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Génesis Bíblico

Creación de Adán. Miguel Ángel Buonarroti

El Génesis es uno de los cinco libros que forman el Pentateuco que significa cinco volúmenes, llamado también libro de Moisés o de la ley. El “Génesis” del griego significa generación y contiene la creación de todas las cosas y la descendencia de los hombres desde Adán, organizada en siete días, refiriéndose a la ley del Siete la cual organiza y perfecciona una creación.

Debemos tener en cuenta que estos relatos están narrados en forma alegórica y no debemos interpretarlos a la letra muerta, podemos auxiliarnos con las Leyes de Numerología, Correspondencia, Analogías Filosóficas y Ley de los contrarios, estudiadas en nuestra Revista No. 31.

Comienza la lectura de este libro desde la época en que el cielo y la tierra fueron creados y la tierra era sin forma y vacía y la tinieblas cubrían todo, solo el espíritu de dios se movía sobre las aguas. Después fue hecha la luz y Dios la dividió con las tinieblas; llamando a la luz el día y a las tinieblas la noche y esto sucedió en el PRIMER DÍA.

Al SEGUNDO DIA se hizo el firmamento que separa las aguas unas de otras, refiriéndose a las aguas superiores ubicadas sobre los cielos y las aguas inferiores debajo del firmamento.

Es la misma escala o escalera de Jacob por la que los Ángeles ascendían y descendían del cielo, visión que tuvo el Patriarca Jacob durante un sueño.

Al tercer día vino la separación de esas aguas, en las aguas de abajo aparecieron la TIERRA y los MARES, el elemento tierra en lenguaje alquimista se refiere al cuerpo físico y los mares es la representación física de ese caos o nebulosa cósmica, el océano profundo de la Madre-Espacio, ese océano caótico está depositado en el micro-cosmos hombre. De esas aguas genesianas nacen los seres humanos con intelecto, pero si esas aguas se subliman surge el hombre o la mujer auténticos y verdaderos a imagen y semejanza de Dios.

Separadas las aguas superiores de las inferiores se hizo la luz, surgió a la vida el Verbo animador del Cosmos, el Hijo. En el Macro-cosmos El (Eterno principio masculino) aporta el fuego y ella (Eterno Principio Femenino) transmuta las aguas separando a las superiores de las inferiores.

El mismo día vio Dios que la tierra era buena y produjo en ella la yerba verde con simiente y así se hizo.

Sucedió en el CUARTO DÍA la creación de la lumbrera mayor que presidiese el día y la lumbrera menor para regir la noche y así separó Dios la luz de las tinieblas e hizo las estrellas y las colocó en el cielo las cuales, durante la noche resplandecen en la tierra. Durante el Quinto día creó Dios los peces y todos los animales que viven y se mueven en los mares, así como las aves y todo lo volátil y bendijo su creación diciendo “Creced y Multiplicaos”

Todavía continúo Dios la creación durante el sexto día, con la producción de los animales vivientes en cada género (reptiles, animales silvestres y domésticos) y luego dijo dios “Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra” y los hizo varón y hembra con poderes para dominar a la naturaleza entera. En el séptimo día hubo el descanso, observando la obra culminada. Los siete días de la creación, son las siete serpientes levantadas, son las siete grandes Iniciaciones de Misterios Mayores, lo que significa que en esos siete días creamos nuestro universo interior, escrito en forma alegórica.

Hasta aquí podemos entender que se refieren estos párrafos a los seres vivientes de las primeras razas que poblaron nuestro planeta, seres perfectos, con facultades despiertas, andróginos divinos, hechos a imagen y semejanza de Dios.

Y si nosotros queremos crear nuestro universo interior tenemos que hacer lo mismo que hizo Dios cuando realizó sus grandes creaciones; hay que separar las aguas de las aguas, colocando lo material y grosero (el ego) entre las profundidades del abismo interior y sublimar nuestra energía creadora para para colocarla arriba en nuestro cielo divino.

Este texto del Génesis nos habla de Alquimia, un alquimista lo entiende muy bien; de la nebulosa Macro-cósmica salen las unidades cósmicas, los mundos y aquí abajo es igual que arriba, el discípulo alquimista debe fabricar sus vehículos superiores para la manifestación del Ser o Intimo, y después tiene que perfeccionar los vehículos internos que lo convierten en un hombre auténtico y verdadero, trabajando arduamente hasta finalizar la Gran Obra.

A la luz de la Gnosis sabemos que la Gran Obra, es la Auto-Realización Íntima del Ser, resumida brevemente en la Tabla de Esmeralda de Hermes Trismegisto.

Por ello dice Hermes Trismegisto “…..Lo que está abajo es como lo que está arriba y lo que está arriba es como lo que está abajo……” El Caos del Universo reside ahora mismo dentro de nosotros y si Dios hizo fecundas las aguas con el fuego es lo que debemos hacer con el fuego de Kundalini.

Ahora nuestra tierra, nuestro cosmos, (cuerpo físico y mente) está en desorden y vacía (del Espíritu de Dios) y las tinieblas son el enemigo secreto, (los siete defectos capitales) por ello somos habitantes del abismo.

Nuestro deber es hacer la luz, arrancándola a las tinieblas, trabajando de momento en momento, de instante en instante, descubriendo, comprendiendo y eliminando nuestros defectos que impiden que la luz brille en nuestro cosmos interior y sublimar nuestra energía creadora para ascender a los cielos o dimensiones superiores.
Dicen los alquimistas que la Gran Obra es una sola, aunque tiene diversas partes. La primera, obra simple, es la preparación de la materia prima; la segunda es la obra media y se fundamenta en la preparación del elíxir y la tercera es la Gran Obra propiamente dicha, es la multiplicación.

Enviado por Comisión de Secretaría. María Guadalupe Licea R

Imagen: Creación de Adán. Miguel Ángel Buonarroti.

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