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Flores y cantos

Flores y cantos

Flores y cantos es lo más elevado que hay en la tierra para penetrar en el ámbito de la verdad.

Los magos aztecas aprendieron un conocimiento de tipo superior que heredaron de los maestros y sacerdotes lemures, pero al igual que nuestra actual raza y la atlante, desobedecimos los mandatos divinos y hemos caído en la degeneración más terrible, perdiendo así los poderes celestiales.

En tiempos antiguos cuando el hombre aún vivía en el Edén, había respeto y veneración por las cosas sagradas; tenían facultades desarrolladas como clarividencia, telepatía, intuición, oído mágico, etc., además poseían otros poderes como el dominio sobre los elementos de la naturaleza y en el buen uso del verbo.

En el pasado existieron grandes escuelas de regeneración. Recordemos los misterios de Eleusis, los misterios egipcios, aztecas, mayas, incas; los misterios órficos, los misterios de los kambires.

Estas grandes escuelas entre los aztecas fueron los calmécac, centros de enseñanza superior donde se preparaban los iniciados y los sacerdotes de acuerdo a las enseñanzas de Quetzalcóatl, dios tolteca de los vientos, hijo de la pareja divina formada por Ometecuhtli y Omecíhuatl. Quetzalcóatl les enseñó a cultivar la tierra, la orfebrería y la cerámica, así como la astronomía y el uso del calendario, entre otras muchas ciencias y artes, prohibiéndoles la guerra y los sacrificios humanos.

Les hablaba de Ipalnemohuani (aquel por quien vivimos), de la creación del mundo, de la caída del hombre, del diluvio, de la cruz como símbolo de inmortalidad y redención del ser humano.

En los calmécac se transmitían los valores místicos y culturales mediante los cantos, la música, las danzas sagradas; el conocimiento iba dirigido a los cinco centros de la máquina humana y así vivían en armonía y equilibrio.

Había los cantares relativos a las grandezas del creador y alabanzas a los dioses, así como a las cosas hechas por el Dador de Vida, cantaban a la vida y a la muerte, al florecimiento de la naturaleza, al ave y al río; para estas culturas, la belleza de las flores, el jade y las plumas de quetzal era tan grande como la del oro.

Xochipilli, del náhuatl “flor preciosa”, xóchitl, flor y pilli, principal. Era el dios de la agricultura, las flores, la música, el canto, la poesía y la danza. “Flores y cantos es lo más elevado que hay en la tierra para penetrar en los ámbitos de la verdad”, enseñaban los sabios maestros en los calmécac, por ello su filosofía está teñida del más puro matiz poético. La cara de Xochipilli es impasible, pero su corazón rebosa de alegría. Con flores y cantos nos acercamos a nuestro Dios Interno, porque las flores representan las virtudes del alma y el esplendor de la naturaleza, así como la poesía y el canto son nuestras oraciones, invocaciones, plegarias, que dirigimos a las partes divinas de nuestro Ser.

En las fiestas a Xochipilli y Xochiquetzal (diosa del amor), les ofrendaban con danzas, cantos y oblación de flores recién cortadas, y panes con miel de abejas.

Cuando nacemos ofrecen a nuestra madre física un ramo de flores, cuando nos casamos, llevamos un ramo de flores las mujeres, y cuando morimos también nos despiden con flores; en la tradición azteca el color amarillo de las flores cempoalxóchitl (20 flores), evoca al sol quien guiaba el alma de los difuntos hacia el más allá; los difuntos eran aquellos que habían desintegrado los defectos psicológicos, mientras que los seres humanos comunes ingresaban al Mictlán (lugar de los muertos), formado por nueve pisos.

Las flores no deben faltar en todo momento de nuestra existencia, flores para la amistad, para el amor y para expresar nuestros más nobles sentimientos; cultivemos bellas y fragantes flores, así como con el sacrificio de las pasiones, los deseos, el apego, los miedos, las envidias, codicias, etc., podemos desarrollar las virtudes y poderes del alma.

La naturaleza es muy pródiga en darnos lo necesario para vivir bien, en armonía y con belleza; es la madre del mundo y de todos los seres vivientes, sin embargo, nos hemos vuelto contra ella, todo lo hemos contaminado, el aire, la tierra, los mares, los ríos, los bosques; lo que somos internamente lo reflejamos hacia el exterior.

Para el hombre antiguo la visión del mundo era diferente; se consideraban parte de todo y de todos; nuestros valores actuales no tienen correspondencia con aquellos de los tiempos lejanos, es necesario tener un conocimiento superior que nos ayude a descifrar e interpretar el significado del amplio simbolismo de nuestros antepasados, afortunadamente esa sabiduría la podemos obtener a través de la Gnosis.

Si meditamos en el nacer y morir de una planta, nos hace recordar que nada en esta tierra es eterno, igual que una flor; así, debemos morir, pero si morimos en sí mismos, seremos hombres perfectos y mujeres auténticas.

 

“El perfume de las flores no va contra el viento. Ni el del sándalo ni el de la rosa o el jazmín. Sin embargo, el perfume del hombre virtuoso se extiende por todas partes y en todas direcciones.” Dhammapada 4:11

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