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Zona Arqueológica de Xochicalco.

Zona Arqueológica de Xochicalco

La zona arqueológica de Xochicalco se encuentra en el Municipio de Miacatlán en el Estado de Morelos, México; a 38 Km al sudoeste de la ciudad de Cuernavaca, siendo declarada patrimonio de la humanidad en 1999 por la UNESCO. Ahora bien, Xochicalco, palabra náhuatl que significa: El lugar de la casa de las flores. Es una zona arqueológica compuesta por un conjunto de terrazas y edificios construidos sobre un grupo de cerros (como: la Bodega, la Malinche y Xochicalco).

Por otra parte. es un importante centro ceremonial, referido como el famoso Tamoanchan de los relatos prehispánicos, morada de los dioses; un paraíso donde abundan los ríos, los bosques, las flores, donde crece el Xochitlicacan, árbol mágico; dice la sabiduría de los nahuas que basta que los enamorados se cobijen bajo sus ramas y toquen sus flores para que sean eternamente felices. Se debe señalar que el periodo de apogeo de Xochicalco según la ciencia oficial comprende entre los años 650 al 900 D.C., en este periodo de años se cree que fueron construidos la mayoría de sus edificios, a partir del abandono de la gran Teotihuacán.

A la luz de la antropología gnóstica, disentimos categóricamente en este sentido de la fecha de apogeo y construcción que se le atribuye; lo anterior, debido a la complejidad de sus edificios, ya que no pudieron ser levantados en un periodo tan corto de tiempo, dado que la edificación del complejo arquitectónico de este lugar, orientación astronómica, desarrollo social, económico, político y militar debió abarcar varios miles de años.

Zona Arqueológica de Xochicalco

La ciencia moderna pretende encasillar la historia humana en un periodo temporal de apenas 10 000 años, cuando nuestra actual raza Aria tiene un millón de años a partir del momento en que comienza su formación. En ese orden de ideas, no debemos olvidar que todas las culturas americanas desde Canadá hasta Argentina son descendientes de la raza que nos antecedió, llamada Atlante; ésta desapareció por tres grandes cataclismos, el primero sucedió hace 800 000 años; el segundo, hace 200 000 años y la última catástrofe fue aproximadamente hace 11,800 años, y concluyó con el diluvio universal tan mencionado por todas las antiguas culturas del mundo.

Hoy, el continente atlante yace sepultado en el océano que lleva su nombre: el océano atlántico. Cabe señalar que sobresale este conjunto arquitectónico por la belleza de sus grabados y el rico simbolismo. Ahora bien, a pesar de las inclemencias del tiempo, los saqueos y, en general, la destrucción del hombre, aún hoy perdura como testimonio de un vasto conocimiento concerniente al arte, la ciencia, la filosofía y la mística, bases fundamentales de toda gran civilización.

No podemos negar la grandeza y el poderío de estas escuelas de misterios o centros ceremoniales, los cuales debemos saber comprender. Por otra parte, todas las grandes civilizaciones nos han dejado su portentosa sabiduría, ya en monumentos, monolitos, estelas, papiros, códices, pinturas, poemas, cantares, etc.

Debemos recordar la conocida Ley del Péndulo la cual rige todo lo creado, sin excluir a toda civilización, imperio, reino, país, etc.; los sabios entendían que los procesos históricos se desenvuelven siempre de acuerdo a esta ley; por ejemplo, surgió Egipto con todo su poderío, pero cuando el péndulo se fue al otro lado, cayó el país de los faraones y se levantó Jerusalén, la ciudad querida de los profetas. Del mismo modo, fue que las poderosas civilizaciones maya, azteca, olmeca, inca, entre otras, tuvieron sus épocas de crecimiento, esplendor y decaimiento, siendo en éste último período que surgieron los sacrificios humanos. Sin embargo, muchos de éstos lugares tienen sus templos, sus tesoros, sus misterios y sabiduría depositados en la cuarta dimensión.

Es necesario volver al conocimiento trascendental de nuestros antepasados y rescatar los valores internos como la caridad, tolerancia, benevolencia y el amor sincero y consciente hacia todo lo creado. Además, debemos ser reflexivos y respetuosos; por tanto, debemos conocernos a sí mismos desintegrando lo que nos sobra y adquiriendo lo que nos falta y, de esa forma, lograr la auto-realización íntima del Ser.

Este breve poema del poeta Nezahualcóyotl refleja el amor, la veneración y la devoción que estos sabios hombres antiguos poseían hacia todo lo existente: “Amo el color de jade, Amo el perfume de las flores, Amo el canto del cenzontle, Pero amo, sobre todas las cosas, A mi hermano el hombre”.

Virgilio Cuautle Roldán. Instructor gnóstico. Nochistlán, Zac.

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