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LA LEYENDA DEL SANTO GRIAL

      Belleza de las Andaluzas.

      El Cáliz que, como lluvia bendita, recogió la sangre del Salvador en el Gólgota. La Copa Sagrada que recibió en su seno aquel divino emblema de Redención, estaba en aquellos tiempos bajo la custodia de los Esenios para venir más tarde a ser depositada en la Santa Montaña de Monserrat donde permanece invisible ocultánse de aquellas miradas profanas que aún no han aprendido a mirar al cielo.

      Pero desde la custodia de los Esenios, no vino directamente a Monserrat. En poder del Santo José de Arimatea, estuvo antes depositado en varios lugares y, sobre todo, pasó con él dos veces por España quedando guardado temporalmente en dos de sus Templos Iniciáticos.

      Según se lee en tradiciones y apuntes esotéricos recogidos en Irlanda, donde tocó primeramente, fue en Galicia. Allí fue recogido en una Montaña en la que todavía se guarda un Cáliz Sagrado, cuya existencia muy pocos pero buenos Gallegos conocen.

      Luego vino a parar a la sierra de Aracena en la Provincia de Huelva, ocultándosele en una cueva donde existía un Templo Iniciático cuyo plano se dice actualmente que ha sido encontrado entre los Manuscritos del insigne Arias Montano.

      Pero como el Santo Grial, el Cáliz misterioso, por donde quiera que va reparte su influencia y su divina belleza, de ahí la hermosura y el bello rostro de las Andaluzas que son fama por todas las Regiones españolas.

      Cuentan las Leyendas bíblicas que la Sabiduría del Rey Salomón era tanta y de tal magnitud que la noticia de su preponderancia había invadido el mundo entero. Entonces, llegó a oídos de la Reina de Saba, hija del Rey de Yemén de nombre Hadhad.

      Gracias a la presencia del Grial en una de las Colonias de este Rey que él había visitado, denominada Gades (hoy Cádiz, España), logró tanta belleza física que hasta los mismos Dioses se enamoraron de él. Su hija Balkis, la Reina de Saba, heredó esa exuberante belleza cuya cualidad, gracias al Grial, se propagó por toda la comarca.

      Cuando la Balkis fabulosa, desbordante de púrpuras y deslumbrante de gemas visitó a Salomón, llevó con ella el Santo Grial y un séquito de mil jóvenes de ambos sexos cuya extraordinaria belleza verdaderamente asombraba.

      Para que Salomón demostrara si tenía las cualidades y aptitudes necesarias para ser digno guardador y custodio del Santo Cáliz, la Reina de Saba lo sometió a varias pruebas. Una de ellas consistía en adivinar quiénes, entre los mil andaluces, eran varones o hembras, pues era tal la hermosura y suavidad de sus rostros, que se confundían con sus adornos de Rosas y montados de igual manera en mil caballos blancos.

      Para salir airoso de esta prueba, ordenó Salomón que los mil jinetes se despojaran de sus guirnaldas de Rosas y se lavasen la cara. En el modo de ejecutar estas manipulaciones, pudo conocer y distinguir ambos sexos…

      La Reina de Saba regresó a su País de Andalucía acompañada de aquellas deslumbradoras bellezas que había llevado en su séquito.

      El Cáliz quedó en el Templo de Salomón… Sólo aquella belleza primordial sigue existiendo entre los Andaluces como divina emanación de la Copa Sagrada.

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      Hoy, el verdadero Grial, el Cáliz Sagrado, está en Monserrat. En tiempo oportuno, pasó al estado de Jina haciéndose invisible porque sus efluvios y la luz pura, radiante, de su intrínseca y santa Divinidad, sería un daño manifiesto para el hombre de esta época cuya naturaleza, demasiado animal, no resistiría tal influencia.

      He aquí por qué debemos ir quemando nuestras propias escorias a semejanza de la planta que surge del cieno. Quemar nuestro propio cieno es quemas esas escorias que traemos como rémora maldita en nuestra evolución, hasta que el tallo, nuestra propia vara florezca como la de José de Nazareth, y la Rosa se encienda en mitad de nuestra Cruz.

      Cuando esto sucede, cuando hayamos conquistado la Rosa -ya que todo el esfuerzo es personal - la Copa Sagrada se hará otra vez luminosa y visible para aquellos que supieron ser héroes a través de toda la engañosa urdimbre de la vida frívola y arrebataron con enérgica y positiva voluntad el Reino de Dios.

      Aprended, por lo tanto, a manejar vuestro propio cuerpo. Ha de ser el vehículo de donde todo surja y en donde todo florezca. A semejanza de un acabado instrumento musical, es forzoso irle templando, afinando, preludiando en sus cuerdas las notas más precisas, hasta que la caja sonora vaya embelleciendo los sonidos y, de entre todos ellos brote un tono, su único tono, la nota pura e inmaculada del Maestro.

      Así conoceréis al Grial y vuestros labios un día podrán beber del néctar delicioso que encierra, que es un sagrado Vino de Vida.

      Y ya que hemos citado anteriormente a José de Nazareth, recordemos lo que acerca de este Santo Varón cuenta uno de los Evangelios llamados apócrifos.

      María, desde su florida juventud, fue orientada hacia el Templo ya que era su vocación más ferviente la de ser Sacerdotisa. Las Puertas del Santuario se le habían abierto de par en par y un juramento solemne hizo sonar en sus labios la sagrada promesa de permanecer virgen… Desde entonces, fue su conducta de una tierna santidad y sus manos, blancas y puras como dos azucenas, habían realizado sorprendentes milagros… Esto hizo que los Sacerdotes le encomendaran la confección de tapices para el Altar, pero cuál no sería la sorpresa de todos al observar que todo trabajo realizado por María se le convertía en Rosas…

      Así pasaron los días, hasta que se aproximó la hora de la ocupación de su vientre… Los mismos Sacerdotes conocían su elección para que recibiera el germen del Espíritu Santo, que había de formar al Nuevo Mesías, y su primer deber fue el de alejarla del Templo depositándola bajo la custodia de un ciudadano noble y honrado que supiera respetar tan sagrado depósito…

      No sabiendo a quien elegir, acordaron los Sacerdotes dejar el fallo al Altísimo y entonces idearon entregar varas a 33 varones de reconocida pulcritud que habían de depositarlas tras el Altar, aguardando sobre ellas alguna manifestación divina. Todas estas varas fueron señaladas con el nombre de cada uno.

      Pero aconteció que al ser recogidas las varas en el siguiente día, ninguna presentaba la menor señal o indicación de Dios… Preocupados los Sacerdotes, notan que faltaba una sola vara por recoger y que ésta pertenecía a José.

      Interrogado éste por su manera de proceder, respondió, que él estaba viejo y consideraba inútil ir por su vara. Sin embargo, le obligaron a recogerla, para no hacer una excepción, y al serle entregada por el Sumo Sacerdote brotó de ella una Rosa. Esta fue la señal suprema para escoger a José como esposo de María.

      ¡Qué Evangelio tan hermoso y qué alto simbolismo sexual encierra!…