con las palabras. Sus metáforas deslumbrantes, excelentemente escritas, no logran sin embargo trascender el estrecho marco de la personalidad externa, de la experiencia tridimensional que ese tipo de poeta recubre con frases que –si bien son plausibles para cualquier razonador- finalmente carecen de asidero en la gran realidad de la vida libre en su movimiento.

Un notable escritor venezolano expresó cierta vez que “la poesía moderna únicamente la entienden el que la escribe y su psiquiatra”, aludiendo muy directamente a esa extraña forma –nada transparente- de elaborar poemas según la moda cultural de estos tiempos, sin rima alguna, mientras que otro por allí pedía, “de favor”, que “hicieran versos para recitar, igual que antes”...

Adentrándonos en el terreno de la Psicología Profunda, conjuntamente con el V.M. Samael Aun Weor podemos aseverar que una cosa es la vivencia de la conciencia despierta y otra muy distinta la inferencia o conclusión de la conciencia egoica.

“La conciencia egoica, embotellada entre los múltiples elementos que constituyen el Ego, deviene en estado comatoso, con alucinaciones muy similares a las de cualquier sujeto que se hallare bajo el influjo de las drogas”.

Es decir, “las alucinaciones de la conciencia egoica son iguales a las alucinaciones provocadas por las drogas”.

Y así los hechos, llevando este planteamiento hacia el tema que nos ocupa, diremos que los síntomas de los drogadictos son inconfundibles, pero el de los poetas intelectuales o “ebrios de las teorías” se confunde fácilmente con la genialidad, por lo que –ciertamente- resulta muy difícil saber donde termina el intelectualismo de esos hacedores de poesía y dónde comienza su locura, ebriedad o alucinación egoica.

Es, en suma, una poesía sin Alma, absolutamente materialista, aún cuando en muchos de esos poetas pueda detectarse cierta sensibilidad emocional que les permite convertirse en hábiles “artesanos de la palabra”, pero hasta allí, porque en tanto continúen embotellados dentro de rígidas normas intelectuales será para ellos algo más que imposible la experiencia de eso que no es de la mente, de eso que no es del Tiempo, de eso que es lo Real, y que capturado con las facultades trascendentales del hombre –entre éllas la Imaginación, la Inspiración y la Intuición -, puede arrebatarnos a esferas superiores de conciencia cósmica, puede llevarnos hacia el ámbito de la verdadera y eterna poesía.

“Es así –mediante el arrebato místico- como el autor de LAS METAMORFOSIS DE LAS PLANTAS pudo escribir su FAUSTO, el de LA FILOGENIA alzar su Credo, Hmboldt hacer su COSMOS y Platón –el Divino- su TIMEO y su CRITIAS, como Poe con su EUREKA, poetas todos de la Vida Universal, que no es otra cosa que el Hálito de lo Oculto”.

Téngase en cuenta que la legítima poesía es una forma artística –didáctica y dialéctica-, capaz por sí misma de comunicar profundos sentimientos y de suscitar imágenes arquetípicas en el lector que trata de interiorizarla, absorbiendo de ese modo su contenido esencial, capturando o aprehendiendo conscientivamente aquéllas vivencias que el místico-poeta expone de manera exquisita, superlativa, trascendental...

El verdadero poeta –el místico-esoterista-, desde luego sabe cincelar las palabras, maneja con propiedad el lenguaje, más a diferencia de quienes se detienen en la fraseología deslumbrante, de quienes disfrutan con la retórica, el bardo o rapsoda de la Vida Universal es “matemático en la investigación y exigente en la expresión”, reviste la mística experiencia con la palabra exacta, sin rebuscamientos, y excluyendo de su psiquis ese vano afán de “darse a conocer”, de sobresalir, de subir al pináculo de los círculos literarios, posición ésta que ha convertido el quehacer poético en una sucia competencia de personalidades, con lo cual –y como nefasto resultado- cada día son menos los que leen poesía en cualquier parte del mundo.

Y es que las gentes no se ven representadas en esos poemas egoístas, de corte individualista, demasiado estrechos por la limitadísima concepción que los poetas modernos tienen del hombre y del Universo que le rodea, lo que no ocurre –por ejemplo- con los CANTOS DE LA ÉPICA NAWA, del México pre-hispánico, en los que el colectivismo y la visión cósmica constituyen su característica fundamental, o ya con las viejas Epopeyas orientales del “MAHABHARATA” y “EL RAMAYANA”, o ya con los sublimes cantos de “LAS MIL Y UNA NOCHE”, o con los versos portentosos del Dante en su “DIVINA COMEDIA”, o un poco más atrás –en el tiempo- con la perenne y universal versificación de un Homero o de un Virgilio en la Grecia de siempre, y así hasta llegar a los místicos medievales y a los pocos de los últimos siglos –incluido el presente, que ahora comienza- que logran salvar del naufragio a esta rama del Arte que llamamos “poesía”.

“Sobreponerse al detalle” y aprehender mediante la emoción superior ese “Hálito” o “Soplo” que bulle y palpita en todo lo existente, plasmándolo luego con el lenguaje de la Conciencia o Esencia anímica, vale decir: haciendo con ello poesía, es –como puede entonces deducirse- privilegio de ocultistas prácticos, de legítimos esoteristas gnósticos, que no de teóricos cuya expresión poética termina siempre, invariablemente, en vana palabrería insubstancial, en hojarasca que el viento voluble de las modas arrastra, o sea, sencillamente en nada...

Franklin Ugas. Venezuela

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