Gnosis Instituto Cultural Quetzalcóatl

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SOLVE ET COAGULA

      Constantemente fluyen en nosotros dos corrientes. Una viene del Cosmos, de arriba. La otra de la Tierra, de abajo. La primera tiene su antena en la Glándula Pineal, y la segunda en las sexuales. Al encontrarse ambas en el Plexus Solar, chocan y entonces el Vidente observa como la formación de una ROSA, sobre todo en aquellas personas que hayan hecho algunas prácticas. Parten luego de allí a la cintura, a los riñones, y así se forma la Cruz con estas corrientes.

      La Glándula Pineal, resuena algo y da el tono de Iiiiii. El Plexus Solar de Aaaaaa y los Testículos u Ovarios de Oooooo. Hasta observando esto mismo con los rayos X, se ven ciertos remolinos al pronunciar esas vocales y es un fenómeno que cualquiera de los lectores puede comprobar con un aparato moderno.

      La corriente cósmica es impulsada por el Sol y Júpiter, mientras que la de la Tierra lo es por Saturno.

      En tiempos de la Atlántida, se recogían conscientemente esas corrientes, y al orar se levantaban ambas manos como lo hacen los Árabes. El Mundo, poco a poco, fue olvidando esa actitud y las manos cayeron para hablar con el Ser Supremo. Hoy, el manejo de estas corrientes, es obligatorio para los Rosa Cruz, y son utilizadas por todos aquellos que quieren adelantar.

      Solve et coagula, dice la Ley Rosa Cruz, para lograr la Piedra Filosofal. Es decir, recoge las fuerzas y domínalas, aprovéchalas, porque si no las dominas, te dominarán ellas a ti. Para ello, debe haber un justo equilibrio a fin de que la Rosa pueda formarse en el Plexus Solar. Porque si es más fuerte la corriente que viene de abajo, resulta que tapa la región del Plexus y el carácter del hombre se torna materialista, duro, grosero, pleno de egoísmos. Contrariamente, si la corriente venida de arriba es más intensa, al chocar en el Plexo, hace que el hombre se convierta en un ser místico, enfermizo, fanático… Hay que buscar, por tanto, el equilibrio para lograr un justo medio.

      En las Pirámides de Egipto, se encuentra un ojo parecido al que vemos como ojo de Dios en la Masonería. He aquí un secreto masónico que ahora se publica por primera vez y que muy pocos Masones conocen.

      Ese ojo tiene una inscripción que en egipcio dice así: PHE VIMM DSACH. Que se podía traducir de tres modos: La mano derecha de Dios; las Alas de Dios, o el Ala derecha de Dios.

      Los Clarividentes ven alrededor de la Cabeza, como dos alas, exactamente de la forma de los párpados, y en el centro un disco que corresponde al disco solar.

      A este respecto, existen unas prácticas que pertenecen al secreto iniciático y, por consecuencia, no puedo darlas en este lugar. So lo diré que una vez despertados los Chakras, todos resuenan con el antiguo y poderoso Mantram egipcio, que se pronuncia FE UIN DAGI. Esta última palabra gutural.

      Los griegos reconocían a Dionysos como una de las Deidades más antiguas, y Homero comete el error imperdonable de hacerlo aparecer como DIOS DEL VINO… Pero Dionysos es, por el contrario, el Soma de los Hindúes, el rayo o corriente divina que a todo abrasa, y Nietsche, nuestro gran filósofo, vuelve a emplear ese mito en su Filosofía. Aplicado Dionysos como Mantram, atrae las corrientes cósmicas; ahora que cada época tiene su tonalidad distinta y desde que entramos en Piscis con el Cristianismo, ese Mantram es Johanes, Juan.

      Al hacer ejercicios mantrámicos con estas dos palabras, Dionysos y Juan, vuelven a formarse en nuestra Aura, las Rosas. Pero ya hoy, vamos entrando en la época de Acuario… En esta época nacerá una fuente maravillosa de múltiples surtidores espirituales y la Humanidad tomará un cambio insospechado todavía, hacia una vía espiritual, abandonando por completo el camino grosero que hasta hoy ha traído en su carrera. Por eso, es nuestro empeño más tenaz, en que todos nos prepararemos a tiempo y hagamos que las Rosas florezcan en nuestra Cruz…

      Voy a dar algunos ejercicios de principio que indudablemente han de ser útiles para todos los que hasta ahora no se han ocupado de estas cuestiones.

      Uno de ellos, es el constante recordar los acontecimientos pasados… Si nuestro subconsciente es como una placa fotográfica, donde todo queda impreso, nos es muy conveniente esforzarnos mañana y tarde en hacer una introspección en nuestras causas interiores y retrotraernos al pasado. Por ejemplo. Quiero recordar qué cosas o qué acontecimientos me sucedieron hace un año. Es por ello conveniente comenzar por lo último que hemos ejecutado y seguir hacia atrás, como un film que se proyectara al revés, hasta tropezar con el acontecimiento que se busca. Observaremos que en el transcurso de esta investigación, vamos tropezando con hechos y causas que rodearon a todas cuantas circunstancias nos envolvieron, que seguramente estaban ya olvidadas o en las cuales no nos fijamos al suceder los mismos hechos.

      Con esto se pretende hacer que florezca nuevamente nuestra memoria en todo su apogeo y que ella pueda recordar todos los instantes vividos. Pues si la falta de memoria no fuera actualmente una enfermedad endémica, cuantas cosas nos sucedieron y cuanto hemos leído… Por eso, el hacer que las Rosas florezcan en nuestra Cruz, es también sinónimo de esforzarnos en gozar de todas nuestras facultades intelectuales mediante la conciencia de nuestra memoria subconsciente…

      En nuestra conferencia de América sobre el YO INTERNO, llamé la atención sobre la diferencia existente entre el Yo común y el Yo mágico. Con el Yo divino se hacen las manipulaciones mágicas, y siendo él mismo la ROSA INTERNA, a él hay que llegar…

      En verdad, que la Fraternidad Rosa Cruz, recomienda varias prácticas a este respecto; pero comprenderán nuestros lectores que no son susceptibles de darlas a conocer en un libro impreso. Las verdaderas prácticas ocultivas que puedan tener una indudable eficacia, no es posible darlas a conocer más que al estudiante-discípulo, y para eso, individualmente y con cierta medida, según lo vaya mereciendo y resolviendo…

      Una práctica, por ejemplo, asequible a todos y que es precisa para obtener una buena disposición es la siguiente:

      El Yo interno va constantemente encerrado dentro de la cáscara o envoltura que le ha puesto nuestro Yo exterior. Sin embargo, de esto, no nos es posible retener en nuestra imaginación, a pesar de que está a nuestro alcance, cuál es nuestra propia fisonomía en sus más vivos y precisos detalles. Conocemos la de los demás que nos rodean y por eso podemos decir que Fulano se parece a Zutano, pero jamás diremos que nosotros nos parecemos a nadie.

      A este respecto, es muy necesario mirarse cada día en un espejo durante media hora, si ello es posible, porque no es tiempo perdido. Pero no es conveniente asomarse al cristal que ha de reflejar nuestra imagen, como lo hacen las mujeres, con coquetería… No. Ha de ser con ojos de ocultista, de analítico. Con ojos de investigador que busca algo esencial tras la forma grosera más o menos bella.

      Hay que mirarse al espejo, y tratar mentalmente de encontrar lo que está detrás inmediatamente de nuestra retina. Hay que concentrarse tranquilamente sobre uno mismo y pensar, al mismo tiempo, sobre todos los valores internos, sobre toda la valía moral, y ver de pronto como una especie de fluido alrededor del propio cerebro. Entonces hay que concentrarse más intensamente sobre la frase YO QUIERO y decir:

      Yo soy voluntad… Todo cuanto yo quiera, he de realizarlo. Soy un centro magnético que a todos atrae. Soy un acumulador de poder, de fuerza, de vitalidad, de suerte y de fortuna… A mi nada me doblega ni nadie me somete. Yo me siento Campeón de la Voluntad. Donde yo vaya, dejaré siempre destello de luz y de energía…

      Este ejercicio se repite hasta conseguir que tome forma plástica y real.

      Sin embargo, como somos, en efecto, vivientes acumuladores de energías y algunos de nuestros discípulos pueden llevar este ejercicio a la práctica con todo aprovechamiento, insistimos en recomendar que todos los poderes que se adquieran se utilicen siempre en beneficio del prójimo necesitado y aún en el nuestro propio, pero que nunca sea, jamás, en perjuicio de un semejante nuestro.

      Tened en cuenta que el BIEN forzará el capullo de vuestra Rosa para que se abra. EL MAL, en cambio, os alejará de la Rosa, tan larga distancia, que tal vez no se os permita de nuevo emprender el camino…